¿Por qué no actuaron antes?

Es difícil que un gobierno, aun haciéndolo todo bien, salga bien parado de una crisis como la que estamos viviendo, al menos en un escenario político como el español. No creo que Sánchez se esté equivocando en todo. Pero creo que sí hay un error fundamental que, por así decir, contamina toda su gestión.
Es evidente que antes del 13 de marzo -no sé cuánto antes- el gobierno tenía información suficiente para actuar con mayor previsión, salvar miles de vidas y -tal vez-, ahorrarnos o paliar una profunda crisis económica. La pregunta ‘¿por qué no actuaron antes?’ se ha planteado desde el principio. Las respuestas no han sido convincentes de momento. Pero la pregunta se seguirá planteando y puede ser letal, porque no surge de la ideología, ni del partidismo, sino del dolor que, por desgracia, y parafraseando a Descartes, parece hoy la cosa mejor repartida del mundo.
Si en febrero los organizadores del Mobile World Congress tenían información suficiente para cancelar un evento de dichas dimensiones, el gobierno también debía tener esa información. Se infravaloró claramente el riesgo. ¿Por qué? Si no consiguen dar una respuesta que convenza, especialmente a los suyos, esa pregunta hará caer a Pedro Sánchez. También a Pablo Iglesias.
No es el momento, sin embargo, de provocar una crisis de gobierno. Eso sólo desestabilizaría más al país y no hay ninguna garantía de que el ejecutivo resultante fuera mejor. Y menos con las ocurrencias, algunas delirantes, que se han escuchado sobre esto. La oposición no tenía tampoco menos información que los organizadores del Mobile World Congress y no mostraron el grado de beligerancia que han mostrado en otras cuestiones que ahora ya parecen obsoletas.
Se habla de guerra, pero esto se parece más a una tormenta. Se infravaloraron los indicios y el temporal nos ha sorprendido en cubierta peleando por la ración de grog. Pienso en el momento en el que el capitán de un barco asume interiormente que no va a sobrevivir y los mecanismos mentales y biológicos de la supervivencia propia se desactivan; en ese momento se puede pensar con lucidez cómo salvar a la tripulación. Pedro Sánchez debe asumir que no sobrevivirá políticamente al COVID-19 y que sacarnos de ésta será el último servicio que haga a España como presidente. Ojalá tenga ahora, en la tormenta, la sabiduría y la prudencia que no tuvo antes.
La oposición también debe comportarse con altura. Quien asuma el poder después de Sánchez tendrá una tarea muy dura y no puede olerle el aliento a carroña. No deben esperar plácidamente el fracaso de Sánchez, porque si fracasa él, nos irá mal a todos. Deben ser críticos, pero la crítica debe estar orientada a descubrir la verdad, no a destruir al adversario ni a ganar elecciones. El insulto y el ataque personal provoca el regocijo de los propios y la indignación de los ajenos, pero nos polariza en torno a emociones de baja estofa. No necesitamos eso. La crítica racional y- si se me permite- desapasionada, no consigue retweets ni likes, pero es lo único que puede poner de manifiesto la verdad. Que la hay.

Carta a los Reyes Magos: Filosofía en la educación secundaria.

Queridos Reyes Magos:

Aprovechando que las fechas invitan a pedir milagros y que este año no me he portado muy mal, me tomo la libertad de exponerles yo también mis deseos. Como ya sabrán, hay por ahí un tal Herodes que la ha tomado con la asignatura de filosofía en la educación secundaria. No le deseo nada malo al Herodes este, pero no le vendría mal que, entre los carbones que le preparen, le pongan un poco de prudencia. Para mí les diré, a continuación, lo que quiero:

  1. Lo primero que pido son tres cursos de filosofia: en 4º, en 1º de Bachillerato y en 2º de Bachillerato. La filosofía en secundaria sólo tiene sentido al final y no sólo por cuestiones de madurez de los alumnos, que también, sino por razones lógicas. Hacerlo de otro modo es empezar la casa por el tejado.
  2. Para 4º de ESO pido una Ética. Pero esta ‘Ética’ no puede ser lo que ha sido hasta ahora, no se confundan Sus Majestades. Nada de fomentar valores ni formar emociones -eso que lo hagan en coaching. La Ética de 4º tiene que ser una reflexión filosófica sobre lo que interesa a todos: la vida humana y lo que de ella se deriva. El concepto de ‘vida’ tiene que ser el núcleo a partir del cual se hable de la felicidad, de la libertad, de la responsabilidad, del deber, del bien, de la virtud, de la justicia, del Estado y la verdad, entre otras cosas. Pero este ‘hablar’ tiene que ser un hablar filosófico. Se trataría no tanto de lograr una definición ni de ‘aclarar’ sino de todo lo contrario, de mostrar la complejidad inherente a esos conceptos y la necesidad de pensarlos. Sobre la naturaleza de la asignatura, me permitirán Sus Majestades que me exprese con brevedad: tiene que ser una María, pero una María preñada a punto de dar a luz.
  3. Para 1º de Bachillerato pido una Historia de la Filosofía, concretamente me gustaría que la Historia de la Filosofía que hasta ahora hay en 2º de Bachiller pasara a 1º, con algunas reformas menores. Disponiendo de una dotación horaria suficiente -eso es importante, no lo olviden Sus Majestades- la asignatura tendría tres partes: Antigüedad, Edad Media y Modernidad. Se trataría de mostrar no sólo el pensamiento de algunos autores representativos de cada periodo, sino, a través de ellos, tres modos de pensar la realidad. Cada modo de pensar es como una linterna que alumbra la realidad desde una peculiar perspectiva que hace aparecer un mundo distinto. Así que lo que estaríamos estudiando aquí, además del modo de pensar antiguo, medieval y moderno, sería el mundo antiguo, el medieval y el moderno.
  4. Para 2º de Bachillerato pido otra Historia de la Filosofía. El mayor defecto que tiene la actual asignatura -que Herodes quiere eliminar- es que termina donde debería empezar. En esta asignatura habría que exponer de un modo riguroso las principales corrientes y autores del pensamiento filosófico actual, entendiendo por actual el siglo XX y tal vez un poco antes. Estos autores están configurando nuestro propio modo de pensar y por lo tanto nuestro propio mundo. Estoy convencido de que si la Historia de la Filosofía no termina así no tiene sentido, al menos en la educación secundaria.

Supongo que incluso para Sus Majestades es difícil cumplir estos deseos. Pero no pierdo la esperanza porque hay deseos que para que se cumplan basta que los desee mucha gente y lo que pido no es tan descabellado. Después de todo el objetivo de la educación secundaria es preparar a los alumnos para su futuro y ¿qué mejor preparación para el futuro que dotarlos de las herramientas conceptuales para comprender -o intentar comprender, porque puede que sea incomprensible- la vida y el mundo al que van a enfrentarse?

Mi iPhone roto y la filosofía de Steve Jobs

Mis enemigos gozarán con la fotografía que acompaña a este artículo. Se trata de mi iPhone 4 roto. Les puedo asegurar que todavía me circula la sangre con dificultad desde que lo vi precipitarse desde mi mesa al vacío. En otras circunstancias este sería un momento idóneo para comprarme otro chisme, pero, como nos han quitado la extra, conviene apretarse el cinturón, de modo que no me queda otra que escribir este post ‘in memoriam’.

He de decir que los aparatos siempre han ejercido sobre mí una poderosa influencia. De pequeño me fascinaban -¿y a quién no?- esos ordenadores gigantescos de las películas con varios monitores y cientos de botoncitos luminosos e intermitentes. El primer trasto que tuve parecido a eso fue un vídeo VHS que compró mi padre en los 80. Tenía muchísimos botoncitos y era tan complejo que en aquella época se solía bromear bastante con la dificultad para programar un vídeo. A mí me encantaba, especialmente, el mando a distancia. Tenía tantas funciones que estaba seguro de que jamás iba a poder usarlas todas. De hecho sólo usaba cuatro o cinco de los veinte o treinta botones que tenía. El problema era que nadie sabía para qué servían los demás. Pero servirían para algo, si no ¿para qué ponerlos? Yo envidiaba, se lo aseguro, al sabio que conociera los secretos de ese mando a distancia.

Cuando tuve mi primer ordenador -un Amiga 2000 que, por cierto, era muy bueno- pasaba horas y horas averiguando lo que era capaz de hacer el aparato. Tenía un intérprete de BASIC en el que podía teclear los programas que a veces se publicaban en las revistas. Era una gozada observar cómo un montón de instrucciones ininteligibles conseguían hacer que en la pantalla apareciera un dibujo o una sopa de letras. Al final me compraron un librito -que fue una especie de Biblia para mí- titulado ‘Basic avanzado para niños’ con el que conseguí muchas satisfacciones. Les aseguro que los pequeños programas que escribía no eran en absoluto espectaculares y sólo hacían trivialidades, pero para mí era increíble que un ordenador pudiera hacer esas trivialidades.

