Hongos y hormigas-zombi (vídeo)

Es una tarde soleada. Pedrito camina tranquilamente por la calle. De repente aparece una chica guapísima y sin saber por qué, empieza a sentir una atracción irresistible hacia ella. La persigue, pero ella no se da por aludida, aunque Roberto está seguro -algo se lo dice- de que ella quiere que la siga. Está a punto de tocarla varias veces, pero es como un espejismo al que por más que se acerque nunca alcanza. La chica llega al portal de un edificio y entra. Pedrito no puede resistir la tentación de entrar tras ella, sabe que debe hacerlo; se lo ha dicho ella, con sus gestos, con sus labios, con sus caderas; toda ella, sin palabras, le estaba diciendo que la siguiera. Así lo hace Pedrito, a pesar de que empieza a encontrarse muy indispuesto, tal vez me ha sentado mal algo -piensa. Ella sube las escaleras rápidamente, girándose hacia atrás de vez en cuando para mirarle, como si quisiera comprobar que la sigue. A Pedrito le atraen sus ojos de un modo inexplicable, le parecen misteriosos y seductores, con un aire de maldad; nunca he visto unos ojos igual -se dice a sí mismo con la certeza de que ya nunca podrá olvidarlos. Un fuerte ardor de estómago le obliga a parar en mitad de la escalera. Pero no se rinde y sigue subiendo tras ella. Al final, la enigmática chica llega a la azotea y se queda quieta, de espaldas a él, contemplando el paisaje de la ciudad extendiéndose a sus pies. Pedrito se acerca, pero al ponerle la mano en el hombro ella se gira con una sonrisa amarga y lentamente desaparece, se desintegra. A Pedrito se le revuelven las tripas, como si le ardieran y, todavía estupefacto ante lo que acaba de ver, siente un intenso pinchazo en la cabeza. Cae al suelo y grita de dolor. Le duele el torso y siente que algo en su interior lucha por salir. Nota un crujido en el esternón y horrorizado observa cómo algo le sale de dentro. Parece una planta que crece rápidamente anclando las raíces en su pecho. No le da tiempo a comprender; el dolor en la cabeza se hace insoportable y… es el fin. Ahora yace inmóvil mientras un gran hongo lo envuelve y suelta sus esporas desde la azotea, esparciéndolas por la ciudad para contaminar a otros desgraciados que conocerán el mismo destino.

Bien, pues esto que parece una historia de terror (de las malas, por cierto), es lo que le pasa a la hormiga del vídeo. Lo que vais a ver es una buena muestra de cómo la naturaleza puede ser tan hermosa como cruel. Pero antes conviene recordar algo acerca de las hormigas. Todo el mundo ha visto uno de esos caminitos de hormigas que van desde el hormiguero hasta algún sitio con comida. ¿Cómo consiguen las hormigas reconocer el camino? Muy fácil. Cuando una hormiga camina, va dejando un rastro intermitente de feromonas (como hacía pulgarcito). Si encuentra comida, vuelve sobre sus pasos siguiendo el rastro que dejó y reforzándolo con más feromonas. La acumulación de feromonas atrae a otras hormigas que, a su vez, reforzarán la señal. De ese modo se va formando un camino de feromonas que el resto de hormigas siguen confiadas en encontrar comida al final.

Si pudieramos engañar a una hormiga y hacerle creer que hay feromonas donde no las hay, podríamos «teledirigirla» como la misteriosa chica del relato «teledirige» a Pedrito, llevándola a donde nosotros quisiéramos. Pues bien, esto es, exactamente, lo que consigue hacer un determinado tipo de hongo, de la especie de los Cordyceps. Este hongo produce unas esporas que al caer sobre una hormiga se quedan enganchadas a su cuerpo. Una vez que esto ocurre, de la espora empieza a salir un pequeño filamento (mycelia) que crece hacia el interior de la hormiga, devorándola poco a poco por dentro. Este filamento llega hasta el cerebro de la pobre hormiga, que a estas alturas, aunque todavía vive, ya empieza a encontrarse mal. Una vez allí, el hongo se las arregla para, mediante una serie de productos químicos, alterar la percepción de feromonas de la hormiga, haciéndole creer que hay feromonas donde no las hay. Como consecuencia de esta alteración, la hormiga empieza a actuar como un zombi a las órdenes de un oscuro ser que se le ha instalado en el interior. Este ser (el hongo), a base de conseguir que la hormiga alucine feromonas, la lleva hasta una planta, hace que la escale y que, en el punto más alto, se agarre al tallo con fuerza, quedándose la hormiga allí clavada.
Una vez que el hongo ha conseguido esto de la hormiga, devora su cerebro y la mata. El hongo empieza a crecer (en el video se ve perfectamente cómo del interior de la hormiga crece una rama a una velocidad increíble) y una vez maduro, desde lo alto de la planta a la que le ha subido la hormiga, lanzará nuevas esporas que infectarán a más hormigas, repitiéndose de nuevo todo el proceso.

