Un artículo de Maruja Torres

He leído este artículo de Maruja Torres en el país, para ir a la página original pinchad AQUÍ. Me ha parecido brutalmente honesto. Pocas cosas así de claras se leen últimamente por ahí…

G+H= etarra


MARUJA TORRES

EL PAÍS – Última – 11-01-2007

Deberíais abochornaros. Sois los terroristas más lerdos del mundo, y mira que hay dónde elegir. Yo había puesto el listón de la cretinez en aquel barbudo que le hacía la pelota a Bin Laden poco después del 11-S, contándole que su señora esposa había tenido un sueño premonitorio en el que veía los atentados a las Torres Gemelas. Pero esta historia de que seguís con la tregua mientras asesináis y, sobre todo, eso de que vuestra intención no era la de matar, como si los explosivos pudieran utilizarse también y únicamente para la depilación en seco, bien, todo ello reduce vuestro espectro encefálico a niveles prejurásicos, en relación con cualquier antecedente de cualquier calaña internacional y de cualquier hemisferio. Sois de una estulticia rayana en lo teo-ilógico: estáis embarazados pero sois vírgenes porque ha venido un angelito y etcétera, etcétera. Deberíais avergonzaros de hacer así el ridículo si no fuera porque, previamente, habéis cometido el crimen que nos impide trataros sólo como lo que también sois: una banda de capullos.

Pero sois unos asesinos. Posiblemente los asesinos más malos e idiotas del planeta. Qué coño una nación para vosotros. No servís ni para ilustrar una historieta. Qué sería de esas mentes vuestras privilegiadas sin explosivos, sin pistolas, sin balas, sin robar coches, sin anónimos, sin ejercer la extorsión, sin amedrentar y sin los bichos de Batasuna y otras garrapatas afines. Claro que tenéis que vivir del cuento nacionalista. Andaríais frescos si os vierais obligados, como los seres humanos normales (es decir, humanos), a ejercer un oficio, estudiar una carrera y no digo ya desarrollar una tesis o hacer oposiciones. Matar obreros, jueces, guardias civiles, políticos, periodistas, catedráticos: eso os da de comer. La maldad. El resto de vuestra capacidad cerebral da lo justo para aguantar la capucha.

No sé por qué los científicos británicos se ufanan de querer inventar un híbrido de humano y animal para sus investigaciones. Aquí ya lo hemos logrado. Es un cruce entre gilipollas y hiena, y responde a la denominación de etarra.

Pero no quiero acabar sin pedir perdón por esta columna a los gilipollas no violentos y a las hienas.


(Viñeta de EL ROTO, publicada en EL PAÍS)

AQUÍ un blog en el que se hace un seguimiento exhaustivo de todo el llamado «proceso de paz», comparando el tratamiento que se le ha dado en EL PAÍS y en EL MUNDO. Muy interesante.


Haikus, belleza oriental.

Algo me han dicho
la tarde y la montaña.
Ya lo he perdido.
Hoy no me alegran
los almendros del huerto.
Son tu recuerdo.
La luna nueva
ella también la mira
desde otro puerto.

La vieja mano
sigue trazando versos
para el olvido.
Jorge Luis Borges
Formalmente, un Haiku es un poema tradicional japonés de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas. Pero, por supuesto, un haiku es mucho más que una forma, el haiku pretende apresar el instante, ¿lo intemporal?. Filosofía Zen o puro placer en la belleza, vale la pena conocer el mundo del haiku; ejercitarse en crear haikus propios constituye un verdadero placer.
Para saber más :

Ambición

¿El fin justifica los medios?

