Ambición

¿El fin justifica los medios?

Conviene estar alerta; la ambición suele dominar al entendimiento.
¿Quién nos devuelve el tiempo que desperdiciamos picando alto? ¿Realmente es tiempo perdido? Estoy convencida de que las personas triunfarían en lo modesto si no viviesen obsesionadas por un gran ambición. Sin embargo, soñar es fácil y por ello me incluyo en el grupo de gentes que viven pensando cómo quieren vivir. Soñar implica estar dormido, y así vivimos, dormidos ante nuestros deseos. Admiro al ambicioso. Bienaventurado el hombre que busca la primera intención casi desconociendo la dirección, el que sabe esperar la ocasión para llevar a cabo la demostración, éste suele tener suerte. Pobre de recursos tal vez, oportunista quizá, pero debe estimarse su valor; pues a veces un ciego puede atrapar una liebre.
No obstante, los métodos son tan importantes como el propio fin y no todo vale.
«Debéis, pues, saber que existen dos formas de combatir; la una con las leyes, la otra con la fuerza. La primera es propia del hombre, la segunda de las bestias; pero como la primera muchas veces no basta, conviene recurrir a la segunda. Por tanto, es necesario a un príncipe saber utilizar correctamente la bestia y el hombre.» Nicolás Maquiavelo -El Príncipe-

Me han parecido interesantes estos fragmentos de obras de Aldous Huxley en relación a este tema:

«La naturaleza del poder es tal que hasta aquellos que no lo han buscado, sino que han tenido necesariamente que aceptarlo, se sienten inclinados a aumentarlo más y más.»
Nueva visita a un Mundo Feliz, pag. 19
«Los gobernantes están generalmente movidos por el amor del poder; a veces, ocasionalmente, por un sentimiento de deber social; más a menudo, y asombra que así sea, por las dos razones a la vez.(…) La mayor parte de los gobernados aceptan, con tranquilidad, su posición de subordinados y hasta la opresión efectiva y la injusticia.
(…) La paciencia demostrada por el hombre medio es el hecho tal vez más sorprendente y más importante de la historia. La mayor parte de los hombres y de las mujeres están listos a tolerar lo intolerable.
(…) Los gobernados obedecen a sus gobernantes, además de por todas las demás razones, porque dan por verdadero determinado sistema metafísico o teológico que les enseña que el Estado debe ser obedecido y es intrínsecamente digno de obediencia.»
El Fin y los Medios, pag. 65
«Es posible organizar de tal manera una sociedad que ni siquiera pueda manifestarse fácilmente en ella una tendencia tan fundamental como la codicia del poder. Entre los indios Zuñis, por ejemplo, los individuos no tienen oportunidad de ser inducidos en tentaciones como las que incitan a los hombres de nuestra civilización a trabajar por la obtención de fama, riqueza, posición social o poder. Nosotros siempre veneramos el éxito.»
El Fin y los Medios, pag. 27

«Retrospectivamente, hombres como Richelieu, Luis XIV y Napoleón son más admirados por la breve gloria que lograron, que odiados por las duraderas miserias que fueron el precio de dicha gloria.»
Eminencia Gris: Estudio sobre Religión y Política, pag. 339

Los buenos fines no pueden realizarse por medios inadecuados.»
El Fin y los Medios, pag. 201


«Los medios por los cuales tratamos de realizar una cosa tienen por lo menos tanta importancia como los mismos fines que tratamos de lograr. En rigor, son en verdad más importantes todavía. Puesto que los medios de que nos valemos determinan inevitablemente la índole de los resultados que se logran; ya que por bueno que sea el bien a que aspiremos, su bondad no basta para contrarrestar los efectos de los medios perniciosos de que nos valgamos para alcanzarlo.»
El Fin y los Medios, pag. 60

«El fin no puede justificar los medios, por la sencilla y clara razón de que los medios empleados determinan la naturaleza de los fines obtenidos.»
El Fin y los Medios, pag. 15

«La codicia del poder y la avaricia son vicios que por estar totalmente disociados del cuerpo, pueden manifestarse en formas desorientadoras y múltiples, y con una energía tal, que las inmuniza contra la saciedad que a veces logra interrumpir los sometimientos físicos. Las permutaciones y las combinaciones de la lujuria o de la gula, son estrictamente limitadas, y sus manifestaciones resultan tan discontinuas como las de los apetitos físicos. Son cosa muy distinta, la codicia del poder y la codicia de poseer. Estos son anhelos espirituales, y por ello resultan irremisiblemente separativos y malignos; no dependen del cuerpo, y por ello pueden asumir casi cualquier aspecto. En el orden y en las circunstancias actuales, la moralidad popular no condena la codicia del poder, ni los anhelos de preeminencia social. (…) En otras palabras, la ambición y la molicie, dos vicios que están ligados entre sí, se les exhiben como si fuesen virtudes. No puede haber mejoramiento en este mundo mientras no se convenza la gente de que el ambicioso que codicia el poder es tan repugnante como el glotón o el avaro; (…) y que en el plano de lo humano, son un sometimiento tan sórdido como puede serlo cualquier sometimiento físico, la bebida, o la perversión sexual.
Los vicios humanos o espirituales son los que resultan más nocivos y más difíciles de resistir. (…) Más aún, su naturaleza espiritual hace que en algunas de sus manifestaciones sea difícil distinguirlos de las virtudes. Esta dificultad se agranda especialmente cuando el poder, la riqueza o la situación social se hacen pasar como si fuesen medios para lograr fines deseables. (En la narración de la tentación en el desierto, Satanás intenta, precisamente, confundir de esta manera el fin moral.) Pero los buenos fines, es decir, el mayor estado de unificación posible, sólo pueden conseguirse mediante el bien, es decir, por procedimientos intrínsecamente unificadores. (…) La codicia del poder es esencialmente separativa; en consecuencia, no será consintiendo en esta codicia que los hombres puedan llegar a lograr los buenos resultados a que todos dicen aspirar.»
El Fin y los Medios, pag. 340
«La ambición podrá ser suprimida, pero no podrá suprimirla ninguna clase de instrumento legal. Para que pueda extirpársela, debe extirpársela en su misma fuente, por medio de la educación, en el más amplio sentido de la palabra. En nuestras sociedades los hombres son paranoicamente ambiciosos, porque la ambición paranoica se admira como una virtud, y los trepadores que alcanzan el éxito son adorados como si fueran dioses. Se han escrito más libros sobre Napoleón que respecto a cualquier otro ser humano. El hecho es profunda y alarmantemente significativo. (…) Los Duces y los Fuehrers dejaran de ser una plaga para el mundo solamente cuando la mayoría de sus habitantes consideren a tales aventureros en el mismo plano en que ahora colocan a los estafadores y a los alcahuetes. Mientras los hombres veneren a los Césares y los Napoleones, los Césares y Napoleones aparecerán con razón, y los harán desgraciados.(…) Mientras tanto, tendremos que contentarnos, simplemente, con disponer obstáculos legales y administrativos en el camino de los ambiciosos. Es muchísimo mejor que no hacer nada; pero no podrán ser nunca totalmente efectivos.»
El Fin y los Medios, pag. 100

La victoria de Aquiles: una respuesta a la aporía de Zenón

Dormid tranquilos…

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Examen de Filosofía 1BACH

Ya tenéis (a la derecha) los textos para preparar el próximo examen de filosofía. También podéis acceder en los siguientes vínculos (Lo he partido en dos archivos, tened paciencia porque tarda un poco en descargarse):

Parménides y Empédocles
Anaxágoras y Demócrito

Uno de los argumentos de Zenón contra el movimiento: Aquiles y la tortuga

El argumento según Aristóteles [Física, VI, 9]

«En una carrera, el más lento nunca será alcanzado por el más rápido; ya que el que persigue al otro siempre debe comenzar por alcanzar el punto del que ha partido el primero, de modo que el más lento siempre tendrá alguna ventaja. Es el mismo razonamiento que el de la dicotomía: La única diferencia es que si bien la magnitud sucesivamente añadida sigue siendo dividida, ya no lo es por dos. Como conclusión del razonamiento se deduce que el más lento no será alcanzado por el más rápido, por la misma razón que en la dicotomía: en ambos casos, en efecto, se concluye que no se puede llegar al límite, tanto si la magnitud se divide de una manera como de la otra; pero aquí se añade que, incluso este héroe de la velocidad, persiguiendo al más lento, no podrá alcanzarle.»


El mismo argumento explicado de otra forma (www.e-torredebabel.com)

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A
: Aquiles T: Tortuga

t0, t 1, t2, t3, … : tiempo 0 o salida, tiempo 1, tiempo 2, tiempo 3, …

El más rápido de los hombres, Aquiles, no podrá alcanzar nunca al más lento de los animales, la tortuga, si en una carrera se da a ésta una ventaja inicial: supongamos que Aquiles le da a la tortuga una ventaja de 100 metros. Para facilitar la comprensión pongamos que Aquiles sólo corre diez veces más rápido que la tortuga; en el t0 Aquiles está en la salida y la tortuga a 100 metros; en el t1 (pongamos que 15 segundos) Aquiles recorre 100 metros y la tortuga 10; en el t2 (que es 1/10 de t1 = 1,5 segundos) Aquiles llega al punto en el que antes estaba la tortuga y ésta recorre 1 metro; en el t3 (que es 1/10 de t2 = 0,15 segundos) Aquiles recorre este metro pero la tortuga recorre un decímetro; y así sucesivamente. La estrategia del argumento consiste en considerar los tiempos cada vez más pequeños, precisamente en la proporción en que Aquiles le aventaja a la Tortuga en velocidad (1/10), de este modo, aunque en tiempos y en distancias cada vez más pequeñas (una décima parte en cada tiempo considerado) Aquiles nunca alcanzará a la Tortuga, y así la tortuga irá llevando la ventaja hasta espacios infinitamente pequeños. Recorrer un número infinito de puntos parece suponer, por tanto, recorrer un tiempo infinito. Aquiles no podrá alcanzar jamás a la tortuga aún cuando, evidentemente, se vaya aproximando infinitamente a ella.
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Divertimento dramático sobre distancias infinitas (no se lo tomen muy en serio…)

(Hablan Aquiles, cansado de la carrera contra la tortuga, y Alicia, que ya se ha hecho mayor y ha cambiado el país de las maravillas por el país de la filosofía.)

Alicia: ¿Qué te ocurre? Te veo cansado…

Aquiles: Hoy volví a competir con la tortuga.

Alicia: ¿La alcanzaste?

Aquiles: No, hoy tampoco la alcancé

Alicia: Vaya, ¿qué ocurrió esta vez?

Aquiles: Lo de siempre… Cuando estoy a punto de alcanzarla descubro que la distancia que nos separa es infinita. Y me acerco y me acerco; pero nada, siempre el infinito. Y ella, la muy… ¡reptil! Ella lo sabe y se gira riendo: “Jaja, ¿No eras tan rápido, Aquiles?”

Alicia: Qué cruel, tienes que darle una lección.

Aquiles: Pero ¿cómo? Todos los días compito con ella y no hay manera. Después de todo no debí haberle dado ventaja, y ya me estoy cansando de perder. Tal vez mañana no corra.

Alicia: Pero no puedes hacer eso. Si abandonas, la tortuga se reirá de ti infinitamente.

Aquiles: ¿Y qué hago?

Alicia: Entrena más, corre más rápido. Ya es hora de que esa tortuga pruebe tu cólera, Aquiles.

Aquiles: No… es inútil, no es un problema de velocidad, sino de lógica.

Alicia: Pues entrena la lógica.

Aquiles: Pero es que la lógica es la que es, ahí no puedo hacer nada, ni aunque me encolerice…

Alicia: Tal vez Ulises podría ayudarte.

Aquiles: No. Además, te rogaría…

Alicia: Dime.

Aquiles: No te lo tomes a mal, pero prefiero no hablar de trabajo.

Alicia (cabizbaja): Ya… ¿Sabes?

Aquiles: ¿Qué?

Alicia: No se si será por lo de la tortuga, pero últimamente te noto distante.

Aquiles: Yo no quería decírtelo, pero a mi me pasa lo mismo. Espero que no sea algo lógico…

Alicia: Yo creo que es algo del corazón porque cuando te acercas me late muy deprisa, pero… cuanto más rápido late, más lejos te siento. Es como si una distancia infinita nos separara.

Aquiles (triste): A mi me pasa lo mismo. Siempre te miro y te veo tan hermosa… se me acelera el pulso y sin embargo… me resultas tan inalcanzable…

Alicia: Yo a veces intento acercarme a ti, pero no se qué ocurre, porque me acerco y me acerco, y sin embargo tú parece que ni te das cuenta, y empiezas a hablarme de tus problemas con la tortuga y… no es que no me importe pero yo…

Aquiles: Yo también me doy cuenta, y no se qué hacer.

(Aquiles y Alicia están un momento en silencio, mirándose a los ojos muy, muy cerca. Aquiles levanta la mano para limpiarse el sudor, pues está todavía cansado de la carrera, y sin querer toca la cara de Alicia)

Alicia: ¿Qué ha sido eso?

Aquiles: ¿El qué?

Alicia: Has hecho algo con tu mano. No se el qué, pero ha sido maravilloso. Hazlo otra vez, por favor.

Aquiles (levanta su mano despacio y acaricia muy lentamente la mejilla de Alicia): ¿Así?

Alicia: Si.

Aquiles: Qué suave.

Alicia (cerrando los ojos y recostando su cara sobre la mano de Aquiles): Creo que acabamos de recorrer una distancia infinita.

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