¿Qué es «humanidad»?

Decididamente J.M. Coetzee es, en este momento, mi escritor preferido –y acabo de decidirlo tras leer una de sus primeras novelas: Esperando a los bárbaros. Aproximadamente desde la mitad de la novela ya no pude parar; las dos y media de la mañana me dieron sin poder dejar la novela hasta acabarla, con los ojos –y la mente- nublados avanzaba páginas como un escalador herido y renqueante se encamina por el último repecho hasta la cumbre. Haciendo propia y contradiciendo la metáfora del Everest de un post anterior, ciertamente el escalador herido con los dedos congelados –que más tarde habrá que amputar- no puede disfrutar del paisaje, y sin embargo ya no puede volver atrás; la meta le empuja. De la misma manera tras algunas horas de lectura y a ciertas horas de la madrugada no es el momento de disfrutar del estilo, simplemente hemos tragado el veneno, la historia nos ha atrapado y… ¡no pienso cerrar el libro hasta ver asomar a los bárbaros!- . Tras una experiencia un tanto ambigua con Diario de un mal año ,en Esperando a los bárbaros me encuentro al, para mí, mejor Coetzee, el de Desgracia, Historia de Michael K, Hombre lento.

Una novela terrible, en la que aprendemos el significado de la palabra humanidad:

“lo que significa vivir en un cuerpo, sólo como un cuerpo, que puede abrigar ideas de justicia sólo mientras esté ileso y en buen estado, y que las olvida tan pronto como le sujetan la cabeza y le meten un tubo por la garganta y echan por él litros de agua salada hasta que tose y tiene arcadas y sufre convulsiones y se vacía…

En la primera parte de la novela, antes de ser brutalmente raptado por los acontecimientos, pude disfrutar del magnífico estilo de Coetzee: elegante, cuidado y aparentemente sencillo, nada de ese barroquismo ilegible a la manera de la moderna filosofía francesa o del pesadísimo estilismo de las literaturas vanguardistas y experimentales. El estilo de Coetzee es clásico y transparente: magníficas descripciones del paisaje y del tiempo trazadas con fino tiralíneas, reflexiones inteligentes y desacostumbradas. Y, sobre todo, profundo conocimiento de la “humanidad”.

Algunas veces, por las mañanas aparecen huellas recientes de cascos en los campos. Entre los arbustos dispersos que marcan la linde más apartada de la tierra de labranza, el centinela ve una silueta que jura no haber visto el día anterior y que ha desaparecido al día siguiente. Los pescadores no se arriesgan a salir antes del amanecer….

Inspiración y electricidad.

Nos está costando comenzar el año en Antes de las cenizas; estaba ya por esperar a los Reyes, a ver si nos traían algún regalo en forma de inspiración. Pero, he pensado que mejor ir a buscarlo (el regalo, no la inspiración, claro está, ésta llega cuando llega y como llega). Y ¿ dónde mejor que YouTube?. Música, cine, noticias, curiosidades, deportes, ciencias… esta vez toca ciencia: ¿qué me dice la ciencia de la inspiración?. Es el cerebro, y especialmente el córtex cerebral, aquella parte de nosotros que es más íntimamente responsable de que esté escribiendo estas líneas, de mi voluntad de no posponer más el primer post del 2008.

Así que eso era la chispa!. ¿Y mis Musas?… en YouTube.

Amistad a lo largo.

Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.
Mirad:
somos nosotros.

Un destino condujo diestramente
las horas y brotó la compañía.
Llegaban noches. Al amor de ellas
Nosotros encendíamos las palabras,
palabras que luego abandonamos
para subir a más:
Empezamos a ser los compañeros
que se conocen
por encima de la voz o de la seña.

Ahora si: Pueden alzarse
las gentiles palabras
-ésas que ya no dicen cosas_
flotar ligeramente sobre el aire;
porque estamos nosotros enzarzados
en mundo, sarmentosos
de historia acumulada,
y está la compañía que formamos plena,
frondosa de presencias.
Detrás de cada uno
vela su casa, el campo, la distancia:

Pero callad,
quiero deciros algo,
Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque callado le doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo todos trajimos
nuestras vidas aquí para contarlas.
Largamente, los unos con los otros
en el rincón hablamos, tantos meses!
que no sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno,

Ay el tiempo! Ya todo se comprende.

Jaime Gil de Biedma. Las personas del verbo

Dogmas de la pedagogía oficial(7). Comunidad e individualidad


Uno de los lugares comunes más frecuentados de la pedagogía oficial es el concepto de comunidad educativa. En un post anterior comparábamos a ésta con el “camarote de los hermanos Marx” –ya desde ahora me pido el papel del “mudo” para esta singladura, pero no está vedado a los mudos el aporrear teclados-. Es el signo de los tiempos; en el siglo lV A.C. Platón nos proponía “el mito de la caverna” para explicar la situación en que con respecto a “la educación o falta de ella se encuentra nuestra naturaleza”, en los comienzos del veintiuno el estado español encuentra su imaginería en el genial Groucho. Como en el famoso camarote, nuestra “comunidad educativa” no para de crecer y , al igual que en aquél, los elementos que se añaden contribuyen a hacer más patente el problema, pero no a aliviarlo; el pisotón del informe ha hecho daño esta vez, tanto que la causa del desaguisado se le ha achacado a Franco, no estaría mal “que los muertos entierren a los muertos”, pero pasado el sincope se buscarán víctimas más propicias; ya se encargarán de señalarlas “el plomero o su ayudante”, me huelo que algún liberal despistado se llevará el cachete y a éste no le va a librar la bienintencionada enmienda.


Quien conoce el espíritu del comunitarismo estará familiarizado con una de sus exigencias más habituales: “actuar todos a una”, así una de las causas de “nuestros” problemas se atribuye a esa falta de unidad de criterios o de actuación, una exigencia de este tipo puede ser dicha con mucho aplomo, atildando la voz, y encontrará en el público unánime asentimiento, rítmicos y sincronizados movimientos de cabeza , rostros serios, honesta preocupación… es el momento de la reflexión, del examen de conciencia… en este preciso momento algún individuo se encamina ya hacia el desierto, se embosca o se trasforma en burlón (bufón). El carácter totalitario del comunitarismo se revela claramente en su opacidad refractaria a cualquier crítica; pues cualquier objeción es un síntoma del mal que se denuncia: “falta de unidad, de cohesión”, el crítico es el elemento distorsionador, aquí lo que se requiere es adhesión.. y nada más. No es extraño tampoco que esas “actuaciones comunes” que se requieren, no sean otra cosa que “mis (sus) prejuicios” acatados por todos. El corolario de esta posición no es la solución de ningún verdadero problema, pero alivia las conciencias.. y la ciudad vive algunas horas tranquilas más, a costa del animal que se pierde en el desierto, aunque sea tan sólo en el dúctil elemento de la fantasía.

Comunidad, comunión, comulgar –con ruedas de molino.

La democracia –también nosotros tenemos derecho a invocarla-, sin embargo, tiene que ver con individuos, con individuos autónomos, racionales –al menos supuestamente-, con opiniones confrontadas, con polémica, con diferencias de pensamiento, de expresión y de acción.. y nada le es más ajeno que el silencio de los corderos o la paz de los cementerios.
La madurez , tan necesaria, se expresa en la capacidad de decisión personal, en reconocer y asumir el riesgo del error –en uno mismo y en los otros- , sólo una mente infantil –o un fanático- puede pretender tener la verdad, otorgársela a los demás y no digamos compartirla en feliz banquete festivo.

Pero se me dirá que todo esto no niega la necesidad –y posibilidad- de llegar a acuerdos, de “consensuar” unas pautas de actuación de obligado cumplimento y que poco se puede hacer si nos convertimos en jugadores solitarios.

Mi respuesta a esto es sencilla: esas normas están dadas; no vivimos en el vacío legal, ni somos extraños viajeros espaciales llegados a un planeta ignoto, no podemos ser jugadores solitarios aún cuando lo quisiéramos; nuestras normas y nuestras instituciones tienen una honda y esforzada historia. La solución a nuestros problemas pasa por el respeto al individuo, por suponer su racionalidad y su autonomía moral, por reconocer su valía profesional. El comunitarismo, que desconfía del individuo –y lo desprecia-, anula las fuerzas creadoras, siembra ineptitud y resentimiento -los no convencidos pueden reparar en los ejemplos de la historia- Algunos preferimos soportar las extravagancias e irregularidades de algunos particulares –por descontado los otros deberán también soportar las nuestras, qué remedio- a alienar nuestra falible autonomía en el “nosotros los buenos” , que se ha demostrado en la historia tan fatuo como perverso.

El desastroso camarote nos exige una solución: que no sea ésta el Fata Morgana del » reino de los justos».

Si han llegado hasta aquí se merecen un regalo, obtenido por medio de un blog amigo:

Poco a poco he comprendido el defecto general de nuestro tipo de educación y formación: nadie aprende, nadie quiere aprender, nadie enseña -a soportar la soledad.

Friedrich Nietzsche

 

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