Bullshit -caca de la vaca.

No se equivoquen, la imagen que están viendo es una papelera; es, de hecho, un nuevo modelo que recomendaríamos utilizar a partir de este nuevo curso político y escolar. El nuevo diseño se encamina a simplificar el proceso de reciclaje de ciertos productos, un modelo tan fácilmente reconocible como la gran campana de color verde que identifica a los contenedores de vidrio.

He encontrado un artículo revelador, Introducción al estudio de la mierda de toro por Pseudópodo (recomiendo encarecidamente su lectura y su difusión) Es además extraordinariamente útil y coherente con esa indicación de los últimos días por la que parece se nos prescribe la educación del ciudadano en la lengua de Thoreau, Stuart Mill ,Locke, Hobbes, Hume y tantos otros insignes teóricos del pensamiento político. El análisis de este concepto (Bullshit o caca de la vaca) tan difundido, es una contribución esencial a ese puente lingüístico y conceptual que se quiere establecer con el mundo anglosajón..

Concisamente. Se denomina BS (CdV ) a todos esos discursos políticos repletos de promesas, aseveraciones, (se incluyen gráficas y estadísticas con colorines) declaraciones… que el político no tiene ninguna intención de cumplir –tampoco de no hacerlo- cuyo único objetivo es ornamentar su discurso y apelar al acuerdo emotivo del oyente, del que se espera que reaccione con movimientos de cabeza similares a los de aquellos perritos que decoraban –rellenaban- la repisa del cristal trasero del SEAT 600, discursos que a lo sumo provocan bostezos o alguna sonrisa, pero que nadie en su sano juicio se molesta en discutir, criticar o exigir.

Pero el BS-CdV -Pseudópodo en su magnifico post nos recuerda la posibilidad culta stercore tauri que nos permite un nuevo puente, ahora con la cultura clásica- no se limita al discurso político sino que poliniza cada rinconcito de nuestra sociedad, y cómo no, también la escuela, es en este ámbito en el que nosotros queremos saber dónde colocar nuestras nuevas papeleras, en este blog hemos sido críticos con lo que hemos creído que eran auténticos dogmas del discurso de la pedagogía oficial (serie Dogmas de la pedagogía oficial 2007-08 ) y con el abuso de términos como democracia, democrático, diversidad, educación en valores, igualdad, inclusión, exclusión, implicación, segregación, que (en su uso abusivo) han funcionado como auténtico BS. Para Nietzsche el órgano filosófico por excelencia era la nariz, con este post queremos invitar a reflexionar sobre este problema, a detectar esta podredumbre donde la haya, pero sobre todo a preguntarnos que cantidad de BS estamos dispuestos a tolerar.

Como en tantas ocasiones Jonathan Swift tiene algo que algo que aportar; en la Academia de Lagado –Los viajes de Gulliver– uno de sus proyectistas investigaba la posibilidad de invertir el proceso de alimentación para convertir las heces en los alimentos originarios, una suerte de perpetuum mobile que resolvería el problema del hambre. Y de una manera menos brutal que la contenida en Una modesta proposición). Nuestra propuesta no es tan ácida, esperamos que tampoco tan quimérica.

Como sabemos de las escasez consustancial a nuestro ministerio ,y más en los tiempos de crisis y estrechez que se avecinan, proponemos el modelo 1 como la elección justa. El modelo 2 está originalmente pensado para próximos debates de candidatos a la presidencia, pero no albergamos dudas de que resultará útil y se le encontrará acomodo en eventos mucho más modestos.

Encuesta mejor comienzo de novela en castellano.


Propuesta aparecida en el foro de la Sociedad de Filosofía de la Provincia de Alicante:

La Sociedad de Filosofía de la Provincia de Alicante os propone una bonita actividad para comenzar el curso. Se trata de una valoración estética: ¿cuál consideras el más brillante comienzo de una novela en lengua castellana?

En Alemania se realizó esta pregunta el año pasado, en una iniciativa organizada por la Fundación Lectura y la Iniciativa por la Lengua Alemana. La votación para proponer una frase estaba abierta al público, y se recibieron más de 17.000 propuestas. Sobre éstas, un jurado de cinco personas otorgaría los premios. (El jurado estaba presidido por la presidenta del Instituto Goethe). Los expertos en literatura alemana pronosticaron que, sin duda alguna, la ganadora sería la primera frase de La Metamorfosis de Kafka (de 1915). Se equivocaron, ésta ocupó el segundo lugar; la frase, para quien no la conozca, suena así:

Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.
(Als Gregor Samsa eines Morgens aus unruhigen Träumen erwachte, fand er sich in seinem Bett zu einem ungeheueren Ungeziefer verwandelt.)