Conviene estar alerta; la ambición suele dominar al entendimiento.
¿Quién nos devuelve el tiempo que desperdiciamos picando alto? ¿Realmente es tiempo perdido? Estoy convencida de que las personas triunfarían en lo modesto si no viviesen obsesionadas por un gran ambición. Sin embargo, soñar es fácil y por ello me incluyo en el grupo de gentes que viven pensando cómo quieren vivir. Soñar implica estar dormido, y así vivimos, dormidos ante nuestros deseos. Admiro al ambicioso. Bienaventurado el hombre que busca la primera intención casi desconociendo la dirección, el que sabe esperar la ocasión para llevar a cabo la demostración, éste suele tener suerte. Pobre de recursos tal vez, oportunista quizá, pero debe estimarse su valor; pues a veces un ciego puede atrapar una liebre.
No obstante, los métodos son tan importantes como el propio fin y no todo vale.
«Debéis, pues, saber que existen dos formas de combatir; la una con las leyes, la otra con la fuerza. La primera es propia del hombre, la segunda de las bestias; pero como la primera muchas veces no basta, conviene recurrir a la segunda. Por tanto, es necesario a un príncipe saber utilizar correctamente la bestia y el hombre.» Nicolás Maquiavelo -El Príncipe-

Me han parecido interesantes estos fragmentos de obras de Aldous Huxley en relación a este tema:

«La naturaleza del poder es tal que hasta aquellos que no lo han buscado, sino que han tenido necesariamente que aceptarlo, se sienten inclinados a aumentarlo más y más.»
Nueva visita a un Mundo Feliz, pag. 19
«Los gobernantes están generalmente movidos por el amor del poder; a veces, ocasionalmente, por un sentimiento de deber social; más a menudo, y asombra que así sea, por las dos razones a la vez.(…) La mayor parte de los gobernados aceptan, con tranquilidad, su posición de subordinados y hasta la opresión efectiva y la injusticia.
(…) La paciencia demostrada por el hombre medio es el hecho tal vez más sorprendente y más importante de la historia. La mayor parte de los hombres y de las mujeres están listos a tolerar lo intolerable.
(…) Los gobernados obedecen a sus gobernantes, además de por todas las demás razones, porque dan por verdadero determinado sistema metafísico o teológico que les enseña que el Estado debe ser obedecido y es intrínsecamente digno de obediencia.»
El Fin y los Medios, pag. 65
«Es posible organizar de tal manera una sociedad que ni siquiera pueda manifestarse fácilmente en ella una tendencia tan fundamental como la codicia del poder. Entre los indios Zuñis, por ejemplo, los individuos no tienen oportunidad de ser inducidos en tentaciones como las que incitan a los hombres de nuestra civilización a trabajar por la obtención de fama, riqueza, posición social o poder. Nosotros siempre veneramos el éxito.»
El Fin y los Medios, pag. 27

«Retrospectivamente, hombres como Richelieu, Luis XIV y Napoleón son más admirados por la breve gloria que lograron, que odiados por las duraderas miserias que fueron el precio de dicha gloria.»
Eminencia Gris: Estudio sobre Religión y Política, pag. 339

Los buenos fines no pueden realizarse por medios inadecuados.»
El Fin y los Medios, pag. 201


«Los medios por los cuales tratamos de realizar una cosa tienen por lo menos tanta importancia como los mismos fines que tratamos de lograr. En rigor, son en verdad más importantes todavía. Puesto que los medios de que nos valemos determinan inevitablemente la índole de los resultados que se logran; ya que por bueno que sea el bien a que aspiremos, su bondad no basta para contrarrestar los efectos de los medios perniciosos de que nos valgamos para alcanzarlo.»
El Fin y los Medios, pag. 60

«El fin no puede justificar los medios, por la sencilla y clara razón de que los medios empleados determinan la naturaleza de los fines obtenidos.»
El Fin y los Medios, pag. 15