Ciertamente el ordenador hacía muchas cosas, pero he de reconocer que yo podía hacer muy pocas con el ordenador. El ordenador podía emitir sonidos más o menos modulados, pero yo no podía hacer música; el ordenador podía dibujar círculos y triángulos, pero yo no podía pintar, etc. Hacer, lo que se dice hacer de verdad algo con el ordenador era tan complejo e improbable como usar todos los botones del mando a distancia del vídeo. El aparato se me aparecía como un enigmático, impenetrable y fascinante fin en sí mismo. En muchas ocasiones, incluso, con tal de hacer algo ‘por ordenador’, me complicaba la vida mucho -muchísimo- más de lo necesario.

Yo diría que fue Steve Jobs quien tuvo la intuición que influyó de forma determinante en la evolución de las nuevas tecnologías. A esa intuición es a lo que yo llamo ‘su filosofía’ y consiste en que hay que hacer invisible la aparatosidad de los aparatos. Antes los aparatos tenían, por decirlo así, su ‘aparatosidad’ a la vista: el vídeo, la lavadora, un sistema operativo, un simple reproductor de CD, eran tan complejos como las máquinas de las películas de ciencia ficción, que exhibían constelaciones de botoncitos parpadeantes. Esa ‘aparatosidad’ que a mí me fascinaba era lo que realmente me impedía hacer cosas con los aparatos. Lo que me gusta de los aparatos de Jobs, sin embargo, no es lo que hacen, sino lo que yo puedo hacer con ellos.

Tras los aparatos ‘aparatosos’ hay una visión intelectualista del ser humano. Se trata de aparatos que exigen un estudio previo. Los aparatos de Jobs, por otro lado, suponen lo que me atrevo a denominar como una antropología ‘vitalista’ en el sentido Nitzscheano -autor por el que Jobs mostraba algún aprecio. Para Jobs el usuario es pura voluntad de poder y el aparato ha de amplificar su ‘poderío’ directamente, sin la mediación del ‘manual de instrucciones’ que requiere el intelectualista aparato ‘aparatoso’. A diferencia de lo que me pasaba a mí de pequeño, a Jobs no le interesaba lo que la tecnología podía hacer, sino lo que podían hacer las personas con la tecnología. Este cambio de perspectiva es, a mi juicio, determinante.

Es posible, aunque esto es ‘historia-ficción’ que, de no haber sido por el éxito de esta intuición de Jobs, la tecnología hubiera evolucionado en una dirección demasiado ‘intelectualista’, demasiado Bill Gates. Tal vez sin Jobs los aparatos serían ahora mucho más ‘aparatosos’ y eso, sin duda alguna, habría sido un considerable freno para el desarrollo de las tecnologías que ahora conocemos. Imaginen, si no, que fuera tan complejo ahora enviar un correo electrónico como lo era antes programar un vídeo, o que sus teléfonos móviles tuvieran tantos botones como un mando a distancia. Qué horror.

En fin. Que me he quedado sin iPhone. Feliz año nuevo.

Creemos que la combinación de la tecnología con las humanidades es lo que ofrece resultados que llenan nuestro espíritu de regocijo

Seteve Jobs    

Filosofía y Espíritu Emprendedor

En el post anterior mostraba la crítica que Gustavo Bueno hace de los argumentos asumidos por la REF para defender la Filosofía en Secundaria. Creo que la intuición más acertada de Bueno es que en el planteamiento de la REF falta lo que llama la ‘trituración del presente’ que, a la sazón, sería lo esencial de la filosofía.

No basta, sin embargo, ‘triturar’ el planteamiento de la REF; es necesario también esforzarse en mostrar que la filosofía verdaderamente es necesaria en la educación, y por títulos propios, no meramente porque sirva para desarrollar esta o aquella ‘competencia básica’, que siendo verdad, es lo menos que la filosofía puede hacer y, desde luego, no es suficiente.

En este asunto creo que es inevitable argumentar ad hominem. Esto no significa que nuestros argumentos sean falaces ni falsos ni, mucho menos, deshonestos. De hecho ocurre todo lo contrario, nuestros argumentos sólo pueden ser ‘verdaderos’ si tienen en cuenta a quién se dirigen.