El primer premio fue a parar, sorpresivamente, para el comienzo de El Rodaballo (Der Butt), una novela de Günther Grass (de 1972). La sugerencia había llegado de un joven de Viena. Se trata de una extensa novela – más de 700 páginas – , cuya temática gira en torno a la cocina. La frase en cuestión es la siguiente:

Ilsebill volvió a salar.
(Ilsebill salzte nach.)

La misma pregunta se hicieron los críticos literarios de la American Book Review. Si bien no se limitaron al ámbito anglohablante, salta a la vista que la lengua inglesa resultaba hegemónica en la lista. La ganadora resultó ser la, tan potente en su simpleza, primera frase de Moby Dick (1891):

Llamadme Ismael.
(Call me Ishmael).

Apareció en segundo lugar el comienzo de Orgullo y Prejuicio (1813), de Jane Austen:

Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.
(It is a truth universally acknowledged, that a single man in possession of a good fortune, must be in want of a wife.)

(Estos críticos eligieron, por orden, los 100 mejores comienzos, podéis verlos en su página web: http://americanbookreview.org/100BestLines.asp)

¿Qué decir de nuestra lengua? Todo indica que la ganadora debe ser la mundialmente célebre:

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

(Por cierto, ésta ocupó el lugar 27 de la lista elaborada por la American Book Review).

Por otro lado, aparece, también, como clara candidata la frase que abre Cien Años de Soledad (1967):

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

Otros no resultan tan líricos, pero tienen fuerza:

La muy puta conducía a toda velocidad. (De Consejos de un discípulo de Morrison a un fan de Joyce, de R. Bolaño).

Otra frase muy citada en estas listas es el comienzo de Rayuela, de J. Cortázar:

¿Encontraría a La Maga?

O, como no,

La heroica ciudad dormía la siesta… (La Regenta, de Clarín).

Pues bien, la SFPA os pregunta ahora: ¿CUÁL ES EL MEJOR COMIENZO DE UNA NOVELA ESCRITA EN CASTELLANO? Aquí no habrá jurado, sino democrática elección. El procedimiento será el siguiente:

1) Envía tu propuesta en un mail a la siguiente dirección: sfpa@fpa.es. Sólo es necesario poner en el asunto: “Mejor comienzo de novela”, y en el texto, la novela, el autor y, claro, la frase en cuestión. Tenemos para enviarlo hasta el 1 de noviembre. Entonces,

2) Las cinco más votadas se publicarán en la página o en el blog de la Sociedad y se podrá votar sobre éstas durante un mes. Al mes, sabremos algo más sobre nuestros gustos literarios.

¡Participa! ¡Anima a tus amigos y compañeros de trabajo, publica esto en tu blog, díselo a tus alumnos!

Mensaje de Juan José Lara en el Foro de la SFPA


Educar, enseñar, formar, instruir…

Un profesor que no es dogmático es simplemente un maestro que no enseña.

Gilbert K. Chesterton

He escuchado a docentes decir que ellos no son [no somos] simples enseñantes, instructores, formadores o trasmisores de conocimientos sino educadores. También a otros repudiar el título de educador y anhelar el neutral enseñante…

