Por qué somos críticos frente a la Educación para la Ciudadanía.

Un poquito ya agotados de la polémica en torno a la Ciudadanía nos gustaría poner punto y final a la cuestión, dejar clara nuestra posición y evitar que se nos siga confundiendo con otras posiciones.

Nosotros no pensamos que esta asignatura necesariamente haya de ser adoctrinante en una determinada concepción política, ni pensamos que sea una intromisión en la moral individual, ni que coarte la autonomía personal. Muy al contrario, pensamos que muchos de sus contenidos, por ejemplo, el conocimiento de los derechos humanos, el conocimiento de la constitución española, de nuestro sistema político –y de otros- incluso un cierto conocimiento del sistema legal …etc. pensamos que todos estos conocimientos son indispensables para el ciudadano y que deben estar presentes en nuestro sistema educativo –en cualquier sistema educativo.

Somos críticos con la manera en que pretenden introducirse estos contenidos, y lo somos porque en la forma en que se han propuesto no vienen a sumar, sino a restar. A restar tiempo y credibilidad a materias bien establecidas como la ética y la filosofía, y también a los propios contenidos nuevos que se pretenden establecer. La mayoría de los contenidos que se proponen estaban de hecho presentes con la anterior ordenación de las materias, dispersos en sociales, historia, ética y filosofía. Pero si se tiene la pretensión de reunir todos estos contenidos en una sola materia para darles tratamiento específico y diferenciado con el objetivo de realzar su valor –que lo tienen- nos parece legítima y conveniente tal pretensión. Lo que nos parece, insistimos, es que la forma elegida no es la correcta; si realmente tales contenidos son tan importantes como se pretenden –y nosotros pensamos que sí lo son- se debería darle el tratamiento que se merece y aparecer como una materia independiente, tanto de ética como de filosofía, con su propio currículo y con un profesorado específico -las numerosas facultades de derecho pueden abastecer convenientemente de esos recursos humanos.

Lo que rechazamos es una ordenación que supone el menoscabo de materias como Ética y Filosofía, materias que quedan mutiladas sin que por otra parte el ciudadano vaya a ganar nada con los cambios. Una ordenación que como hemos repetido -hasta aburrir- no viene a sumar sino a restar en nuestro ya de por sí maltrecho sistema educativo.

Lamentamos también que personajes insignes en el mundo filosófico español en lugar de haber sido críticos con estos cambios se hayan apresurado a proponer sus libros, bien desempolvando los antiguos o reescribiendo nuevos manuales que formarán grandes pilas en los grandes almacenes.

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