Del Ser como la bella durmiente.

Se recostó contra el tronco del abeto, el ascenso lo había dejado exhausto. Apenas hubo recuperado el aliento  tanteó en sus bolsillos la cajetilla de tabaco,  sacó un cigarrillo, lo encendió  y dio una profunda calada a la que siguió una gran bocanada de humo, a través del cual podía contemplar el paisaje que se extendía ante su mirada.  Con cada inspiración, entrecerraba los ojos  y  veía el paisaje de nuevo; pero ahora como recuerdo, con los ojos de la fantasía.  Espiración e inspiración, inhalación y exhalación, presente, pasado y, a veces, futuro, presencia , recuerdo o fantasía.  Podía, extendiendo la mirada hacia el frente y hacia abajo , contemplar los bosques y los roquedos, los matorrales y el vuelo del águila, los campos yermos y los cultivados, los caminos y las veredas, las casas y los rebaños, como presencias directas  o representadas en la imaginación. Algún día, pensó, cerraría los ojos  definitivamente; las cosas desaparecerían no solo de su visión,  sino también de la memoria y la fantasía. Sin embargo,  todas aquellas visiones permanecerían presentes durante siglos y milenios  a los paseantes venideros , tal como lo habían sido a otros anteriores; y no serían, como no lo habían sido antes,  muy diferentes a la suya. Imaginó después un mundo en el que no hubiera -ni los hubiese habido nunca- paseantes: no se habrían dado ni podrían darse ninguna de esas visiones.  ¿Podría, sin embargo, decirse que en ese mundo habría  montañas, bosques, roquedos….? No podría decirse. Pero permanecerían como posibilidades dormidas, en espera del posible paseante que las despertara.

Apagó el ordenador. Y en ese momento, en la oscuridad de la madrugada, pensó con extrañeza   cómo infinitos milenios de materia habían dado lugar a aquella canción

 

La pregunta por el ser. Ser y Tiempo de Martin Heidegger

 

Se pretende plantear de nuevo la pregunta por el ser, porque tal pregunta ha caído en el olvido. Y ha caído en el olvido, porque su respuesta, más o menos conscientemente, se tenía por obvia: ser se concibe como realidad, en el sentido de mero estar-ahí, como presencia. Lo que alega Heidegger es que tal concepción del ser corresponde solamente a una forma del ser entre otras, y además a una forma del ser no originaria, básica o fundamental, sino fundada en otras, concretamente en la forma del ser de lo útil, que a su vez se basa en la forma del ser de la existencia humana. Más primario que la realidad es lo que Heidegger llama el ser-a-la-mano , esto es, la forma del ser de lo útil, fundada también en la forma del ser del hombre; el ser de lo útil es la forma del ser en que inmediatamente se dan los entes no humanos (incluidos los entes naturales) al hombre; los útiles refieren unos a otros en plexos relacionales que a su vez remiten a la existencia humana. La existencia humana no tiene la forma de ser de lo útil, ni tampoco la de la mera presencia (realidad), sino que su forma de ser es la existencialidad, es decir, el poder ser, el ser siempre sus posibilidades; el poder efectuar las posibilidades propias desde un estado fáctico -ser arrojado- que las determina limitándolas y a la vez posibilitándolas, absorbido en lo útil y con los otros hombres.

Así las cosas, ¿será posible encontrar una única forma del ser, un sentido unitario del ser que, a la vez, mantenga las diferencias?

¿Por qué no actuaron antes?

Es difícil que un gobierno, aun haciéndolo todo bien, salga bien parado de una crisis como la que estamos viviendo, al menos en un escenario político como el español. No creo que Sánchez se esté equivocando en todo. Pero creo que sí hay un error fundamental que, por así decir, contamina toda su gestión.
Es evidente que antes del 13 de marzo -no sé cuánto antes- el gobierno tenía información suficiente para actuar con mayor previsión, salvar miles de vidas y -tal vez-, ahorrarnos o paliar una profunda crisis económica. La pregunta ‘¿por qué no actuaron antes?’ se ha planteado desde el principio. Las respuestas no han sido convincentes de momento. Pero la pregunta se seguirá planteando y puede ser letal, porque no surge de la ideología, ni del partidismo, sino del dolor que, por desgracia, y parafraseando a Descartes, parece hoy la cosa mejor repartida del mundo.
Si en febrero los organizadores del Mobile World Congress tenían información suficiente para cancelar un evento de dichas dimensiones, el gobierno también debía tener esa información. Se infravaloró claramente el riesgo. ¿Por qué? Si no consiguen dar una respuesta que convenza, especialmente a los suyos, esa pregunta hará caer a Pedro Sánchez. También a Pablo Iglesias.
No es el momento, sin embargo, de provocar una crisis de gobierno. Eso sólo desestabilizaría más al país y no hay ninguna garantía de que el ejecutivo resultante fuera mejor. Y menos con las ocurrencias, algunas delirantes, que se han escuchado sobre esto. La oposición no tenía tampoco menos información que los organizadores del Mobile World Congress y no mostraron el grado de beligerancia que han mostrado en otras cuestiones que ahora ya parecen obsoletas.
Se habla de guerra, pero esto se parece más a una tormenta. Se infravaloraron los indicios y el temporal nos ha sorprendido en cubierta peleando por la ración de grog. Pienso en el momento en el que el capitán de un barco asume interiormente que no va a sobrevivir y los mecanismos mentales y biológicos de la supervivencia propia se desactivan; en ese momento se puede pensar con lucidez cómo salvar a la tripulación. Pedro Sánchez debe asumir que no sobrevivirá políticamente al COVID-19 y que sacarnos de ésta será el último servicio que haga a España como presidente. Ojalá tenga ahora, en la tormenta, la sabiduría y la prudencia que no tuvo antes.
La oposición también debe comportarse con altura. Quien asuma el poder después de Sánchez tendrá una tarea muy dura y no puede olerle el aliento a carroña. No deben esperar plácidamente el fracaso de Sánchez, porque si fracasa él, nos irá mal a todos. Deben ser críticos, pero la crítica debe estar orientada a descubrir la verdad, no a destruir al adversario ni a ganar elecciones. El insulto y el ataque personal provoca el regocijo de los propios y la indignación de los ajenos, pero nos polariza en torno a emociones de baja estofa. No necesitamos eso. La crítica racional y- si se me permite- desapasionada, no consigue retweets ni likes, pero es lo único que puede poner de manifiesto la verdad. Que la hay.

Aperitivo kantiano para los jóvenes de segundo

Se trata de un vídeo con una aproximación muy sencilla a kant. Os puede aclarar algunas cosillas.

En estos tiempos de penuria hay que aprovecharlo todo.

 

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