Pero… ¿es posible que nosotros ahora mismo estemos sufriendo algo así? ¿Es posible que nos esté manejando algo desde nuestro interior con la única intención de reproducirse? ¿Es posible que algo esté utilizándonos simplemente para dejar copias de sí mismo? En la sección de BIBLIOTECA (a la izquierda) os he dejado un enlace a un libro de Richard Dawkins llamado «el gen egoísta». En este libro propone una hipótesis inquietante: la respuesta a esas preguntas es SÍ.

El libro de R. Dawkins AQUÍ.
La fuente de donde he sacado el video con más fotos de insectos devorados por hongos AQUÍ.
El fotograma de la película «Abre los ojos», lo cogí prestado de AQUÍ.

El infierno son los otros

Ahí va un cortometraje rodado en español, aunque observaréis que tiene subtítulos en inglés. Se titula Jugando a papás y mamás. Es escalofriante. Pero me callo; haced vosotros los comentarios.

Enlaces de interés:
http://www.elmundo.es/documentos/2004/06/sociedad/malostratos/
http://www.redfeminista.org/
http://www.es.amnesty.org/nomasviolencia/problema00.php
http://es.wikipedia.org/wiki/Violencia_dom%C3%A9stica
http://www.institutodesexologia.org/violencia.htm

Debate: consumismo


En el link que sigue podéis encontrar una página dedicada a la crítica del consumismo y la publicidad. Es muy divertida porque contiene una colección de imágenes que parodian anuncios reales y que en no pocos casos nos harán pensar, como la imágen de al lado.

Ahí va: http://www.letra.org/spip/

Pepito: La verdad es que nos manipulan todo lo que quieren.

Juanito:
¿Qué quieres decir?

Pepito:
Los anuncios… juegan con nuestros sentimientos para hacernos creer que necesitamos determinados productos. Pero en realidad no los necesitamos, son las empresas que los fabrican las que necesitan venderlos. Pero para hacerlo tienen que «crearnos» la necesidad. Nos lavan el cerebro, literalmente.

Juanito:
Pues yo no me siento manipulado. Cuando compro algo, lo hago porque quiero, no porque me haya convencido ningún anuncio.

Pepito:
Claro, eso es lo que te han hecho creer. Tú crees que compras lo que tú quieres, pero en realidad has sido sometido a un constante bombardeo de publicidad que te ha llevado a desearlo. ¿Cuántas de las cosas que compras necesitas realmente?

Juanito:
Pues muy pocas. Afortunadamente.

Pepito:
¿Cómo que «afortunadamente»?

Juanito:
He dicho «afortunadamente» porque si me limitara a satisfacer sólo mis necesidades vitales -porque te refieres a eso cuando hablas de «necesitar realmente» ¿no? (Pepito asiente con la cabeza)- si me limitara sólo a esas necesidades, digo, no sería una persona, sino un cactus o un ratón. Los seres humanos no nos conformamos con satisfacer nuestras necesidades vitales, sino que vamos más allá. Hay un filósofo que dice que, como seres humanos, nos conformamos con vivir, lo que queremos es vivir bien. Si nos limitamos a satisfacer nuestras necesidades vitales no seremos felices. La felicidad es un lujo. La pena es que no todo el mundo se lo puede permitir.

Pepito:
¿No te das cuenta de que eso es lo que quieren que pienses? A las multinacionales, que al final son las que mandan, lo que les interesa es que pienses que la felicidad está en esos lujos innecesarios que ellas pueden proporcionarte. Por eso en los anuncios siempre asocian su producto a una situación feliz. Nos tratan de convencer de que si comemos en sus restaurantes, si nos operamos la nariz, si compramos su ordenador, etc. seremos felices. Pero es mentira. También han dicho muchos filósofos que la felicidad consiste, precisamente en vivir de acuerdo con la naturaleza, y eso significa que tenemos que limitarnos a satisfacer nuestras necesidades vitales.

