Encuesta mejor comienzo de novela en castellano.


Propuesta aparecida en el foro de la Sociedad de Filosofía de la Provincia de Alicante:

La Sociedad de Filosofía de la Provincia de Alicante os propone una bonita actividad para comenzar el curso. Se trata de una valoración estética: ¿cuál consideras el más brillante comienzo de una novela en lengua castellana?

En Alemania se realizó esta pregunta el año pasado, en una iniciativa organizada por la Fundación Lectura y la Iniciativa por la Lengua Alemana. La votación para proponer una frase estaba abierta al público, y se recibieron más de 17.000 propuestas. Sobre éstas, un jurado de cinco personas otorgaría los premios. (El jurado estaba presidido por la presidenta del Instituto Goethe). Los expertos en literatura alemana pronosticaron que, sin duda alguna, la ganadora sería la primera frase de La Metamorfosis de Kafka (de 1915). Se equivocaron, ésta ocupó el segundo lugar; la frase, para quien no la conozca, suena así:

Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.
(Als Gregor Samsa eines Morgens aus unruhigen Träumen erwachte, fand er sich in seinem Bett zu einem ungeheueren Ungeziefer verwandelt.)

El primer premio fue a parar, sorpresivamente, para el comienzo de El Rodaballo (Der Butt), una novela de Günther Grass (de 1972). La sugerencia había llegado de un joven de Viena. Se trata de una extensa novela – más de 700 páginas – , cuya temática gira en torno a la cocina. La frase en cuestión es la siguiente:

Ilsebill volvió a salar.
(Ilsebill salzte nach.)

La misma pregunta se hicieron los críticos literarios de la American Book Review. Si bien no se limitaron al ámbito anglohablante, salta a la vista que la lengua inglesa resultaba hegemónica en la lista. La ganadora resultó ser la, tan potente en su simpleza, primera frase de Moby Dick (1891):

Llamadme Ismael.
(Call me Ishmael).

Apareció en segundo lugar el comienzo de Orgullo y Prejuicio (1813), de Jane Austen:

Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.
(It is a truth universally acknowledged, that a single man in possession of a good fortune, must be in want of a wife.)

(Estos críticos eligieron, por orden, los 100 mejores comienzos, podéis verlos en su página web: http://americanbookreview.org/100BestLines.asp)

¿Qué decir de nuestra lengua? Todo indica que la ganadora debe ser la mundialmente célebre:

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

(Por cierto, ésta ocupó el lugar 27 de la lista elaborada por la American Book Review).

Por otro lado, aparece, también, como clara candidata la frase que abre Cien Años de Soledad (1967):

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

Otros no resultan tan líricos, pero tienen fuerza:

La muy puta conducía a toda velocidad. (De Consejos de un discípulo de Morrison a un fan de Joyce, de R. Bolaño).

Otra frase muy citada en estas listas es el comienzo de Rayuela, de J. Cortázar:

¿Encontraría a La Maga?

O, como no,

La heroica ciudad dormía la siesta… (La Regenta, de Clarín).

Pues bien, la SFPA os pregunta ahora: ¿CUÁL ES EL MEJOR COMIENZO DE UNA NOVELA ESCRITA EN CASTELLANO? Aquí no habrá jurado, sino democrática elección. El procedimiento será el siguiente:

1) Envía tu propuesta en un mail a la siguiente dirección: sfpa@fpa.es. Sólo es necesario poner en el asunto: “Mejor comienzo de novela”, y en el texto, la novela, el autor y, claro, la frase en cuestión. Tenemos para enviarlo hasta el 1 de noviembre. Entonces,

2) Las cinco más votadas se publicarán en la página o en el blog de la Sociedad y se podrá votar sobre éstas durante un mes. Al mes, sabremos algo más sobre nuestros gustos literarios.

¡Participa! ¡Anima a tus amigos y compañeros de trabajo, publica esto en tu blog, díselo a tus alumnos!

Mensaje de Juan José Lara en el Foro de la SFPA


Educar, enseñar, formar, instruir…

Un profesor que no es dogmático es simplemente un maestro que no enseña.

