Confiar la instrucción pública al Estado es una maquinación aviesa tendente a moldear la mente humana de tal manera que no exista la menor diferencia de un individuo a otro; el molde utilizado a tal efecto es el más grato al régimen político imperante, ya se trate de una monarquía, una teocracia, una aristocracia, o bien a la opinión pública del momento; en la medida en que tal cometido se realiza con acierto y eficacia, queda entronizado un despotismo sobre la inteligencia de los humanos que más tarde, por natural evolución, somete a su imperio el cuerpo mismo de la gente.
Por fin este lunes pasado Ximo Brotons nos explicó en las charlas organizadas por la SFPA su concepto de democracia trágica. Se trata de una idea muy atractiva que frente al ‘buenintencionismo’ autocomplaciente que destila el discurso oficial en cuanto aparece la llamada ciudadanía de por medio, hace hincapié en el carácter trágico de esa ciudadanía. Esa tragedia es la pluralidad esencial al ámbito político que sólo puede gestionarse hablando. No hay en la política sino diálogo -y si no hay diálogo, no es política (recuerdo vagamente una anécdota de Franco que una vez le dijo a no se qué político que le estaba dando la brasa con sus problemas que hiciera como él, que nunca se metía en política. A ver si alguien conoce la anécdota exacta y la cuenta en los comentarios). Pero esa discusión no puede terminar en coacción, sino en la construcción -a tientas- de una ‘phronesis‘. Por eso en el espacio político la filosofía es filophronesis, frente a la filosofía propiamente dicha, que se ocuparía de la teoría, culminando con la búsqueda de la verdad.
La charla de Ximo fue muy amplia y ciertamente difícil, pero como tuvo la amabilidad de regalarnos el libro que ha escrito sobre la materia, podremos masticar con detenimiento su propuesta.
En el turno de preguntas surgió el problema de la relación entre la política y la educación. El problema es en qué medida puede haber una verdadera educación política o, dicho de otra manera, si desde la política se deben formar ciudadanos. Esto es problemático porque al proponer un programa educativo con un corpus de conocimientos necesarios para el ejercicio de la ciudadanía, se estaría dando una sustancialidad a algo que no la tiene por sí, sino que es el resultado de una discusión que continúa en el ágora y que no termina. De ese modo una educación política estaría salvando de la discusión una serie de principios como fundamentales para la ciudadanía, pero de ese modo estaría negando precisamente la capacidad política de los ciudadanos para generar por ellos mismos esos mismos principios (u otros) a través de posteriores diálogos. Según Ximo, es necesaria una educación política que forme ciudadanos, pero no en el sentido de enseñarles el bien, no se trata de hacer ciudadanos buenos. De lo que se trata es de enseñarles a ser ciudadanos virtuosos, entendiendo la virtud como las habilidades para ejercer de ciudadanos, que tendrían que ver con la responsabilidad, el dialogo entre iguales, etc.
Mi intuición (ni siquiera tengo una ‘creencia’ definida sobre el tema) es que aquí Ximo se equivoca. Yo diría que el ciudadano se forma en el mismo ejercicio de esa ciudadanía, en confrontación con el resto de ciudadanos. Se trata de una cuestión difícil ésta y de trágica actualidad.
Ah, se me olvidaba… hablando de tragedias, Ángel nos dio una noticia que anda por la prensa que vino a confirmar los temores que ya albergo desde hace tiempo. Según parece hay por ahí el proyecto de eliminar la asignatura de Psicología del Bachillerato. Personalmente es una asignatura que me gusta mucho dar, me parece muy interesante, y a los alumnos también suele gustarles, de hecho tiene una gran acogida. Pues bien, sin que haya ningún problema con la asignatura, sin ningún tipo de demanda social en su contra -al contrario- y sin que se haya planteado jamás su inconveniencia en ningún sentido, nos la quitan. La eliminan. Pero no sólo eso, sino que en su lugar pretenden poner una asignatura de Psicopedagogía. Por supuesto no hay ninguna razón curricular para poner esa asignatura, que es tan concreta que sólo puede interesar a los que pretendan dedicarse a la educación (es un decir, de hecho yo recomendaría a todos los que amen la educación que se alejen de todo lo que huela a psicopedagogía). Puesto que la Psicopedagogía tampoco ha aportado nada destacable a la humanidad -al margen de unas cuantas generaciones de soberbios analfabetos y un profesorado entontecido- me temo que la introducción de dicha asignatura sólo obedece a razones políticas; en primer lugar porque en la psicopedagogía hay más ideología que en la propia EpC y en segundo lugar porque sospecho que esto no es sino una maniobra gremialista del lobby psicopedagógico. Nos echan.
