Se prohíbe el Cero Patatero

¡Adiós al cero patatero! Según informa Antena3, el próximo curso los profesores no podremos calificar a los alumnos con tan denostado tubérculo. Es una buena noticia para los malos estudiantes: aunque no sepan nada, tendrán un 1 como mínimo. La razón, según parece, es que las autoridades educativas entienden que la mera asistencia a clase ya supone un aprendizaje, por mínimo que sea y que, por lo tanto, el 0 es injusto. Consideran, por otra parte, indeseable que se califique a los alumnos con esta nota porque es la más baja y humillante y podría hacerles pupa en su frágil orgullo. Esta apuesta del gobierno a favor del innatismo y de la tesis del buen salvaje es interesante, pero a mi juicio es:

1) Inútil
2) Absurda
3) Injusta
4) Perjudicial
5) Dogmática

Permitidme que a continuación argumente por qué creo esto.

1) Esta nueva normativa es INÚTIL, porque si de lo que se trata es de eliminar la ‘nota más baja y humillante’, no se consigue, porque aunque ésta ya no sea el 0, la nota más baja y humillante sigue existiendo, pero ahora será el 1. Si no hay 0, sacar un 1 es tan bajo y humillante como sacar un 0.

2) Que es una norma, además de inútil, ABSURDA, se sigue de lo anterior. En efecto, si ahora la nota más baja y humillante es el 1, tarde o temprano, si son fieles a sus principios, se darán cuenta de ello y prohibirán calificar con un 1, de modo que la mínima nota será un 2. Ahora bien, si son coherentes con sus postulados, tendrán que eliminar este 2, por ser la nota más baja y humillante. Este proceso eliminatorio de la nota más baja y humillante seguirá hasta que sólo exista una nota para todos: el 10. Pero en este caso, o el 10 ya no es una calificación (¿qué valor tendría como calificación, si no se puede sacar otra cosa?) o bien es la nota más baja y humillante y también debe ser anulada, con lo cual no hay calificaciones. Así que impedir que se califique con la nota más baja y humillante es impedir que se califique en absoluto.

3) Dada su inutilidad y su carácter absurdo, la norma no puede sino ser, además, INJUSTA. Si en el pasado ha habido alumnos con 0 y alumnos con 1 es porque alguna diferencia habría entre los dos. Al eliminar el 0 no se elimina esa diferencia, de modo que nos quedan dos alternativas:

  • Aquellos alumnos que tendrían un 0 tendrán un 1, y los alumnos que saquen un 1, seguirán con su uno, sin afectar al resto de alumnos. Claro que, los que tienen un 1 también tendrán su corazoncito y dirán que ellos, a diferencia de los de 0 sí que han hecho algo y que, por lo tanto, es INJUSTO que tengan la misma nota que los de 0 y que de haberlo sabido no hubieran hecho nada.
  • Para evitar esta injusticia podríamos subirle 1 punto a los que tuvieran un 1. Esto sería razonable ya que le hemos subido un punto a los que tenían un 0. Pero entonces los que tuvieran un 2 reclamarían, con razón, que a ellos también hay que subirles un punto. Se les tendría que conceder. Por supuesto el efecto dominó de reclamar 1 punto llegará hasta los alumnos de 9, a los que habrá que poner un 10. Pero entonces, ¿qué pasa con los que tenían un 10? Se fastidiarán porque, aunque les parezca INJUSTO, la ley no prevé aumentar la nota ‘más alta y honrosa’.

4) Precisamente por todo lo dicho anteriormente, eliminar el 0 es una medida PERJUDICIAL porque:

  • Perjudica a los alumnos con un 10, a los que no se les puede subir la nota. Y verán cómo sus esfuerzos auténticos son menospreciados, mientras que los esfuerzos supuestos de otros son premiados.
  • Perjudica a los profesores, que tienen que soportar cómo el gobierno se entromete en su labor profesional y decide por ellos despreciando su criterio, autoridad y profesionalidad.
  • Perjudica a los alumnos que realmente merecen un 0, porque regalándoles el 1 se les está engañando vilmente a ellos, a sus padres y al conjunto de la sociedad.

5) Después de todo ésto a nadie le sorprenderá ya que acuse a esta medida, además, de DOGMÁTICA. La razón es que presupone que los alumnos siempre y bajo todas las circunstancias, van a aprender algo. Bueno, precisamente eso, si aprenden o no, es lo que se trata de medir al evaluar, y no se puede presuponer que un resultado nulo no puede darse: eso habrá que verlo. No olvidemos que un alumno puede sacar un 0, bien porque no ha hecho nada y es un completo incompetente, bien porque es el profesor el completamente incompetente (Podría ser, ¿no?). Bien, al presuponer que todo el mundo adquirirá algún conocimiento, se están presuponiendo dos cosas:

  • A) Que no hay ningún alumno completamente incompetente.
  • B) Que no hay ningún profesor completamente incompetente.

El prejuicio se agradece, por la parte que me toca, pero creo que no es racional eliminar un medio que nos permitiría detectar la incompetencia total, en cualquiera de sus posibles sujetos.

Si tengo razón en mis críticas, entonces debemos enfrentarnos con un misterio: ¿Para qué esa medida? Si es inútil, no sirve para nada. Si es absurda, es impracticable. Si es injusta, es indefendible. Si es perjudicial, es inmoral. Si es dogmática, es irracional. Entonces, ¿por qué? A mi humilde entender, y esto es sólo una hipótesis que seguramente será falsa, se trata de una venganza. ¿Contra qué o contra quién? Ustedes dirán…

En defensa del Panfleto Antipedagógico

En el blog de Rafael Robles (cuya lectura, dicho sea de paso, os recomiendo) he podido leer un interesante post en el que el autor critica algunas de las tesis del panfleto antipedagógico de Ricardo Moreno. Yo no he podido evitar enviarle un comentario. Con el objeto de que nosotros también debatamos sobre una cuestión tan importante como la educación, cuelgo a continuación el post de Rafael Robles, seguido de mi comentario.


El post de Rafael Robles:

«Un niño cuyo padre es alcohólico y la madre le grita todos los días tiene el mismo derecho a estudiar que el niño cuyos padres crean un clima de amor y concordia en su hogar. No se pueden imaginar la cantidad de familias rotas en las que el ambiente de estudio es imposible o, cuando menos, mucho más desfavorable que aquellos que sí que cuentan con estabilidad en el seno de la familia. Por suerte la educación pública también piensa en los que lo tienen más difícil, incluso en aquellos que complican la labor diaria a los profesores por su comportamiento aprendido en casa.

Siempre digo a mis estudiantes que las nuevas tecnologías permiten aprender al ritmo que cada uno se proponga y orientando sus conocimientos según su vocación. El límite se lo ponen ellos y yo les sirvo meramente como facilitador. Donde estriba la función importante del profesor es con aquellos jóvenes que no estudian porque es imposible hacerlo en sus circunstancias. A mí se me caería la cara de vergüenza proponer la expulsión del sistema a los chavales cuyos modales dejan mucho que desear porque sus familias no les han sabido inculcar valores.

En segundo lugar la enseñanza privada lo único que hace es juntar a los señoritos y señoritas de familias bien. En ese sistema lo de menos son los profesores o las clases; lo importante son los contactos y amistades que fraguan estos hijos de ricos para reproducir las condiciones de producción en las siguientes generaciones. Deberíamos tender a una educación pública pero con la filosofía de trabajo de la gestión privada, como hacen en Estados Unidos.

Además, son muchísimos los centros privados (no solo la elitista a la que se refiere el panfleto), de orientación religiosa, que acogen sin apenas recursos a los desheredados del sistema que ni siquiera son asumidos por los centros públicos. Su labor es crucial.

Ojalá siga habiendo educación igualitaria pero no igualadora.»

Mi comentario-respuesta:

1) “Por suerte la educación pública también piensa en los que los tienen más difícil, incluso en aquellos que complican la labor diaria de los profesores por su comportamiento aprendido en casa”.

Es falso que la educación pública piense en los que lo tienen más difícil. De hecho lo que ocurre es lo contrario, la educación pública ha metido a todo el mundo en el mismo saco. La tan cacareada ‘atención a la diversidad’ se ha convertido en eso, un mero cacareo; eso sí, debidamente recogido en cientos de papeles, programaciones, unidades didácticas, etc., pero inviable dado el actual organigrama de la educación. Por otra parte, creo que es demagógico hacer equivalentes a “los que lo tienen más difícil” con “los que complican la labor de los profesores”. Los alumnos que complican mi labor como profesor son los que me plantean dudas, los que preguntan en clase, los que me exigen un nivel de conocimientos elevado y actualizado, los que me piden bibliografía complementaria, etc. Yo estoy encantado con estas complejidades, desgraciadamente escasas. Esos a los que parece que Rafael Robles se refiere no complican mi tarea, simplemente me impiden realizarla. Y por cierto, los que me impiden realizar mi tarea, no son necesariamente los que proceden de familias desestructuradas.

2) “El límite se lo ponen ellos y yo les sirvo meramente como facilitador”

Si el límite se lo ponen ellos, claro que el profesor es un facilitador, perdón, un ‘mero’ facilitador. Si seguimos dando ‘facilidades’ podemos estar convencidos de que conoceremos tiempos muy malos. No sé qué pinta tendrá un ‘facilitador’, y menos un ‘mero facilitador’, pero los mejores profesores que he tenido me lo pusieron muy difícil y me enseñaron a enfrentarme a esas dificultades y resolverlas. Afortunadamente no dejaron que me pusiera yo el límite sino que me llevaron a mí al límite. Al principio, recuerdo, nos parecía imposible llegar, y nos quejábamos, y maldecíamos… pero al final llegábamos, oiga. Claro que no todos… es lo que tienen los límites.

3) “Donde estriba la función importante del profesor es con aquellos jóvenes que no estudian porque es imposible hacerlo en sus circunstancias.”

Bien, resulta que con los ‘buenos’ somos ‘meros facilitadores’ y con los que no estudian ‘porque es imposible hacerlo en sus circunstancias’ nuestra función empieza a ser importante. Pues no, nuestra función es importante también con los que sí pueden estudiar. Es más, yo diría que es con ellos con los que podemos desarrollar una función realmente importante y no sólo como ‘meros facilitadores’. Hay muchas circunstancias que pueden impedir que un alumno pueda estudiar. Si hablamos de la cuestión familiar, llámenme antipático, pero creo que no es asunto del profesor. Ahí no tenemos ninguna función, primero porque no podemos hacer nada, segundo porque además no debemos. Lo que sí podemos hacer y además debemos hacerlo es garantizar que ese alumno que no tiene en casa un ambiente de estudio, lo tenga, al menos, en el centro. A mí se me caería la cara de vergüenza si un

alumno que no puede estudiar en casa debido a un ambiente de discusiones, peleas, faltas de respeto, etc., encuentre que tampoco puede estudiar en el centro porque el ambiente es tan malo como en su casa. O peor. Y lo mismo son los que viven en la casa de la pradera quienes arman camorra en clase. Vaya usted a saber.

Insisto, si la familia no ha sabido inculcar modales a su hijo, no es problema nuestro, y menos de los compañeros del niño. Un profesor no es una monjita ni un misionero. Ni siquiera es un voluntario de una ONG. Es ‘meramente’ un profesor. No se trata de expulsar a nadie del sistema. Se trata de lo contrario: integrar en el sistema. Si un alumno, debido a sus modales, impide que la clase se desarrolle con calidad, entonces el lugar del alumno EN el sistema no es ese, es otro. Y no me importan las razones por las cuales ese alumno sea un maleducado (perdón por la crudeza). Al médico le da igual si mi hueso se ha roto en una pelea o al caerme por

las escaleras: el tratamiento es el mismo. Si un alumno carece de modales por culpa de su familia, es normal que tenga problemas, pero es una víctima de su familia, no del sistema educativo. Y lo peor es que seguirá teniendo esos problemas aunque tope con un ‘mero facilitador’ que, lo lamento mucho, tampoco conseguirá enseñarle modales. Ni nada. La cara sí que se nos tiene que caer de vergüenza, una vez más, cuando un chaval, en cuya casa sus padres se han esforzado siempre por darle una buena educación, se ‘pervierte’ en el colegio por culpa de la permisividad de los profesores.

Por último, permitidme un link a un post publicado en ciudadprogreso.org donde se proponen algunas medidas que, según la autora, podrían mejorar la educación en España. Personalmente las considero muy interesantes.

