Adivina, adivinanza.

diotima1

Por una parte es siempre pobre, y lejos de ser bello y delicado, como se cree generalmente, es flaco, desaseado, sin calzado, sin domicilio, sin más lecho que la tierra, sin tener con qué cubrirse, durmiendo a la luna, junto a las puertas o en las calles; en fin, lo mismo que su madre  está siempre peleando con la miseria. Pero, por otra parte, según el natural de su padre, siempre está a la pista de lo que es bello y bueno, es varonil, atrevido, perseverante, cazador hábil; ansioso de saber, siempre maquinando algún artificio, aprendiendo con facilidad, filosofando sin cesar; encantador, mágico, sofista. Por naturaleza no es ni mortal ni inmortal, pero en un mismo día aparece floreciente y lleno de vida, mientras está en la abundancia, y después se extingue para volver a revivir, a causa de la naturaleza paterna. Todo lo que adquiere lo disipa sin cesar, de suerte que nunca es rico ni pobre. Ocupa un término medio entre la sabiduría y la ignorancia, porque ningún dios filosofa, ni desea hacerse sabio, puesto que la sabiduría es aneja a la naturaleza divina, y en general el que es sabio no filosofa. Lo mismo sucede con los ignorantes; ninguno de ellos filosofa, ni desea hacerse sabio, porque la ignorancia produce precisamente el pésimo efecto de persuadir a los que no son bellos, ni buenos, ni sabios, de que poseen estas cualidades porque ninguno desea las cosas de que se cree provisto

Platón.

¿Quién es?

Premio seguro, tanto si aciertas como si no -en este caso con más razón- serás premiado con una invitación gratis a leer el Banquete de Platón.

Filosofía y Espíritu Emprendedor

En el post anterior mostraba la crítica que Gustavo Bueno hace de los argumentos asumidos por la REF para defender la Filosofía en Secundaria. Creo que la intuición más acertada de Bueno es que en el planteamiento de la REF falta lo que llama la ‘trituración del presente’ que, a la sazón, sería lo esencial de la filosofía.

No basta, sin embargo, ‘triturar’ el planteamiento de la REF; es necesario también esforzarse en mostrar que la filosofía verdaderamente es necesaria en la educación, y por títulos propios, no meramente porque sirva para desarrollar esta o aquella ‘competencia básica’, que siendo verdad, es lo menos que la filosofía puede hacer y, desde luego, no es suficiente.

En este asunto creo que es inevitable argumentar ad hominem. Esto no significa que nuestros argumentos sean falaces ni falsos ni, mucho menos, deshonestos. De hecho ocurre todo lo contrario, nuestros argumentos sólo pueden ser ‘verdaderos’ si tienen en cuenta a quién se dirigen.

Hay que preguntarse qué pretende el PP con la LOMCE, cuál es el objetivo de su propuesta educativa. En el caso del PSOE creo que era clara una finalidad ‘cívica’. La educación del partido socialista pretendía formar ‘ciudadanos’ y con vistas a ese fin sacrificó mucho. La Filosofía misma fue implicada directamente en esa formación de la ‘ciudadanía’ falseando la naturaleza misma de la disciplina. La cuestión es ¿qué ha ocupado el lugar de la ‘ciudadanía’ en la propuesta del PP? Leyendo los borradores de la LOMCE llego a la conclusión de que lo que ahora contará como objetivo de la educación será la formación de lo que en esos textos se denomina ‘Espíritu Emprendedor’. 

En torno a este ‘Espíritu Emprendedor’ escucharemos muchas tonterías y convendrá estar atento. De hecho el concepto es tan vago como el de ciudadanía y veremos muchas reconversiones, readaptaciones y ‘reinvenciones’. Por lo pronto empezaremos a observar cómo los psicopedagogos, siempre tan sensibles, se irán convirtiendo en ‘coachers’. Sin embargo, he de reconocer que, en principio, me gusta más el ‘Espíritu Emprendedor’, signifique lo que signifique, que la ‘ciudadanía.

Se pensará que si el objetivo es desarrollar el ‘Espíritu Emprendedor’ entonces la filosofía está perdida, y que en su lugar habrá que enseñar contabilidad, matemáticas financieras, economía, derecho mercantil, FOL (otro engendro) y cosas así. Creo, honestamente, que quien piense que el ‘Espíritu Emprendedor’ se desarrolla aprendiendo a calcular el T.A.E. es que no tiene -lo que se suele decir- ni puta idea

Por lo pronto el ‘Espíritu Emprendedor’ hace referencia a una realidad ‘espiritual’ que, siendo un concepto oscuro, trasciende lo meramente psicológico, sociológico, jurídico y, en definitiva, positivo, lo que no siempre estaba claro con la ‘ciudadanía’.

