La vida privada del Schistosoma

De un tiempo a esta parte me viene interesando el mundo (mundillo) de los parásitos. Ya he publicado un par de post sobre estos simpáticos bichos (Hongos y hormigas-zombi y Locos por los gatos) y, aun a riesgo de repetirme, he aquí el tercero. La razón de que me anime con este tema otra vez es que he descubierto al Schistosoma. A simple vista es un simple gusano, pero guarda un hermoso secreto. Antes de desvelarlo veamos este video grabado con ayuda de un microscopio:

En el video vemos dos schistosomas -concretamente schistosoma mansoni– copulando. ¿Dos? ¿Y dónde está el segundo? Este es el bello secreto que guarda nuestro amigo: en su interior. Resulta que en cierta fase de su ciclo vital, la hembra del schistosoma se introduce en el interior del macho, en una cavidad diseñada ad hoc denominada canal ginecóforo. Pero la hembra no entra en el macho sólo a copular, sino que se queda allí a vivir, dependiendo de él incluso para alimentarse. A partir de ese momento viven juntos y -nunca mejor dicho- compenetrados.

Ocurre con los schistosomas lo mismo que en aquél mito que recoge Platón en su Banquete y que pone en boca de Aristófanes. Hubo un tiempo -cuenta el mito- en que los seres humanos eran una especie de bola con cuatro piernas, cuatro brazos y una cabeza con dos caras. Estos seres humanos vivían tan felices que su dicha resultó ofensiva a los dioses, que decidieron castigarlos partiéndolos por la mitad y remendando la herida (el ombligo es un remache). Desde entonces los seres humanos andan tristes porque se han quedado sin su otra mitad. Sin embargo, a veces, alguno tiene la suerte de encontrarse con el o la que fue su otra mitad y entonces ambos sienten un irrefrenable deseo de volver a unirse. Lo dramático es que en su furor amoroso nunca conseguirán esa unión perfecta, siempre estarán partidos. Algo parecido a esa unión perfecta que buscamos con el amor es lo que ha conseguido el schistosoma.
Pero no todo en el schistosoma es tan hermoso. Además de ser un amante entregado, es la causa de una terrible enfermedad: la esquistosomiasis, que ha hecho estragos en Egipto, China, Filipinas, Japón, Indochina, Oriente medio y América del Sur. No hay belleza sin dolor.

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