Teología negativa

Si después de todo resulta que Dios sí existe, algunos se sorprenderán más que los ateos. Véase también esto.

Un mapa de desgracias y un regalo musical

Aprovecho el mes de Agosto para leer a Schopenhauer, cuya concepción de la vida humana quedaba reflejada en la cita del último post. Como trágica ilustración de su pesimismo os remito a una página que he descubierto recientemente. Se trata de un mapa en el que se señalan en tiempo real los últimos desastres ocurridos en el mundo.

La vida humana según Schopenhauer.


Es verdaderamente increíble cuán insignificante y fútil parece, vista desde fuera, la vida de la mayor parte de los hombres, y cuán melancólica e irreflexiva es sentida interiormente. Es una aspiración vaga, tormentos sordos, una marcha vacilante y soñolienta a través de las cuatro edades de la vida, hasta llegar a la muerte, todo acompañado de pensamientos vulgares. Son semejantes los hombres a relojes a los que se da cuerda y que andan sin saber por qué; cada vez que un hombre es concebido y viene al mundo, el reloj de la vida humana tiene cuerda de nuevo para repetir frase a frase y medida a medida con imperceptibles variaciones la sonata, tocada ya innumerables veces.

Cada individuo, cada figura humana, con su existencia no es más que un breve ensueño de la eterna voluntad de vivir, del genio inmortal de la Naturaleza. Es un bosquejo más, fugitivo, que traza, jugando, la voluntad, sobre su lienzo infinito (el espacio y el tiempo), y que no deja durar más que un instante imperceptible, borrándolo enseguida para dibujar nuevas imágenes. Con todo, éste es el aspecto grave de la vida, cada uno de esos bosquejos fugitivos, cada uno de esos vulgares croquis debe pagarle a la voluntad de vivir, en la plenitud de su violencia, con mil profundos dolores, y al cabo en el amargo precio de una muerte, largo tiempo temida y que infaliblemente llega. Esto es lo que hace que la vista de un cadáver nos ponga repentinamente serios.
La vida de cada individuo, considerada en su conjunto y en su generalidad, sin fijarse más que en los rasgos principales, es siempre una tragedia; pero examinada en sus pormenores se convierte en comedia, pues el sesgo y tormentos de cada día, las molestias incesantes del momento, los deseos y los temores de la semana, las contrariedades de cada hora, enviadas por la suerte, ocupada de continuo en hostigarnos, son verdaderas escenas de comedia. Pero los deseos siempre defraudados, los esfuerzos que fracasan siempre, las esperanzas que la suerte pisotea implacablemente, los errores fatales de toda la vida, con el dolor, que va creciendo, y con la muerte por desenlace, forman en verdad una tragedia. De esta manera, como si a la desolación de nuestra existencia hubiera querido añadir la suerte el escarnio, nuestra vida encierra todos los dolores de la tragedia, sin que conservemos, al menos, la dignidad de personajes trágicos. Por el contrario, somos forzosamente, en los pormenores de la vida, vulgares caracteres cómicos.

Arthur Schopenhauer: El mundo como voluntad y representación, vol. II, libro IV, 58

Felipezoide

Au revoir les enfants

Es probable que ya sepáis
cómo se las gasta un día de lluvia
y seguro que imagináis el principio de la canción
de las cosas que nunca vuelven.

Ya habréis aprendido
a proteger vuestras pequeñísimas cosas,
vuestro botón, vuestro grano de arena, vuestra ceniza,
con grandes y furiosas garras de mentira.

Ya sabéis
que hay quien no mira a los ojos,
que algunas madrugadas alguien no despierta
que todo, en fin, a veces no es nada.

Pero qué suerte, amigos,
amigas, qué suerte
porque todavía podéis vestir como piratas
y llevar pinchos en las muñecas
y tomar, quién sabe, algún barco al abordaje
Qué suerte,
que aún podéis jugaros la boca por una primavera,
que todavía guardáis los planos
del beso perfecto,
que no habéis roto del todo
el cristal de la infancia.

Disfrutad, disfrutad, disfrutad,
porque cada día es una canallada de las fresas,
un zumo de luz, un helicóptero inmóvil,
un elefante aplastando al color verde,
un girasol ciego sin perro lazarillo,
un apocalipsis sin jinetes ni trompetas

Rompéos los pechos contra arrecifes de caricias,
no ahorréis en ganas de explotar
como explotan las auroras boreales,
ojalá que la vida os tatúe
una playa desierta en la retina,
que vuestro vientre festeje
cada alegría y cada tristeza.
Desconfiad de las golondrinas
que no se van
cuando toca irse

Que no os falte un beso en la boca
que os sobre boca para dar besos,
que os pillen siempre
con las manos en la masa,
que no os rompan la cara los recuerdos
y nunca, nunca,
nunca os dejéis una lágrima en el tintero.

Y yo quisiera deciros, para terminar,
que a partir de ahora estudiéis mucho,
que trabajéis duro
y que os portéis muy bien,
pero estas cosas, como veis,
no quedan bien en un poema.

Bueno, que paséis un buen verano… de todos modos durante estos meses de vaciones seguiremos con el blog. Espero que, liberados de los exámenes y con más tiempo libre, participéis más y hagáis comentarios.

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