El ‘emprendedor’, por otra parte, no es un chupatintas ni un tiburón de Wall Street. Lo que define al emprendedor es su capacidad para innovar. Dicho de otra manera: su creatividad. De momento el espíritu emprendedor parece algo más cercano a lo que se desarrolla desde las humanidades que desde la ‘economía de la empresa’. Al emprendedor le serán útiles los conocimientos financieros, jurídicos, etc., como a Leonardo da Vinci le era útil la Geometría, pero no son suficientes para innovar; a lo sumo para producir alguna novedad, pero no innovación. La innovación supone tener una idea clara de la circunstancia, precisamente para cambiarla, es decir, para ‘triturar el presente’, en palabras de Gustavo Bueno.

Creo que aquí la vieja -pero vigente- distinción platónica entre matemáticas y dialéctica puede sernos de utilidad. Las matemáticas englobarían todos aquellos conocimientos que, dando por sentados sus principios, deducen conclusiones a partir de ellos. Ese sería el tipo de enseñanza que se daría en asignaturas como ‘FOL’, ‘Economía de la Empresa’, las matemáticas propiamente dichas, derecho, tecnología industrial y el resto. Se trata de disciplinas en las que los alumnos asumen ciertos principios y aprenden a aplicarlos. No hay verdadera innovación en las ‘matemáticas’ así entendidas en la medida en que la conclusión no añade nada a las premisas. Sin embargo Platón habla de otra forma de pensar distinta a la matemática y que considera superior: la dialéctica. El dialéctico lo que hace es, precisamente, destruir los principios que daban por supuestos las otras ciencias y buscar nuevos principios. Por decirlo con una fórmula breve: la dialéctica consiste en innovar y para Platón en eso consiste lo que puede llamarse verdaderamente ‘filosofía’.

Precisamente la historia de la filosofía no es otra cosa que la exposición de esa dialéctica y los filósofos han sido los grandes emprendedores de la historia, los emprendedores radicales. Es ahí, y no en las ciencias ‘positivas’ donde podemos encontrar la energía que supone el ‘espíritu emprendedor’. Lo que hay que saber de ‘economía’ puede aprenderse ‘en dos tardes’ y cito a una autoridad, pero hete aquí que la única de las asignaturas en las que era posible iniciar lo que podría -con alguna reserva- llamarse ‘formación del espíritu emprendedor’, que es la Historia de la Filosofía, es despreciada por el PP en el 2º borrador de la LOMCE, perdiendo la oportunidad de que esa formación sea verdaderamente ‘espiritual’. ¿Por qué ocurre eso? No lo sé, pero espero que Wert y su equipo se den cuenta de que si es posible la formación del espíritu emprendedor entonces la Historia de la Filosofía es el mejor medio para conseguirlo.

Dos poemas platónicos -o no.

La dorada cúpula de la sinagoga
en el amanecer berlinés.
¿No será la Belleza una bella muchacha?
se preguntaba, al fin, el viejo Parménides.

I

APARICIÓN

A pesar de todo
yo te ví, Belleza.
Cuando ya dudaba
que jamás te viera.
Cerrados mis ojos
te busqué Belleza,
naciendo en las olas,
clavando tu flecha
divina en la gota
que enjoya la hierba.

Y a pesar de todo
te nombré, Belleza.
Y a pesar de todo
creí en ti, Belleza.
Y al abrir los ojos
te tuve, Belleza.

¿No serán tus nombres
“pasado”, “perdido”,
“remoto”, Belleza?

¿No serán las cosas
tu nido, Belleza?,
la sangre y los huesos
que el tiempo dispersa,
y tú, su perfume
inmortal, Belleza?

Al abrir los ojos
te tuve, Belleza.
Luego te perdiste
misteriosa y súbita,
sin que ya más te viera.

Aparición. De Quinta del 42. José Hierro

II.

Por oscuros motivos
en desconocidas circunstancias
el Ser Ideal ha dejado de bastarse a sí mismo.

Podría haber durado y durado, sin fin,
hecho de la oscuridad, forjado de la claridad
en sus somnolientos jardines sobre el mundo.

