¿Qué es Metafísica?

6.4312 La inmortalidad temporal del alma del hombre, esto es, su eterno sobrevivir tras la muerte, no sólo no está garantizada en modo alguno, sino que, ante todo, tal supuesto no procura en absoluto lo que siempre se quiso alcanzar con él. ¿Se resuelve acaso un enigma porque yo sobreviva eternamente? ¿No es, pues, esta vida eterna, entonces tan enigmática como la presente?..

6.52 Sentimos que aun cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han rozado lo más mínimo. Por supuesto no queda pregunta alguna; y esto es precisamente la respuesta.

Ludwig Wittgenstein. Tractatus logico-philosophicus.

Pero, no nos aticemos y hablemos, hablemos…

El laberinto del yo. De Borges a Hume

La suma (Borges)

Ante la cal de una pared que nada
nos veda imaginar como infinita
un hombre se ha sentado y premedita
trazar con rigurosa pincelada
en la blanca pared el mundo entero:
puertas, balanzas, tártaro, jacintos,
ángeles, bibliotecas, laberintos,
anclas, Uxmal, el infinito, el cero.
Puebla de formas la pared. La suerte,
que de curiosos dones no es avara,
le permite dar fin a su porfía.
En el preciso instante de la muerte
descubre que esa vasta algarabía
de líneas es la imagen de su cara.

Y también (Pinchar AQUÍ para ver a pantalla completa):

Genealogía del fanatismo. E.M.Cioran

En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado… Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas.
Idólatras por instinto, convertimos en incondicionados los objetos de nuestros sueños y de nuestros intereses. La historia no es más que un desfile de falsos Absolutos, una sucesión de templos elevados a pretextos, un envilecimiento del espíritu ante lo Improbable. Incluso cuando se aleja de la religión el hombre permanece sujeto a ella; agotándose en forjar simulacros de dioses, los adopta después febrilmente: su necesidad de ficción, de mitología, triunfa sobre la evidencia y el ridículo. Su capacidad de adorar es responsable de todos sus crímenes: el que ama indebidamente a un dios obliga a los otros a amarlo, en espera de exterminarlos si rehúsan. No hay intolerancia, intransigencia ideológica o proselitismo que no revelen el fondo bestial del entusiasmo. Que pierda el hombre su facultad de indiferencia: se convierte en asesino virtual; que transforme su idea en dios: las consecuencias son incalculables. No se mata más que en nombre de un dios o de sus sucedáneos: los excesos suscitados por la diosa Razón, por la idea de nación, de clase o de raza son parientes de los de la Inquisición o la reforma. Las épocas de fervor sobresalen en hazañas sanguinarias: Santa Teresa no podía por menos de ser contemporánea de los autos de fe y Lutero de la matanza de los campesinos. En las crisis místicas, los gemidos de las víctimas son paralelos a los gemidos del éxtasis… Patíbulos, calabozos y mazmorras no prosperan más que a la sombra de una fe, de esa necesidad de creer que ha infestado el espíritu para siempre. El diablo palidece junto a quien dispone de una verdad, de su verdad. Somos injustos con los Nerones o los Tiberios: ellos no inventaron el concepto de herético: no fueron sino soñadores degenerados que se divertían con las matanzas. Los verdaderos criminales son los que establecen una ortodoxia sobre el plano religioso o político, los que distinguen entre el fiel y el cismático.

En cuanto nos rehusamos a admitir el carácter intercambiable de las ideas, la sangre corre… Bajo las resoluciones firmes se yergue un puñal; lo ojos llameantes presagian el crimen. Jamás el espíritu dubitativo, aquejado del hamletismo, fue pernicioso: el principio del mal reside en la tensión de la voluntad, en la ineptitud para el quietismo, en la megalomanía prometéica de una raza que revienta de ideal, que estalla bajo sus convicciones y la cual, por haberse complacido en despreciar la duda y la pereza —vicios más nobles que todas sus virtudes—, se ha internado en una vía de perdición, en la historia, en esa mezcla indecente de banalidad y apocalipsis… Las certezas abundan en ella: suprimidlas y suprimiréis sobre todo sus consecuencias: reconstituiréis el paraíso. ¿Qué es la Caída sino la búsqueda de una verdad y la certeza de haberla encontrado, la pasión por un dogma, el establecimiento de un dogma? De ello resulta el fanatismo —tara capital que da al hombre el gusto por la eficacia, por la profecía y el terror—, lepra lírica que contamina las almas, las somete, las tritura o las exalta… No escapan más que los escépticos (o los perezosos y los estetas), porque no proponen nada, porque —verdaderos bienhechores de la humanidad— destruyen los prejuicios y analizan el delirio. Me siento más seguro junto a un Pirrón que junto a un San Pablo, por la razón de que una sabiduría de humoradas es más dulce que una santidad desenfrenada. En un espíritu ardiente encontramos la bestia de presa disfrazada; no podríamos defendernos demasiado de las garras de un profeta… En cuanto eleve la voz, sea en nombre del cielo, de la ciudad o de otros pretextos, alejaos de él: sátiro de vuestra soledad, no os perdona el vivir más acá de sus verdades y sus arrebatos; quiere haceros compartir su histeria, su bien, imponérosla y desfiguraros. Un ser poseído por una creencia y que no buscase comunicársela a otros es un fenómeno extraño a la tierra, donde la obsesión de la salvación vuelve la vida irrespirable. Mirad en torno a vosotros: Por todas partes larvas que predican; cada institución traduce una misión; los ayuntamientos tienen su absoluto como los templos; la administración, con sus reglamentos —metafísica para uso de monos…— Todos se esfuerzan por remediar la vida de todos: aspiran a ello hasta los mendigos, incluso los incurables; las aceras del mundo y los hospitales rebosan de reformadores. El ansia de llegar a ser fuente de sucesos actúa sobre cada uno como un desorden mental o una maldición elegida. La sociedad es un infierno de salvadores. Lo que buscaba Diógenes con su linterna era un indiferente…

Me basta escuchar a alguien hablar sinceramente de ideal, de porvenir, de filosofía, escucharle decir «nosotros», con una inflexión de seguridad, invocar a los «otros» y sentirse su intérprete, para que le considere mi enemigo. Veo en él un tirano fallido, casi un verdugo, tan odioso como los tiranos y verdugos de gran clase. Es que toda fe ejerce una forma de terror, tanto más temible cuanto que los «puros» son sus agentes. Se sospecha de los ladinos, de los bribones, de los tramposos; sin embargo, no sabríamos imputarles ninguna de las grandes convulsiones de la historia; no creyendo en nada, no hurgan vuestros corazones, ni vuestros pensamientos más íntimos; os abandonan a vuestra molicie, a vuestra desesperación o a vuestra inutilidad; la humanidad les debe los pocos momentos de prosperidad que ha conocido; son ellos los que salvan a los pueblos que los fanáticos torturan y los «idealistas» arruinan. Sin doctrinas, no tienen más que caprichos e intereses, vicios acomodaticios, mil veces más soportables que el despotismo de los principios; porque todos los males de la vida vienen de una «concepción de la vida». Un hombre político cumplido debería profundizar en los sofistas antiguos y tomar lecciones de canto; y de corrupción…

El fanático es incorruptible: si mata por una idea, puede igualmente hacerse matar por ella; en los dos casos, tirano o mártir, es un monstruo. No hay seres más peligrosos que los que han sufrido por una creencia: los grandes perseguidores se reclutan entre los mártires a los que no se ha cortado la cabeza. Lejos de disminuir el apetito de poder, el sufrimiento lo exaspera; por eso el espíritu se siente más a gusto en la sociedad de un fanfarrón que en la de un mártir; y nada le repugna tanto como ese espectáculo donde se muere por una idea… Harto de lo sublime y de carnicerías, sueña con un aburrimiento provinciano a escala universal, con una Historia cuyo estancamiento sería tal que la duda se dibujaría como un acontecimiento y la esperanza como una calamidad…

Fragmento de Breviario de Podredumbre (Précis de décomposition, 1949)
de E.M. Cioran

Educación para todos.

En las polémicas sobre el sistema educativo, existe un argumento recurrente entre los defensores del actual sistema (LOGSE-LOE). Estos acostumbran argumentar que ellos defienden la máxima extensión de la educación para todos y en términos de igualdad, de esa declaración concluyen que en la etapa de la ESO la enseñanza debe ser la misma para todos y rechazan cualquier distinción, sean itinerarios, o distinciones entre vías técnicas –profesionales- y teóricas. Desde la misma premisa, por ejemplo, apoyan la última ocurrencia innovadora en el bachillerato, si se aprueba la mitad de las asignaturas –en cuatro creo que está el límite- entonces no se repite curso, se repiten las no superadas, y el alumno puede cursar algunas asignaturas de segundo –de las que sacará gran provecho-, de forma que el alumno pueda sacar el bachiller en tramos o cómodos plazos. Para todo esto tienen además un nombre muy atractivo y correcto: democratización de la educación.

Según yo veo las cosas, la premisa “mayor nivel educativo para todos” no justifica ninguna de las conclusiones que extraen, al contrario, la contradicen. Mi sospecha es que esas posiciones se sustentan en un prejuicio nada democrático; un desprecio no reconocido de la vía profesional, una mirada de desdén íntimo hacia las enseñanzas profesionales

Lo cierto, es que cuando se niega el derecho a la educación de una persona es cuando se la obliga a seguir un tipo de estudios que rechaza y para los que puede estar poco dotado, y en cambio, se le niega la posibilidad de formase en aquello que desea, y para lo que tiene mejor predisposición. En resumen, a un alumno que en 3º de la ESO manifiesta interés por la mecánica, la fontanería, la electricidad, o el trabajo forestal.. o cualquier otra actividad profesional, a este alumno se le está conculcando su derecho a un mayor nivel educativo, cuando contra su voluntad se le mantiene en unos cursos con una enseñanzas que no le interesan, y de los que no saca ningún provecho, simplemente porque no lo desea., cuando se le mantiene en ese Limbo donde desarrollará mal carácter, pereza, actitudes resentidas, insolencias.. .Una pena porque quizá tendríamos una persona optimista, satisfecha y “motivada”, si de reparar el motor de un Seat Ibiza se tratase. Es posible que tras esos años en Limbo de la ESO –que existe a pesar de Benedicto- salga simplemente escopeteado de todo lo que huela a aulas, a educación en valores, atención a la diversidad, adaptaciones curriculares, mediaciones conciliatorias y demás pasteleo y parafernalia, y esté más inclinado a “puentear” el Ibiza que a cambiarle las bujías.

Dejemos la ESO y pasemos al Bachiller, nuestro alumno se ha sobrepuesto con éxito a las dificultades, fatigas y sinsabores de la ESO. Con su flamante título recién sacado en septiembre, después de estar el mes de agosto con las mates la lengua, y el inglés, se nos ha matriculado en Bachiller –que ya le dijeron algunos profes, si no se lo dijeron lo piensa él, que el Bachiller es lo que tiene futuro, para los módulos ya habrá tiempo si no hay más remedio-. El susto vino en diciembre cuando a las mates y la lengua se sumaron 5 más, no fue ya sorpresa en marzo, ni tampoco en junio, hasta que de nuevo en septiembre, consigue que sólo le queden mate, lengua, filosofía y el inglés, ¡curso salvado¡ haremos esas cuatros, más la educación física, la sociología y la informática de segundo, en unos años quizá consiga el bachiller, quizá.. que está muy por ver. Alguno de ustedes hasta quizá crea que no sólo se ha democratizado sino también mejorado el nivel educativo de nuestra España, aunque sigamos en la cola como siempre, y cada vez más, a pesar de tanto ocurrente y ocurrencias.

PD. Olvidaba recordarles que existe –creo, cada vez más escasa- la posibilidad de cursar Bachiller en horario nocturno, para las personas que trabajan o que en su día dejaron los estudios por diversos motivos, y desean retomarlos, ahora quizá con más responsabilidad y mayor madurez. Allí, y con buen criterio, para personas que se supone maduras y trabajan, hace tiempo que es posible -o al menos lo era en los tiempos del BUP- hacer el Bachiller en tramos.

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