El hombrecillo verde.
16 agosto, 2026 Deja un comentario
Continuación de Las Nubes

Si les pregunto: «¿Cuál de los personajes de la imagen superior es un extraterrestre?», ustedes, que ya están muy resabiados, se preguntarán dónde está el truco y revisarán cada personaje, buscarán indicios, pensarán que quizá ninguno lo es o que todos lo son. Sí, todo esto es posible, pero lo que no pueden negarme es que, desde el primer momento, no han podido apartar la mirada del hombrecillo verde de la esquina izquierda de la imagen.
En un post anterior, «Las nubes», explicamos cómo, según Kant, la objetividad, la experiencia objetiva, supone la síntesis de elementos sensibles (intuiciones) con elementos conceptuales, así como el yo trascendental, condición última de la posibilidad de cualquier síntesis. Sin embargo, por mor de la sencillez y la brevedad de la exposición, omitimos un tercer elemento o, más precisamente, una tercera facultad, que explica por qué no dejamos de mirar, directamente o de reojo, al hombrecillo verde. Esta facultad es, precisamente, la IMAGINACIÓN.
La imaginación es la facultad mediadora entre sensibilidad y entendimiento, la facultad que permite la aplicación de los conceptos a la diversidad sensible.
Así, la asociación del concepto de «extraterrestre», es decir, de una realidad proveniente del exterior de la Tierra, con la percepción «hombrecillo verde» no puede explicarse si no es a través de múltiples contingencias culturales, empíricas y arbitrarias que constituyen lo que podríamos denominar «imaginación popular». Pero, al igual que Kant no se quedaba en los conceptos e intuiciones empíricos, y, por tanto, contingentes, sino que se remontaba a los conceptos e intuiciones puros, los cuales constituían las condiciones universales y necesarias de todo objeto, de toda experiencia objetiva, tampoco ahora se va a quedar en las meras imágenes empíricas, contingentes y arbitrarias, sino que se remonta a una imaginación trascendental cuyos esquemas median entre los conceptos y la sensibilidad y hacen posible la aplicación de los conceptos puros o categorías a la diversidad sensible. Por ejemplo, el concepto de sustancia, aquello que existe como sujeto y no simplemente como predicado de otra cosa, puede aplicarse en la diversidad sensible mediante el esquema de la permanencia en el tiempo; la causalidad, como sucesión de lo múltiple en cuanto sometido a una regla; y la necesidad, como existencia en todo tiempo.
