La vida sigue igual ¿o no?. 2ª Entrega

Pica, a la verdad, en historia la unanimidad con que todas las clases españolas ostentan su repugnancia hacia los políticos. Diriase que los políticos son los únicos españoles que no cumplen con su deber ni gozan de las cualidades para su menester imprescindibles. Diriase que nuestra aristocracia, nuestra Universidad, nuestra industria, nuestro ejército, nuestra ingeniería, son gremios maravillosamente bien dotados y que encuentran siempre anuladas sus virtudes y talentos por la intervención fatal de los políticos. Si esto fuera verdad, ¿Cómo se explica que España, pueblo de tan perfectos electores, se abstiene en no sustituir a esos perversos elegidos?

Hay aquí una insinceridad, una hipocresía. Poco más o menos, ningún gremio nacional puede echar nada en cara a los demás. Allá se van unos y otros en ineptitud, falta de generosidad, incultura y ambiciones fantásticas. Los políticos actuales son fiel reflejo de los vicios étnicos de España, y aun –a juicio de las personas más reflexivas y clarividentes que conozco- son un punto menos malos que el resto de nuestra sociedad. No niego que existan otras muy justificadas, pero la causa decisiva de la repugnancia que las demás clases sienten hacia el gremio político me parece ser que éste simboliza la necesidad en que está toda clase de contar con las demás. Por esto se odia al político más que como gobernante como parlamentario. El Parlamento es el órgano de la convivencia nacional demostrativo de trato y acuerdo entre iguales. Ahora bien, esto es lo que en el secreto de las conciencias gremiales y de clase produce hoy irritación y frenesí: tener que contar con los demás, a quienes en el fondo se desprecia o se odia. La única forma de actividad pública que al presente, por debajo de palabras convencionales, satisface a cada clase, es la imposición inmediata de su señera voluntad; en suma, la acción directa.

José Ortega y Gasset. España invertebrada.

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La vida sigue igual ¿o no?

Siempre que en Francia o Alemania he asistido a una reunión donde se hallara alguna persona de egregia inteligencia, he notado que las demás se esforzaban en elevarse hasta el nivel de aquella. Había un tácito y previo reconocimiento de que la persona mejor dotada tenía un juicio más certero y dominante sobre las cosas. En cambio, siempre he advertido con pavor que en las tertulias españolas –y me refiero a las clases superiores, sobre todo a la alta burguesía, que ha dado siempre el tono a nuestra vida nacional- acontecía lo contrario. Cuando por azar tomaba parte en ellas un hombre inteligente, yo veía que acababa por no saber donde meterse, como avergonzado de sí mismo. Aquellas damas y aquellos varones burgueses asentaban con tal firmeza e indubitabilidad sus continuas necedades, se hallaban tan sólidamente instalados en sus inexpugnables ignorancias, que la menor palabra aguda, precisa o siquiera elegante sonaba a algo absurdo y hasta descortés. Y es que la burguesía española no admite la posibilidad de que existan modos de pensar superiores a los suyos ni que haya hombres de rango intelectual y moral más alto que el que ellos dan a su estólida existencia. De este modo se ha ido estrechando y rebajando el contenido espiritual del alma española, hasta el punto de que nuestra vida entera parece hecha a la medida de las cabezas y de la sensibilidad que usan las señoras burguesas, y cuanto trascienda de tan angosta órbita toma un aire revolucionario, aventurado y grotesco. Yo espero que en este punto se comporten las nuevas generaciones con la mayor intransigencia. Urge remontar la tonalidad ambiente de las conversaciones, del trato social y de las costumbres hasta un grado incompatible con el cerebro de las señoras burguesas.

José Ortega y Gasset. España invertebrada.