Gilbert K. Chesterton

He escuchado a docentes decir que ellos no son [no somos] simples enseñantes, instructores, formadores o trasmisores de conocimientos sino educadores. También a otros repudiar el título de educador y anhelar el neutral enseñante…

Con la ligereza de alma propia del sentimiento de deber cumplido paseaba ayer entre los estantes de la Fnac -lejos ya de los aromas de aceites de coco y zanahoria, de la sal y las sardinas asadas- miraba los volúmenes ordenados con el firme propósito de no adquirir ninguno hasta que no haya dado cuenta de los muchos que se apilan en la estanterías de mi domicilio. Las tentaciones no eran desdeñables; cogí un ejemplar –el único- del Parménides de Martin Heidegger, desgraciadamente la envoltura de plástico me impedía curiosear el contenido -y romper el envoltorio me parecía un poco incivil- Me dirigía, pues, con él hacia el mostrador de ventas cuando recordé que estoy enfrascado con La Viena de Wittgenstein, «con esta dispersión no llevaré a término nada», pensé, así que di media vuelta y deposité de nuevo a Heidegger con el envoltorio intacto en su nicho, quizá para Navidad-. Enfrente sesteaba un libro de pequeños ensayos de Chesterton, ¡y sin envoltorio!, abrí el libro y curioseé el contenido leyendo los títulos de los artículos: uno de ellos trataba sobre educación, otro sobre los errores médicos, me decidí por el primero, lo leí sin tan siquiera sentarme y su contenido resultó esclarecedor: en esencia venía decir Chesterton que la educación no es una palabra como teología, gastronomía, astronomía, porque no contiene unos objetos o contenidos propios, ya fuesen argumentos, misterios, manjares, cazuelas, planetas o estrellas. Educación significa simplemente trasmisión, trasmisión de los ya curtidos al que acaba de nacer. Depende de quien eduque trasmitirá unos contenidos diferentes, el delincuente nos educará en el arte de la estafa o de abrir puertas con ganzúa o a evadir impuestos o a traficar con sustancias prohibidas, el puritano nos educará en la observación de las fiestas, en la abstinencia y la mortificación, el político progresista en la igualdad, la paz y la solidaridad, el taurino nos educará en las suertes de capa, chicuelinas, verónicas… otros nos educarán en el conocimiento de la naturaleza, de los números, del arte, del razonamiento válido, de la escritura correcta… quien nos enseñe a dudar estará en deuda con Protágoras, con Gorgias o con Descartes.

Así que, siguiendo a Chesterton, educar es sinónimo de formar, instruir, enseñar… con lo que dejan de entenderse algunas cosas, pero se comprenden muchas más.

Abandoné, pensativo, el libro en el estante. Pienso volver a esa estantería en próximos días para leer nuevos capítulos. El libro se titula “Lo que está mal en el mundo”; si alguno de ustedes lo compra y tiene a bien prestármelo le estaré agradecido.

Alimentando la ociosidad estival


Bueno, el verano nos regala sus últimos rayos de reconfortante luz, sus últimos momentos de ociosidad. Es por eso que he preferido dejar algunos entretenidos acertijos a comenzar un razonamiento que en verano me resultaría infructuoso (este calor atonta las neuronas).

Estos acertijos van sobre una isla habitada únicamente por «caballeros» y «escuderos». Los «caballeros» siempre dicen la verdad y los «escuderos» siempre mienten. Esta curiosa isla da de sí gran cantidad de divertidos acertijos lógicos:

1. Tres habitantes -A, B y C- se encontraban en un jardín. UN extranjero pasó por allí y le preguntó a A, «¿Eres caballero o escudero?». A respondió, pero tan confusamente, que el extranjero no pudo enterarse de lo que decía. Entonces el extranjero preguntó a B, «¿Qué ha dicho A?». Y B le respondió: «A ha dicho que es escudero.» Pero en ese instante el tercer hombre, C, dijo, «¡No creas a B, que está mintiendo!».

La pregunta es, ¿qué son B y C?