¿Para qué diablos habrá empezado a buscar emociones
en la mala compañía de la materia?

¿Para qué necesita imitadores
torpes, gafes,
sin vistas a la eternidad?

¿Cojeante sabiduría
con una espina clavada en el talón?
¿Desgarrada armonía
por agitadas aguas?
¿Belleza
con desagradables intestinos en su interior
y Bondad
-para qué con sombra
si antes no tenía-?

Ha tenido que haber algún motivo
por pequeño que aparentemente sea,
pero ni siquiera la Verdad Desnuda lo revelará
ocupada en controlar
el vestuario terrenal.

Y para colmo, esos horribles poetas, Platón,
virutas de las estatuas esparcidas por la brisa,
residuos del gran Silencio en las alturas.

Wislawa Szymborska. Platón o el porqué.

PD. La imagen no representa la Catedral de Burgos, ni siquiera a Claudia Schiffer. Se trata de la cúpula de la Neue Synagoge en Berlín incendiada por los nazis en la Noche de los cristales rotos (Kristallnacht). Noche del 9 al 10 de noviembre de 1938. Los muy brutos.

Los límites del conocimiento matemático en Platón

Con ustedes uno de los textos más difíciles, complejos y ricos que los alumnos de 2º de Bachillerato de la Comunidad Valenciana tienen que dominar para enfrentarse a la temida P.A.U.:

– Considera, pues, ahora de qué modo hay que dividir el segmento de lo inteligible.

– ¿Cómo?

– De modo que el alma se vea obligada a buscar la una de las partes sirviéndose, como de imágenes, de aquellas cosas que antes eran imitadas, partiendo de hipótesis y encaminándose así, no hacia el principio, sino hacia la conclusión; y la segunda, partiendo también de una hipótesis, pero para llegar a un principio no hipotético y llevando a cabo su investigación con la sola ayuda de las ideas tomadas en sí mismas y sin valerse de las imágenes a que en la búsqueda de aquello recurría.

Platón: La República, 510b-510c

Tras la brusca parrafada de Sócrates, su atónito interlocutor (Glaucón) responde con humildad: “No he comprendido de modo suficiente eso de que hablas”. Como podrán suponer, los alumnos que leen por primera vez este fragmento no lo entienden mejor que el propio Glaucón y hay que darle alguna vuelta. El propio Sócrates, en el diálogo de Platón reconoce que hace falta cierto “preámbulo” para entender esto. El caso es que tras el “preámbulo” de Sócrates los alumnos de 2º de Bachiller no se sienten más seguros de haberlo entendido y por regla general hay que darle al asunto un par en vueltas. Yo, este año, estoy usando este esquemita para explicarlo:

Lo cierto es que el texto es fundamental y, para colmo, de plena actualidad, es decir, que el problema que plantea sigue plenamente vigente: ¿Son las matemáticas la forma más perfecta de conocimiento?

En griego la palabra ‘mathemata’ hace referencia a todo aquello que puede ser enseñado y, según la caracterización de Platón, la esencia del pensamiento matemático consistiría en partir de ciertas hipótesis para alcanzar, mediante deducciones lógicas, ciertas conclusiones. Las hipótesis mismas quedarían fuera de toda prueba por considerarse evidentes aunque, en realidad, lo único que se habría probado es el siguiente condicional: “Si las hipótesis de partida son verdaderas, será verdadera la conclusión”. En geometría, por ejemplo, no demostramos el teorema de pitágoras, sino el condicional: “si los axiomas de la geometría de Euclides son verdaderos, entonces el teorema de Pitágoras también lo es”. Pero ningún matemático se pondría a investigar si esos axiomas son verdaderos o no.

En realidad esa característica del pensamiento matemático es común a todo lo que hoy conocemos como ‘ciencias naturales’. Como dice Platón, este pensamiento es esencialmente limitado, pues no puede evitar partir de ciertas hipótesis que es incapaz de demostrar. Por decirlo de alguna manera, lo que hoy conocemos como ‘ciencia’ no puede demostrarse a sí mismo. Estoy casi tentado a decir que en Platón tenemos una suerte de ‘teorema de incompletitud’ como el que el también platónico Gödel demostrara en el s.XX. Gödel demostró que la matemática (se puede ser más preciso, pero no hay sitio aquí) es incompleta, es decir, que hay cosas que, siendo verdaderas, no puede demostrar. Una de esas cosas que la matemática no puede demostrar es, precisamente, su consistencia, es decir, lo que en matemáticas equivaldría a su ‘verdad’. Así, el pensamiento hipotético deductivo propio de la matemática y de ciencias como la física, la química, la biología, la economía y todas las otras ‘ciencias’ está sometido a un límite esencial: no puede probarse a sí mismo, de modo que es, en último término, mera hipótesis. El siglo XX parece haber olvidado esto, dando lugar a lo que Ortega llamó el imperialismo de la física. Las ciencias naturales han creído estar en posesión de la verdad absoluta y se han erigido como paradigma del conocimiento, creando una falsa sensación de seguridad y, lo que es peor, perjudicando el desarrollo de otras formas de pensar acaso superiores (¿Las ‘humanidades’?)

