Aprendiendo idiomas con Ortega. 1ª Lección. La correcta pronunciación.

Para aprender el inglés hay que comenzar por echar adelante la quijada, apretar, o poco menos, los dientes y casi inmovilizar los labios. De esta manera surge en los ingleses la serie de leves maullidos displicentes en que su lengua consiste. Para aprender el francés, opuestamente, hay que proyectar todo el cuerpo en dirección a los labios, adelantar éstos como para besar y hacerlos resbalar uno sobre otro, gesto que expresaría simbólicamente la satisfacción de sí propio que ha sabido sentir el hombre medio de Francia.

El hombre y la gente. José Ortega y Gasset.

Tanto trilingüismo, tanto trilingüismo…

El mejor discípulo. Fundamentos de pedagogía intempestiva.

larubia y hegel

Imagen tomada de  Página de la Comisión de Secundaria de la RED ESPAÑOLA DE FILOSOFÍA
La comisión de secundaria de la REF está sometiendo a discusión pública un documento sobre CÓMO QUEREMOS ENSEÑAR FILOSOFÍA.

Preguntar

También de la nada sale algo. Más, para esto, tiene que estar dentro de algún modo. No es posible dar a nadie lo que ya no tiene de antemano. Al menos como deseo, sin el cual no recibirá como un regalo lo que se le entregue. Es necesario que lo apetezca o haya apetecido, aunque solo sea de un modo vago. Para que algo valga como respuesta, hace falta que previamente exista la pregunta. He aquí por qué tantas cosas claras permanecen sin ser vistas, tal como si no existieran.

Ernst Bloch.

¿Qué es un buen profesor?

Finalmente, el curso de introducción a la Filosofía estaba a cargo de dos profesores: Morente y Zubiri. Fui el primer día a clase de Morente, pero no me gustó, tal vez por sus patillas o por su entonación -luego fue profesor mío muy querido y admirado durante varios años-. De Zubiri no sabía nada; pregunté a un compañero de Instituto, que estudiaba Derecho, y me contestó: “Es un cura muy pincho”. Probé su clase; era muy joven, no había cumplido treinta y tres años, y parecía más joven todavía, un estudiante; pero iba vestido de sotana nueva y limpísima, muy repeinado; era muy bajo de estatura, menudo, nervioso; hablaba muy deprisa, en voz baja, paseando de un lado a otro.

Alguna vez he recordado que me senté al lado de una muchacha muy guapa, que había asistido a la primera clase, y le pregunté: “¿Qué tal?” Me contestó, literalmente: “Estupendo. No se entiende una palabra”. No había ironía en la respuesta: ni esa chica, ni casi ningún alumno, habían entendido, pero tenían la impresión de que era estupendo. El talento de Zubiri era evidente; su pasión intelectual, también; su desdén por la pedagogía, manifiesto. Hablaba de lo que le interesaba, sin miramientos. Comentábamos la Monadología de Leibniz. Como sabía que yo estudiaba Ciencias, me decía a veces: “Usted. joven matemático, lo entenderá bien”. Ponía en el encerado nombres griegos, aunque no habíamos estudiado esa lengua; alguna vez llegaba al hebreo. Declaró que aprobaría a todo el mundo. No había más que dos posibilidades: ahogarse o salir nadando. Lo decisivo es que nos mostró lo que es la filosofía y nos infundió un tremendo respeto por ella.

Julián Marías: Una vida presente. Memorias, pp. 75-76

La misma idea en Thomas Mann.

La escuela a examen

Nuestro compañero Antonio Abellán se ha prestado, muy amablemente, a realizar una reseña del libro de Penalva ‘La Escuela a Examen’, que pueden ustedes leer a continuación. Agradezco a Antonio las molestias que se ha tomado y espero que no terminen aquí sus colaboraciones con este blog:

A raíz de mi asistencia a una conferencia del profesor José Penalva en Elche hace unos pocos meses, conferencia  enmarcada en un ciclo organizado por la SFPA bajo el título: Filosofía, Educación y Cultura;  decidí comprar dos de sus libros y embarcarme en su lectura casi simultáneamente; el primero de ellos, el “polémico“Corrupción en la Universidad”, al que Felipe ya dedicó un post con anterioridad; libro que por cierto considero, más que polémico, sobrecogedor; y en segundo lugar, el libro en base al cual el profesor Penalva articuló gran parte de aquella interesantísima conferencia que suscitó en mí cierta inquietud:” La Escuela a Examen. La perspectiva de la construcción social”. Este libro (no menos polémico  según quién lo lea) es el que quiero reseñar a continuación.

