Gota fría con premonición

 lluvia-en-picada

.
mientras que afuera llueve.
[……..] llueve
con verdadera crueldad, con humo y nubes bajas,
ennegreciendo muros,
goteando fábricas, filtrándose
en los talleres mal iluminados.
Y el agua arrastra hacia la mar semillas
incipientes, mezcladas en el barro,
árboles, zapatos cojos, utensilios
abandonados y revuelto todo
con las primeras Letras protestadas.
 .

Noche triste de octubre. 1959. Jaime Gil de Biedma

 

Los versos finales de uno mis poemas preferidos. Llevaba semanas en las que este poema rondaba en mi cabeza. De vez en cuando sacaba Las personas del verbo del estante para releerlo; varias veces hasta que acabé por dejarlo sobre la mesa. A mediodía de hoy empezó a llover con virulencia, la temperatura refrescó; tecleé en Google y de nuevo me encontré con el poema y decidí pasarlo a la pantalla. El poema completo sirve ahora como testimonio del carácter recurrente de las crisis, pero lo que en él me fascina es la presencia del agua, como lluvia, como goteras, como corriente, como océano. El agua que fluye, que aísla, que filtra, que arrastra, que acoge todas las cosas humanas “hasta enterrarnos en el mar” . La nulidad e impotencia del gobierno, el cansancio y la angustia del hombre común, la penalidad, el desaliento… todo es arrastrado hacia el mar.

que es el morir.

Cualquier día comenzaré –sin advertirlo- a escribir como esos adictos –me cuentan- que pasan el día frente a la pantalla y anotan: “vengo del supermercado y me han devuelto mal el cambio” y son contestados con otros tantos mensajes similares de experiencias con el cambio equivocado. Y anotaré “la sopa estaba sosa”, “se ha fundido una bombilla” “el cartero no ha venido”, “he perdido las llaves”, “la camisa rayada está tendida”, “ ha refrescado esta noche”, “llueve”.

Afuera llueve.

Definitivamente
parece confirmarse que este invierno
que viene, será duro.

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Dos poemas platónicos -o no.

La dorada cúpula de la sinagoga
en el amanecer berlinés.
¿No será la Belleza una bella muchacha?
se preguntaba, al fin, el viejo Parménides.

I

APARICIÓN

A pesar de todo
yo te ví, Belleza.
Cuando ya dudaba
que jamás te viera.
Cerrados mis ojos
te busqué Belleza,
naciendo en las olas,
clavando tu flecha
divina en la gota
que enjoya la hierba.

Y a pesar de todo
te nombré, Belleza.
Y a pesar de todo
creí en ti, Belleza.
Y al abrir los ojos
te tuve, Belleza.

¿No serán tus nombres
“pasado”, “perdido”,
“remoto”, Belleza?

¿No serán las cosas
tu nido, Belleza?,
la sangre y los huesos
que el tiempo dispersa,
y tú, su perfume
inmortal, Belleza?

Al abrir los ojos
te tuve, Belleza.
Luego te perdiste
misteriosa y súbita,
sin que ya más te viera.

Aparición. De Quinta del 42. José Hierro

II.

Por oscuros motivos
en desconocidas circunstancias
el Ser Ideal ha dejado de bastarse a sí mismo.

Podría haber durado y durado, sin fin,
hecho de la oscuridad, forjado de la claridad
en sus somnolientos jardines sobre el mundo.

¿Para qué diablos habrá empezado a buscar emociones
en la mala compañía de la materia?

¿Para qué necesita imitadores
torpes, gafes,
sin vistas a la eternidad?

¿Cojeante sabiduría
con una espina clavada en el talón?
¿Desgarrada armonía
por agitadas aguas?
¿Belleza
con desagradables intestinos en su interior
y Bondad
-para qué con sombra
si antes no tenía-?

Ha tenido que haber algún motivo
por pequeño que aparentemente sea,
pero ni siquiera la Verdad Desnuda lo revelará
ocupada en controlar
el vestuario terrenal.

Y para colmo, esos horribles poetas, Platón,
virutas de las estatuas esparcidas por la brisa,
residuos del gran Silencio en las alturas.

Wislawa Szymborska. Platón o el porqué.

PD. La imagen no representa la Catedral de Burgos, ni siquiera a Claudia Schiffer. Se trata de la cúpula de la Neue Synagoge en Berlín incendiada por los nazis en la Noche de los cristales rotos (Kristallnacht). Noche del 9 al 10 de noviembre de 1938. Los muy brutos.

Del día mundial de la poesía y de la disputa entre el sensualismo y el intelectualismo.

 

O de como Sir David Hume intoxicado por la primavera quema el abrigo de Monsieur Descartes.