4 rasgos totalitarios en ‘Democracia real ya’

Últimamente parece que se anda poniendo de moda lo de indignarse. Reconozco que, tal y como está el percal, no nos faltan razones. Sin embargo hay algo en esa actitud que me resulta molesto, incluso cuando yo mismo la adopto. Indignarse siempre me ha parecido algo artificioso, como una pose. El indignado, en muchas ocasiones, tampoco parece dispuesto a hacer nada. Indignarse parece un estado cerrado en sí mismo, como a la espera de que alguien haga algo. Por eso la frase típica del indignado es: “¿Pero es que nadie va a hacer nada”? Además, uno puede indignarse por todo tipo de cosas: por hacerle mal las mechas en la ‘pelu’, por la peste a sardina en el patio de luces, por fracasar en Eurovisión, por ver tetas en la playa… A veces nos indignamos por cosas más elevadas, pero no nos dura mucho.

La moda de indignarse ha cogido vuelo estos días y, afortunadamente, se ha dirigido hacia un fin más o menos noble: la política. Eso es bueno porque quiere decir que la gente no se ha vuelto ya completamente imbécil. Estamos viendo en las principales capitales de Provincia -especialmente en Madrid- una serie de movilizaciones al grito de ‘Democracia real ya”.  La combinación de este movimiento y la moda de indignarse es como la combinación de una mecha y una cerilla. El mensaje es muy sencillo: indignaos. Esto lo dicen en tiempos de vacas gordas y nadie hace caso. Pero ahora es otra cosa. Los españoles somos, además, propensos a indignarnos. Si el mensaje fuera ‘trabajad’ , ‘luchad’ o ‘esforzaos’, pues haríamos la vista gorda. Pero como sólo hay que indignarse… Creo que con los tiempos que corren es más fácil adherirse al movimiento que tratar de comprenderlo con distancia. Sin embargo, como aquí nos gusta hacer amigos, tomaré aliento y me dedicaré a lo segundo. Lo haré un poco largo para que no me lean los más perezosos.

El asunto es muy complejo y yo me limitaré a analizar el Manifiesto “Democracia real ya” colgado en la web del movimiento (parece que hay dificultades para leerlo ahí, pero se puede leer también aquí). Hay muchas cosas en ‘Democracia real ya’ que me resultan simpáticas, pero hay malas noticias. Creo que el núcleo del manifiesto revela una actitud totalitaria que debe ser expuesta, pues seguramente los firmantes del mismo no se identifican realmente con dicha actitud. Pero a veces una cosa nos lleva a otra y acabamos como el rosario de la Aurora; por eso es importante examinar con lupa los principios. Creo que podemos observar en “Democracia real ya” al menos cuatro rasgos típicos del totalitarismo: esencialismo, utopismo revolucionario, maniqueísmo y estatalismo.

1) Esencialismo

El título mismo del manifiesto no oculta una concepción esencialista de la democracia. Se pide una democracia ‘real’ que se opondría a una democracia falsa. No se contrapone un sistema justo a uno injusto, o un modelo de democracia a otro, sino que se contrapone lo verdadero a lo falso. La democracia existente no es la verdadera, es una apariencia. Los autores del manifiesto parecen estar en posesión de la ‘idea’ platónica de la democracia, probablemente han sido iluminados por ella y se permiten, incluso, determinar las prioridades ‘de toda sociedad avanzada’. El esencialismo nos conduce ahora al holismo: es la sociedad la que tiene prioridades, no los individuos y, por cierto, una de las prioridades de la sociedad es “la felicidad de las personas”. Sólo en la sociedad verdadera seremos verdaderos los hombres. Este enfoque esencialista es muy atractivo porque permite aglutinar a gentes de la más diversa procedencia. En el manifiesto se desmarcan de toda posición ideológica, lo suyo es una cuestión objetiva. La verdad es independiente de las ideologías, por lo tanto la democracia real ha de ser reconocida por todos, con independencia de sus opiniones. Platonismo en vena. Si en vez de reclamar una “democracia real” especificaran exactamente y con detallado rigor el modelo de democracia que piden, la adhesión no sería tan multitudinaria. Pero el problema de las esencias es que el que se viste con ellas, en realidad va desnudo.

2) Utopismo revolucionario

El advenimiento de la verdadera democracia, cual reino de los cielos en la tierra, ha de realizarse, además, “ya”. Esto no puede ser más coherente con el esencialismo. El color de una mesa puede pasar de ser verde a ser rojo de un modo gradual, y sin destruir la mesa. Sin embargo la mesa no puede convertirse gradualmente en otra cosa… unas tijeras de podar, por ejemplo. El cambio a una democracia verdadera tiene que ser ya, no puede ser gradual. La verdad no admite grados. La única forma de que se operen cambios políticos de tanto alcance como este es de modo revolucionario. Pero esta forma de entender la revolución es utópica: las cosas, simplemente, no funcionan así. ¿Y si nos empeñamos? Pues si nos empeñamos en destruir un sistema ‘falso’ para crear ex nihilo otro verdadero, el resultado será… que no lo conseguiremos y, además, haremos mucho daño. Hacer las cosas ‘ya’ cuesta muchos disgustos. La ventaja de los procesos graduales no revolucionarios es que siempre se puede volver hacia atrás si uno ve que estaba equivocado. Pero claro, como ellos están en posesión de la ‘verdad’, pues pueden permitirse cambiarlo todo ‘ya’. El ‘ya’ es simplemente una falta de humildad epistemológica. Es como decir “sabemos que no estamos equivocados”.

 3) Maniqueísmo

Dicen en el manifiesto estar indignados “por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie”. Dos bloques: los políticos, empresarios y banqueros por un lado y los ciudadanos por otro. El bloque de los políticos, empresarios y banqueros es el bloque de los corruptos. El bloque de los ciudadanos es el de los indefensos. O sea, los buenos contra los malos. Los políticos, empresarios y banqueros no son ciudadanos; los ciudadanos son la “gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean”. La democracia verdadera será aquella que devuelva el poder a los ciudadanos (clase de la que se ha excluido a los políticos, empresarios y banqueros). Un nuevo fantasma recorre Europa… Los políticos, empresarios y banqueros no son verdaderos ciudadanos porque constituyen un obstáculo para la verdadera democracia. Su único fin es la “acumulación de dinero”, por encima de la “eficacia y el bienestar de la sociedad”, son egoístas, no comprenden que la totalidad es más que la suma de las partes.  Se han apoderado de las instituciones y han convertido la democracia en una “máquina destinada a enriquecer a una minoría”. Pero qué malos son los políticos, empresarios y banqueros. Y qué buenos los ciudadanos trabajadores. Tener un enemigo tan odioso como los políticos, los empresarios y los banqueros sirve… para sacar a la gente a la calle. Hitler tenía a los judíos. Stalin a la burguesía.

4) Estatalismo

Me llama poderosamente la atención que los ciudadanos estén ‘indefensos’. En otros movimientos revolucionarios lo que se perseguía era deshacerse del yugo que el poder ejercía sobre una clase explotada. Sin embargo aquí no piden libertad, piden ser defendidos (“¿Pero es que nadie va a hacer nada?”) de los malvados. Lo que quieren es que el Estado se ocupe de ellos, de su “bienestar”, de la “felicidad de las personas”. Lo malo de esto es que lo que están pidiendo es que el Estado se identifique con el pueblo, y asuma respecto a este la responsabilidad de un padre. Malas cosas… Cuando dicen que el derecho a la vivienda o al trabajo “deberían estar cubiertos” están suponiendo que actualmente no lo están. En realidad actualmente esos derechos están cubiertos de un modo formal, el Estado garantiza que a nadie se le impida trabajar o poseer una vivienda. Sin embargo el derecho negativo a que nadie me impida algo no implica la obligación positiva de que eso me sea proporcionado. Si ‘Democracia real ya’ entiende que el derecho a la vivienda y al trabajo no está satisfecho es porque lo entienden en el sentido positivo. Al final sí tenían una ideología. La verdadera, claro. Pero cuando el Estado empieza a preocuparse por nuestra felicidad, se acaba preocupando demasiado por nuestra ‘felicidad’.

Nota: supongo que es inútil la observación de que el hecho de criticar el movimiento ‘Democracia real ya’ no me sitúa ipso facto a favor de lo que ellos critican. Digo que esta observación, aun siendo verdadera, es inútil, porque la tentación de convertirme en defensor de la corrupción del sistema será demasiado fuerte.