Con la ligereza de alma propia del sentimiento de deber cumplido paseaba ayer entre los estantes de la Fnac -lejos ya de los aromas de aceites de coco y zanahoria, de la sal y las sardinas asadas- miraba los volúmenes ordenados con el firme propósito de no adquirir ninguno hasta que no haya dado cuenta de los muchos que se apilan en la estanterías de mi domicilio. Las tentaciones no eran desdeñables; cogí un ejemplar –el único- del Parménides de Martin Heidegger, desgraciadamente la envoltura de plástico me impedía curiosear el contenido -y romper el envoltorio me parecía un poco incivil- Me dirigía, pues, con él hacia el mostrador de ventas cuando recordé que estoy enfrascado con La Viena de Wittgenstein, «con esta dispersión no llevaré a término nada», pensé, así que di media vuelta y deposité de nuevo a Heidegger con el envoltorio intacto en su nicho, quizá para Navidad-. Enfrente sesteaba un libro de pequeños ensayos de Chesterton, ¡y sin envoltorio!, abrí el libro y curioseé el contenido leyendo los títulos de los artículos: uno de ellos trataba sobre educación, otro sobre los errores médicos, me decidí por el primero, lo leí sin tan siquiera sentarme y su contenido resultó esclarecedor: en esencia venía decir Chesterton que la educación no es una palabra como teología, gastronomía, astronomía, porque no contiene unos objetos o contenidos propios, ya fuesen argumentos, misterios, manjares, cazuelas, planetas o estrellas. Educación significa simplemente trasmisión, trasmisión de los ya curtidos al que acaba de nacer. Depende de quien eduque trasmitirá unos contenidos diferentes, el delincuente nos educará en el arte de la estafa o de abrir puertas con ganzúa o a evadir impuestos o a traficar con sustancias prohibidas, el puritano nos educará en la observación de las fiestas, en la abstinencia y la mortificación, el político progresista en la igualdad, la paz y la solidaridad, el taurino nos educará en las suertes de capa, chicuelinas, verónicas… otros nos educarán en el conocimiento de la naturaleza, de los números, del arte, del razonamiento válido, de la escritura correcta… quien nos enseñe a dudar estará en deuda con Protágoras, con Gorgias o con Descartes.

Así que, siguiendo a Chesterton, educar es sinónimo de formar, instruir, enseñar… con lo que dejan de entenderse algunas cosas, pero se comprenden muchas más.

Abandoné, pensativo, el libro en el estante. Pienso volver a esa estantería en próximos días para leer nuevos capítulos. El libro se titula “Lo que está mal en el mundo”; si alguno de ustedes lo compra y tiene a bien prestármelo le estaré agradecido.

Alimentando la ociosidad estival


Bueno, el verano nos regala sus últimos rayos de reconfortante luz, sus últimos momentos de ociosidad. Es por eso que he preferido dejar algunos entretenidos acertijos a comenzar un razonamiento que en verano me resultaría infructuoso (este calor atonta las neuronas).

Estos acertijos van sobre una isla habitada únicamente por «caballeros» y «escuderos». Los «caballeros» siempre dicen la verdad y los «escuderos» siempre mienten. Esta curiosa isla da de sí gran cantidad de divertidos acertijos lógicos:

1. Tres habitantes -A, B y C- se encontraban en un jardín. UN extranjero pasó por allí y le preguntó a A, «¿Eres caballero o escudero?». A respondió, pero tan confusamente, que el extranjero no pudo enterarse de lo que decía. Entonces el extranjero preguntó a B, «¿Qué ha dicho A?». Y B le respondió: «A ha dicho que es escudero.» Pero en ese instante el tercer hombre, C, dijo, «¡No creas a B, que está mintiendo!».

La pregunta es, ¿qué son B y C?

2. Supóngase que en el caso anterior el extranjero, en lugar de preguntarle a A por lo que éste era, le dijese: «¿Cuántos caballeros hay entre vosotros?» De nuevo, la respuesta de A es ininteligible. Entonces el extranjero pregunta a B, «¿Qué ha dicho A?». Y B replica, «A ha dicho que hay un caballero entre nosotros». Y C por su parte dice, «¡No creas a B, que está mintiendo!»

Ahora, ¿qué son B y C?

3. En este problema hay sólo dos individuos, A y B, cada uno de los cuales es o caballero o escudero. A dice: «Uno al menos de nosotros es escudero.»

¿Qué son A y B?

4. Supóngase que A dice, «O yo soy un escudero o B es un caballero».

¿Qué son A y B?

5. Supóngase que A dice, «O yo soy escudero o en caso contrario dos más dos es igual a cinco».

¿Qué concluirías?

6. Nuevamente tenemos tres personas, A, B y C, cada una de las cuales es o caballero o escudero. A y B dicen lo siguiente:

A: Todos nosotros somos escuderos.
B: Uno de nosotros, y sólo uno es un caballero.

¿Qué son A, B y C?

Espero que hayáis disfrutado con estos ingeniosos acertijos, iré subiendo más a petición popular.

Aristoteliano

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