En defensa del Panfleto Antipedagógico

En el blog de Rafael Robles (cuya lectura, dicho sea de paso, os recomiendo) he podido leer un interesante post en el que el autor critica algunas de las tesis del panfleto antipedagógico de Ricardo Moreno. Yo no he podido evitar enviarle un comentario. Con el objeto de que nosotros también debatamos sobre una cuestión tan importante como la educación, cuelgo a continuación el post de Rafael Robles, seguido de mi comentario.


El post de Rafael Robles:

“Un niño cuyo padre es alcohólico y la madre le grita todos los días tiene el mismo derecho a estudiar que el niño cuyos padres crean un clima de amor y concordia en su hogar. No se pueden imaginar la cantidad de familias rotas en las que el ambiente de estudio es imposible o, cuando menos, mucho más desfavorable que aquellos que sí que cuentan con estabilidad en el seno de la familia. Por suerte la educación pública también piensa en los que lo tienen más difícil, incluso en aquellos que complican la labor diaria a los profesores por su comportamiento aprendido en casa.

Siempre digo a mis estudiantes que las nuevas tecnologías permiten aprender al ritmo que cada uno se proponga y orientando sus conocimientos según su vocación. El límite se lo ponen ellos y yo les sirvo meramente como facilitador. Donde estriba la función importante del profesor es con aquellos jóvenes que no estudian porque es imposible hacerlo en sus circunstancias. A mí se me caería la cara de vergüenza proponer la expulsión del sistema a los chavales cuyos modales dejan mucho que desear porque sus familias no les han sabido inculcar valores.

En segundo lugar la enseñanza privada lo único que hace es juntar a los señoritos y señoritas de familias bien. En ese sistema lo de menos son los profesores o las clases; lo importante son los contactos y amistades que fraguan estos hijos de ricos para reproducir las condiciones de producción en las siguientes generaciones. Deberíamos tender a una educación pública pero con la filosofía de trabajo de la gestión privada, como hacen en Estados Unidos.

Además, son muchísimos los centros privados (no solo la elitista a la que se refiere el panfleto), de orientación religiosa, que acogen sin apenas recursos a los desheredados del sistema que ni siquiera son asumidos por los centros públicos. Su labor es crucial.

Ojalá siga habiendo educación igualitaria pero no igualadora.”

Mi comentario-respuesta:

1) “Por suerte la educación pública también piensa en los que los tienen más difícil, incluso en aquellos que complican la labor diaria de los profesores por su comportamiento aprendido en casa”.

Es falso que la educación pública piense en los que lo tienen más difícil. De hecho lo que ocurre es lo contrario, la educación pública ha metido a todo el mundo en el mismo saco. La tan cacareada ‘atención a la diversidad’ se ha convertido en eso, un mero cacareo; eso sí, debidamente recogido en cientos de papeles, programaciones, unidades didácticas, etc., pero inviable dado el actual organigrama de la educación. Por otra parte, creo que es demagógico hacer equivalentes a “los que lo tienen más difícil” con “los que complican la labor de los profesores”. Los alumnos que complican mi labor como profesor son los que me plantean dudas, los que preguntan en clase, los que me exigen un nivel de conocimientos elevado y actualizado, los que me piden bibliografía complementaria, etc. Yo estoy encantado con estas complejidades, desgraciadamente escasas. Esos a los que parece que Rafael Robles se refiere no complican mi tarea, simplemente me impiden realizarla. Y por cierto, los que me impiden realizar mi tarea, no son necesariamente los que proceden de familias desestructuradas.

2) “El límite se lo ponen ellos y yo les sirvo meramente como facilitador”

Si el límite se lo ponen ellos, claro que el profesor es un facilitador, perdón, un ‘mero’ facilitador. Si seguimos dando ‘facilidades’ podemos estar convencidos de que conoceremos tiempos muy malos. No sé qué pinta tendrá un ‘facilitador’, y menos un ‘mero facilitador’, pero los mejores profesores que he tenido me lo pusieron muy difícil y me enseñaron a enfrentarme a esas dificultades y resolverlas. Afortunadamente no dejaron que me pusiera yo el límite sino que me llevaron a mí al límite. Al principio, recuerdo, nos parecía imposible llegar, y nos quejábamos, y maldecíamos… pero al final llegábamos, oiga. Claro que no todos… es lo que tienen los límites.

3) “Donde estriba la función importante del profesor es con aquellos jóvenes que no estudian porque es imposible hacerlo en sus circunstancias.”

Bien, resulta que con los ‘buenos’ somos ‘meros facilitadores’ y con los que no estudian ‘porque es imposible hacerlo en sus circunstancias’ nuestra función empieza a ser importante. Pues no, nuestra función es importante también con los que sí pueden estudiar. Es más, yo diría que es con ellos con los que podemos desarrollar una función realmente importante y no sólo como ‘meros facilitadores’. Hay muchas circunstancias que pueden impedir que un alumno pueda estudiar. Si hablamos de la cuestión familiar, llámenme antipático, pero creo que no es asunto del profesor. Ahí no tenemos ninguna función, primero porque no podemos hacer nada, segundo porque además no debemos. Lo que sí podemos hacer y además debemos hacerlo es garantizar que ese alumno que no tiene en casa un ambiente de estudio, lo tenga, al menos, en el centro. A mí se me caería la cara de vergüenza si un

alumno que no puede estudiar en casa debido a un ambiente de discusiones, peleas, faltas de respeto, etc., encuentre que tampoco puede estudiar en el centro porque el ambiente es tan malo como en su casa. O peor. Y lo mismo son los que viven en la casa de la pradera quienes arman camorra en clase. Vaya usted a saber.

Insisto, si la familia no ha sabido inculcar modales a su hijo, no es problema nuestro, y menos de los compañeros del niño. Un profesor no es una monjita ni un misionero. Ni siquiera es un voluntario de una ONG. Es ‘meramente’ un profesor. No se trata de expulsar a nadie del sistema. Se trata de lo contrario: integrar en el sistema. Si un alumno, debido a sus modales, impide que la clase se desarrolle con calidad, entonces el lugar del alumno EN el sistema no es ese, es otro. Y no me importan las razones por las cuales ese alumno sea un maleducado (perdón por la crudeza). Al médico le da igual si mi hueso se ha roto en una pelea o al caerme por

las escaleras: el tratamiento es el mismo. Si un alumno carece de modales por culpa de su familia, es normal que tenga problemas, pero es una víctima de su familia, no del sistema educativo. Y lo peor es que seguirá teniendo esos problemas aunque tope con un ‘mero facilitador’ que, lo lamento mucho, tampoco conseguirá enseñarle modales. Ni nada. La cara sí que se nos tiene que caer de vergüenza, una vez más, cuando un chaval, en cuya casa sus padres se han esforzado siempre por darle una buena educación, se ‘pervierte’ en el colegio por culpa de la permisividad de los profesores.

Por último, permitidme un link a un post publicado en ciudadprogreso.org donde se proponen algunas medidas que, según la autora, podrían mejorar la educación en España. Personalmente las considero muy interesantes.

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