Las notas. Elvira Lindo.

Estupendo artículo de Elvira Lindo en El País, al menos éste si lo leerá la ministra aunque no creemos que le haga reflexionar mucho -la dogmática tiene estas cosas: como si llueve, ya llevan más de quince años. Y es que están las notas… y los notas.

No entiendo muy bien qué quiere decir la ministra Cabrera cuando afirma que tenemos el mejor sistema educativo de la historia de España. ¿Es que no podemos aspirar a más viniendo de donde venimos? Porque si en vez de establecer la comparación con el pasado la establecemos con otros países europeos salimos mal parados. Tampoco entiendo eso de que el sistema educativo ha contribuido al progreso de los últimos años. Parece que no es un secreto que el auge español ha sido consecuencia, fundamentalmente, del disparatado negocio inmobiliario que, en estos momentos de desplome, deja al aire lo que muchos predecían: que nuestro país necesitaba menos ladrillo y más incentivos a la investigación, al desarrollo tecnológico, a esa economía sofisticada que guarda una relación estrechísima con el sistema educativo. Entiendo que los catastrofismos son estériles pero también lo es el maquillaje de la realidad, una realidad de la que tampoco es responsable la ministra actual. La cosa viene de largo. Llevamos años más atentos a los procedimientos que al aprendizaje. No sé qué valor formativo tiene, por ejemplo, que como planea hacerse en alguna comunidad autónoma, los padres se conviertan en supervisores permanentes de los exámenes de sus hijos. Una especie de vigilancia al vigilante que viene a sumar dolores de cabeza y burocracia a ese maestro que deberá acompañar las notas con comentarios explicativos. Tener que justificar cada calificación, en vez de hacerlo sólo cuando surge algún problema, es entender que el profesor debe estar bajo sospecha. Esta medida permitirá también, dicen, que los padres puedan mostrar el examen a docentes de otros centros, a fin de que entre todos podamos encontrar la nota justa. En realidad, lo ideal sería que las notas las pusieran los padres. Quién sino ellos saben mejor que nadie lo listo que es el niño.

Leer artículo en El País.

De vita beata o vida de un profesor anónimo.

Doy por sentado que toda persona instruida sentirá cierto interés por la vida personal de Emmanuel Kant, aunque le hayan faltado afición u oportunidades para conocer sus obras filosóficas. Los grandes hombres, aun cuando caminen por senderos poco comprensibles, siempre serán objeto de la curiosidad general. Considerar a un lector del todo indiferente a Kant, significaría negarle cualquier estímulo intelectual; por consiguiente, aunque realmente no estuviera interesado en Kant, sería un mandamiento de la cortesía decir que sí le interesa. Así que no me disculparé ante ningún lector, ya sea filósofo o no, godo o vándalo, huno o sarraceno, por robarle algo de su tiempo con un esbozo de la vida y costumbres domésticas de Kant..

Thomas DeQuincey. Los últimos días de Kant.

Video encontrado vía Florecejonia.

El profesor en la trinchera. Conferencia sobre educación.

Conferencia de José Sánchez Tortosa, autor de El profesor en la trinchera. Aunque José Sánchez no es precisamente un orador brillante, el contenido es muy interesante: se trata de comprender la naturaleza de la educación occidental a partir de sus raíces griegas; Sócrates y Platón frente al dogmatismo de la autoridad (Homero y Hesíodo) y al relativismo sofístico (Protágoras...) Lo que nos proporciona algunos elementos básicos para un diagnóstico de la “patología” del modelo que padecemos en el presente –hispánico.

Ver y escuchar conferencia en el Instituto Juan de Mariana.

Tiempo de lectura. Otra vez.

Tiempo de leer. Recordado y sugerido en respuesta al comentario de pupilo-del-89 en la entrada precedente de este blog.

Recuerdo de mis años de estudiante (ya desde la escuela) que uno de los alicientes –y no de los menores- que tenían las vacaciones de verano era la posibilidad de leer por iniciativa propia; nunca me gustó demasiado el estudio forzado -dice Platón que el hombre libre no ha de aprender a la manera del esclavo (sin que eso signifique convertir la escuela en Xuxa Park). Desde entonces asocio lo mejor del verano con esa sensación de ánimo libre cuya mejor representación en imágenes me la proporciona Huckleberry Finn recostado en una balsa, fumando una pipa y deslizándose lentamente en un día caluroso y húmedo por el Mississippi. A parte de holgazanear y acosar pájaros, gatos y vacas… tenía uno momentos ilustrados de los que informé el año pasado en fechas similares a éstas.

Hoy haré recuento de las nuevas lecturas -por puro placer- que realicé este curso, la mayoría de ellas en el final del verano, el otoño, y principios del invierno; después las inquietudes y la premuras del trabajo fueron apoderándose del tiempo libre y de la frescura de ánimo necesaria para disfrutar uno de mis vicios favoritos. Comencé con El Jarama de Sánchez Ferlosio, quizá –aunque tardía- la sorpresa más agradable, todavía recuerdo como al cerrarla me dejo una sensación de tristeza sólo comparable a la que experimentaba con trece años al acabar una historieta de Asterix el Galo, le siguieron La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza, Nada de Carmen Laforet, Diario de un mal año y sobre todo Esperando a los bárbaros de Coetzee –quizá mi autor favorito entre los actuales. Después mi descubrimiento -como siempre descubriendo el Mediterráneo– literario de este año: Cormac McCarthy, La carretera, No es país para viejos y la magnífica Meridiano de sangre, hay que añadir a la lista Persépolis y Bordados de Satrapi, picoteos variados en filosofía… y muchas, muchas horas por esos blogs de dios.

En lo que llevamos de casi vacaciones he podido disfrutar de una cena fría en Oxford con De la Garza, la Frasca, la Pataslargas… creo que tengo para rato. Ya contaré.