Sinceramente creo que la psicopedagogía es un peligro para la educación en general y para la filosofía en particular. Los autores de este blog ya empezamos hace tiempo una serie de posts en los que nos dedicamos a comentar los Dogmas de la Pedagogía Oficial. Estos son los links:
Desde aquí les animo a ustedes a proponernos más dogmas de la pedagogía oficial. Si quieren participar ampliando la serie con sus propios análisis pueden hacerlo en los comentarios o continuando la serie en sus propios blogs, que enlazaremos gustosos.
El lunes comenzamos con el segundo seminario de Filosofía organizado por la Sociedad de Filosofía de la Provincia de Alicante. La experiencia del año pasado fue magnífica y creo que éste será mejor. Para los que no lo sepan, estos seminarios consisten en una serie de charlas impartidas por aquellos profesores de secundaria que deseen compartir con otros compañeros sus conocimientos, investigaciones, reflexiones, etc. Dada la bobalicona oferta de los cefires, estos seminarios se reciben como agua de Mayo. Inauguró la serie el profesor Andrés González con una charla acerca de la relación entre la filosofía y la ciudadanía crítica con la reforma a la que se está viendo sometida la filosofía en los institutos de secundaria, tema sobre el que ya nos habló el año pasado.
Con vehemencia y no poco seso Andrés sostuvo que la relación entre filosofía y ciudadanía puede adquirir dos formas. O bien la ciudadanía es dominante y la filosofía dominada, o bien la filosofía es dominante y la ciudadanía dominada. En el primer caso serían los ciudadanos los que filosofan, insertos en una situación concreta, y lo hacen como un ejercicio de libertad frente al Estado. Aquí la filosofía sería ancilla civis, pues sería un medio usado por el ciudadano para defenderse. Cuando la relación se invierte “por rotación lógica de los términos” y es la filosofía la que domina a la ciudadanía, lo que ocurre es que el ciudadano ya no filosofa, sino que es el filósofo el que se dedica a ‘ciudadanizar’. La filosofía ya no es esclava del ciudadano, sino que es el ciudadano el que pierde su libertad y pasa a ser esclavo de una filosofía en el sentido de que es ésta la que tiene que fundamentar su ser. Ya no se trata de ciudadanos formados que filosofan, sino de una filosofía que forma al ciudadano. En esta versión la Filosofía sería una filosofa de Estado que tendría un objetivo meramente edificante.
La tesis de Andrés era que esta última versión (a la que llamó germánica, por oposición a la helénica) es falsa porque presupone la existencia de un sujeto trascendental que según él no existe. En efecto, si el filósofo fundamenta la ciudadanía, no lo hace como ciudadano, sino desde una racionalidad previa a toda concreción. Según Andrés, sólo un genio puede pretender estar en comunión con este sujeto trascendental, de modo que el resto de mortales tenemos que conformarnos con ser ciudadanos que simplemente, desde su situación concreta, filosofan influidos por todas las fuerzas que vienen a converger en nuestro presente.
La cuestión es que según el actual curriculum, los profesores de filosofía debemos fundamentar filosóficamente la ciudadanía, con lo que nos convertimos en piezas de una maquinaria que desde el Estado inocula una filosofía oficial a los ciudadanos.
El problema es que cuando el Estado tiene una filosofía que enseñar, los que sobramos somos los filósofos. Si hay una filosofía sustantiva ya no es necesaria la filosofía como actividad. Por eso corremos el riesgo de ser sustituidos poco a poco (y a mí me parece que eso exactamente es lo que va a pasar) por psicólogos, juristas, sociólogos y biólogos (¡CMC!), que creyendo estar transmitiendo contenidos científicos lo que harán es transmitir la filosofía oficial sin cuestionarla, que es, precisamente, lo único que todavía podemos hacer los filósofos.
Si Andrés tiene razón, la cosa es grave, porque al ‘rotar lógicamente los términos’ de la relación filosofía-ciudadanía de modo que sea la filosofia la que domine a la ciudadanía, más que invertir la relación, lo que hacemos es estrangularla, porque cuando la filosofía fundamenta a la ciudadanía, ni la filosofía es filosofía, porque se vuelve ideología; ni los ciudadanos son ciudadanos, porque se convierten en peleles.
Por mucho que hayáis desertado de una creencia religiosa o política, conservaréis la tenacidad y la intolerancia que os habían incitado a adoptarla. Seguiréis siendo furibundos, pero vuestro furor se dirigirá contra la creencia abandonada; el fanatismo, inseparable de vuestra esencia, persistirá en ella independientemente de las convicciones que podáis defender o rechazar. El fondo, vuestro fondo, continuará siendo el mismo, y no será cambiando de opiniones como lograréis modificarlo.