Por qué Filosofía.

Este es un proyecto llevado a cabo por alrededor de ochenta autores: profesores, alumnos y profesionales de otros asuntos.  Todos ellos reunidos en torno a una cuestión pertinaz:  Por qué filosofía.  Una cuestión que – junto a su forma bastarda:  Para qué la filosofía– acompaña a esta disciplina a través de toda su historia desde su surgimiento en la antigua Grecia. Una cuestión que alguno resolvió en la admiración, otros en el aburrimiento, en la angustia… en la desesperación. Y que recientemente se nos presenta en su forma más mostrenca con la aparición de una discutida ley educativa que ha amenazado con relegarla del sistema educativo.

Algunos parece que no se resignan.

Por mi parte estoy deseando tenerlo entre manos. Si de algo estoy seguro es de que no será una lectura aburrida. Ya lo dijo alguien: Los filósofos dan mucha guerra.

UN TROCITO DE KIERKEGAARD, EL FILÓSOFO DEL CORAZÓN PARTIDO

      A ti que deseas conocerte y comprenderme, a ti que aprecias los pensamientos profundos y los elevados sentimientos, a ti te dedico esta sutil reflexión de Søren Kierkegaard, que ocupa solamente las cuatro páginas casi finales de su primera obra: O lo uno o lo otro. Un fragmento de vida.

     Obra que es tanto una incitación a vivir ética y religiosamente, como una introducción a la filosofía de su autor, original pensador que reniega de los filósofos. Está dividida en dos tomos, lo cual obedece paradójicamente a su unidad, pues, como indica su título, esta es una unidad fragmentada, la unidad de una alternativa, de una oposición imposible de resolver en una mediación. La unidad consiste en que ambos tomos tratan de lo mismo, del amor, y de tal manera que ni el primero de ellos llega a entenderse bien hasta que no se ha entendido el segundo ni este puede ser comprendido cabalmente sin haber leído antes aquel; la ruptura, en que el amor de que se trata en un tomo es absoluta y radicalmente contrario al amor de que se trata en el otro. En el primero se expresa el amor finito, el amor de circunstancias, el amor ocasional; amor estético, sensual, inmediato, o sea, que no tiene una historia, un desarrollo a lo largo del tiempo (pasado, presente y futuro), que vive la vida de repente, en el instante, y muere la muerte de continuo, en el melancólico recuerdo de su “primera vez”; amor escéptico, dubitativo, indeciso, que no asume ningún compromiso, que no alcanza a estimar la verdad y la franqueza, sino que se queda en lo interesante como superficial experimentador que solo pica de flor en flor sin entregarse, sin confiarse jamás a causa alguna; amor a medias, inspirador de pensamientos a medias, que es, por tanto, desesperación. Y en el segundo se expresa el amor infinito, esencial, el amor que liga a lo largo del tiempo lo finito, lo particular, lo concreto, a lo infinito, a lo general, a la idea; amor ético, sentimental, espiritual, que de continuo transforma lo que inmediatamente es en lo que debe ser, que nunca deja de transfigurar lo contingente en lo ideal, en lo ejemplar; amor mediato, que tiene una historia, que va concretándose, que va tomando cuerpo en la vocación, el matrimonio y la amistad; amor comprometido y entusiasta que obra el buen entendimiento y que halla reposo en la soledad del amor a Dios, inspirando así consideraciones edificantes, es decir, pensamientos que, a diferencia de lo interesante, quitan dudas y dan esperanzas; amor que en lo edificante posee el criterio de la verdad; amor que es, por todo ello, libertad, plena libertad.

    Precisamente, del amor que en la soledad del desierto se alza al cielo calmando tormentas es de lo que tratan estas cuatro páginas. Léelas al menos con el corazón abierto, si no partido, y ya me cuentas.

Juan José Bayarri Torrecillas.

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y sobre
la línea y las espumas
de la costa
los pájaros que

cambian de planeta
llenan
el mar
con su silencio de alas.

Pablo Neruda

 

Falacias, humanidades y fuego amigo.

medieval

Una breve introducción.  Como regalo de Reyes ha aparecido un artículo titulado “Cómo no defender las humanidades“.  Lamenta el autor que entre los recientes defensores de las humanidades se incurra en flagrantes falacias,  lo cual es especialmente censurable pues proviene de personas de cuya formación deberíamos esperar el ejemplo de un razonamiento riguroso y preciso. El autor Jesús Zamora Bonilla, catedrático y decano de la Facultad de Filosofía ( UNED) pretende denunciar algunas de las falacias más notorias y recurrentes.

En una primera lectura el artículo me pareció tosco y lo achaqué a mala fe, creo que no juzgué correctamente,  supondré que el articulista ha razonado con el mejor propósito por el bien de las humanidades que dice defender.