El punto de partida del profesor Penalva es el siguiente: el problema fundamental del sistema educativo español está en la deficiencia de sus tres pilares claves, a saber: La teoría de la enseñanza, el modelo de profesor  y la idea de escuela vigentes.  En este libro el autor se centra básicamente en profundizar en el análisis y en la crítica de la teoría de la enseñanza vigente,  a lo cual dedica algo más de la mitad del libro; ahora bien, a pesar de ello, no deja de desarrollar las otras dos cuestiones fundamentales, las cuáles  están estrechamente relacionadas entre sí.  Dicho esto, quiero incidir en que el profesor Penalva distingue dos corrientes generales de opinión en España con respecto a estas cuestiones, lo cual es importante para el análisis que lleva a cabo en la obra; a saber:

  1. -Por un lado tenemos a los promotores y defensores del sistema educativo vigente, que superan el 90% del mundo de la pedagogía, y que consideran que el diseño teórico es bueno, pero que la dotación económica es insuficiente.
  2. -Y por otro lado están los críticos del sistema educativo vigente, mayoritariamente desde la implantación de la LOGSE, profesores de secundaria que consideran que dicha ley genera fracaso escolar (idea práctica) y que la misma no se basa en la realidad, sino que está pensada en los despachos (juicio teórico).

Con respecto a la primera corriente mencionada, la crítica principal del profesor Penalva es que en este país la educación nunca ha recibido dotación económica suficiente bajo ningún gobierno; y por tanto, este no es el núcleo del problema por más que los promotores y defensores del  sistema vigente se empeñen en señalar ésta como la causa principal, entre otras, como por ejemplo, la negativa del profesor a “implicarse profundamente” en el sistema educativo; o lo que es lo mismo,  el “boicot” al mismo. Según el profesor Penalva, el problema fundamental está en las teorías pedagógicas que fundamentan y configuran el sistema educativo, las cuales carecen de consistencia interna y de adecuación a la realidad. Hay muestras suficientes de las contradicciones teóricas y prácticas del sistema; asunto que, además, cualquier profesor  ha podido percibir en su quehacer diario. Ahora bien, la crítica del profesor Penalva no se limita únicamente al diagnóstico, sino que propone alternativas para sentar las bases de una posible reforma educativa, abogando por que éstas deben ser realistas y realizables, aunque ésta cuestión no la desarrolla ampliamente en este libro.

Por tanto, lo fundamental para dicha propuesta final que el profesor Penalva expone, es el análisis de los paradigmas o modelos pedagógicos que subyacen al sistema educativo vigente; tarea que lleva a cabo en el capítulo primero del libro. Este análisis lleva a la conclusión de que a pesar de las diferentes leyes educativas que han tenido vigencia en España en los últimos veinte años: LOGSE, LOCE y LOE, comparten el mismo paradigma o modelo pedagógico, que no es otro que el de la perspectiva de la construcción social, es decir: la pedagogía construccionista. El capítulo segundo lo dedica al análisis de la base teórica o supuestos teóricos de la Escuela Inclusiva, supuestos ligados estrechamente a los de la pedagogía construccionista (es decir, a la idea de la construcción social de la escuela).  Ahora bien, a propósito del concepto de “escuela inclusiva” mencionado,hay que insistir en la importancia del mismo en la obra y en su estrecha relación con otro concepto también clave en el análisis crítico que se lleva a cabo para delimitar la “idea de escuela” del sistema educativo español. Este concepto no es otro que el de “innovación escolar”.  No obstante, en este libro se resalta, sobre todo, el primer concepto, el de “escuela inclusiva”, el cual es fundamental en nuestro contexto educativo y en sus líneas pedagógicas afines, basándose en el principio de la IGUALDAD SOCIAL (“Educación para todos”).

A continuación, los capítulos tercero, cuarto y quinto prosigue con el análisis crítico de la idea de construcción social desde una PERSPECTIVA FILOSÓFICA (en parte desde la filosofía de la ciencia) y desde  una perspectiva de la investigación educativa. En esos capítulos en concreto se centrará en analizar los problemas semánticos, epistemológicos y ontológicos derivados de la idea de construcción social de la escuela; capítulos que particularmente me han parecido  centrales en la obra y especialmente iluminadores.  Los capítulos seis y siete, los dedica a poner de relieve problemas principalmente de orden práctico que encuentra tal modelo de escuela,  analizando la “hipótesis” “de la comunidad ideal de diálogo” y el tema de la descentralización escolar y sus consecuencias educativas. Por último incidir en que los tres últimos capítulos, como ya mencioné, se centran en el modelo y la figura del profesor y sus notas profesionales, considerando que la pedagogía construccionista diluye tal figura que, como ya se ha subrayado, es central en la Educación.