Juanito:
Pero yo así no sería feliz. ¿Quién eres tú para decirme cómo debo ser feliz? ¿Acaso no tengo derecho a buscar mi felicidad donde me de la gana? Si para mí ser feliz es comer en el McDonalds u operarme la nariz, ¿por qué tienes tú que aguarme la fiesta? Claro, lo que parece que te fastidie a tí es que haya empresas que se enriquezcan a costa de uno. ¿Pero a mí que más me da que una multinacional gane dinero o no? Pues que ganen todo lo que puedan, mientras me respeten me da igual; cada uno tiene derecho a desarrollar su propio proyecto de vida como le de la gana.

Pepito:
¿Pero en realidad eres feliz así? ¿No te das cuenta de que ese «proyecto» tuyo no podrá realizarse jamás? Siempre habrá nuevos productos y nuevas ofertas. Yo me compré un ordenador hace dos años y ahora ya tengo que cambiarlo porque no funcionará con el nuevo sistema operativo Windows Vista. ¿Pero este nuevo sistema me aporta algo realmente interesante? Pues no, es lo mismo, pero con otro envoltorio. La maquinaria del consumo sólo sobrevive si sus productos tienen fecha de caducidad; necesita estar siempre vendiendo. Yo no quiero imponerte mi visión de la felicidad, lo que pretendo es que te des cuenta de que lo que tú crees que es tu felicidad no es más que un truco de las multinacionales para ganar dinero. La felicidad no consiste en tener, sino en ser.

Juanito:
Vale, ¿y qué se te da a tí si yo no soy feliz? ¿Tú eres feliz?

Pepito:
Pues hombre, no se…

Juanito:
Según dices la felicidad consistiría en vivir conforme a la naturaleza, pero parece que te has comprado un ordenador, como dices, y que quieres actualizarte a Windows Vista… Llevas una bonita camisa de marca y vas muy bien peinado -seguro que vas a la peluquería cada poco tiempo-. Tienes un móvil último modelo, y tu coche… ya lo quisiera yo para mí. ¿Eso es vivir conforme a la naturaleza? Si fueras consecuente te irías a la montaña y sobrevivirías desnudo y comiendo raíces.

Pepito:
Quizá tienes un poco de razón en eso… No puedo llevar una vida completamente natural, pero eso no significa que tenga que comprar y comprar y comprar. Trato de que mi vida no se base en poseer cosas, sino en mejorar como persona.

Juanito:
Pues entonces, si ni siquiera tú mismo puedes vivir como preconizas, más vale que no trates de meterte en mi vida.

Pepito:
Yo no quiero meterme en tu vida. En eso te equivocas. Sólo quiero abrirte los ojos.

Juanito:
Vaya, estoy salvado. Ilumíneme, oh gran Pepito.

Pepito:
No te burles, hablo en serio. ¿Puedes comprar todo lo que te apetece?

Juanito:
Pues la verdad es que no, ojalá tuviera más dinero.

Pepito:
Pero eso te causa insatisfacción, ¿no?

Juanito:
Claro.

Pepito:
Y ese sentimiento de insatisfacción, ¿es una especie de dolor?

Juanito:
Sí, vaya…

Pepito:
¿No vivirías mejor si no desearas esas cosas que no puedes conseguir?

Juanito:
Tal vez, pero ¿cómo puedo dejar de desearlas?

Pepito:
No lo se, ¿a mí qué se me da tu felicidad?

Juanito:
Quizá tengas un poco de razón en eso, mi modo de vida consumista a veces me impide ser feliz. Es más, puede ser causa de insatisfacción y de infelicidad. Me mato a trabajar para seguir deseando, y trabajo más y sigo sin alcanzar lo que deseo, los coches de lujo, los chalets, los viajes…

Pepito:
¿Eres feliz así?

Juanito:
Pues no.

Pepito:
Pues vaya par de infelices estamos hechos los dos.

(ríen)

Multiplicar sin saberse las tablas (lo que faltaba…)

Se trata de un método gráfico para multiplicar. Sólo requiere saber sumar y contar. A estas alturas este método ya no nos resuelve ningún problema, y no es muy práctico, pero tiene la virtud de exhibir la verdadera naturaleza de la multiplicación de un modo puramente geométrico. Es ingenioso y a mí me ha parecido divertido.


The Hole – video powered by Metacafe

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar