Las nubes. Pretexto para el esbozo de una introducción a Kant en primero o segundo de bachiller.

Inútilmente interrogas.

Tus ojos miran al cielo.

Buscas detrás de las nubes,

huellas que se llevó el viento.

Buscas las manos calientes,

los rostros de los que fueron,

el círculo donde yerran

tocando sus instrumentos.

Nubes que eran ritmo, canto

sin final y sin comienzo,

campanas de espumas pálidas

volteando su secreto,

palmas de mármol, criaturas

girando al compás del tiempo,

imitándole la vida

su perpetuo movimiento.

Inútilmente interrogas

desde tus párpados ciegos.

¿Qué haces mirando a las nubes,

José Hierro?

Las nubes. José Hierro.

Juguemos a buscar figuras reconocibles en un cielo con  nubes blancas,   dispersas, recortadas en su azul:  allí vemos un rostro, unas huellas,  un instrumento, unas manos, una campana… es claro que nada de eso puede ser visto si carecemos del concepto correspondiente.  Este reconocer no es mera pasividad, sino que presupone una actividad en la que recortamos,  separamos  y unimos para formar la figura; que no es un acto de pasividad inmediata se evidencia cuando intentamos que otro vea la misma imagen: éste tendrá que esforzarse en esa actividad de manera consciente hasta que la imagen nombrada aparezca ante sus ojos. 

 Interpretemos esto a la manera kantiana.  

Estamos ante una experiencia objetiva ordinaria, esta presupone el espacio,  ese azul sobre el que se recorta el blanco de las nubes -determinadas figuras espaciales.  No solo se presupone el espacio; esta experiencia tampoco tendría lugar  sin el tiempo en el que  vemos aparecer determinada figura y  aquella otra y sucesivamente unas tras otras, tampoco sería posible la conversación con el otro (ni con ese otro que siempre va conmigo). Tenemos pues las condiciones de la sensibilidad, las condiciones de que algo aparezca ante nosotros, las denominadas por Kant intuiciones puras o formas universales y necesarias ( a priori ) de la sensibilidad: espacio y tiempo.

Habíamos reparado en que no  basta con el azul y las manchas blancas que se despliegan ante nosotros, necesitábamos también de la actividad del pensamiento que opera con conceptos. Estos conceptos  ( rostro,  campana, instrumento…)  son casuales; podríamos no reconocerlos en las nubes y  en su lugar ver estos otros:  tintero, funcionario, factura, cielo, roca, águila, playa, palmera, manzana, caminante, hoguera;  de seguro que  estos otros serían difíciles  de reconocer en las nubes: 30 días vista, diferencial, racionamiento, contribución, garantías, verano, cántico… Sin embargo hay otros conceptos que aunque no podemos verlos representados son necesarios para que cualquier objeto pueda sernos dado o pensado en cualquier medio, conceptos como unidad, pluralidad, substancia, accidente… es decir, cualquier objeto será pensado como uno y como múltiple, como un algo que tiene unas propiedades.

 Según Kant, funcionario prusiano, estos conceptos universales y necesarios (a priori) a los que denomina conceptos puros del entendimiento o categorías, condiciones de todo objeto de experiencia,  son doce, ni uno más ni uno menos.  Sus razones tenía pero no vamos a entrar en ello, ni en muchos otros detalles que no faltan.

Así pues, ya tenemos las condiciones sensibles e intelectuales de cualquier objeto que pueda ser dado o pensado, pero nos falta alguien que lo piense; ese yo, que es condición de cualquier  objeto, no podemos serlo ni tú ni yo, pues  , en tanto, yoes empíricos somos meros objetos casuales del mundo. Ese Yo que es condición de que algo pueda ser pensado, es meramente o nada más ni nada menos que eso: la condición lógica de que algo pueda ser pensado, de que algo pueda constituirse como experiencia posible, de que algo pueda ser representado y de que yo  pueda dar  unidad a todas mis representaciones…. ese yo no pertenece al mundo,  es un límite del mundo.  

…. Yo, tendido

en mi cama. Yo, un hombre

como hay muchos, vencido

esta tarde (¿esta tarde

solamente?), he vivido

mis sueños (esta tarde

solamente), tendido

en mi cama, despierto,

con los ojos hundidos

aún en las ascuas últimas,

en las espumas últimas

del sueño concluido.

Una tarde cualquiera. José Hierro

2 Responses to Las nubes. Pretexto para el esbozo de una introducción a Kant en primero o segundo de bachiller.

  1. Avatar de Juanjo Juanjo says:

    Muy bonito, Ximo.

Deja un comentario