Javier Krahe y los caminos del señor.

Para aliviar un poco la tensión teológica que últimamente se viene alimentando en este blog, podemos relajarnos un poco escuchando a uno de mis cantautores favoritos, el sabio Javier Krahe. En este video nos canta «Los caminos del señor»

De la Belleza a la Geometría. Una invitación a Platón.

Platón en un detalle del cuadro de Rafael, La escuela de Atenas

No hay vida humana sin amor; es el deseo lo que nos mueve. Pero todo movimiento tiene un origen y un destino., por lo tanto, al pensar en el amor debemos considerar tanto aquello que en nosotros ama como aquello hacia lo que el amor nos lleva.
¿Cuál es ese objeto capaz de despertar en nosotros el amor? ¿Qué cosa tiene tanta influencia sobre nosotros? Imposible dudar al responder: la belleza. Oigamos la voz del mismo Platón:

«He aquí, pues, el recto método de abordar las cuestiones eróticas o de ser conducido por otro: empezar por las cosas bellas de este mundo teniendo como fin esa belleza en cuestión y, valiéndose de ellas como de escalas, ir ascendiendo constantemente, yendo de un solo cuerpo a dos y de dos a todos los cuerpos bellos y de los cuerpos bellos a las bellas normas de conducta, y de las normas de conducta a las bellas ciencias, hasta terminar, partiendo de éstas, en esa ciencia de antes, que no es ciencia de otra cosa sino de la belleza absoluta, y llegar a conocer, por último, lo que es la belleza en sí. Ese es el momento de la vida, ¡oh querido Sócrates! -dijo la extranjera de Mantinea- en que más que en ningún otro, adquiere valor el vivir del hombre: cuando éste contempla la belleza en sí.»

Un poco antes de este texto, en el mismo Banquete, Platón dice que es necesario comprender que la belleza de un cuerpo es hermana de la belleza de cualquier otro cuerpo. ¿En qué consiste esa belleza que se reparte, como derramada, por tantos cuerpos? El poder de esa belleza es tal que aun cuando poseyéramos el cuerpo bello, no quedaríamos satisfechos; la belleza nos arrastrará más allá. ¿Pero a dónde?

No se si debido a un honesto deseo de engendrar bellos discursos en sus clientas o por simple eficacia profesional, el cirujano plástico Stephen R. Marquardt se ha planteado esta misma pregunta: ¿qué es la belleza? ¿Hay algún molde ideal, respecto al que se pueda medir la belleza de los cuerpos?
Marquardt ha procedido como indica Platón, examinando distintos cuerpos bellos como estos:

Como vemos se trata de rostros de mujeres de diferentes razas, pero sin embargo tienen algo en común que los hace bellos. Lo que Marquardt ha descubierto es que eso que tienen en común es una proporción geométrica entre los distintos elementos de la cara. Estas proporciones estarán, por cierto, íntimamente ligadas a la famosa proporción áurea (tan platónica ella) cuya aparición, al parecer, es frecuente en el mundo biológico.
Si la belleza de cada uno de estos rostros es hermana del resto, Marquardt afirma haber encontrado a la madre de todas esas bellezas, al patrón y/o matriz (padre y madre a la vez) de la belleza. Este es su aspecto visible, aunque sólo podrá contemplarse completamente desde un punto de vista inteligible, matemático:


Las líneas rojas marcan la proporción básica del rostro, según la cual la proporción entre la distancia entre los ojos y la longitud de la boca tiene que ser ¡la proporción áurea! Proporción que también debe mantenerse entre la longitud de la boca y la distancia de la boca respecto a la línea de los ojos. Veamos qué ocurre cuando aplicamos la máscara a los rostros de antes:

¡Encajan! Otras no han sido tan agraciadas…

Según Marquardt el que a unas las veamos bellas y a otras feas no es una mera cuestión de gustos, sino que se trata de que unas son objetivamente bellas y otras objetivamente feas. No depende de la educación, de la cultura, del status social, simplemente es así. Incluso las bellezas del pasado dice Marquardt que participan de su máscara:

Esperemos que el amor a los cuerpos acabe conduciéndonos (además) a la geometría…

Links:
La página web de Marquardt
La proporción áurea
Isla Desolación

Richard Dawkins y el Espejismo de Dios. La religión como pseudociencia (1 de 3)

Recientmete he estado leyendo El Espejismo de Dios, de Richard Dawkins. Quien disfrutara leyendo El gen egoísta, del mismo autor, probablemente no quedará defraudado. En El espejismo de Dios, Dawkins se propone lo siguiente: tomarse la hipótesis de Dios en serio.
La hipótesis de Dios es la creencia en la existencia de un Dios personal, que se interesa por los hombres, que es omnisciente, que nos ama, que nos juzgará, etc.
Incluso en las situaciones más cotidianas, solemos usar el pensamiento crítico y pensamos de quien no lo hace, que es un necio. Así, si entramos a un banco y nos dicen que van a darnos 10.000 euros para que los devolvamos en cómodos plazos, podemos considerarnos completamente idiotas si no preguntamos a qué interés nos prestarán ese dinero. Si me reparan el coche en un taller, pediré una factura para asegurarme que podré reclamar en caso de que la reparación resulte no ser satisfactoria, etc. Este tipo de precauciones son normales, de hecho no tenerlas puede considerarse negligente.

Sin embargo, mientras que el común de los mortales es sumamente quisquilloso para este tipo de comercios cotidianos, cuando se trata de encomendar la vida entera a una religión, uno se conforma con lo de toda la vida sin el menor examen crítico. Si antes de comprarme unos zapatos compruebo que no me harán daño, ¿por qué no examinamos con el mismo rigor las creencias religiosas, cuya influencia en la vida seguramente será mayor que la de unos zapatos o una reparación? Esto es lo que se propone Dawkins.
La religión, por lo tanto, no debe estar exenta de crítica y examen. El argumento de Dawkins es que la hipótesis de Dios no resiste esta crítica. En realidad Dawkins reconoce que desde la ciencia no puede probar de un modo definitivo que Dios no existe. Esto no es en realidad ninguna debilidad de la ciencia, sino precisamente esta actitud prudente es lo que hace del método científico la mejor forma de llegar a saber algo.
No podemos demostrar que Dios no existe, dice Dawkins, pero sí que su existencia es sumamente improbable. De hecho, después de una contradicción (cuya probabilidad es 0), lo más improbable sería Dios, de modo que podemos apostar tranquilamente la vida a que Dios no existe. Su inexistencia es casi segura.
El argumento de Dawkins se desarrolla como una crítica al argumento del diseño. Según el argumento del diseño, el orden y la complejidad que exhibe la naturaleza no puede ser el resultado del azar. Por lo tanto -afirma el argumento del diseño- debe haber un diseñador inteligente (Dios) que haya creado todo conforme a un plan.
A partir de aquí Dawkins procede por reducción al absurdo. Como es bien sabido -y nadie cuestiona de momento, ni siquiera los defensores del argumento del diseño- cuanta mayor es la complejidad de algo, tango menor es su probabilidad. Si lanzamos un montón de arena al viento es sumamente improbable que caiga al suelo formando un castillo de arena. Lo más probable es que caiga formando un montículo. Sin duda el montículo es menos complejo que un castillo de arena. Si vemos un castillo de arena por la playa, no pensaremos que se ha hecho al azar, sino que lo ha construido un ser inteligente. El argumento del diseño se remonta hasta Dios, que sería el diseñador inteligente último que ha diseñado toda la realidad. Sin embargo, este Dios, ¿no será él mismo más complejo que cualquier otra cosa del universo? Es más, puesto que es omnisciente, la cantidad de información que almacena será infinita, por lo tanto también su complejidad será infinita. De ahí se deduce que la probabilidad de que exista un ser tal es infinitamente cercana a 0. Dios es, por lo tanto, casi una contradicción.
Ante este argumento, lo único que los defensores del argumento del diseño pueden alegar es que Dios no es complejo, sino que es simple. ¿Qué argumentos dan a favor de la simplicidad de Dios? En realidad el único argumento que hay a favor de la simplicidad de Dios es que si no fuera simple, probablemente no existiría. No hay ningún argumento convincente a favor de la simplicidad de Dios; se trata de un dogma.
Ante esta situación, lo que Dawkins viene a decirnos es que la religión nos está ofreciendo el cielo, pero la letra pequeña es intolerable: para creer en sus postulados hay que ser sumamente irracional; interés que nos piden es demasiado alto. Y quizá, si después de todo Dios existe, tal vez valore más la prudencia racional que la fe ciega.
A partir de ahí, la religión no busca un argumento mejor que el de Dawkins, sino que se limita a rechazarlo como rechazan a la ciencia los astrólogos y los espiritistas. La religión empieza a comportarse como una pseudociencia cualquiera.