Examen de argumentación – 4ºESO

Bien, Felipe, espero que no te moleste que me tome la libertad de abrir una entrada para resolver dudas del exámen de argumentación. Preguntad todas las dudas que tengáis, que estoy seguro que Felipe las responderá.

Nota de Felipe: No exageremos…

Publicado por: Aristoteliano

Ética y robots

Según una curiosa noticia publicada recientemente en EL PAÍS, el gobierno de Corea del Norte está preparando un código ético que regulará la relación entre robots y seres humanos. Cada vez las máquinas son más autónomas y pueden actuar con mayor independencia respecto a los seres humanos, tomando decisiones que nos afectan. Sin ir más lejos, mi coche ya toma muchas decisiones por mí: enciende los faros cuando detecta oscuridad, activa los limpiaparabrisas cuando llueve y regula su ritmo según la intensidad de la lluvia, cuando detecta cierto tipo de frenada brusca activa un mecanismo que impide que el coche derrape y lo detiene completamente, aunque deje de frenar, etc… Pero además oímos en las noticias que ya están fabricando coches que son capaces, incluso, de tomar decisiones respecto a la misma conducción del coche (por ejemplo, frenar cuando detecta que está muy cerca de otro coche con riesgo de colisión o cuando nos dormimos al volante).

Estas máquinas, cada vez más capaces de decidir por nosotros, están ya presentes en todos los ámbitos de la vida diaria y todo parece indicar que esta presencia se intensificará. Quizás un día nos atienda un robot cirujano, o le encarguemos a un programa de ordenador que busque el mejor colegio para nuestros hijos por internet. Estas tareas implican tomar decisiones complejas y dadas las consecuencias que de ellas pueden derivarse, exigen responsabilidad. Este es el motivo por el cual el gobierno de Corea del Norte piensa que es necesario un código ético para los robots.
Este código se basará en las famosas leyes de la robotica de Asimov:

  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley


En realidad estos principios no constituyen un auténtico código ético para robots. Son, más bien, unas directrices para que las sigan los fabricantes de robots. Se trata de no convertirse en aprendices de brujo y que se nos vaya de la mano el invento. En rigor no serían los robots los que incumplieran estas leyes, sino sus fabricantes, y sería a ellos a quienes habría que procesar en su caso.

Otra cosa es lo que, al parecer, vaticina cierto estudio del gobierno británico, según el cual, dentro de unos 50 años, los robots reclamarán derechos humanos. El debate sobre la ampliación de los derechos humanos a otras especies ya ha comenzado hace tiempo, con el PROYECTO GRAN SIMIO, que pretende dotar a los grandes simios de ciertos derechos. Lo que se plantea aquí es más radical: ampliar los derechos humanos a ciertas máquinas. Según los defensores del proyecto gran simio, es la conciencia de sí lo que justifica que un ser vivo goce de derechos (otros teóricos son menos estrictos y sólo exigen estar vivo para poder tener derechos).

Se ha demostrado que ciertos simios tienen una conciencia de sí mismos suficiente como para plantear el problema de sus derechos con sentido. Pero ¿Puede una máquina llegar a ser consciente de sí misma? ¿Si así fuera, tendría derechos? En caso afirmativo, no se trataría de obligar a los fabricantes a construir sus máquinas de un modo determinado, sino que serían las propias máquinas las que gozarían de derechos y, por lo tanto, de obligaciones propias y genuinas. Esto es muy distinto de las leyes de Asimov.

Creo que aquí nos encontramos ante un genuino problema filosófico e independientemente de que la construcción de robots ‘humanos’ sea o no posible, de lo que se está hablando es no sólo de la naturaleza de la moral, sino de algo más profundo: qué nos hace humanos.

Links:
Inteligencia Artificial (Artículo de la Wikipedia)
Daniel Dennet (Uno de los filósofos más importantes dedicado al estudio de la conciencia y la inteligencia artificial)
Roger Penrose (Físico interesado en los fundamentos cuánticos de la conciencia, crítico de la inteligencia artificial)
Web 3.0 (Es el nuevo modelo de web que viene, también llamada web semántica, se trataría de una especie de ‘internet inteligente’)


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