Ante la actual realidad educativa,  el profesor Penalva ve difícil que aparezca una alternativa real a dicho modelo, tanto a corto como a medio plazo, principalmente debido a que:

  1. En el mundo de la pedagogía el sistema educativo actual es considerado como incuestionable (se refiere básicamente al profesorado universitario), comportando así un innegable conservadurismo, situación que a su vez se perpetua por la endogamia existente en los departamentos de las facultades de pedagogía (cuestión que puede apreciarse perfectamente en su libro “Corrupción en la Universidad”). Esta actitud, curiosamente, es  defendida mayoritariamente  por posturas políticas y pedagógicas autodenominadas como “progresistas”.
  2.  El estado actual de la “España de los poderes de las Comunidades Autónomas” caracterizado por la tendencia a subyugar la educación al servicio de los intereses de partido de cualquier signo político, perdiendo así el sistema educativo su índole nacional, generando dificultades para garantizar la libertad e igualdad de todos los ciudadanos.

Pues bien, precisamente por ese componente moral y político, la reforma educativa de 1990 (LOGSE) ha sido calificada por sus diseñadores como progresista, claramente opuesta a las políticas conservadoras.  Ahora bien, dejando claro que el profesor Penalva insiste en que la educación para todos es un reto inexcusable, critica que el modelo de inclusión escolar vigente tal y como se ha configurado en nuestro sistema educativo no está produciendo los resultados esperados y deseados.  Según Penalva, una cosa es el reto de la inclusión social y otra es la configuración y diseño de un modelo de escuela real, que de hecho logre realizar la inclusión social. Por todos es sabido el porcentaje de fracaso escolar en España (según el autor, más allá de los  datos oficiales, ronda el 50%); y esta realidad “supuestamente” no “parece” que sea ni esperada, ni deseada por nadie. Es por ello, por lo que el autor considera que en el caso hipotético de que en España se llegara al acuerdo de que éstos datos no son ni buenos ni deseables, entonces el principio fundamental sobre el que se apoya el modelo de escuela vigente (la inclusión social, la promoción de los menos favorecidos) estaría fracasando, y que por tanto, no podríamos concluir que “la escuela para todos” este dando “ educación para todos”; de dónde se desprende a su vez, que no estamos ante ningún logro histórico como afirman sus defensores y promotores, sino ante un “fracaso”.

Ante esta situación descrita, tengo la impresión de que la responsabilidad ante tal realidad “construida” o “fabricada”( tomando la expresión del profesor Penalva ) se ha volatilizado; ¿Será nuestro sistema educativo un experimento extraterrestre?… Por otro lado  considero que todas las medidas políticas y pedagógicas, una tras otra se limitan a lavarle la cara y maquillar el sistema educativo, dándole la orientación más oportuna en cada momento . Y nada más. Pero  el fuerte componente ideológico  en el diseño del sistema vigente y los fundamentos pedagógicos construccionistas que lo sustentan ahí están, y esos son los que comportan graves deficiencias, tal y como muestra el profesor Penalva en éste libro. Personalmente creo que la LOGSE  cuyos tentáculos siguen siendo muy largos, es una de las mayores estafas perpetradas en la historia reciente de España. Una estafa de enormes dimensiones y gravísimas consecuencias.

En definitiva, esta obra se centra en la cuestión básica y fundamental de la escuela en torno a la figura del profesor y sus notas profesionales; llevando a cabo un minucioso análisis crítico del modelo pedagógico construccionista (modelo que fundamenta el actual sistema educativo en España), para señalar sus graves deficiencias tanto teóricas como prácticas, ya que una reforma educativa y la implementación escolar de acuerdo con el profesor Penalva, tienen su razón de ser en el profesor. Y todo ello sin mencionar los innumerables elementos políticos y morales que se despliegan en el diseño de tal sistema (elementos que siguen estando presentes  y que el profesor Penalva no deja de analizar a lo largo del libro aunque ese no sea su objetivo principal); dejando claro que estamos ante un diseño con una fuerte motivación ideológica. Concluiré la reseña con la consideración de que este libro es imprescindible para conocer y comprender los fundamentos pedagógicos del actual sistema educativo y sus deficiencias básicas, así como la configuración del mismo; posibilitando de este modo una crítica fundamentada y rigurosa de nuestro sistema educativo desde una perspectiva filosófica  y desde una propuesta pedagógica diferente; tarea que a mi parecer  José Penalva lleva a cabo de un modo claro y contundente. Creo que es un libro que todo profesor debería leer para tener una mayor profundidad de campo sobre nuestra realidad educativa.