Pero, ¿hay alguna forma de conocimiento superior al pensamiento hipotético-deductivo de la ciencia físico-matemática? Según Platón sí. Hay una actividad intelectual, a la que hemos venido a llamar ‘dialéctica’, que consistiría, precisamente, en elevarse hacia una verdad no hipotética. Lo que define a esta ‘ascensión’ es que el dialéctico avanza ‘destruyendo hipótesis’. Esto sería lo propio del pensamiento filosófico: la destrucción de hipótesis en busca del principio no hipotético. O lo que es lo mismo, el desenmascaramiento de dogmas, en busca de la verdad.

No negaré que le veo cierto sentido a esa actividad ‘dialéctica’ y que realmente creo que existe y que es superior al pensamiento físico-matemático pero, ese proceso de destrucción de hipótesis del que habla Platón, ¿realmente culmina en la contemplación de un principio no hipotético?

Yo tengo una respuesta a esto, pero este post es demasiado largo ya para desarrollarla y carece de márgenes.

4 rasgos totalitarios en ‘Democracia real ya’

Últimamente parece que se anda poniendo de moda lo de indignarse. Reconozco que, tal y como está el percal, no nos faltan razones. Sin embargo hay algo en esa actitud que me resulta molesto, incluso cuando yo mismo la adopto. Indignarse siempre me ha parecido algo artificioso, como una pose. El indignado, en muchas ocasiones, tampoco parece dispuesto a hacer nada. Indignarse parece un estado cerrado en sí mismo, como a la espera de que alguien haga algo. Por eso la frase típica del indignado es: “¿Pero es que nadie va a hacer nada”? Además, uno puede indignarse por todo tipo de cosas: por hacerle mal las mechas en la ‘pelu’, por la peste a sardina en el patio de luces, por fracasar en Eurovisión, por ver tetas en la playa… A veces nos indignamos por cosas más elevadas, pero no nos dura mucho.

La moda de indignarse ha cogido vuelo estos días y, afortunadamente, se ha dirigido hacia un fin más o menos noble: la política. Eso es bueno porque quiere decir que la gente no se ha vuelto ya completamente imbécil. Estamos viendo en las principales capitales de Provincia -especialmente en Madrid- una serie de movilizaciones al grito de ‘Democracia real ya”.  La combinación de este movimiento y la moda de indignarse es como la combinación de una mecha y una cerilla. El mensaje es muy sencillo: indignaos. Esto lo dicen en tiempos de vacas gordas y nadie hace caso. Pero ahora es otra cosa. Los españoles somos, además, propensos a indignarnos. Si el mensaje fuera ‘trabajad’ , ‘luchad’ o ‘esforzaos’, pues haríamos la vista gorda. Pero como sólo hay que indignarse… Creo que con los tiempos que corren es más fácil adherirse al movimiento que tratar de comprenderlo con distancia. Sin embargo, como aquí nos gusta hacer amigos, tomaré aliento y me dedicaré a lo segundo. Lo haré un poco largo para que no me lean los más perezosos.

El asunto es muy complejo y yo me limitaré a analizar el Manifiesto “Democracia real ya” colgado en la web del movimiento (parece que hay dificultades para leerlo ahí, pero se puede leer también aquí). Hay muchas cosas en ‘Democracia real ya’ que me resultan simpáticas, pero hay malas noticias. Creo que el núcleo del manifiesto revela una actitud totalitaria que debe ser expuesta, pues seguramente los firmantes del mismo no se identifican realmente con dicha actitud. Pero a veces una cosa nos lleva a otra y acabamos como el rosario de la Aurora; por eso es importante examinar con lupa los principios. Creo que podemos observar en “Democracia real ya” al menos cuatro rasgos típicos del totalitarismo: esencialismo, utopismo revolucionario, maniqueísmo y estatalismo.

