Agua y Derechos Humanos


Hay por ahí una tonta reivindicación que, de no haber sido tomada en serio por ciertos países (entre ellos España), no merecería mayor discusión; se trata de la pretensión de hacer del agua un derecho humano. Gentes de buena voluntad se han adherido a esta reivindicación, con la sana intención de que nadie pase sed. El problema es que la buena voluntad no siempre va acompañada de la inteligencia (y si me apuran, de la imaginación) necesaria para anticiparse a las consecuencias de tan píos deseos. El agua sólo puede ser considerada como un derecho humano en un Estado totalitario, y si tal derecho es reclamado por una sociedad libre ése será su primer paso hacia el totalitarismo.

Sólo puede garantizarse el agua mediante un control estatal de la misma. El agua es un recurso limitado, de modo que, para que a nadie le falte, habrá que determinar cuál es la cantidad de agua a la que cada individuo tiene derecho. Sólo puede ser el Estado quien determine la cantidad de agua que necesitamos, por lo que, de momento, el destino de nuestras vidas ya no recaerá en nuestra capacidad para buscarnos el sustento, sino en la decisión de un funcionario.

Pero no pensemos mal, seguro que ese funcionario toma la decisión democráticamente basándose en todo tipo de informes médicos. Si es así, se dará cuenta de que no todos necesitamos la misma cantidad de agua. Un ciclista profesional, por ejemplo, que entrene todos los días necesitará más agua que un contable. Supongo que aquellos que necesitaran un aporte de agua mayor tendrían que solicitarlo al funcionario de turno motivando su solicitud, que sería aprobada o no. Así, controlando el agua, el Estado no sólo tendrá control sobre nuestras vidas, sino sobre nuestras actividades. Tal vez me denieguen un extra de agua para hacer un poco de jogging, considerando que dicha actividad no compensa el perjuicio sufrido por la humanidad por mi consumo extraordinario de agua. Otra cosa es que yo pertenezca a alguna asociación estatal de deportistas que compense ese gasto social de alguna manera. La cuestión es que cada vez que necesitáramos más agua, habría que justificarlo con un certificado médico, una nómina, un carnet o algún documento oficial.

Por supuesto, a nadie se le escapa que si el agua fuera un derecho humano, no podría ser considerada una mercancía más, sujeta a las leyes del mercado. El análisis del agua, su tratamiento, el embotellado, la distribución… no podrían ser ejercidas por empresas privadas en régimen de libre competencia, sino que el Estado tendría que hacerse cargo. Bueno, esto se asume con facilidad; pero si el agua fuera un derecho humano, ¿sólo quedaría bajo control estatal la actividad empresarial relacionada con el agua? En realidad no. Más bien el Estado, de un modo u otro, tendría control sobre todas las empresas y, por supuesto, su capacidad para interferir en el mercado sería prácticamente ilimitada. Las empresas necesitan agua para la fabricación de productos, para el mantenimiento de instalaciones, para el sustento de los empleados, etc. Esto significa que toda actividad empresarial estará sometida al estado, que, controlando la asignación del agua, decidirá sobre la viabilidad de las empresas y podrá determinar el precio final del producto, interviniendo en el mercado más de lo que ningún país libre consideraría razonable.

Dado que la asignación de agua dependerá del Estado, siempre habrá quien no esté conforme con los criterios de distribución. Supongo que el disidente será acusado de no respetar los derechos humanos… si es que hay disidentes, pues si la gestión estatal del agua se legitima mediante los derechos humanos, será fácil coordinar un sistema de propaganda –que incluirá la educación- que haga creer a los ciudadanos que por fin el agua está en poder del pueblo y no de despiadadas empresas que sólo buscan el vil metal. De hecho ya puedo imaginar a más de un ‘edukador para la ziudadanía’ concienciando a sus pupilos sobre la necesidad de que el agua sea un derecho humano.

En conclusión, el agua no es un derecho humano porque de serlo, los derechos humanos mismos quedarían aniquilados bajo el poder de un Estado que controlaría nuestra salud, nuestra alimentación, nuestro ocio, nuestras actividades empresariales, nuestros intercambios comerciales, etc. Y esto no es sólo una sospecha. No es casualidad que uno de los países que ha propuesto la medida sea Venezuela, y que en su propuesta no oculte la necesidad de que sea el Estado (a veces dicen el pueblo, a través de sus representantes), quien se haga cargo del agua. Apoyan la tesis del agua como derecho humano países como Cuba o Chad, que no se caracterizan precisamente por su Estado de derecho. El Estado que asuma la gestión del agua, será un Estado totalitario en el que hay que dar explicaciones cada vez que se tira de la cadena. Lástima que España parece estar en esa línea.