Antonio José Abellán Cano

Comunicado del Supremo Mandarinazgo de la Universidad de Murcia

Otra educación es posible.

Afirma Aristóteles que la vida filosófica sólo imperfectamente puede cumplirse en el hombre, ligados como estamos a diversas necesidades, sociales y corporales. Sólo un dios libre de éstas podría darse plena y enteramente a la vida teórica, a la pura contemplación intelectual. Como no todo va a ser filosofar, dada mi humanidad, aparte de cruzar Nuñez de Balboa tengo también que ir al Carrefour. Al supermercado me dirigía y escuchaba la radio durante el trayecto, hablaban de los acontecimientos de Madrid: las declaraciones de Esperanza y la huelga de profesores, de las dichosas veinte horas y demás… en cierto momento del programa comenzó una entrevista paródica al supuesto representante de un grupo de renovación educativa, “Otra educación es posible“, el cual proponía que las clases fuesen de 800 alumnos -lo que me hizo dudar de si estaba ante una parodia o ante una pequeña exageración-. El supuesto renovador apoyó su propuesta con un buen número de argumentos, “lo importante es lo que se dice, con independencia del número al que se dice” “¿hace más díficil o modifica la comprensión de lo que dice un locutor de radio el hecho que tenga mil o doscientos mil oyentes”, “el que quiera aprender lo hará lo mismo si son venticinco que si son ochocientos” , “y quien careza de interés por hacer nada lo mismo le da estar con cuatro que con cuatrocientos” y finalizaba remitiéndose a los hechos: “desde el 36 hasta el 75 no hubo fracaso escolar en España”. No lo dijo el renovador, pero no era difícil de deducir: los grupos reducidos deben ser para los mejores, para los menos, los pocos, los selectos, los aristoi. Y puestos a seleccionar: ¿Quién podrá cuanto el deseo/ Aunque imposible, conciba?/¿Y quién lo de abajo arriba/ Vuelve en el mundo ligero?

¿Déjà vu o visión profética? ¿ambas cosas?.

Aparte de escuchar la radio, aprovecho estas visitas para ir leyendo de gratis Aguirre, el magnífico de Manuel Vicent en un ejemplar del supermercado, aunque es mucho mejor hacerlo en un cómodo sillón de la Casa del Libro. Entretenido documento sociológico -la mala uva hispana sin mácula-. Interesante, más ahora que estamos con Ortega.

Happy ending

Fue una mañana del final del otoño -o quizá en el comienzo del invierno. No importa, era la mañana aún oscura de un martes frío; eso sí lo recuerdo con claridad y también que aquella noche no había conseguido pegar ojo. Subí las escaleras con más ligereza de lo habitual; me había acostado sin cenar y las digestiones livianas son una bendición para la circulación periférica. Al torcer el pasillo me encontré con lo que esperaba: solitario frente al puerta me estaba esperando, apenas consiguió balbucear con tristeza y media sonrisa: “qué decepción”, con no menos tristeza y amarga sonrisa solo acerté a proferir: “bueno, leamos a los clásicos” señalando a mi ejemplar de la República de Platón. Terrible cinco a cero del Nou Camp.

Por descontado que en un curso pasan muchas más cosas, agradables, tristes, dolorosas, pero pocas tan memorables. La mayoría anodinas y algunas, no muchas, no merecen que se las tenga siquiera por sucedidas; y los cuarenta grados del verano que se avecinan se encargarán de que tal cosa ocurra.

Lo inapelable es que un nuevo curso -un nuevo ciclo- se cierra. Aunque la bandera del Real Madrid que tengo delante lo hace más grato. Nos queda la Décima.

Y,  como el poeta, dedico tambien un recuerdo a la afición en general.

El propósito de la educación. Purpos/ed [Es]

El grupo Purpos/eds] plantea la cuestión acerca del propósito de la educación y nos invita a reflexionar sobre la misma con el objeto de iniciar un debate. Hasta el momento he leído respuestas como las que siguen:

Como mujer, madre y maestra, para mí, el propósito de la buena educación sería enseñar el arte de vivir siendo uno mismo, una misma, en cualquier circunstancia, lugar, tiempo o dimensión. […] también es encontrar y regalar las herramientas que posibiliten que las personas podamos romper las cadenas que están provocando que nuestra sociedad esté cada vez más enferma (http://navegarsinnaufragar.blogspot.com/)
[que los alumnos] aprendan a ser personas críticas, libres, independientes, capaces de definir sus sueños. (http://victorcuevas.es/educadores21/)
El propósito de la Educación es construir un buen futuro para tu hija y para tu hijo, sin mirar el color de su piel, su pasaporte, su sexo o su religión (http://deestranjis.blogspot.com/2011/04/cual-es-el-proposito-de-la-educacion.html)
El propósito de la escuela es aprender a vivir (tweet)
No empezar de cero. No estar solo. Saber ponernos en la piel del de enfrente. Poder vivir en sociedad. (http://blog.catedratelefonica.deusto.es/el-proposito-de-la-educacion/)
Creo, con todos mis respetos a sus autores, que estas reflexiones no son más que una declaración de buenas intenciones, pero que carecen de contenido, por lo que difícilmente pueden ser discutidas. Si nos ceñimos a la pregunta, tenemos que concluir que no hay respuesta porque la educación no tiene ‘propósito’ alguno. Un ‘propósito’ es una intención de hacer o conseguir algo e implica necesariamente la deliberación consciente y planificada. La educación entonces no tiene propósitos, como no los tiene una silla. Propósitos tienen los individuos y, en un sentido derivado, los grupos de individuos. La educación es un medio que sirve a los propósitos de diferentes individuos o grupos. Por eso sí tendría sentido preguntarse por el propósito de cuantos pretenden reformar la educación.
Ortega sostenía, con razón, que el ser humano es el único ser que consiste en no ser, sino en hacerse. Sabemos (en plural, como hace Punset) que el cerebro es un órgano plástico y que nuestra dotación genética es insuficiente para generar en nosotros conductas que nos permitan sobrevivir. El aprendizaje, en consecuencia, no es un factor accidental en nuestras vidas, sino esencial. No hay ser humano sin aprendizaje. Sin embargo también los animales, o al menos los animales más complejos, necesitan aprender. Pero, siguiendo a Ortega, la indeterminación que exige a los animales aprender ciertas cosas, es menor que la indeterminación humana. Un perro tendrá que aprender a evitar ciertos alimentos o a abrir puertas con la pata; un gatito tendrá que aprender a evitar a las niñas con trenzas y a hurgar en la basura, pero ni el gato ni el perro tendrán que aprender a ser gatos o perros. El ser humano, sin embargo, tiene que aprender a ser humano. Esta diferencia la expresamos diciendo que el ser humano no sólo necesita aprender, sino que necesita educarse o, lo que es lo mismo, formarse. El problema, ahora inevitable, es en qué consiste o en qué debería consistir el ser humano. Y la respuesta, insatisfactoria siempre, es que no lo sé.
Es esta una cuestión peliaguda, pues la pedagogía, que es el nombre que recibe la reflexión (que no ciencia) sobre la educación, entronca aquí con la antropología y con la filosofía y adquiere, además, un carácter normativo. Aunque no sepamos lo que es o deba ser un ser humano, la cuestión es que hay que vivir y que para ello asumimos un proyecto vital que implica de un modo u otro una respuesta a esa pregunta, que puede, o no, ser consciente. El proyecto vital que asumimos no es, por cierto, cualquier proyecto vital. Por decirlo de forma breve: a un ateniense del siglo V a. de C. no se le ocurriría asumir el proyecto vital de una Drag Queen del s. XXI. Esto significa que la propia educación es en gran parte, si no totalmente, la expresión de una voluntad ajena. El propósito de la educación, entonces, es el propósito de los educadores. Y este ya es un terreno en el que el conflicto es tan inevitable como deseable. El intento de eliminar totalmente el conflicto entre los educadores puede ser calificado sin temor a errar como la quintaesencia del totalitarismo. Así pues, en la educación chocarán necesariamente las voluntades de diferentes educadores con diferentes propósitos. En las sociedades cuyo nivel de complejidad ha exigido la aparición de un Estado, éste se convierte en uno de los agentes educadores con propósitos propios, que puede entrar en conflicto con otros agentes educadores, como las familias, las empresas, partidos políticos (que no hemos de identificar con el Estado), confesiones religiosas, o el propio educando. Cada uno tratará de modificar o reformar la educación para que ésta sirva a sus propios propósitos y muchos de ellos tratarán de hacer trampas convenciendo a los demás de que sus propósitos son en realidad los propósitos de la educación. Las democracias liberales occidentales, si quieren seguir siéndolo, deben poner los medios para evitar que ningún agente educador, incluido el mismo Estado, monopolice la educación, y desde la filosofía debemos denunciar, como pura mitología, cualquiera de esos intentos de atribuir a la educación propósito alguno haciendo visible el conflicto entre los agentes educadores.
La democracia sólo sobrevivirá mientras exista ese conflicto; la guerra, como dijo Heráclito, es el padre de todas las cosas.
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