«La codicia del poder y la avaricia son vicios que por estar totalmente disociados del cuerpo, pueden manifestarse en formas desorientadoras y múltiples, y con una energía tal, que las inmuniza contra la saciedad que a veces logra interrumpir los sometimientos físicos. Las permutaciones y las combinaciones de la lujuria o de la gula, son estrictamente limitadas, y sus manifestaciones resultan tan discontinuas como las de los apetitos físicos. Son cosa muy distinta, la codicia del poder y la codicia de poseer. Estos son anhelos espirituales, y por ello resultan irremisiblemente separativos y malignos; no dependen del cuerpo, y por ello pueden asumir casi cualquier aspecto. En el orden y en las circunstancias actuales, la moralidad popular no condena la codicia del poder, ni los anhelos de preeminencia social. (…) En otras palabras, la ambición y la molicie, dos vicios que están ligados entre sí, se les exhiben como si fuesen virtudes. No puede haber mejoramiento en este mundo mientras no se convenza la gente de que el ambicioso que codicia el poder es tan repugnante como el glotón o el avaro; (…) y que en el plano de lo humano, son un sometimiento tan sórdido como puede serlo cualquier sometimiento físico, la bebida, o la perversión sexual.
Los vicios humanos o espirituales son los que resultan más nocivos y más difíciles de resistir. (…) Más aún, su naturaleza espiritual hace que en algunas de sus manifestaciones sea difícil distinguirlos de las virtudes. Esta dificultad se agranda especialmente cuando el poder, la riqueza o la situación social se hacen pasar como si fuesen medios para lograr fines deseables. (En la narración de la tentación en el desierto, Satanás intenta, precisamente, confundir de esta manera el fin moral.) Pero los buenos fines, es decir, el mayor estado de unificación posible, sólo pueden conseguirse mediante el bien, es decir, por procedimientos intrínsecamente unificadores. (…) La codicia del poder es esencialmente separativa; en consecuencia, no será consintiendo en esta codicia que los hombres puedan llegar a lograr los buenos resultados a que todos dicen aspirar.»
El Fin y los Medios, pag. 340
«La ambición podrá ser suprimida, pero no podrá suprimirla ninguna clase de instrumento legal. Para que pueda extirpársela, debe extirpársela en su misma fuente, por medio de la educación, en el más amplio sentido de la palabra. En nuestras sociedades los hombres son paranoicamente ambiciosos, porque la ambición paranoica se admira como una virtud, y los trepadores que alcanzan el éxito son adorados como si fueran dioses. Se han escrito más libros sobre Napoleón que respecto a cualquier otro ser humano. El hecho es profunda y alarmantemente significativo. (…) Los Duces y los Fuehrers dejaran de ser una plaga para el mundo solamente cuando la mayoría de sus habitantes consideren a tales aventureros en el mismo plano en que ahora colocan a los estafadores y a los alcahuetes. Mientras los hombres veneren a los Césares y los Napoleones, los Césares y Napoleones aparecerán con razón, y los harán desgraciados.(…) Mientras tanto, tendremos que contentarnos, simplemente, con disponer obstáculos legales y administrativos en el camino de los ambiciosos. Es muchísimo mejor que no hacer nada; pero no podrán ser nunca totalmente efectivos.»
El Fin y los Medios, pag. 100

Pues los hombres empezaron a filosofar movidos por la admiración.

LA FERIA DE LOS MILAGROS
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Un milagro corriente:
que se produzcan tantos milagros corrientes.
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Un milagro ordinario:
el ladrido de los perros invisibles
en el silencio de la noche.
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Un milagro del montón:
una nube menuda y ligera,
capaz de tapar la luna llena y compacta.
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Muchos milagros en uno:
un aliso que se refleja en el agua
y que se vea invertido de izquierda a derecha
y que crezca allá con la copa hacia abajo
y que no llegue al fondo
pese a la poca profundidad del agua.
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Un milagro cotidiano:
vientos de ligeros a moderados,
borrascas en plena tormenta.
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Un milagro cualquiera:
las vacas son vacas.
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Otro milagro, quiérase o no:
este huerto y sólo éste,
de esta pepita y sólo de ésta.
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Un milagro sin frac ni sombrero de copa:
palomas blancas en desbandada.
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Milagro, porque cómo llamarlo si no:
hoy el sol ha salido a las tres catorce
y se pondrá a las veinte cero uno.
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Un milagro que no sorprende lo debido:
una mano tiene menos de seis dedos,
pero tiene más de cuatro.
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Un milagro, y basta con abrir bien los ojos:
el mundo omnipresente.
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Un milagro tan adicional como adicional es todo:
lo impensable
se puede pensar.
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Wislawa Szymborska

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