Nietzsche por Fernando Savater. La aventura del pensamiento

Gracias a La Lechuza de Minerva he tenido conocimiento de la existencia de estos vídeos en los que Fernando Savater nos introduce de manera clara y suscinta en la filosofía de Nietzsche. Forma parte de una serie programas denominados La aventura del pensamiento, en los que Fernando Savater nos presenta a un buen número de las grandes figuras del pensamiento; entre ellos Schopenhauer, Kierkegaard, Ortega y Gasset, Bertrand Russell, Karl Marx, Wittgenstein, Leibniz, Adorno…y más. [Un verdadero tesoro que podéis encontrar en Youtube]. Los programas pertenecen al Canal Encuentro, un lugar que merece la pena visitar.

Parte 1.

Parte 2.

Parte 3.

Un verdadero regalo para los amantes e interesados en la filosofía.
¡Y en español! ¡Me froto los ojos y no doy crédito!
¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!

Sobre el quehacer poético

Me han fascinado siempre las palabras de los artistas –especialmente de los poetas, a quienes creo comprender mejor- respecto al sentido de su quehacer. Sospecho que lo que en esas palabras se contiene es un tanteo por expresar el sentido de la propia vida, y una forma de entender, en general, la vida humana. Frente al hombre práctico que en su cotidianidad inmediata actúa completamente dormido –hipnotizado-, el poeta no es un soñador sino aquel que experimenta, aunque sean tan solo como chispas, la necesidad de rasgar la apariencia. Poesía y metafísica tienen una raíz común; como creo haber leído a Ortega, el sentimiento de desorientación y la pugna por habitar en ella. Les dejo con dos poetas hablando de su quehacer: el texto de Cernuda es un pequeño fragmento, les aconsejo que lean el texto original completo –apenas unas páginas, pero plenas de sentido. En el texto de Celán junto a la desorientación, y el desamparo, creo advertir la presencia de la nadificante nada. Que tampoco está ausente en Cernuda.

1.

El instinto poético se despertó en mí gracias a la percepción más aguda de la realidad, experimentando, con un eco más hondo, la hermosura y la atracción del mundo circundante. Su efecto era, como en cierto modo ocurre con el deseo que provoca el amor, la exigencia, dolorosa a fuerza de intensidad, de salir de sí mismo, anegándome en aquel vasto cuerpo de la creación. Y lo que hacía aún más agónico aquel deseo era el reconocimiento tácito de su imposible satisfacción.
A partir de entonces comencé a distinguir una corriente simultánea y opuesta dentro de mí, hacia la realidad y contra la realidad, de atracción y de hostilidad hacia lo real. El deseo me llevaba hacia la realidad que se ofrecía ante mis ojos como si sólo con su posesión pudiera alcanzar certeza sobre mi propia vida. Mas como esta posesión jamás la he alcanzado sino de modo precario, de ahí la corriente contraria, de hostilidad ante el irónico atractivo de la realidad . Puesto que, según parece, esta es la experiencia de alguno filósofos y poetas que admiro, con ellos concluyo que la realidad exterior es un espejismo y lo único cierto mi propio deseo de poseerla. Así pues, la esencia del problema poético, a mi entender, la constituye el conflicto entre realidad y deseo, entre apariencia y verdad…

Luis Cernuda. Palabras antes de una lectura. 1935

2.

en esa lengua he intentado yo escribir poemas en aquellos años y en los posteriores: para hablar, para orientarme, para averiguar dónde me encontraba y a dónde ir, para proyectarme una realidad.
Era, como ven, acontecimiento, movimiento, estar de camino, el intento de encontrar una dirección.. Y cuando pregunto por su sentido tengo que reconocer que en esa cuestión también tiene algo que decir la cuestión del sentido de las agujas del reloj.
Pero el poema no es intemporal. Por supuesto encierra una pretensión de infinitud, intenta pasar a través de él, no por encima de él (…) el poema puede ser una botella lanzada con la confianza –ciertamente no siempre muy esperanzadora- de que pueda ser arrojada a tierra en algún lugar y en algún momento, tal vez a la tierra del corazón. De igual forma, los poemas están de camino, rumbo hacia algo.
¿Hacia qué? Hacia algo abierto, ocupable, tal vez hacia un tú asequible, hacia una realidad asequible a la palabra.
Tales realidades son las que tienen relevancia para el poema.
Y creo que reflexiones como ésta no sólo acompañan mis propios esfuerzo, sino también las de otros poetas de las nuevas generaciones. Son los esfuerzos de aquel a quien sobrevuelan estrellas, obra del hombre, y que sin amparo, en un sentido inimaginable hasta ahora, terriblemente al descubierto, va con su existencia al lenguaje, herido de realidad y buscando realidad.

Paul Celan. Fragmento del Discurso con motivo de la concesión del premio de literatura de la ciudad libre hanseática de Bremen. 1958

El mes más cruel

Mientras pensamos alguna aportación al meme de la SFPA, estrenamos el mes de Abril, que es el más cruel:

Abril, el más cruel entre los meses,
Hace que nazcan lilas en la tierra muerta,
Mezcla recuerdos y deseos, sacude
Raíces perezosas con lluvias primaverales.

April is the cruelest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain.

T.S. Eliot
(Missouri, USA, 1888-Londes, 1965)


Un fragmento más extenso del poema Tierra Baldía, de Eliot: Tierra Baldía
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