Algunas cuestiones sobre pseudociencia

¿Qué es la pseudociencia?

No es una tesis muy ortodoxa, pero yo aventuraría que el primero en reflexionar sistemáticamente sobre la pseudociencia fue Platón. Según él, la pseudociencia estaría representada por el arte. La razón de ello sería que un actor, por ejemplo, puede fingir ser geómetra en una obra de teatro, pero en realidad no saber nada de geometría. Así también un poeta que no tenga ni idea de física puede inventar, para una tragedia, un personaje que represente a un físico y engañar al público. El reciente best-seller de Dan Brown El Código Da Vinci, tenía como protagonista a un erudito cuyos descubrimientos han sido tomados casi al pie de la letra por los lectores. Sin embargo, como los eruditos auténticos han demostrado, la mayoría de las tesis que se sostienen en El Código Da Vinci son falsas, pero Dan Brown es un mentiroso con mucha habilidad.
Sin necesidad de acusar a los artistas de pseudocientíficos, ni elevar la pseudociencia a la inmerecida categoría de arte, yo diría que Platón no andaba muy desencaminado. La pseudociencia es algo que no es ciencia, pero que se disfraza de ciencia para alimentarse, como un parásito, del buen nombre que ésta ha alcanzado después de muchos siglos de esfuerzo.

¿Qué disciplinas pueden considerarse pseudocientíficas actualmente?

1.Claramente todas las ramas de la llamada parapsicología son pseudocientíficas. Telequinesis, telepatía, fantasmas, espiritismo, psicofonías… no son sino supersticiones revestidas de ciencia para que algunos (¿Íker Jiménez?) se hagan ricos y otros se caguen de miedo; pero no hay evidencia experimental alguna de todos estos fenómenos. No tenemos más razones para creer en estos fenómenos de las que hay para creer en Espinete.

2.También lo es la astrología (o cosmobiología, como algunos la llaman ahora). Según esta pseudociencia, los astros influyen en el comportamiento de las personas hasta el punto de determinar su destino. Respecto a esto, cualquier estudiante de física elemental sabrá de la dificultad de predecir la trayectoria real de un proyectil: hay que tener tantas variables en cuenta que nuestros cálculos son sólo una aproximación. Sin embargo los astrólogos pretenden que con saber sólo el día del nacimiento de una persona ya podemos saber si le irá bien en el amor. Por si fuera poco, el reciente descubrimiento de nuevos planetas ha invalidado todas las cartas astrales y horóscopos hechos hasta la fecha, de modo que quien afirmara que funcionaban tendrá que explicar cómo era posible que unas cartas astrales falsas predijeran el futuro.

3.El tarot, la quiromancia y otras técnicas adivinatorias, por lo mismo que la astrología.

4.La ufología, que estudia los marcianitos partiendo del hecho, para ellos incontestable, de su existencia y elaborando toda una serie de teorías paranoicas.

5.Otras disciplinas no son pseudocientíficas de un modo tan claro, pero a poco que se analicen con cierto rigor se les ve el plumero. Entre estas se cuenta el psicoanálisis, la homeopatía y el llamado comunismo científico. Estas disciplinas han tejido un elaborado aparato teórico que incluso puede tener algún valor crítico. Este es el caso, por ejemplo, del psicoanálisis de Freud, que efectuó una crítica necesaria de la idea de sujeto racional; el comunismo también tuvo este poder crítico desde el punto de vista social. No se me ocurre nada bueno respecto a la homeopatía. La cuestión es que estas disciplinas no se contentan con su crítica al sujeto y a la sociedad, sino que elaboran una teoría positiva que defienden contra toda evidencia con un aparato teórico blindado (siempre consiguen reinterpretar la evidencia en contra de modo que acabe confirmando sus tesis).

6.Las religiones, en la medida en que tratan de decirnos qué es la realidad y qué contiene, pueden ser consideradas pseudociencias. Recientemente el Papa Benedicto XVI ha dicho que el limbo no existe pero el infierno sí. Esta es una afirmación acerca de la realidad, nos está diciendo qué hay y qué no hay en la realidad. Detrás puede haber cientos, qué digo cientos, miles de páginas escritas por sufridos teólogos para justificar esa afirmación y darle una apariencia objetiva. Pero no valen nada. En realidad no sabemos si el limbo y el infierno existen o no -aunque la existencia de ambos es ciertamente improbable.

¿Qué trucos usa el pseudocientífico para disfrazarse de científico?

Del mismo modo que un director de cine tiene que recurrir a efectos especiales para que nos creamos la historia que trata de contar, el pseudocientífico tiene que recurrir también a ciertos trucos para hacerse pasar por científico serio y que le creamos. No es mi intención aquí hacer una lista exhaustiva de los ‘efectos especiales’ de la pseudociencia (aunque confieso que me gustaría), de modo que me conformaré con enumerar algunos dejando para los comentarios la posibilidad de ir añadiendo más:

1.Dado que las pseudociencias no soportan el más mínimo análisis crítico, no son enseñadas en instituciones oficiales como la universidad o los centros de enseñanza primaria y secundaria. Los títulos que se expiden en estas instituciones son reconocidos por toda la sociedad porque hay una garantía de calidad; las enseñanzas que se han impartido han superado una serie de controles que garantizan esa calidad. Esta garantía de calidad no es algo arbitrario, sino que es el fruto del esfuerzo crítico de muchas personas a lo largo de mucho tiempo. Las pseudociencias, como no superan estos controles de calidad no pueden entrar en el circuito oficial, de modo que se montan el suyo propio, paralelo al oficial. Así fundan Universidades, escuelas y centros de estudio no reconocidos oficialmente, donde, sin ningún rigor científico, se expiden títulos y certificados sin valor académico (el hecho de que algunas instituciones, descabellada e irresponsablemente, den crédito a estos estudios no es más que una lamentable anécdota).

2.Los pseudocientíficos tratan de utilizar un lenguaje que recuerde al de la ciencia e incluso se atreven a citar fragmentos de científicos de renombre que supuestamente refuerzan sus insensateces.

3.La ciencia es, fundamentalmente, una labor crítica. A veces, el mero hecho de descubrir que una teoría que considerábamos buena no lo es en absoluto es ya un gran descubrimiento científico. No es de extrañar que cuanta más ciencia poseemos, mayor es nuestra conciencia de lo que ignoramos. El pseudocientífico aprovecha la prudencia del científico ante las cosas que desconoce, y la utiliza como un argumento a su favor. Esto es lo que ocurre cuando usan expresiones como “el fenómeno X no ha podido ser explicado por la ciencia oficial”.

4.Como se insinuaba en el apartado anterior, los pseudocientíficos suelen distinguir entre una ciencia oficial, que estaría manipulada por oscuros poderes estatales, interesados en que no se sepa la verdad; y una ciencia no oficial, que sería la suya, verdaderamente libre de toda manipulación e incluso víctima de persecuciones y complots. Este recurso es habitual en los ufólogos, que en muchas ocasiones sostienen que no hay pruebas de los contactos del ejército con los alienígenas precisamente porque éstas pruebas han sido ocultadas o destruídas porque no interesa que se sepa. También es muy recurrido esto por los homeópatas, que desconfían de la medicina alopática que se practica en los hospitales.