He detectado cierto gusto del autor por el muñeco de paja. Me ha sorprendido, sin embargo, aquello que califica como falacias. Paso a comentarlas :

1ª Falacia. ” La formación humanística es un pilar de la democracia“.  Alega, el catedrático Zamora Bonilla para desvelar la falacia, que la mayoría de los filósofos no han visto en la democracia sino una “pésima idea”. Efectivamente la democracia ha tenido a lo largo de la historia de la filosofía tanto adversarios como defensores, pero me sorprende que al autor del artículo se le haya pasado por alto que las críticas razonadas, pensemos por ejemplo en el análisis que Platón y Aristóteles realizan sobre las distintas formas de gobierno, en tanto que revelan defectos, desviaciones, peligros,  son extremadamente útiles para mejorar y defender una sana democracia. Creo, parece que al contrario que el señor Bonilla, que ciudadanos educados en las humanidades, conocedores de las polémicas habidas en torno a las diversas formas de gobierno, de sus virtudes y sus defectos, conocedores también de la historia concreta  que abunda en ejemplos, algunos muy recientes, de cómo sistemas de gobierno aparentemente democráticos pueden pervertirse para dar lugar a las peores tiranías, y  aunque no compartamos a pie juntillas el intelectualismo ético que asimila conocimiento y bondad, creo que podemos conceder que estos ciudadanos formados en el conocimiento de las  humanidades no son desdeñables en una democracia. Tampoco escapa al autor del artículo que la “educación” humanística ha estado en manos de élites que a través de ella han mantenido y justificado sus privilegios…   parece que estamos aquí ante un entimema, del tipo en el que lo suprimido no es una premisa sino la conclusión, más no me atrevo a sacar yo la conclusión sin permiso de su autor.

2ª Falacia. “El conocimiento de las humanidades contribuye a nuestra realización como persona”. Para denunciar el carácter falaz de esta afirmación recurre el decano al contraejemplo, y  no duda en servirse entre otros de su propia persona -actitud que le honra- para mostrar como el conocimiento de las humanidades no redunda en una mayor felicidad ni de uno mismo ni de aquellos otros que nos son más o menos cercanos, ni tampoco nos vacuna contra la idiotez. Efectivamente la cuestión de la felicidad, de la vida buena, de la realización personal, no es un asunto fácil, ni tan al alcance de la mano, como proclaman muchos de esos gurús y libros de autoayuda que proliferan en esta “sociedad del bienestar” que, sin embargo tan falta y necesitada parece estar de él. Los grandes filósofos, también literatos y artistas, han reflexionado todos ellos sobre la existencia humana lejos de la superficialidad y de la trivialidad, muchas veces con desesperación y hasta con crueldad, creo que vale la pena acompañarlos en ese ejercicio de descubrimiento de uno mismo, no nos asegurará la felicidad, ni nos curará la estupidez, como dice Deleuze en su conocido texto, quizá tan solo le impida llegar tan lejos como quisiera, esto ya sería un beneficio. En cualquier caso no creo que contribuya a una mayor alienación que la de quien vive al margen de todos estos pensamientos.

3ª Falacia “La enseñanza de las humanidades hace que tengamos una ciudadanía más crítica, y por eso la quieren eliminar, sustituyéndola por saberes economicistas”. De nuevo recurre Bonilla al contraejemplo, en este caso es España enterita el ejemplo que pincha la burbuja falaz; dada la cantidad de titulados en filosofía, “que cree recordar”, que hay en España y por la cantidad de horas que de estas materias se imparten en España este debería ser el país más crítico y democrático del planeta, razona el catedrático. No se anda con chiquitas el catedrático Zamora Bonilla, en pocas palabras -no sé si atreverme con el dichoso entimema esta vez- viene a decirnos que los titulados españoles no pasan de ser, en su inmensa mayoría, unos zoquetes y sus clases, pues… una mierda, no lo dice por afán de molestar sino en vista de los resultados claro está,  para que vamos a andarnos con eufemismos, “por sus obras los conoceréis”.   Me maravilla, sin embargo, que no mencione el catedrático la singular historia española, distinguida durante siglos por la persecución del librepensamiento y la ilustración en cualquiera de su formas, algo, pienso yo, tendrá que ver esta actitud de siglos con la pobre situación actual, el poco valor concedido a la cultura, los pobres resultados académicos, la corrupción y esas cosas…  difícil tarea la de esos titulados el revertir actitudes de siglos, pero no creo que ellos hayan empeorado la situación, incluso creo que muchos de ellos han ayudado a ponerle algún freno, insuficiente, sin duda.

4ª Falacia La educación no debe tener como objetivo la empleabilidad, y por eso el Estado debe crear muchísimos más empleos para los titulados en humanidades. En fin, pienso que esta falacia se comenta ella sola.” No, no hace falta que nos la comente, señor decano, el muñeco de paja le ha quedado muy mono, le podríamos ajustar un mecanismo sonoro, darle cuerda y que repitiese machaconamente la cita de Aristóteles con las que comenzó su artículo.

Por mi parte, estoy agradecido a todos aquellos que han levantado la voz, con mayor o menor acierto en sus argumentos, para defender las humanidades ante este último ataque iniciado por el señor Wert. Es cierto que eché en falta algunas voces que por aquello de salir en la foto no se movieron en su momento, otros en cambio, incluso del propio partido del gobierno, se atrevieron a defender en público -y en diario de gran tirada- sus convicciones. No voy a dar nombres pues han sido muchos quienes en estos años se han manifestado en defensa de las humanidades y de la filosofía en particular, que ha sido la gran damnificada; unos desde las tribunas de los grandes diarios, otros en humildes blogs y redes sociales, campañas de recogida de firmas, videos y entrevistas en youtube… la ley Wert ha perdido y es ya cadáver, el daño a la filosofía, sin embargo permanece, en algunas comunidades se ha conseguido atenuar el daño, en otras no, al  menos de momento. Es de esperar que ahora que se puede alzar la voz sin caer en el ostracismo, se sumen nuevas voces… serán bienvenidas, porque son necesarias.

El propio Jesús Zamora Bonilla promete una segunda parte, la parte positiva en la que dará a conocer las verdaderas razones que se pueden aducir en defensa de las humanidades. Yo  estoy convencido de que razones no han de faltar, y a Jesús le deseo, sinceramente y en mi propio provecho,  que esa vez esté más afortunado.

 

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