Actualización

Casualmente Nacho Camino ha tratado también el tema en el post ¿Democracia real? Ya… de su magnífico Blog Yo soy el individuo

Otro interesante post sobre el tema en El tercer liberalismo, a cargo de Alfonso Galindo: ¿El Mayo español?

También merece la pena leer el artículo de Quim Monzó en La Vanguardia: He aquí la Spanish Revolution

Apoyo a los profesores y maestros de Murcia

Desde Antes de las cenizas queremos manifestar nuestro completo apoyo a los profesores y maestros murcianos ante el atropello del que son víctimas. Nos sumamos a su reivindicación y emplazamos a aquellos de nuestros lectores que lo consideren conveniente a solidarizarse con su causa en sus propios blogs. Afortunadamente algunos profesores murcianos  ya se están movilizando, y desde aquí les enviamos ánimos y les deseamos suerte:

¿Lo vamos a permitir?

Carta a un profesor de la Región de Murcia

Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

Soplo de conocimiento

175 del ala

¿Qué significa sostenible?

Desde hace algunos años se ha puesto de moda el concepto de ‘sostenible’. Yo empecé a escucharlo en la Universidad, a finales de los noventa. Desde entonces todo es sostenible. El meme en cuestión goza de buena salud y  no sólo no necesita ser justificado, sino que sirve para justificar inmediatamente cualquier cosa. He de confesar que no tengo muy claro qué significa, supongo que habrá quien, vía comentarios, pueda ilustrarme.

La cuestión es que leyendo hoy un interesante reportaje de El País me he encontrado con una acepción del término que no se me había ocurrido hasta ahora. El fragmento que ha venido a iluminarme contiene unas declaraciones de la Ministra Salgado ante la pregunta del periodista estadounidense Phil Bennett:

Salgado dice que el Gobierno cree, como proclamó Zapatero el año pasado, que la salida de la crisis “será social, o no será”. Al preguntarle si el gasto social actual es sostenible, contesta, con brevedad, que “es sostenible porque según nuestras prioridades lo hemos puesto en el máximo lugar”.

O sea, que ‘sostenible’ significa que lo van a sostener, sí o sí. ¿Será la ‘sostenibilidad’ el refugio de los tiranos?

El mangoneo

Siempre he tenido la sensación de que en la educación se despilfarra el dinero. He asistido a cursillos verdaderamente circenses financiados con los impuestos de todos, y he dejado de asistir -por dignidad- a otros tantos (desde la papiroflexia hasta la danzaterapia). Vemos cómo se compra material de dudosa utilidad, cuando no manifiestamente obsoleto como ordenadores de esos que llevan el ‘lliurex’ o las lamentables pizarras digitales. Me pregunto a veces si no habrá un ‘Bigotes’ por ahí enriqueciéndose. Hoy, sin ir más lejos, no he podido evitar tomar una foto de este cartel, colgado en el ‘Hall’ de los barracones de mi instituto:

Es de la Conselleria de Sanitat pero las mismas chorradas vemos en educación (fomento de la lectura, campañas contra, campañas a favor, día de, esto y aquéllo). ¿Qué entienden ustedes? ¿Es posible que se trate de una campaña para que no le echemos el humo a la cara a las chicas?Al principio creí que se trataba de algo contra la trata de blancas, pero lo del día sin tabaco no deja lugar a dudas.

Uno de los derroches más sangrantes y que más me estremecen es ver cómo todo un licenciado tiene que ‘atender educativamente’ a un puñado de ‘alternativos a la religión’. Y lo peor es que tiene usted a un licenciado en matemáticas, en lengua, en filosofía, o en lo que sea, haciendo nada, pero nada nada. Temo hasta quejarme de esto porque me imagino que la respuesta de la administración pueda ser que en realidad lo que sobra es el licenciado. En realidad lo que sobran son horas en las que no se hace nada ni se aprende nada y no me refiero sólo a la asignatura de ‘religión’.

El caso es que a uno se le hinchan las narices cuando ve que le recortan el sueldo (y ya veremos si algo más) y luego se gastan una pasta en cursos de globoflexia. Por eso no puedo dejar de enlazar el siguiente video que, acertado o no (ustedes dirán) merece, cuanto menos, cierta consideración:

Vía Deseducativos

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