1) Esencialismo

El título mismo del manifiesto no oculta una concepción esencialista de la democracia. Se pide una democracia ‘real’ que se opondría a una democracia falsa. No se contrapone un sistema justo a uno injusto, o un modelo de democracia a otro, sino que se contrapone lo verdadero a lo falso. La democracia existente no es la verdadera, es una apariencia. Los autores del manifiesto parecen estar en posesión de la ‘idea’ platónica de la democracia, probablemente han sido iluminados por ella y se permiten, incluso, determinar las prioridades ‘de toda sociedad avanzada’. El esencialismo nos conduce ahora al holismo: es la sociedad la que tiene prioridades, no los individuos y, por cierto, una de las prioridades de la sociedad es “la felicidad de las personas”. Sólo en la sociedad verdadera seremos verdaderos los hombres. Este enfoque esencialista es muy atractivo porque permite aglutinar a gentes de la más diversa procedencia. En el manifiesto se desmarcan de toda posición ideológica, lo suyo es una cuestión objetiva. La verdad es independiente de las ideologías, por lo tanto la democracia real ha de ser reconocida por todos, con independencia de sus opiniones. Platonismo en vena. Si en vez de reclamar una “democracia real” especificaran exactamente y con detallado rigor el modelo de democracia que piden, la adhesión no sería tan multitudinaria. Pero el problema de las esencias es que el que se viste con ellas, en realidad va desnudo.

2) Utopismo revolucionario

El advenimiento de la verdadera democracia, cual reino de los cielos en la tierra, ha de realizarse, además, “ya”. Esto no puede ser más coherente con el esencialismo. El color de una mesa puede pasar de ser verde a ser rojo de un modo gradual, y sin destruir la mesa. Sin embargo la mesa no puede convertirse gradualmente en otra cosa… unas tijeras de podar, por ejemplo. El cambio a una democracia verdadera tiene que ser ya, no puede ser gradual. La verdad no admite grados. La única forma de que se operen cambios políticos de tanto alcance como este es de modo revolucionario. Pero esta forma de entender la revolución es utópica: las cosas, simplemente, no funcionan así. ¿Y si nos empeñamos? Pues si nos empeñamos en destruir un sistema ‘falso’ para crear ex nihilo otro verdadero, el resultado será… que no lo conseguiremos y, además, haremos mucho daño. Hacer las cosas ‘ya’ cuesta muchos disgustos. La ventaja de los procesos graduales no revolucionarios es que siempre se puede volver hacia atrás si uno ve que estaba equivocado. Pero claro, como ellos están en posesión de la ‘verdad’, pues pueden permitirse cambiarlo todo ‘ya’. El ‘ya’ es simplemente una falta de humildad epistemológica. Es como decir “sabemos que no estamos equivocados”.

 3) Maniqueísmo

Dicen en el manifiesto estar indignados “por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie”. Dos bloques: los políticos, empresarios y banqueros por un lado y los ciudadanos por otro. El bloque de los políticos, empresarios y banqueros es el bloque de los corruptos. El bloque de los ciudadanos es el de los indefensos. O sea, los buenos contra los malos. Los políticos, empresarios y banqueros no son ciudadanos; los ciudadanos son la “gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean”. La democracia verdadera será aquella que devuelva el poder a los ciudadanos (clase de la que se ha excluido a los políticos, empresarios y banqueros). Un nuevo fantasma recorre Europa… Los políticos, empresarios y banqueros no son verdaderos ciudadanos porque constituyen un obstáculo para la verdadera democracia. Su único fin es la “acumulación de dinero”, por encima de la “eficacia y el bienestar de la sociedad”, son egoístas, no comprenden que la totalidad es más que la suma de las partes.  Se han apoderado de las instituciones y han convertido la democracia en una “máquina destinada a enriquecer a una minoría”. Pero qué malos son los políticos, empresarios y banqueros. Y qué buenos los ciudadanos trabajadores. Tener un enemigo tan odioso como los políticos, los empresarios y los banqueros sirve… para sacar a la gente a la calle. Hitler tenía a los judíos. Stalin a la burguesía.