2. Supóngase que en el caso anterior el extranjero, en lugar de preguntarle a A por lo que éste era, le dijese: «¿Cuántos caballeros hay entre vosotros?» De nuevo, la respuesta de A es ininteligible. Entonces el extranjero pregunta a B, «¿Qué ha dicho A?». Y B replica, «A ha dicho que hay un caballero entre nosotros». Y C por su parte dice, «¡No creas a B, que está mintiendo!»

Ahora, ¿qué son B y C?

3. En este problema hay sólo dos individuos, A y B, cada uno de los cuales es o caballero o escudero. A dice: «Uno al menos de nosotros es escudero.»

¿Qué son A y B?

4. Supóngase que A dice, «O yo soy un escudero o B es un caballero».

¿Qué son A y B?

5. Supóngase que A dice, «O yo soy escudero o en caso contrario dos más dos es igual a cinco».

¿Qué concluirías?

6. Nuevamente tenemos tres personas, A, B y C, cada una de las cuales es o caballero o escudero. A y B dicen lo siguiente:

A: Todos nosotros somos escuderos.
B: Uno de nosotros, y sólo uno es un caballero.

¿Qué son A, B y C?

Espero que hayáis disfrutado con estos ingeniosos acertijos, iré subiendo más a petición popular.

Aristoteliano

Gran Hermano te vigila

«La Historia es la pesadilla de la que intentamos despertar»

James Joyce. Ulysses

Llevo un tiempo gestando en mi mente un comentario sobre una novela que podría calificar como absorvente, atrayente sobremanera y en alto grado amarga e ingeniosa. Novela ésta que, pese a su obvio carácter desolador, crea en nosotros una respuesta positiva ya sea por lo brillante de su autor o lo acertado de la obra. Me refiero, sin duda alguna, a la obra de George Orwell titulada 1984.

Esta obra llegó a mis manos casi por casualidad. Teníamos que hacer un análisis sociológico para clase sobre una obra a elegir. Cuando nos pasaron la lista de novelas sobre las cuales podía versar nuestro análisis, hubo una que llamó poderosamente mi atención: 1984. Casi por impulso elegí dicha obra, bueno, por impulso y por las vagas referencias que habían llegado a mis oídos. Lo poco que conocía del argumento me entusiasmaba y causaba en mí un ligero y ávido sentimiento de profundizar en la obra: la idea de una sociedad constantemente vigilada y censurada, una sociedad donde el miedo moldea a las personas y donde la monótona superfície esconde un tiránico sistema; todo aquello me llevó a elegir la novela de George Orwell.

Una vez elegida y antes de empezar a leer, hice una especie de sondeo para hacerme una idea más definida de lo que iba a leer. Hojeé las primeras páginas e ipso facto me dispuse a buscar información sobre la obra y el autor: Esta obra nos situa en un hipotético mundo futurista (ya que se escribió en 1948), en el cual la tierra es gobernada por tres grandes regímenes autoritarios. Se percibe con asombrosa claridad un gran número de similitudes con los regímenes autoritarios beligerantes contemporáneos a Orwell. Detalles insignificantes como los monos de trabajo tienen su referente en la realidad totalitaria en la que vive el autor, como si de macabros guiños se tratasen, llenos de acidez y reproche.

Sobre el autor, me llamó poderosamente la atención que hubiese combatido en la Guerra Civil Española, más concretamente en Barcelona, experiencia que le llevó a esciribir Homenaje a Cataluña. Desde luego, no era de esos escritores que se refugian en su estudio, ya que su vida fue bastante agitada: Desde su traslado a Inglaterra a la tierna edad de dos años hasta su muerte el 21 de enero de 1950, este magistral escritor ha vivido dos guerras de cerca y desarrollado una férrea oposición a los totalitarismos plasmada en toda su obra.

Con 1984, experimentamos el universo «orwelliano» desde dentro. Ésto significa que vivimos los métodos de opresión utilizados en su particular mundo totalitarista y conocemos, con asombro, una sociedad donde el poder se mantiene en un «deshumanizado» equilibrio. En la sociedad de 1984, la cual es resultado de una revolución, el principal objetivo es mantener el poder; y con ese fin se lleva a cabo un control absoluto del individuo, el cual es constantemente vigilado por el Gran Hermano (figura simbólica que respresenta el poder del estado en forma de hombre) con tal de que no se rebelen (de aquí se extrajo la idea para el famoso formato televisivo). Todo en dicha sociedad está orientado a mantener el poder del estado y anular cualquier posibilidad de revolucion, y ese estado se ha conseguido puliendo los errores que habían cometido las anteriores sociedades totalitarias. Se percibe una sociedad fría y calculadora, cerca del equivalente colectivo a un «individuo psicopático» como expuso Angelus en una entrada anterior.

Pararse a describir en detalle la sociedad de 1984 sería una ardua empresa. Con tres días de exposición oral aún tuvimos que sintetizar mucho y muchas cosas quedaron en el tintero. De todas formas, para que os hagáis una idea general, diré que desde la educación hasta el mundo laboral está orientado a la autosubsistencia y sostenibilidad del poder estatal. Imaginad una sociedad hermética, no tenéis referencia alguna de una sociedad pasada (ya que la historia la escribe el estado), ni de una exterior (ya que no existe la libertad de moverse a tu antojo por el mundo). Sólo existe aquello que el estado dice que existe y, además, cada individuo debe hacer un ejercicio de autosugestión para creer sinceramente que existe lo que el estado dicta, ya que si no serás vaporizado (torturado y ejecutado, siendo eliminado todo rastro de existencia). Se fomenta el etnocentrismo al más puro estilo hitleriano (exaltación del poder militar que constituye el «opio del pueblo») y se crea así un estado de excitación que a través de prácticas como los «Dos Minutos de Odio» se transforma en insatisfacción e ira que es dirigida hacia los imperios enemigos.

Toda la sociedad de 1984 esta basada en contradicciones:

LA GUERRA ES LA PAZ
LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD
LA IGNORANCIA ES LA FUERZA

Estos slogans plasman la esencia del método usado por el estado para mantener el poder. Aunque se podría analizar una por una, en resumen se puede decir que deben ser aceptados por todos los ciudadanos ya que, una vez aceptada una contradicción, se puede creer lo que sea: «Si uno más uno son cuatro, yo soy Dios», rompiendo así la barrera de la lógica y pasando la delgada línea que separa lo real de lo irreal.

Otro de los componentes brillantes que acrecentan la genialidad de la obra es la neolengua. Es básicamente una lengua común creada por el estado que sustituye paulatinamente al antiguo inglés y que sólo contempla términos positivos. Según el estado, si se eliminan los conceptos negativos, la gente terminará por no pensar de manera negativa (lo que pondría en peligro la estabilidad del poder). Así, observamos una íntima relación entre lenguaje y pensamiento que nos trae a la memoria otro genio: Wittgenstein.

Comprendo cómo
No comprendo por qué

Respecto a esta frase, sólo decir que es escrita por el protagonista de la obra, Winston Smith, refiriéndose a la supuesta revolución que se estaba gestando: Conoce perfectamente la sociedad que le rodea pero desconoce el porqué de su existencia o, mejor dicho, la razón de su subsistencia; sabe perfectamente la clave de la revolución pero, en cambio, una oscura laguna impide que se lleve a cabo. Dejo que cada uno interprete esta frase de manera libre y que cada uno busque su «porqué». Ahí está la gracia del libro, que te obliga a interactuar e interpretar sus numerosas y calculadas ambigüedades.

Sé que me he dejado demasiado en el tintero y que es inútil sintetizar y mostrar de manera simplificada la complejidad que abarca cada uno de los rincones de esta extraordinaria novela, pero al menos he intentado dar a conocer la obra a aquellos que la desconocían. Realmente me alegro de haber hecho el trabajo sobre el libro, ya que quizá de otra manera no hubiese profundizado tanto en dicha obra como lo he hecho; y estoy seguro de que la exposición oral resultó fructífera.

Se trata de una novela intrigante con un final excepcional, recomiendo su lectura. Y no me explayo más, sólo rogar que aquellos que conozcáis la obra deis vuestra opinión sobre ésta.

Aristoteliano