Historia de las religiones

Vía Microsiervos, he sabido de una interesante página web de mapas históricos multimedia. Para los que nos interesa la historia es una gozada. Lo bueno de estos mapas es que permiten hacernos una idea general de los procesos históricos que nos permite profundizar en su comprensión. En el mapa de abajo podemos ver la evolución de las principales religiones del mundo a lo largo de 5.000 años, que no es poco. El mapa está en inglés, pero es tan sencillo que no creo que sea un problema.

Como vemos, el cristianismo y el islam son las religiones con más ‘éxito’ (sobre todo el cristianismo). ¿Por qué?

La Biblioteca de Babel.

Una de las ficciones que mayor regocijo me causa al pensar en ella es la inquietante biblioteca que describe Borges en el cuento que titula La Biblioteca de Babel. Se trata -para los que todavía no han tenido la suerte de leer el cuento- de una biblioteca presumiblemente infinita. La mayoría de los libros no parecen contener nada inteligible, simplemente letras al azar. La razón es que cada libro es una combinación de letras. Puesto que hay infinitas combinaciones, habrá infinitos volúmenes. Pero habrá un primer libro. Al abrir este primer libro podremos leer: ‘a’. Y ahí termina. Tal vez en el segundo libro ponga ‘aa’. La cuestión es que estas combinaciones se irán complicando. Tal vez el libro que ocupe el número 20.000 esté compuesto simplemente por la combinación ‘afrgr’. Podríamos calcular exactamente el lugar que ocuparía cada libro en la biblioteca si estuvieran ordenados alfabéticamente según su contenido. De hecho podríamos hacer un programa de ordenador bastante sencillo que, por simple combinatoria, al introducir un número, imprimiera en la pantalla el libro correspondiente. Así, si introdujéramos en el programa el número 1, imprimiría ‘a’, si introdujéramos el número 2, imprimiría ‘aa’, si introdujéramos el número 3, imprimiría ‘ab’, con el número 4, ‘ac’; con el 5, ‘ad’, y así sucesivamente. Ahora bien, el Quijote, por ejemplo, es una determinada combinación de letras. Por lo tanto ocupará algún lugar en la lista ordenada alfabéticamente de todas las combinaciones posibles de letras. ¿Pero qué lugar ocupará? Si el Quijote tuviera sólo 1000 letras, no ocuparía un lugar menor que el 1,4389024174009162522784952234853e+1447 (en notación científica). El Quijote tiene más de 1000 letras, pero si intentamos hacer el cálculo, la calculadora nos dará error porque el número resultante es demasiado grande. Por lo tanto, nuestro programa, aunque es posible -y fácil- de escribir, necesitará para ejecutarse adecuadamente de un super-ordenador. Pero supongamos que existe y que introducimos un número al azar suficientemente grande y que resulta que corresponde a un Quijote con algunas variaciones, pero que resulta que es mejor que el de Cervantes. O mejor aún, supongamos que por azar -y con muchísima suerte- damos con una novela que todavía no está escrita, pero que resulta ser genial. ¿Quién será su autor? Por supuesto, en esta biblioteca infinita también hay una crítica de esa obra, y una traducción al latín de la misma. Uno de los libros (¿Cuál será su número?) es la descripción detallada de nuestra muerte, otro es una obra perdida de Aristóteles y otro un tratado de geometría hiperbólica. Algunos de los libros serán diccionarios. Habrá diccionarios español-inglés, español, griego, etc. En realidad estarán todos los diccionarios posibles. Algunos incluso nos permitirían traducir textos escritos en lenguas que no existen. Sin embargo, lo más probable es que al introducir un número en el ordenador, la combinación correspondiente fuera un sinsentido. Aunque esto también es discutible. ¿Podría ser que TODOS los libros significaran algo? Veamos. Una de las combinaciones posibles (no sé qué lugar ocuparía) es ‘ajsks skdsk jfjhhgyu’. Bien, pues con toda seguridad -dado que es una combinación posible-, habrá en la biblioteca un diccionario que relacione cada una de esas ‘palabras’ con una palabra del español de modo que la frase pueda traducirse con sentido. Si esto puede hacer con ‘ajsks skdsk jfjhhgyu’, entonces puede hacerse con cualquiera de las otras combinaciones. De este modo, para cualquiera de los libros, aunque parezcan galimatías, podremos encontrar un diccionario y un tratado de gramática que lo conviertan en, quizás, un hermoso libro de poemas.