4) Estatalismo

Me llama poderosamente la atención que los ciudadanos estén ‘indefensos’. En otros movimientos revolucionarios lo que se perseguía era deshacerse del yugo que el poder ejercía sobre una clase explotada. Sin embargo aquí no piden libertad, piden ser defendidos (“¿Pero es que nadie va a hacer nada?”) de los malvados. Lo que quieren es que el Estado se ocupe de ellos, de su “bienestar”, de la “felicidad de las personas”. Lo malo de esto es que lo que están pidiendo es que el Estado se identifique con el pueblo, y asuma respecto a este la responsabilidad de un padre. Malas cosas… Cuando dicen que el derecho a la vivienda o al trabajo “deberían estar cubiertos” están suponiendo que actualmente no lo están. En realidad actualmente esos derechos están cubiertos de un modo formal, el Estado garantiza que a nadie se le impida trabajar o poseer una vivienda. Sin embargo el derecho negativo a que nadie me impida algo no implica la obligación positiva de que eso me sea proporcionado. Si ‘Democracia real ya’ entiende que el derecho a la vivienda y al trabajo no está satisfecho es porque lo entienden en el sentido positivo. Al final sí tenían una ideología. La verdadera, claro. Pero cuando el Estado empieza a preocuparse por nuestra felicidad, se acaba preocupando demasiado por nuestra ‘felicidad’.

Nota: supongo que es inútil la observación de que el hecho de criticar el movimiento ‘Democracia real ya’ no me sitúa ipso facto a favor de lo que ellos critican. Digo que esta observación, aun siendo verdadera, es inútil, porque la tentación de convertirme en defensor de la corrupción del sistema será demasiado fuerte.

Actualización

Casualmente Nacho Camino ha tratado también el tema en el post ¿Democracia real? Ya… de su magnífico Blog Yo soy el individuo

Otro interesante post sobre el tema en El tercer liberalismo, a cargo de Alfonso Galindo: ¿El Mayo español?

También merece la pena leer el artículo de Quim Monzó en La Vanguardia: He aquí la Spanish Revolution

La soledad de Descartes o de cómo se filosofa a ‘cogitazos’

Durante el mes de enero hemos estado de mudanza en clase. Durante la primera evaluación estuvimos viviendo en la extraña caverna de Platón, pero al final, sospechando que aquello no tenía salida, hemos terminado por desmontarla. Hemos desatado a los atribulados prisioneros, hemos echado abajo el muro de los ‘porteadores’, que han soltado sus estúpidos cargamentos con alegría, luego hemos apagado la hoguera y un tramoyista ha encendido los focos. Es el momento de presentar a Descartes, y de decirles a todos que se vayan a casa, que aquí no hay nada que ver. El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, desconfíen del filósofo-rey, ese guía iluminado, ese Duce, ese caudillo, ese Führer.

Me disponía yo hoy a ir a clase a derribar catedrales mal cimentadas con Descartes, pero al llegar al aula he descubierto que no contenía alumnos, como es la costumbre. Tras unos segundos durante los cuales he descartado mentalmente que fuera el día del libro o que me hubiera equivocado de hora, he observado que a mi alrededor reinaba el caos. Había niños descolgándose por las escaleras metálicas del lager (estamos en barracones desde hace varios años), un grupo de alumnos exaltados se abalanzaba sobre la salida de emergencias, papeleras por el suelo, la cafetería en ruinas y un frío que pelaba. En realidad todo esto no me habría extrañado de haber estado mis alumnos en clase pero, efectivamente, era una situación rara. Ese caos me ha recordado a la Guerra de los Treinta años que enfrentó a los países europeos durante gran parte de la vida de Descartes. De hecho éste, en su afán por conocer ‘cortes y ejércitos’, participó activamente en la guerra como soldado, probablemente encargado de problemas de ingeniería militar. Incluso estuvo presente en crueles batallas, como la de la Montaña Blanca, en la que perdieron la vida 7.000 almas en un día (los atentados del 11S se cobraron 3.000 víctimas mortales). A pesar de que tuvo que estar presente en matanzas de esta índole, Descartes no parece nunca demasiado afectado por ello; es más, según sus biógrafos, se mostraba hasta curioso por todo tipo de acontecimientos bélicos de los que esperaba adquirir grandes enseñanzas. Podemos afirmar que los descubrimientos más importantes de Descartes sucedieron bajo el estrépito de la guerra. De aquí no se sigue sin embargo que Descartes fuera amigo del bullicio, pues es el mismo filósofo que rehuye el enfrentamiento y la discusión estéril y que decide recluirse en Holanda, guardando celosamente el secreto de su paradero. En ese gran teatro del mundo Descartes no sólo avanzaba ‘enmascarado’, sino también meditabundo.

Al final alguien me ha aclarado que el origen del caos era un corte de suministro eléctrico que obligaba a suspender las clases  y a declarar un ‘recreo indefinido’ debido a que los aparatos de aire acondicionado no funcionaban. Sí que hacía frío: cuando aparqué el coche me marcaba unos 2º de temperatura exterior y las paredes metálicas del lager en el que damos clase no paran ni la corriente de aire. Despotrico un rato con el ‘esto-no-puede-ser’ de siempre y al final decido alterar mis deseos antes que a la fortuna y huyo al departamento.

Probablemente en el departamento hacía más frío que en la calle, pero me mantenía a salvo del jaleo. Me he imaginado al Descartes que meditaba en una habitación, junto a su estufa. Mi situación era algo distinta que la de la famosa escena cartesiana, porque me estaba pelado de frío. En cualquier caso he decidido aprovechar el tiempo continuando con la lectura de El cuaderno secreto de Descartes, del matemático Amir D. Aczel. Lo cierto es que el libro me está gustando, no tanto porque me descubra nada, sino por el enfoque. Hasta lo he recomendado a los alumnos. Especialmente refrescante es que el autor pasa casi de puntillas por los aspectos más ‘fiosóficos’ de la obra de Descartes y analiza con cierta atención, y con cartesiana claridad, los problemas matemáticos que le ocuparon y cuyas soluciones bastarían para garantizarle un par de artículos en la Wikipedia. Es curioso, me digo, que la figura de Descartes haya trascendido más como filósofo que como matemático. De hecho, cuando se habla de coordenadas ‘cartesianas’ muchos ni siquiera piensan en Descartes, a juzgar por la cara que ponen los alumnos cuando les dices que ‘cartesiano’ es de ‘Descartes’. Lo del análisis algebraico de la geometría es una idea tan eficaz que se da por sentada hasta el punto de que ni siquiera parece un descubrimiento importante, sino más bien una obviedad. Pienso que la filosofía de Descartes ha de ser verdaderamente potente para haber eclipsado sus otras aportaciones. Hay en el ‘cogito ergo sum’ una fuerza de atracción tan grande que nadie puede escapar: quizás pertenece al género de los agujeros negros.

De repente las paredes y el suelo del departamento retumban, se oyen golpes y gritos fuera, y al final risas infantiles. Algún compañero de guardia trata en vano de imponer cierto orden, pero en cambio hay carreras por los pasillos. Gracias a Descartes siempre tendremos un refugio al que acudir en estos casos: la soledad. Esa, creo, es la magnífica aportación de Descartes a la modernidad, la soledad del cogito. El Sócrates de Platón (nada sé del Sócrates ‘histórico’) siempre está en compañía y jamás rehuye una discusión. Tan amigo es Sócrates de la compañía, que incluso prefiere morir a la soledad. El método filosófico de Platón, puesto en boca de Sócrates, es esencialmente público. Los atenienses tienen -si me permiten la expresión, la guerra en la sangre; son conflictivos, agónicos. La dialéctica es un nuevo tipo de guerra. Ya no se enfrentan brazos contra brazos, sino ‘logos’ contra ‘logos’. Sócrates obliga a sus oponentes a decir, por reducción al absurdo, lo contrario de lo que creían al principio. Sin embargo, la victoria sobre el contrario es externa. El vencido se retira humillado, como el vencido en la guerra, mas no convencido: devolverá el golpe en cuanto pueda, quizás en forma de condena a muerte.

Descartes no lucha con nadie. El método de descartes rehuye todo enfrentamiento. Es el método de la soledad. El ‘cogito ergo sum’ no puede convencer a nadie, exceptuando al que lo pronuncia. La dialéctica de Platón es pública y externa, el cogito de Descartes es privado e interno. Descartes no pretende convencernos de su existencia, ni siquiera de la nuestra, eso sería absurdo. El ‘cogito’ en la boca de otro no me demuestra nada. Descartes me invita a que camine por donde él camina. El ‘cogito’ sólo hace patente la verdad al que lo piensa, no a los demás. Esa intimidad consigue hacernos asentir, pero no de una forma externa, como los argumentos de Sócrates, sino internamente. Descartes nos convence desde dentro, de un ‘cogitazo’. Esta es la gran aportación de Descartes.

Sé que ha vuelto la luz porque el aire acondicionado se pone en marcha, pero de momento sólo tira aire frío. Soy paciente y espero que se vaya calentando, pero eso no ocurre. Estoy leyendo el capítulo en que Descartes va por fin a la Corte de Cristina de Suecia. Descartes temía ese destino, pues consideraba que era “una tierra de osos, entre rocas y hielo”. Hizo bien en revisar su testamento antes de partir, pues allí encontraría la muerte. Probablemente una pulmonía, como la que estoy a punto de contraer yo, aunque algunos hablan de asesinato (toco madera). En Descartes todo es muy enrevesado. Yo ya no soporto el frío y decido que es mejor apagar el aire porque no hay forma de que salga caliente. Termino el capítulo y me voy a ver si han vuelto los alumnos. Pero no han vuelto. Mañana les daré un ‘cogitazo’.

Otros profesores de filosofía también han escrito sobre Descartes en sus blogs, espero que no hayan pasado frío:

En Boulé Miguel Santa Olalla escribió Descartes no se equivoca ¿nunca?

En Angelus Novus José Ángel Castaño Gracia escribió: La importancia del pensamiento cartesiano

Y también aquí publicamos algún post sobre Descartes en el pasado: Pedagogía cartesiana

¿Qué hay de lo mío, señor diputado?

(Habla Sócrates con Adimanto tras afirmar Adimanto que los que se dedican demasiado a la filosofía se vuelven inútiles y completamente inaptos para la vida práctica):

“[…] Figúrate que en una nave o en varias ocurre algo así como lo que voy a decirte: hay un patrón más corpulento y fuerte que todos los demás de la nave, pero un poco sordo, otro tanto corto de vista y con conocimientos náuticos parejos de su vista y de su oído; los marineros están en reyerta unos con otros por llevar el timón, creyendo cada uno de ellos que debe regirlo, sin haber aprendido jamás el arte del timonel ni poder señalar quién fue su maestro ni el tiempo en que lo estudió, antes bien, aseguran que no es cosa de estudio y, lo que es más, se muestran dispuestos a hacer pedazos al que diga que lo es. Estos tales rodean al patrón instándole y empeñándose por todos los medio en que les entregue el timón; y sucede que si no le persuaden, sino que más bien hace caso de otros, les dan muerte a éstos o les echan por la borda, dejan impedido al honrado patrón con mandrágora, con vino o por cualquier otro medio y se ponen a mandar en la nave apoderándose de lo que en ella hay. Y así, bebiendo y banqueteando, navegan como es natural que lo hagan tales gentes, y sobre ello, llaman hombre de mar y buen piloto y entendido en la náutica a todo aquel que se da arte a ayudarles en tomar el mando por medio de la persuasión o fuerza hecha al patrón, y censuran como inútil al que no lo hace; y no entienden tampoco que el buen piloto tienen necesidad de preocuparse del tiempo, de las estaciones, del cielo, de los astros, de los vientos y de todo aquello que atañe al arte, si ha de ser en realidad jefe de la nave. Y en cuanto al modo de regirla, quieran los otros o no, no piensan que sea posible aprenderlo ni como ciencia ni como práctica, ni por lo tanto el arte del pilotaje. Al suceder semejantes cosas en la nave, ¿no piensas que el verdadero piloto será llamado un miracielos, un charlatán, un inútil por los que navegan en naves dispuestas de ese modo?”

PLATÓN: República, 488a-489a


“Pues bien, quien pertenece a este pequeño grupo y ha gustado la dulzura y felicidad de un bien semejante, y ve, en cambio, con suficiente claridad que la multitud está loca y que nadie o casi nadie hace nada juicioso en política y que no hay ningún aliado con el cual pueda uno acudir en defensa de la justicia sin exponerse por ello a morir antes de haber prestado ningún servicio a la ciudad ni a sus amigos, con muerte inútil para sí mismo y para los demás, como la de un hombre que, caído entre bestias feroces, se negara a participar en sus fechorías sin ser capaz tampoco de defenderse contra los furores de todas ellas… Y como se da cuenta de todo esto, permanece quieto y no se dedica más que a sus cosas, como quien, sorprendido por un temporal se arrima aun paredón para resguardarse de la lluvia y polvareda arrastradas por el viento; y contemplando la iniquidad que a todos contamina, se da por satisfecho si puede él pasar limpio de injusticia e impiedad por esta vida de aquí abajo y salir de ella tranquilo y alegre, lleno de bellas esperanzas.”

PLATÓN: República, 496c-496e

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