Para qué la lógica o el principio de explosión.

“Las películas de hoy en día son muy raras, te hacen pensar”.

Atribuida a Britney Spears -pero vaya usted a saber.

Muchas veces me han formulado la pregunta [para qué la lógica] que encabeza este escrito. Suelo responder de manera positiva y esperanzada que para cocinar unos buenos macarrones, para diseñar cualquier programa de ordenador o por descontado para entender a Platón o a Kant. Pero lo cierto es que al servicio de intenciones menos bondadosas puede ser un instrumento de destrucción masiva; no estoy pensando en psicópatas al estilo del Chigurh de No es país para viejos, no. Pensaba en alguien que, por ejemplo, desease dinamitar desde dentro el sistema educativo (principio de explosión) . Para este fin una mente con auténtico talento lógico podría haber ideado las competencias básicas y muy especialmente la auténtica reina de entre todas las competencias: el aprender a aprender. La formulación de tal competencia es un tanto sorprendente, pues parecería que la necesidad básica de aprender a aprender haría imposible llegar aprender nada efectivamente, presos de un retorno al infinito vía enseñar a aprender a aprender a enseñar a aprender a aprender… o pedaleando sin fin en la viciosa circularidad de la competencia de marras. Por suerte la personas estamos predispuestas y necesitadas de aprender sin más preámbulos y lo hacemos porque en ello nos va la propia vida; camina o revienta que decía aquel proscrito de la dictadura, aprendemos a hablar, a manipular, a andar, a mentir, aprendemos a calcular, a escribir… Y ahora nos dicen que se debe aprender a aprender, creo que hasta añaden: hay que reinventar el aprender (reinventar, otra palabra explosiva de moda que merece un análisis, reinventar la rueda, la hamburguesa o los pinchos de berenjena… )

Competencia básica aprender a aprender, ¿qué quiere decir eso?¿educar -dirigir- el proceso de aprendizaje? ¿dirigir las capacidades del alumno hacia objetivos valiosos? ¿aprender a estudiar quizás?, ¿o aquello de hacer esquemas y subrayar y hacer clic en Google y ponerse cómodo y a la izquierda de la ventana o del flexo…. ? Sí, todo eso tendría sentido, pero sería demasiado obvio y, además, inofensivo; pero cuando se mira la realidad uno teme que con aprender a aprender se quiere decir con toda la intención lo que se dice: una paradoja, un absurdo, una objeción a quien pretenda tener algo que enseñar (salvo, claro está, el enseñar a aprender a aprender -que para eso está todo en el internet). Con la convicción de que a pesar de todas las resistencias el discurso irá calando y que, admitido esto, aceptaremos necesariamente cualquier cosa. Y en eso nos vamos convirtiendo: en cualquier cosa []. Por pura necesidad lógica. Ex contradictione quodlibet.

Un airecillo musical en la onda..
http://www.goear.com/files/external.swf?file=c5217e4

Entrevista en Boulé

Se encuentran disponibles las respuestas a la entrevista que nos propuso  Boulesis Boulé.
Articulada en tres grandes temas:

Política y educación

Enseñanza y filosofía

Enseñanza y nuevas tecnologías

La vida sigue igual ¿o no?. Epílogo, los males de España.

....la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano.

Luis Cernuda. A un poeta muerto

.

Cabría ordenar, según su gravedad, los males de España en tres zonas o estratos.

Los errores y abusos políticos, los defectos de las formas de gobierno, el fanatismo religioso, la llamada “incultura”, etc., ocuparían la capa somera, porque o no son verdaderamente males, o lo son superficialmente. De ordinario, cuando se habla de nuestros desdichados destinos, sólo a algunas de estas causas o síntomas se alude. Yo no los miento en las páginas que preceden como no sea para negarles importancia: considero un error de perspectiva histórica atribuirles gran significación en la patología nacional.

En estrato más hondo se hallan todos esos fenómenos de disgregación que en serie interrumpida han llenado los últimos siglos de nuestra historia y que hoy, reducida la existencia española al ámbito peninsular, han cobrado una agudeza extrema. Bajo el nombre de “particularismo y acción directa”, he procurado definir sus caracteres en la primera parte de este volumen. Esos fenómenos profundos de disociación constituyen verdaderamente una enfermedad gravísima del cuerpo español. Pero aún así no son el mal radical. Más bien que causas son resultados.

La raíz de la descomposición nacional está, como es lógico, en el alma misma de nuestro pueblo. Puede darse el caso de que una sociedad sucumba víctima de catástrofes accidentales en las que no responsabilidad alguna. Pero la norma histórica, que en el caso español se cumple, esque los pueblos degeneran por defectos íntimos. Trátese de un hombre o trátese de una nación, su destino vital depende en definitiva de cuáles sean sus sentimientos radicales y las propensiones afectivas de su carácter. De éstas habrá algunas cuya influencia se limite a poner un colorido peculiar en la historia de la raza. Así hay pueblos alegres y pueblos tristes. Mas esta tonalidad del gesto ante la existencia es, en rigor, indiferente a la salud histórica. Francia es un pueblo alegre y sano; Inglaterra un pueblo triste, pero no menos saludable. Hay, en cambio, tendencias sentimentales, simpatías y antipatías que influyen decisivamente en la organización histórica por referirse a las actividades mismas que crean la sociedad. Así, un pueblo que, por una perversión de sus afectos, da en odiar a toda individualidad selecta y ejemplar por el mero hecho de serlo, y siendo vulgo y masa se juzga apto para prescindir de guías y regirse por sí mismo en sus ideas y en su política, en su moral y en sus gustos, causará irremediablemente su propia degeneración. En mi entender, es España un lamentable ejemplo de esa perversión. Todavía, si la raza o razas peninsulares hubiesen producido gran número de personalidades eminentes, con genialidad contemplativa, o práctica, es posible que tal abundancia hubiera bastado a contrapesar la indocilidad de las masas. Pero no ha sido así, y éstas, entregadas a una perpetua subversión vital –mucho más amplia y grave que la política- desde hace siglos no hacen sino deshacer, desarticular, desmoronar, triturar la estructura nacional. En lugar de que la colectividad, aspirando hacia los ejemplares, mejorase en cada generación el tipo de hombre español, lo ha ido desmedrando, y fue cada día más tosco, menos alerta, dueño de menores energías, entusiasmos y arrestos, hasta llegar a una pavorosa desvitalización. La rebelión sentimental de las masas, el odio a los mejores, la escasez de éstos –he ahí la razón verdadera del gran fracaso hispánico.

José Ortega y Gasset. España invertebrada

La vida sigue igual ¿o no?. 2ª Entrega

Pica, a la verdad, en historia la unanimidad con que todas las clases españolas ostentan su repugnancia hacia los políticos. Diriase que los políticos son los únicos españoles que no cumplen con su deber ni gozan de las cualidades para su menester imprescindibles. Diriase que nuestra aristocracia, nuestra Universidad, nuestra industria, nuestro ejército, nuestra ingeniería, son gremios maravillosamente bien dotados y que encuentran siempre anuladas sus virtudes y talentos por la intervención fatal de los políticos. Si esto fuera verdad, ¿Cómo se explica que España, pueblo de tan perfectos electores, se abstiene en no sustituir a esos perversos elegidos?

Hay aquí una insinceridad, una hipocresía. Poco más o menos, ningún gremio nacional puede echar nada en cara a los demás. Allá se van unos y otros en ineptitud, falta de generosidad, incultura y ambiciones fantásticas. Los políticos actuales son fiel reflejo de los vicios étnicos de España, y aun –a juicio de las personas más reflexivas y clarividentes que conozco- son un punto menos malos que el resto de nuestra sociedad. No niego que existan otras muy justificadas, pero la causa decisiva de la repugnancia que las demás clases sienten hacia el gremio político me parece ser que éste simboliza la necesidad en que está toda clase de contar con las demás. Por esto se odia al político más que como gobernante como parlamentario. El Parlamento es el órgano de la convivencia nacional demostrativo de trato y acuerdo entre iguales. Ahora bien, esto es lo que en el secreto de las conciencias gremiales y de clase produce hoy irritación y frenesí: tener que contar con los demás, a quienes en el fondo se desprecia o se odia. La única forma de actividad pública que al presente, por debajo de palabras convencionales, satisface a cada clase, es la imposición inmediata de su señera voluntad; en suma, la acción directa.

José Ortega y Gasset. España invertebrada.

La vida sigue igual ¿o no?

Siempre que en Francia o Alemania he asistido a una reunión donde se hallara alguna persona de egregia inteligencia, he notado que las demás se esforzaban en elevarse hasta el nivel de aquella. Había un tácito y previo reconocimiento de que la persona mejor dotada tenía un juicio más certero y dominante sobre las cosas. En cambio, siempre he advertido con pavor que en las tertulias españolas –y me refiero a las clases superiores, sobre todo a la alta burguesía, que ha dado siempre el tono a nuestra vida nacional- acontecía lo contrario. Cuando por azar tomaba parte en ellas un hombre inteligente, yo veía que acababa por no saber donde meterse, como avergonzado de sí mismo. Aquellas damas y aquellos varones burgueses asentaban con tal firmeza e indubitabilidad sus continuas necedades, se hallaban tan sólidamente instalados en sus inexpugnables ignorancias, que la menor palabra aguda, precisa o siquiera elegante sonaba a algo absurdo y hasta descortés. Y es que la burguesía española no admite la posibilidad de que existan modos de pensar superiores a los suyos ni que haya hombres de rango intelectual y moral más alto que el que ellos dan a su estólida existencia. De este modo se ha ido estrechando y rebajando el contenido espiritual del alma española, hasta el punto de que nuestra vida entera parece hecha a la medida de las cabezas y de la sensibilidad que usan las señoras burguesas, y cuanto trascienda de tan angosta órbita toma un aire revolucionario, aventurado y grotesco. Yo espero que en este punto se comporten las nuevas generaciones con la mayor intransigencia. Urge remontar la tonalidad ambiente de las conversaciones, del trato social y de las costumbres hasta un grado incompatible con el cerebro de las señoras burguesas.

José Ortega y Gasset. España invertebrada.

Mayo del 2011. Epílogo.

3 propuestas del movimiento 15M

En el anterior post analizaba algunos rasgos totalitarios del manifiesto de DRY. No he juzgado la totalidad del movimiento y, menos, a las personas que se han adherido a él, simplemente se analizó un texto, no sin reconocer antes que el fenómeno al que estábamos asistiendo era muy complejo. Algunos de los comentarios al post han revelado actitudes que en cierto modo confirmaban la presencia de estos rasgos totalitarios. Me ha sorprendido especialmente que varias personas se hayan referido despectivamente a la filosofía, al análisis o al ‘pensar’, como algo propio de señoritos acomodados, y haciendo apología de la acción pura, incluso sin saber exactamente hacia dónde debe dirigirse esa acción.

La presencia de elementos totalitarios es algo de lo que, tras el convulso siglo XX, ya no podremos librarnos en ningún movimiento de masas. La deriva totalitaria es muy parecida a la ilusión trascendental de Kant, es algo que podemos señalar, pero no eliminar. Digamos que esos rasgos estarán presentes hasta en las mejores familias.

El movimiento 15M es algo complejo, como digo, y no se deja reducir a una categoría. La causa de esto es que lo que aglutina a toda esa gente en las principales plazas de las ciudades es sólo un sentimiento de rechazo moral. Están de acuerdo en lo que no quieren. Las movilizaciones surgen de un fondo moral que creo que compartimos la mayoría, en la que me incluyo. Pero el rechazo no construye, y cuando lo hace, surgen los disparates. Así, se han podido escuchar propuestas como nacionalizar la banca o constituir un gobierno de ‘transición’ (hacia no sé qué). Más de un lema me parece parafraseado del mismo Manifiesto Comunista. Sin embargo, en todo el barullo, también se encuentran propuestas que me parecen sumamente interesantes y, por cierto, nada totalitarias. Entre estas propuestas quisiera señalar las siguientes (aquí el documento completo, gracias a Darksmall por la referencia):

No digo que estas propuestas sean la solución a nada, incluso creo que algunas de ellas pueden ser contraproducentes (la realidad es muy compleja, señores), sin embargo creo que constituyen un buen principio y que los políticos deberían tomar nota y estudiarlas seriamente con la misma actitud moral que ha llevado a la gente a manifestarse en Sol. Digamos que desde el ‘Kilómetro 0’ salen muchos caminos. La mayoría de ellos conducen al infierno. Otros tal vez no. Pensar, analizar y filosofar puede ayudarnos a decidir.

Post Data a los demócratas anti-intelectualistas: criticar no es hacer daño, es intentar mejorar.

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