Gran Hermano te vigila

“La Historia es la pesadilla de la que intentamos despertar”

James Joyce. Ulysses

Llevo un tiempo gestando en mi mente un comentario sobre una novela que podría calificar como absorvente, atrayente sobremanera y en alto grado amarga e ingeniosa. Novela ésta que, pese a su obvio carácter desolador, crea en nosotros una respuesta positiva ya sea por lo brillante de su autor o lo acertado de la obra. Me refiero, sin duda alguna, a la obra de George Orwell titulada 1984.

Esta obra llegó a mis manos casi por casualidad. Teníamos que hacer un análisis sociológico para clase sobre una obra a elegir. Cuando nos pasaron la lista de novelas sobre las cuales podía versar nuestro análisis, hubo una que llamó poderosamente mi atención: 1984. Casi por impulso elegí dicha obra, bueno, por impulso y por las vagas referencias que habían llegado a mis oídos. Lo poco que conocía del argumento me entusiasmaba y causaba en mí un ligero y ávido sentimiento de profundizar en la obra: la idea de una sociedad constantemente vigilada y censurada, una sociedad donde el miedo moldea a las personas y donde la monótona superfície esconde un tiránico sistema; todo aquello me llevó a elegir la novela de George Orwell.

Una vez elegida y antes de empezar a leer, hice una especie de sondeo para hacerme una idea más definida de lo que iba a leer. Hojeé las primeras páginas e ipso facto me dispuse a buscar información sobre la obra y el autor: Esta obra nos situa en un hipotético mundo futurista (ya que se escribió en 1948), en el cual la tierra es gobernada por tres grandes regímenes autoritarios. Se percibe con asombrosa claridad un gran número de similitudes con los regímenes autoritarios beligerantes contemporáneos a Orwell. Detalles insignificantes como los monos de trabajo tienen su referente en la realidad totalitaria en la que vive el autor, como si de macabros guiños se tratasen, llenos de acidez y reproche.

Sobre el autor, me llamó poderosamente la atención que hubiese combatido en la Guerra Civil Española, más concretamente en Barcelona, experiencia que le llevó a esciribir Homenaje a Cataluña. Desde luego, no era de esos escritores que se refugian en su estudio, ya que su vida fue bastante agitada: Desde su traslado a Inglaterra a la tierna edad de dos años hasta su muerte el 21 de enero de 1950, este magistral escritor ha vivido dos guerras de cerca y desarrollado una férrea oposición a los totalitarismos plasmada en toda su obra.

Con 1984, experimentamos el universo “orwelliano” desde dentro. Ésto significa que vivimos los métodos de opresión utilizados en su particular mundo totalitarista y conocemos, con asombro, una sociedad donde el poder se mantiene en un “deshumanizado” equilibrio. En la sociedad de 1984, la cual es resultado de una revolución, el principal objetivo es mantener el poder; y con ese fin se lleva a cabo un control absoluto del individuo, el cual es constantemente vigilado por el Gran Hermano (figura simbólica que respresenta el poder del estado en forma de hombre) con tal de que no se rebelen (de aquí se extrajo la idea para el famoso formato televisivo). Todo en dicha sociedad está orientado a mantener el poder del estado y anular cualquier posibilidad de revolucion, y ese estado se ha conseguido puliendo los errores que habían cometido las anteriores sociedades totalitarias. Se percibe una sociedad fría y calculadora, cerca del equivalente colectivo a un “individuo psicopático” como expuso Angelus en una entrada anterior.

Pararse a describir en detalle la sociedad de 1984 sería una ardua empresa. Con tres días de exposición oral aún tuvimos que sintetizar mucho y muchas cosas quedaron en el tintero. De todas formas, para que os hagáis una idea general, diré que desde la educación hasta el mundo laboral está orientado a la autosubsistencia y sostenibilidad del poder estatal. Imaginad una sociedad hermética, no tenéis referencia alguna de una sociedad pasada (ya que la historia la escribe el estado), ni de una exterior (ya que no existe la libertad de moverse a tu antojo por el mundo). Sólo existe aquello que el estado dice que existe y, además, cada individuo debe hacer un ejercicio de autosugestión para creer sinceramente que existe lo que el estado dicta, ya que si no serás vaporizado (torturado y ejecutado, siendo eliminado todo rastro de existencia). Se fomenta el etnocentrismo al más puro estilo hitleriano (exaltación del poder militar que constituye el “opio del pueblo”) y se crea así un estado de excitación que a través de prácticas como los “Dos Minutos de Odio” se transforma en insatisfacción e ira que es dirigida hacia los imperios enemigos.

Toda la sociedad de 1984 esta basada en contradicciones:

LA GUERRA ES LA PAZ
LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD
LA IGNORANCIA ES LA FUERZA

Estos slogans plasman la esencia del método usado por el estado para mantener el poder. Aunque se podría analizar una por una, en resumen se puede decir que deben ser aceptados por todos los ciudadanos ya que, una vez aceptada una contradicción, se puede creer lo que sea: “Si uno más uno son cuatro, yo soy Dios”, rompiendo así la barrera de la lógica y pasando la delgada línea que separa lo real de lo irreal.

Otro de los componentes brillantes que acrecentan la genialidad de la obra es la neolengua. Es básicamente una lengua común creada por el estado que sustituye paulatinamente al antiguo inglés y que sólo contempla términos positivos. Según el estado, si se eliminan los conceptos negativos, la gente terminará por no pensar de manera negativa (lo que pondría en peligro la estabilidad del poder). Así, observamos una íntima relación entre lenguaje y pensamiento que nos trae a la memoria otro genio: Wittgenstein.

Comprendo cómo
No comprendo por qué

Respecto a esta frase, sólo decir que es escrita por el protagonista de la obra, Winston Smith, refiriéndose a la supuesta revolución que se estaba gestando: Conoce perfectamente la sociedad que le rodea pero desconoce el porqué de su existencia o, mejor dicho, la razón de su subsistencia; sabe perfectamente la clave de la revolución pero, en cambio, una oscura laguna impide que se lleve a cabo. Dejo que cada uno interprete esta frase de manera libre y que cada uno busque su “porqué”. Ahí está la gracia del libro, que te obliga a interactuar e interpretar sus numerosas y calculadas ambigüedades.

Sé que me he dejado demasiado en el tintero y que es inútil sintetizar y mostrar de manera simplificada la complejidad que abarca cada uno de los rincones de esta extraordinaria novela, pero al menos he intentado dar a conocer la obra a aquellos que la desconocían. Realmente me alegro de haber hecho el trabajo sobre el libro, ya que quizá de otra manera no hubiese profundizado tanto en dicha obra como lo he hecho; y estoy seguro de que la exposición oral resultó fructífera.

Se trata de una novela intrigante con un final excepcional, recomiendo su lectura. Y no me explayo más, sólo rogar que aquellos que conozcáis la obra deis vuestra opinión sobre ésta.

Aristoteliano

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