Hay que preguntarse qué pretende el PP con la LOMCE, cuál es el objetivo de su propuesta educativa. En el caso del PSOE creo que era clara una finalidad ‘cívica’. La educación del partido socialista pretendía formar ‘ciudadanos’ y con vistas a ese fin sacrificó mucho. La Filosofía misma fue implicada directamente en esa formación de la ‘ciudadanía’ falseando la naturaleza misma de la disciplina. La cuestión es ¿qué ha ocupado el lugar de la ‘ciudadanía’ en la propuesta del PP? Leyendo los borradores de la LOMCE llego a la conclusión de que lo que ahora contará como objetivo de la educación será la formación de lo que en esos textos se denomina ‘Espíritu Emprendedor’. 

En torno a este ‘Espíritu Emprendedor’ escucharemos muchas tonterías y convendrá estar atento. De hecho el concepto es tan vago como el de ciudadanía y veremos muchas reconversiones, readaptaciones y ‘reinvenciones’. Por lo pronto empezaremos a observar cómo los psicopedagogos, siempre tan sensibles, se irán convirtiendo en ‘coachers’. Sin embargo, he de reconocer que, en principio, me gusta más el ‘Espíritu Emprendedor’, signifique lo que signifique, que la ‘ciudadanía.

Se pensará que si el objetivo es desarrollar el ‘Espíritu Emprendedor’ entonces la filosofía está perdida, y que en su lugar habrá que enseñar contabilidad, matemáticas financieras, economía, derecho mercantil, FOL (otro engendro) y cosas así. Creo, honestamente, que quien piense que el ‘Espíritu Emprendedor’ se desarrolla aprendiendo a calcular el T.A.E. es que no tiene -lo que se suele decir- ni puta idea

Por lo pronto el ‘Espíritu Emprendedor’ hace referencia a una realidad ‘espiritual’ que, siendo un concepto oscuro, trasciende lo meramente psicológico, sociológico, jurídico y, en definitiva, positivo, lo que no siempre estaba claro con la ‘ciudadanía’.

El ‘emprendedor’, por otra parte, no es un chupatintas ni un tiburón de Wall Street. Lo que define al emprendedor es su capacidad para innovar. Dicho de otra manera: su creatividad. De momento el espíritu emprendedor parece algo más cercano a lo que se desarrolla desde las humanidades que desde la ‘economía de la empresa’. Al emprendedor le serán útiles los conocimientos financieros, jurídicos, etc., como a Leonardo da Vinci le era útil la Geometría, pero no son suficientes para innovar; a lo sumo para producir alguna novedad, pero no innovación. La innovación supone tener una idea clara de la circunstancia, precisamente para cambiarla, es decir, para ‘triturar el presente’, en palabras de Gustavo Bueno.

Creo que aquí la vieja -pero vigente- distinción platónica entre matemáticas y dialéctica puede sernos de utilidad. Las matemáticas englobarían todos aquellos conocimientos que, dando por sentados sus principios, deducen conclusiones a partir de ellos. Ese sería el tipo de enseñanza que se daría en asignaturas como ‘FOL’, ‘Economía de la Empresa’, las matemáticas propiamente dichas, derecho, tecnología industrial y el resto. Se trata de disciplinas en las que los alumnos asumen ciertos principios y aprenden a aplicarlos. No hay verdadera innovación en las ‘matemáticas’ así entendidas en la medida en que la conclusión no añade nada a las premisas. Sin embargo Platón habla de otra forma de pensar distinta a la matemática y que considera superior: la dialéctica. El dialéctico lo que hace es, precisamente, destruir los principios que daban por supuestos las otras ciencias y buscar nuevos principios. Por decirlo con una fórmula breve: la dialéctica consiste en innovar y para Platón en eso consiste lo que puede llamarse verdaderamente ‘filosofía’.

Precisamente la historia de la filosofía no es otra cosa que la exposición de esa dialéctica y los filósofos han sido los grandes emprendedores de la historia, los emprendedores radicales. Es ahí, y no en las ciencias ‘positivas’ donde podemos encontrar la energía que supone el ‘espíritu emprendedor’. Lo que hay que saber de ‘economía’ puede aprenderse ‘en dos tardes’ y cito a una autoridad, pero hete aquí que la única de las asignaturas en las que era posible iniciar lo que podría -con alguna reserva- llamarse ‘formación del espíritu emprendedor’, que es la Historia de la Filosofía, es despreciada por el PP en el 2º borrador de la LOMCE, perdiendo la oportunidad de que esa formación sea verdaderamente ‘espiritual’. ¿Por qué ocurre eso? No lo sé, pero espero que Wert y su equipo se den cuenta de que si es posible la formación del espíritu emprendedor entonces la Historia de la Filosofía es el mejor medio para conseguirlo.

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