5.Etc…

¿Cómo distinguir la ciencia de la pseudociencia?

Hay un artículo del filósofo Mario Bunge donde detalla una serie de rasgos que distinguen la ciencia de la pseudociencia. El artículo es tan breve y accesible como correcto, por lo que no puedo sino remitirme a él y recomendar encarecidamente su lectura, que pueden comenzar pinchando AQUÍ. A modo de síntesis, creo que lo que distingue al pseudocientífico del científico es una cuestión de actitud. El científico está interesado por la verdad; el pseudocientífico quiere que su verdad interese. El científico quiere aprender; el pseudocientífico convencer. El científico estará siempre dispuesto a abandonar una creencia ante una evidencia suficiente en contra de ella. El pseudocientífico no considerarará ninguna evidencia como suficiente para abandonar sus creencias. En fin, lean el artículo de Bunge si no lo han leído ya.

¿Es peligrosa la pseudociencia?

Rotundamente sí. Si quiero navegar y para ello construyo una barca, no seré tan insensato como para irme mar adentro sin probarla antes. Tendré que comprobar si la barca soportará una tormenta, si tiene filtraciones de agua, etc. Eso es lo que hace la ciencia con nuestras ideas acerca del mundo; ponerlas a prueba. En ese proceso muchas de nuestras ideas fracasan y sólo unas pocas son consideradas buenas. Aún así, esas pocas no dejan de someterse a pruebas más y más difíciles de superar, de modo que nuestra imagen del mundo se va perfeccionanado. Es importante darse cuenta de que lo que nosotros creemos del mundo sólo es verdad si el mundo es como creemos que es, y eso no es un capricho. Para nosotros es muy importante que la imagen que tenemos del mundo sea lo más objetiva y adecuada posible porque necesitamos subir an aviones, trasplantar corazones, enviar señales a una estación espacial, etc., y éstas son cosas serias. El pseudocientífico sin embargo es como el que construye una barca y está tan orgulloso de su trabajo que no quiere reconocer que hace aguas por todos sitios. El problema es que normalmente el constructor de la barca no se sube en ella, sino que convence a otros para que lo hagan. ¿Qué pasa si tengo un cáncer y rechazo la medicina científica por los tratamientos de un curandero? ¿Qué pasa si para tomar una decisión importante me dejo llevar por los inventos de un adivino?
Qué cosas se consideran o no verdad en la pseudociencia no depende de cómo es el mundo, sino de la voluntad y el capricho de algún sinvergüenza. Mientras que en en la ciencia se trata de que la realidad se imponga a nuestras creencias, en pseudociencia es la voluntad de algún charlatán la que se impone. De hecho no es extraño que tras muchas de estas pseudociencias se escondan sectas en busca de clientes.
Por resumir: el peligro de la pseudociencia es que los creyentes están sometidos a la arbitrariedad de un insensato.

¿Debemos censurar la pseudociencia?

Rotundamente no. Puede que extrañe que diga esto después de afirmar que la pseudociencia es peligrosa, pero creo que es más peligrosa la censura. Lo único que tenemos que hacer es someter a la pseudociencia a los mismos controles críticos que sometemos a la física cuántica. Las chifladuras de un astrólogo no deben estar más exentas de crítica que las teorías de Albert Einstein. Eso es suficiente. A quienes debemos censurar es a los que se saltan todo el control de calidad crítico al que se ha de someter una teoría que pretende decir algo sobre la realidad. No puedo resistir autocitarme aquí (feo vicio al que ya me he entregado más arriba) y referirme a mi anterior post sobre la necedad del Ayuntamiento de Ibi por dar crédito a la charlatanería y difundirla sin vergüenza alguna.

Enlace interesante: Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico

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