Ahora recuerdo que, en algún lugar (escribo de memoria), el filósofo Quine trata esta misma cuestión. Él se pregunta cuál será el mínimo número de caracteres con el que podríamos construir esta biblioteca. La respuesta es 2. Sólo con el 0 y el 1 podemos codificar cualquier lenguaje. Así pues, el mínimo abecedario posible para la máxima biblioteca imaginable sólo contiene dos letras.

Yo creo que esto tiene algunas implicaciones importantes. Pero las dejo para otro post.


La vida privada del Schistosoma

De un tiempo a esta parte me viene interesando el mundo (mundillo) de los parásitos. Ya he publicado un par de post sobre estos simpáticos bichos (Hongos y hormigas-zombi y Locos por los gatos) y, aun a riesgo de repetirme, he aquí el tercero. La razón de que me anime con este tema otra vez es que he descubierto al Schistosoma. A simple vista es un simple gusano, pero guarda un hermoso secreto. Antes de desvelarlo veamos este video grabado con ayuda de un microscopio:

En el video vemos dos schistosomas -concretamente schistosoma mansoni– copulando. ¿Dos? ¿Y dónde está el segundo? Este es el bello secreto que guarda nuestro amigo: en su interior. Resulta que en cierta fase de su ciclo vital, la hembra del schistosoma se introduce en el interior del macho, en una cavidad diseñada ad hoc denominada canal ginecóforo. Pero la hembra no entra en el macho sólo a copular, sino que se queda allí a vivir, dependiendo de él incluso para alimentarse. A partir de ese momento viven juntos y -nunca mejor dicho- compenetrados.

Ocurre con los schistosomas lo mismo que en aquél mito que recoge Platón en su Banquete y que pone en boca de Aristófanes. Hubo un tiempo -cuenta el mito- en que los seres humanos eran una especie de bola con cuatro piernas, cuatro brazos y una cabeza con dos caras. Estos seres humanos vivían tan felices que su dicha resultó ofensiva a los dioses, que decidieron castigarlos partiéndolos por la mitad y remendando la herida (el ombligo es un remache). Desde entonces los seres humanos andan tristes porque se han quedado sin su otra mitad. Sin embargo, a veces, alguno tiene la suerte de encontrarse con el o la que fue su otra mitad y entonces ambos sienten un irrefrenable deseo de volver a unirse. Lo dramático es que en su furor amoroso nunca conseguirán esa unión perfecta, siempre estarán partidos. Algo parecido a esa unión perfecta que buscamos con el amor es lo que ha conseguido el schistosoma.
Pero no todo en el schistosoma es tan hermoso. Además de ser un amante entregado, es la causa de una terrible enfermedad: la esquistosomiasis, que ha hecho estragos en Egipto, China, Filipinas, Japón, Indochina, Oriente medio y América del Sur. No hay belleza sin dolor.

La luz, las cosas y las sombras.

Via Mirá! he descubierto la sorprendente obra del escultor Shigeo Fukuda. Lo peculiar de este artista es que el material al que da forma son las sombras. En el video podéis ver cómo un amasijo de hierros (cucharillas), al ser iluminado proyecta una sombra con una forma inesperada:

En la misma línea que Fukuda, tenemos la obra de Tim Noble y Sue Webster

Me pregunto si a Platón le gustaría (pinchar leer más):

-¿No sabes -dije-, con respecto a los ojos, que, cuando no se les dirige a aquello sobre cuyos colores se extiende la luz del sol, sino a lo que alcanzan las sombras nocturnas, ven con dificultad y parecen casi ciegos como si no hubiera en ellos visión clara?

– Efectivamente -dijo.

-En cambio, cuando ven perfectamente lo que el sol ilumina, se muestra, creo yo, que esa visión existe en aquellos mismos ojos.

-¿Cómo no?

– Pues bien, considera del mismo modo lo siguiente con respecto al alma. Cuando ésta fija su atención sobre un objeto iluminado por la verdad y el ser, entonces lo comprende y conoce y demuestra tener inteligencia; pero, cuando la fija en algo que está envuelto en penumbras, que nace o perece, entonces, como no ve bien, el alma no hace más que concebir opiniones siempre cambiantes y parece hallarse privada de toda inteligencia.

PLATÓN, La República, Libro VI


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