El hombrecillo verde.

Continuación de Las Nubes

Si les pregunto: «¿Cuál de los personajes de la imagen superior es un extraterrestre?», ustedes, que ya están muy resabiados, se preguntarán dónde está el truco y revisarán cada personaje, buscarán indicios, pensarán que quizá ninguno lo es o que todos lo son. Sí, todo esto es posible, pero lo que no pueden negarme es que, desde el primer momento, no han podido apartar la mirada del hombrecillo verde de la esquina izquierda de la imagen.

En un post anterior, «Las nubes», explicamos cómo, según Kant, la objetividad, la experiencia objetiva, supone la síntesis de elementos sensibles (intuiciones) con elementos conceptuales, así como el yo trascendental, condición última de posibilidad de cualquier síntesis. Sin embargo, por razones de sencillez y brevedad de la exposición, omitimos un tercer elemento o, más precisamente, una tercera facultad, que explica por qué no dejamos de mirar, directamente o de reojo, al hombrecillo verde. Esta facultad es, precisamente, la IMAGINACIÓN.

La imaginación es la facultad mediadora entre sensibilidad y entendimiento, la facultad que permite la aplicación de los conceptos a la diversidad sensible.

Así, la asociación del concepto de «extraterrestre», es decir, de una realidad proveniente del exterior de la Tierra, con la percepción «hombrecillo verde» no puede explicarse si no es a través de múltiples contingencias culturales, empíricas y arbitrarias que constituyen lo que podríamos denominar «imaginación popular». Pero, al igual que Kant no se quedaba en los conceptos e intuiciones empíricos, y, por tanto, contingentes, sino que se remontaba a los conceptos e intuiciones puros, los cuales constituían las condiciones universales y necesarias de todo objeto, de toda experiencia objetiva, tampoco ahora se queda en las meras imágenes empíricas, contingentes y arbitrarias, sino que se remonta a una imaginación trascendental cuyos esquemas median entre los conceptos y la sensibilidad y hacen posible la aplicación de los conceptos puros o categorías a la diversidad sensible. Por ejemplo, el concepto de sustancia, aquello que existe como sujeto y no simplemente como predicado de otra cosa, puede aplicarse en la diversidad sensible mediante el esquema de la permanencia en el tiempo; la causalidad, como sucesión de lo múltiple en cuanto sometido a una regla; y la necesidad, como existencia en todo tiempo.

Los esquemas trascendentales son, pues, determinaciones trascendentales del tiempo. Lo que hace la imaginación es traducir el concepto, su contenido intelectual, en un patrón, en una regla —no en una imagen, dice Kant— temporal, por medio de la cual el concepto puede referirse a los fenómenos.

Las nubes. Pretexto para el esbozo de una introducción a Kant en primero o segundo de bachiller.

Inútilmente interrogas.

Tus ojos miran al cielo.

Buscas detrás de las nubes,

huellas que se llevó el viento.

Buscas las manos calientes,

los rostros de los que fueron,

el círculo donde yerran

tocando sus instrumentos.

Nubes que eran ritmo, canto

sin final y sin comienzo,

campanas de espumas pálidas

volteando su secreto,

palmas de mármol, criaturas

girando al compás del tiempo,

imitándole la vida

su perpetuo movimiento.

Inútilmente interrogas

desde tus párpados ciegos.

¿Qué haces mirando a las nubes,

José Hierro?

Las nubes. José Hierro.

Juguemos a buscar figuras reconocibles en un cielo con  nubes blancas,   dispersas, recortadas en su azul:  allí vemos un rostro, unas huellas,  un instrumento, unas manos, una campana… es claro que nada de eso puede ser visto si carecemos del concepto correspondiente.  Este reconocer no es mera pasividad, sino que presupone una actividad en la que recortamos,  separamos  y unimos para formar la figura; que no es un acto de pasividad inmediata se evidencia cuando intentamos que otro vea la misma imagen: éste tendrá que esforzarse en esa actividad de manera consciente hasta que la imagen nombrada aparezca ante sus ojos. 

 Interpretemos esto a la manera kantiana.  

Leer más de esta entrada

Autocríticas

Resultado de imagen de afilando el cuchillo

Han sido los últimos tiempos en la escuela española hostiles con la filosofía. Al menos durante los últimos treinta años cada nueva ley educativa ha pretendido reducir su presencia en el ámbito escolar, mal que bien se han ido resistiendo estos embates, atenuado los males, y a día de hoy, a pesar de los pesares,  seguimos contando con su presencia -cada vez más débil, marginal y lo peor: más cuestionada.   No es de extrañar  que este cuestionamiento permanente , y este amagar con el golpe de gracia,  acabe por tener efectos en los docentes,  los más leves el cansancio, la hartura, la indiferencia,  el más grave: el malestar provocado por la sospecha de la propia nulidad.  Este malestar y esta sospecha se intenta conjurar con la exigencia -desde fuera y desde dentro- de autocrítica. Me parece adecuado, pues no es agradable ni conveniente la recreación victimista.

Un término común de estas autocríticas suele ser la pedagogía -la didáctica. Parece concluirse que los males citados son el  efecto  (cuando no el merecido castigo) consecuente a una recalcitrante mala práctica pedagógica. Y así se nos apremia a ponernos a la altura de los tiempos.

Lo malo, al menos a mí me lo parece, es que esta autocrítica acaba por parecerse a tragar el anzuelo y rendirse al  enemigo.

Preferiría una autocrítica en el sentido de un pequeño comentario (Luis Roca Jusmet) que acabo de leer sobre Foucault:  la tarea del filósofo consiste en desmontar los discursos para ver los juegos de poder y de saber a los que está sujeto.

Per què filosofia? II


 

Tras el enorme éxito de asistencia en la presentación en Valencia, esperamos poder repetirlo el próximo 7 de febrero en Alicante.

Un libro que promete cuanto menos unas horas de amena lectura. Melancólicas, tal vez, para aquellos que nos hemos dedicado de alguna manera a este asunto de la filosofía.  Pero que alimentarán y reforzarán la simpatía de aquellos que ya la poseen previamente.

Milagros, no, de eso, no esperamos. Saulo continuará siendo Saulo, más cargado de razones.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar