UN TROCITO DE KIERKEGAARD, EL FILÓSOFO DEL CORAZÓN PARTIDO

      A ti que deseas conocerte y comprenderme, a ti que aprecias los pensamientos profundos y los elevados sentimientos, a ti te dedico esta sutil reflexión de Søren Kierkegaard, que ocupa solamente las cuatro páginas casi finales de su primera obra: O lo uno o lo otro. Un fragmento de vida.

     Obra que es tanto una incitación a vivir ética y religiosamente, como una introducción a la filosofía de su autor, original pensador que reniega de los filósofos. Está dividida en dos tomos, lo cual obedece paradójicamente a su unidad, pues, como indica su título, esta es una unidad fragmentada, la unidad de una alternativa, de una oposición imposible de resolver en una mediación. La unidad consiste en que ambos tomos tratan de lo mismo, del amor, y de tal manera que ni el primero de ellos llega a entenderse bien hasta que no se ha entendido el segundo ni este puede ser comprendido cabalmente sin haber leído antes aquel; la ruptura, en que el amor de que se trata en un tomo es absoluta y radicalmente contrario al amor de que se trata en el otro. En el primero se expresa el amor finito, el amor de circunstancias, el amor ocasional; amor estético, sensual, inmediato, o sea, que no tiene una historia, un desarrollo a lo largo del tiempo (pasado, presente y futuro), que vive la vida de repente, en el instante, y muere la muerte de continuo, en el melancólico recuerdo de su “primera vez”; amor escéptico, dubitativo, indeciso, que no asume ningún compromiso, que no alcanza a estimar la verdad y la franqueza, sino que se queda en lo interesante como superficial experimentador que solo pica de flor en flor sin entregarse, sin confiarse jamás a causa alguna; amor a medias, inspirador de pensamientos a medias, que es, por tanto, desesperación. Y en el segundo se expresa el amor infinito, esencial, el amor que liga a lo largo del tiempo lo finito, lo particular, lo concreto, a lo infinito, a lo general, a la idea; amor ético, sentimental, espiritual, que de continuo transforma lo que inmediatamente es en lo que debe ser, que nunca deja de transfigurar lo contingente en lo ideal, en lo ejemplar; amor mediato, que tiene una historia, que va concretándose, que va tomando cuerpo en la vocación, el matrimonio y la amistad; amor comprometido y entusiasta que obra el buen entendimiento y que halla reposo en la soledad del amor a Dios, inspirando así consideraciones edificantes, es decir, pensamientos que, a diferencia de lo interesante, quitan dudas y dan esperanzas; amor que en lo edificante posee el criterio de la verdad; amor que es, por todo ello, libertad, plena libertad.

    Precisamente, del amor que en la soledad del desierto se alza al cielo calmando tormentas es de lo que tratan estas cuatro páginas. Léelas al menos con el corazón abierto, si no partido, y ya me cuentas.

Juan José Bayarri Torrecillas.

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y sobre
la línea y las espumas
de la costa
los pájaros que

cambian de planeta
llenan
el mar
con su silencio de alas.

Pablo Neruda

 

Falacias, humanidades y fuego amigo.

medieval

Una breve introducción.  Como regalo de Reyes ha aparecido un artículo titulado “Cómo no defender las humanidades“.  Lamenta el autor que entre los recientes defensores de las humanidades se incurra en flagrantes falacias,  lo cual es especialmente censurable pues proviene de personas de cuya formación deberíamos esperar el ejemplo de un razonamiento riguroso y preciso. El autor Jesús Zamora Bonilla, catedrático y decano de la Facultad de Filosofía ( UNED) pretende denunciar algunas de las falacias más notorias y recurrentes.

En una primera lectura el artículo me pareció tosco y lo achaqué a mala fe, creo que no juzgué correctamente,  supondré que el articulista ha razonado con el mejor propósito por el bien de las humanidades que dice defender.

He detectado cierto gusto del autor por el muñeco de paja. Me ha sorprendido, sin embargo, aquello que califica como falacias. Paso a comentarlas :

1ª Falacia. ” La formación humanística es un pilar de la democracia“.  Alega, el catedrático Zamora Bonilla para desvelar la falacia, que la mayoría de los filósofos no han visto en la democracia sino una “pésima idea”. Efectivamente la democracia ha tenido a lo largo de la historia de la filosofía tanto adversarios como defensores, pero me sorprende que al autor del artículo se le haya pasado por alto que las críticas razonadas, pensemos por ejemplo en el análisis que Platón y Aristóteles realizan sobre las distintas formas de gobierno, en tanto que revelan defectos, desviaciones, peligros,  son extremadamente útiles para mejorar y defender una sana democracia. Creo, parece que al contrario que el señor Bonilla, que ciudadanos educados en las humanidades, conocedores de las polémicas habidas en torno a las diversas formas de gobierno, de sus virtudes y sus defectos, conocedores también de la historia concreta  que abunda en ejemplos, algunos muy recientes, de cómo sistemas de gobierno aparentemente democráticos pueden pervertirse para dar lugar a las peores tiranías, y  aunque no compartamos a pie juntillas el intelectualismo ético que asimila conocimiento y bondad, creo que podemos conceder que estos ciudadanos formados en el conocimiento de las  humanidades no son desdeñables en una democracia. Tampoco escapa al autor del artículo que la “educación” humanística ha estado en manos de élites que a través de ella han mantenido y justificado sus privilegios…   parece que estamos aquí ante un entimema, del tipo en el que lo suprimido no es una premisa sino la conclusión, más no me atrevo a sacar yo la conclusión sin permiso de su autor.

2ª Falacia. “El conocimiento de las humanidades contribuye a nuestra realización como persona”. Para denunciar el carácter falaz de esta afirmación recurre el decano al contraejemplo, y  no duda en servirse entre otros de su propia persona -actitud que le honra- para mostrar como el conocimiento de las humanidades no redunda en una mayor felicidad ni de uno mismo ni de aquellos otros que nos son más o menos cercanos, ni tampoco nos vacuna contra la idiotez. Efectivamente la cuestión de la felicidad, de la vida buena, de la realización personal, no es un asunto fácil, ni tan al alcance de la mano, como proclaman muchos de esos gurús y libros de autoayuda que proliferan en esta “sociedad del bienestar” que, sin embargo tan falta y necesitada parece estar de él. Los grandes filósofos, también literatos y artistas, han reflexionado todos ellos sobre la existencia humana lejos de la superficialidad y de la trivialidad, muchas veces con desesperación y hasta con crueldad, creo que vale la pena acompañarlos en ese ejercicio de descubrimiento de uno mismo, no nos asegurará la felicidad, ni nos curará la estupidez, como dice Deleuze en su conocido texto, quizá tan solo le impida llegar tan lejos como quisiera, esto ya sería un beneficio. En cualquier caso no creo que contribuya a una mayor alienación que la de quien vive al margen de todos estos pensamientos.

3ª Falacia “La enseñanza de las humanidades hace que tengamos una ciudadanía más crítica, y por eso la quieren eliminar, sustituyéndola por saberes economicistas”. De nuevo recurre Bonilla al contraejemplo, en este caso es España enterita el ejemplo que pincha la burbuja falaz; dada la cantidad de titulados en filosofía, “que cree recordar”, que hay en España y por la cantidad de horas que de estas materias se imparten en España este debería ser el país más crítico y democrático del planeta, razona el catedrático. No se anda con chiquitas el catedrático Zamora Bonilla, en pocas palabras -no sé si atreverme con el dichoso entimema esta vez- viene a decirnos que los titulados españoles no pasan de ser, en su inmensa mayoría, unos zoquetes y sus clases, pues… una mierda, no lo dice por afán de molestar sino en vista de los resultados claro está,  para que vamos a andarnos con eufemismos, “por sus obras los conoceréis”.   Me maravilla, sin embargo, que no mencione el catedrático la singular historia española, distinguida durante siglos por la persecución del librepensamiento y la ilustración en cualquiera de su formas, algo, pienso yo, tendrá que ver esta actitud de siglos con la pobre situación actual, el poco valor concedido a la cultura, los pobres resultados académicos, la corrupción y esas cosas…  difícil tarea la de esos titulados el revertir actitudes de siglos, pero no creo que ellos hayan empeorado la situación, incluso creo que muchos de ellos han ayudado a ponerle algún freno, insuficiente, sin duda.

4ª Falacia La educación no debe tener como objetivo la empleabilidad, y por eso el Estado debe crear muchísimos más empleos para los titulados en humanidades. En fin, pienso que esta falacia se comenta ella sola.” No, no hace falta que nos la comente, señor decano, el muñeco de paja le ha quedado muy mono, le podríamos ajustar un mecanismo sonoro, darle cuerda y que repitiese machaconamente la cita de Aristóteles con las que comenzó su artículo.

Por mi parte, estoy agradecido a todos aquellos que han levantado la voz, con mayor o menor acierto en sus argumentos, para defender las humanidades ante este último ataque iniciado por el señor Wert. Es cierto que eché en falta algunas voces que por aquello de salir en la foto no se movieron en su momento, otros en cambio, incluso del propio partido del gobierno, se atrevieron a defender en público -y en diario de gran tirada- sus convicciones. No voy a dar nombres pues han sido muchos quienes en estos años se han manifestado en defensa de las humanidades y de la filosofía en particular, que ha sido la gran damnificada; unos desde las tribunas de los grandes diarios, otros en humildes blogs y redes sociales, campañas de recogida de firmas, videos y entrevistas en youtube… la ley Wert ha perdido y es ya cadáver, el daño a la filosofía, sin embargo permanece, en algunas comunidades se ha conseguido atenuar el daño, en otras no, al  menos de momento. Es de esperar que ahora que se puede alzar la voz sin caer en el ostracismo, se sumen nuevas voces… serán bienvenidas, porque son necesarias.

El propio Jesús Zamora Bonilla promete una segunda parte, la parte positiva en la que dará a conocer las verdaderas razones que se pueden aducir en defensa de las humanidades. Yo  estoy convencido de que razones no han de faltar, y a Jesús le deseo, sinceramente y en mi propio provecho,  que esa vez esté más afortunado.

 

San Agustín, lectura de Navidad.

Hace un par de años salió al público, en kioskos, una colección de libritos divulgativos que trataban sobre los autores más representativos de la historia de la filosofía occidental, desde la antigua Grecia a la postmodernidad.

Estas navidades he aprovechado para leer uno de estos volúmenes: San Agustín. El doctor de la Gracia contra el Mal. De E.A. Dal Machio.  Efectivamente comparto con el autor la opinión de que es controvertido dar la consideración de filósofo al Obispo de Hipona, personalmente creo que la conocida sentencia “nisi credideritis, non intelligetis” – “si no creéis, no comprenderéis”- se halla en las antípodas de la auténtica filosofía, para la cual la verdad es un objeto de búsqueda, una meta, un sentido, un ideal, pero nunca una posesión, un punto de partida. Tampoco su concepción de la relación entre Mal, Salvación y Gracia me parece aceptable desde un perspectiva filosófica  -personalmente me produce cierto rechazo (repugnancia) intelectual y moral, aquí me pongo de parte de los Pelagianos frente a “Pablo de los maniqueos“.  Pero si es discutible dar el título de filósofo a San Agustín, no lo es, sin embargo, reconocer que autor y obra contribuyen de manera decisiva a la historia de las ideas en occidente, de forma harto evidente en tanto que Agustín contribuyó a moldear uno de los acontecimientos más relevantes en la historia de occidente: el cristianismo y la institución de la Iglesia.

Desde la perspectiva filosófica, pueden señalarse varios temas agustinianos que suponen una ruptura con la filosofía griega: 1º El abismo entre entendimiento y voluntad que inicia una concepción ética radicalmente opuesta al intelectualismo griego. 2º El germen para la posibilidad de una filosofía de la historia, en tanto que se interpretan los hechos históricos concretos como momentos en el desarrollo y cumplimiento de un plan, de un sentido, aunque este sea, todavía, un designio, trascendente al mundo, el plan divino. Más adelante – aunque en formas muy diversas y antagónicas: ¡reino de Dios en la tierra!- se comprenderá este sentido como inmanente a la propia realidad humana. 3º  Y este es el punto que me gustaría destacar: una nueva concepción del tiempo.

“En el ámbito de la cultura occidental nos resulta espontáneo y natural representárnoslo [el tiempo] como una sucesión dotada de un comienzo y que avanza en una dirección: el tiempo es una flecha que señala una evolución. Pero es importante notar es una concepción que está lejos de ser universal y automática: constituye una herencia que, sin darnos cuenta, hemos adquirido desde San Agustín. Para toda la antigüedad, y más en general para la mayoría de sociedades premodernas, no existe ni comienzo, ni avance, ni dirección, y en la representación mental del tiempo la imagen de la rueda sustituye a la de la flecha. Los hombres nacen y mueren, los imperios se suceden, las estaciones y los días se reproducen uno tras otro en una serie cíclica que no apunta a ninguna parte (…) Es el cristianismo, en su aplicación a la historia, quien introduce un cambio radical en el paradigma temporal (…) nos encontramos ya ante una progresión  jalonada por eventos únicos e irrepetibles que marcan un antes y un después: el pecado original, la encarnación, la pasión de Cristo… La historia avanza hacia desde un comienzo (la Creación) hacia un punto de llegada (el Juicio Final). Y, en este sentido más que en ningún otro debemos reconocer que todos somos, querámoslo o no, herederos de San Agustín.” E. A. Dal Maschio.

Una herencia, que es siempre un regalo y una losa…

Las grandes esperanzas están todas
puestas sobre vosotros,
. . . . . . …………….. .. . así dicen
los señores solemnes, y también:
. . . . . . . . …………………… . . . . Tomad.
Aquí la escuela y la despensa, sois mayores,
libres de disponer
. ……….. . .. . . . sin imprudentes
romanticismos, por supuesto.
La verdad, que debierais estar agradecidos.
Pero ya veis, nos bastan las grandes esperanzas
y todas están puestas en vosotros.

Cada mañana vengo,
cada mañana vengo para ver
lo que ayer no existía
cómo en el Nombre del Padre se ha dispuesto,
y cómo cada fecha libre fue entregada,
dada en aval, suscrita por
los padres nuestros
. . . . . . ………… . . de cada día.

Cada mañana vengo para ver
que todo está servido (me saludan,
al entrar, levantando un momento los ojos)
Y cada mañana me pregunto,
cada mañana me pregunto cuántos somos
nosotros, y de quién venimos,
y qué precio pagamos por esa confianza.

O quizá
no venimos tampoco para eso.
La cuestión se reduce a estar vivo un instante,
aunque sea un instante no más,
. . . . . . . . . . ………………… . . .a estar vivo
justo en ese minuto
cuando nos escapamos
al mejor de los mundos imposibles.
En donde nada importa,
nada absolutamente –ni siquiera
las grandes esperanzas que están puestas
todas sobre nosotros, todas,
. . . . . . ……………….. . . . . .y así pesan.

Jaime Gil de Biedma. Las Grandes esperanzas.

Y, a pesar de todo, no nos vamos todavía.

Así
que hay templos todavía. Una
estrella
tiene todavía luz.
Nada,
nada está perdido,
Ho-
sanna
.

Paul Celan

Hace algunos años aquí mismo escribía:

“Fue una mañana del final del otoño -o quizá en el comienzo del invierno. No importa, era la mañana aún oscura de un martes frío; eso sí lo recuerdo con claridad y también que aquella noche no había conseguido pegar ojo. Subí las escaleras con más ligereza de lo habitual; me había acostado sin cenar y las digestiones livianas son una bendición para la circulación periférica. Al torcer el pasillo me encontré con lo que esperaba: solitario frente a la puerta me estaba esperando, apenas consiguió balbucear con tristeza y media sonrisa: “qué decepción”, con no menos tristeza y amarga sonrisa solo acerté a proferir: “bueno, leamos a los clásicos” señalando a mi ejemplar de la República de Platón. Terrible cinco a cero del Nou Camp.

Por descontado que en un curso pasan muchas más cosas, agradables, tristes, dolorosas, pero pocas tan memorables. La mayoría anodinas y algunas, no muchas, no merecen que se las tenga siquiera por sucedidas; y los cuarenta grados del verano que se avecinan se encargarán de que tal cosa ocurra.

Lo inapelable es que un nuevo curso -un nuevo ciclo- se cierra. Aunque la bandera del Real Madrid que tengo delante lo hace más grato. Nos queda la Décima.

Y,  como el poeta, dedico también un recuerdo a la afición en general.”

La cosas de la vida no tienen reposo,  todo fluye, y sin embargo, parece que nada hubiera cambiado; aunque ahora vayamos a por la Undécima -siempre estamos ahí.

….y  sin embargo,  después de 27 años ininterrumpidos de impartir Historia de la filosofía en el último curso de bachiller, toca despedirse; el próximo curso no será materia obligatoria en ninguna modalidad de bachiller. Quizá, a  pesar de todo, algunos  la escojan, quizá alguno quiera saber de Aristóteles, de Hume,  de Kant, de Nietzsche, de Ortega o de Heidegger, de Feyerabend o de Popper… o quizá no, quizá queden desiertas; pero esta vez no me despido,  porque seguirán estando ahí, porque pertenecen a las cosas eternas.

Me adhiero, eso sí, a la abominación que días atrás encontré en una página del Faceboock:

“Gente que utilizáis los avances de la ciencia
para crear helado de paella,
yo os maldigo”

Adiós muchachos

cielo-sobre-berlin-018

La materia de Sociología desaparece del bachillerato. La orden la firmó, paradójicamente, el sociólogo -y desgraciadamente, también ministro- José Ignacio Wert.

Impartir durante ocho cursos esta materia ante grupos reducidos de segundo de bachiller ha sido una delicia – me maravillaba que tanto placer fuese consentido en jornada de trabajo, así que comprendía que tal oasis levantase sospechas y recelos. Canta Serrat que ninguna historia de piratas tiene final feliz, pues así lo quieren ellos mismos y la censura. Así que ya estaba durando demasiado esta cosa de la Sociología optativa para segundo de bachillerato.

Este curso lo hemos vertebrado en tres temas fundamentales a partir de los cuales surgían los demás:  1.  Conformidad y desviación 2. Etnicidad y conflicto 3. Cambio social.  Hemos reflexionado sobre cada uno de estos temas a partir de la lectura y comentario de tres novelas, para el primero nos hemos basado en No es país para viejos de Cormac McCarthy, para el segundo, Matar un ruiseñor de Harper Lee, para el tercero Un Mundo Feliz de Aldous Huxley. Como cualquiera puede imaginar,  con un grupo de siete alumnos de entre 17 y 18 años,  leer tales obras,  comentarlas de forma espontánea y seguir la conversación allá donde nos llevara a  lo largo de tres trimestres,  ha sido un auténtico crimen contra el espíritu del trabajo esclavo. En otros cursos han dirigido nuestros pensamientos,  El Retorno de Tahar Ben Jelloun,  El  Antropologo inocente de Nigel Barley, películas como Berlín, sinfonía de la gran ciudad, La vida de los otros, Good Bye Lenin,  La colmena, Vente para Alemania Pepe,  La misión, Hijos de la medianoche, Gran Torino… o las columnas periodísticas de Javier Marías y el blog de Joselu. En el trasfondo siempre estuvo Anthony Giddens  y  su ya clásico manual, Sociología.

Qué dispendio, qué derroche, y además sin la sombra contaminante de la vocación. Gracias chicos.

 

Y esto es todo, quizás. Alrededor

se ciernen las fachadas, y hay gentes en la acera

frente al primer semáforo.

 

Gil de Biedma.

 

 

Para los alumnos de 2º . Y en especial para los de Sociología -que son de letras :)

gil de biedma

NOCHES DEL MES DE JUNIO

A Luis Cernuda

Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.

Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.

Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.

Jaime Gil de Biedma

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