 

EXISTO, BIEN LO SÉ
Porque le trasparenta
El mundo a mis sentidos
Su amorosa presencia.

Mas no quiero estos muros,
Aire infiel a sí mismo,
Ni esas ramas que cantan
En el aire dormido.

Quiero como horizonte
Para mi muda gloria
Tus brazos, que ciñendo
Mi vida la deshojan.

Vivo un solo deseo
Un afán claro, unánime;
Afán de amor y olvido.
Yo no sé si alguien cae.

Soy memoria de hombre;
Luego, nada. Divinas,
La sombra y la luz siguen
Con la tierra que gira.

Luis Cernuda

 

La serenidad

¿Quién te puso debajo de las cosas
que nuestros ojos miran?
¿Por qué andamos a ciegas, golpeándonos,
llevando el corazón en carne viva?

Sabemos que te escondes en la llama,
en una gota mínima.
Acaso te llevamos desde siempre
en nuestra compañía.

¿Quién te abrió la prisión? ¿Por qué milagro
te derramaste por la lejanía?
¿Por qué hemos de buscarte, sin hallarte
sobre la tierra fría?

La serenidad. José Hierro.

A los lectores de Antes de las Cenizas. Felices Fiestas.

Regalo de navidad

Uno de los poetas preferidos de los autores de este blog es, sin duda, José Hierro. Sin embargo no hemos traido apenas poemas suyos por aquí. A lo más jóvenes quizá no les suene mucho, pero las vacaciones de invierno pueden ser un buen momento para empezar a conocerlo, y desde aquí os animamos a ello.

Nos han abandonado en medio del camino.
Entre la luz íbamos ciegos.
Somos aves de paso, nubes altas de estío,
vagabundos eternos.
Mala gente que pasa cantando por los campos.
Aunque el camino es áspero y son duros los tiempos,
cantamos con el alma. Y no hay un hombre solo
que comprenda la viva razón del canto nuestro.

Vivimos y morimos muertes y vidas de otros.
Sobre nuestras espaldas pesan mucho los muertos.
Su hondo grito nos pide que muramos un poco,
como murieron todos ellos,
que vivamos deprisa, quemando locamente
la vida que ellos no vivieron.

Ríos furiosos, ríos turbios, ríos veloces,
(Pero nadie nos mide lo hondo, sino lo estrecho.)
Mordemos las orillas, derribamos los puentes.
Dicen que vamos ciegos.

Pero vivimos. Llevan nuestras aguas la esencia
de las muertes y vidas de vivos y de muertos.
Ya veis si es bien alegre saber a ciencia cierta
que hemos nacido para esto.

Destino alegre. José Hierro.

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La realidad y el deseo

Desde Repaso de lengua se nos invita a unirnos a una conmemoración; hoy se cumplen 80 años del acto de homenaje a Luis de Góngora, un acontecimiento que se considera hito fundacional de la Generación del 27. Se nos invita a sumarnos con la elección de un poema; nosotros, sin embargo, lo haremos recordando un antiguo post que versaba acerca del quehacer poético. Recogíamos allí este fragmento de una conferencia de Luis Cernuda:
1.

El instinto poético se despertó en mí gracias a la percepción más aguda de la realidad, experimentando, con un eco más hondo, la hermosura y la atracción del mundo circundante. Su efecto era, como en cierto modo ocurre con el deseo que provoca el amor, la exigencia, dolorosa a fuerza de intensidad, de salir de sí mismo, anegándome en aquel vasto cuerpo de la creación. Y lo que hacía aún más agónico aquel deseo era el reconocimiento tácito de su imposible satisfacción.
A partir de entonces comencé a distinguir una corriente simultánea y opuesta dentro de mí, hacia la realidad y contra la realidad, de atracción y de hostilidad hacia lo real. El deseo me llevaba hacia la realidad que se ofrecía ante mis ojos como si sólo con su posesión pudiera alcanzar certeza sobre mi propia vida. Mas como esta posesión jamás la he alcanzado sino de modo precario, de ahí la corriente contraria, de hostilidad ante el irónico atractivo de la realidad . Puesto que, según parece, esta es la experiencia de alguno filósofos y poetas que admiro, con ellos concluyo que la realidad exterior es un espejismo y lo único cierto mi propio deseo de poseerla. Así pues, la esencia del problema poético, a mi entender, la constituye el conflicto entre realidad y deseo, entre apariencia y verdad…

Luis Cernuda. Palabras antes de una lectura. 1935
.

Música y melancolía para noches de canícula.

.
… lo que un momento en nuestras manos
poder de realidad y sueños tuvo
y que ahora , con arañado menester, nos acerca
y nos llama inútilmente,
lo mismo que si fuera el corazón de una campana
doblando en el silencio de la noche.

Juan Luis Panero. Luz de septiembre

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