Del abandono del Bachiller y los 6.000…

Parece ser que España tiene una de las cifras más bajas de alumnos que acaban la enseñanza post-obligatoria –o al menos parece ser que el número de titulados es menor del deseado- El gobierno ha manifestado su preocupación por este hecho y pretende corregirlo, no dudamos de la sintomatología, ni de la necesidad de corrección.

La cuestión, sin embargo, está en el cómo y en las causas. Curiosamente España tiene uno de los bachilleres más cortos de Europa, dos años. Podría pensarse que esta es una de sus causas, excesivos contenidos en poco tiempo, y por tanto excesiva dificultad. Este parece ser el análisis que justifica la solución propuesta desde el ministerio: el famoso y polémico bachiller con “curso puente”; si el alumno con dificultades pudiese cursar sólo aquellas asignaturas que suspende, sin necesidad de repetir todo el curso, podría alcanzar la titulación con algún año más. La misma ministra afirmó que obligar a cursar las asignaturas superadas era una invitación al abandono.

Para alguien poco familiarizado con el sistema educativo, el anterior planteamiento puede parecer lógico e irreprochable, sin embargo, para la mayoría de los que trabajamos en los IES es evidente que se trata de un error.

Porque la causa principal del abandono no es la dificultad del Bachiller; el problema está en un sistema educativo sin exigencias desde la ESO que ha sido incapaz de inculcar capacidad de esfuerzo a los alumnos. La solución del ministerio ahonda en el error y conducirá a agravar el problema, muchos alumnos acabarán el bachiller con conocimientos más precarios, pero es que además el número de los que fracasan será el mismo.. o incluso crecerá –salvo que se le otorgue el aprobado conjuntamente con la matrícula.

Pero ocurre que desmontar este sistema edificado sobre una infinidad de prejuicios es prácticamente imposible…. quizá el intento de prestigiar el estudio y el esfuerzo mediante recompensas económicas no sea tan mala idea, sería cuestión de hacerlo bien para evitar que sea un despilfarro inútil. Reconozco que estamos muy escarmentados y nos sobran razones para desconfiar, pero creo que si se puede superar este sistema nefasto debe ser por el camino de reconocer el talento y el esfuerzo. Y ese reconocimiento no puede consistir en palmaditas en la espalda y en buenas palabras, debe consistir en mejoras económicas o cualquier otro tipo de medidas que redunden en beneficio –tangible- del talento esforzado.

La felicidad de las bestias y la ética de Heráclito


Sin duda el pensador más enigmático y seductor de la antigüedad es Heráclito. Su pensamiento por desgracia ha sido frecuentemente maltratado al reducirlo a la cita platónica ‘todo fluye’. Por supuesto que Heráclito es consciente del eterno fluir de la realidad, pero el cambio no es caos, y bajo la tensión de los opuestos, se oculta el Logos.
Pero no es la física (¿o metafísica?) de Heráclito la que me interesa ahora, sino su ética. En clase no solemos detenernos demasiado en este aspecto del gran pensador de Éfeso, por lo que suele resultarnos desconocido. Pero para que mi amigo Silesius no diga que hablo demasiado, dejemos hablar al propio Heráclito a través de algunos de sus aforismos:

Si la felicidad consistiera en los placeres del cuerpo, llamaríamos felices a los bueyes cuando encuentran algarrobas para comer.

Los mejores prefieren a todo una cosa, el honor sempiterno a lo mortal. Los más se hartan como animales.

El carácter es el destino del hombre.

Para el Dios todas las cosas son bellas y justas; mientras los hombres han supuesto que unas son injustas y otras justas.

No es mejor para los hombres lograr todo lo que desean.

Más aforismos de Heráclito en ESTE LINK

Invitación a la Filosofía


Comienza el curso y muchos de vosotros os acercáis por primera vez a la filosofía.Quizá ya hayáis oído hablar de ella. En fin, no debéis creer todo lo que se dice… Sin duda la Filosofía es una asignatura distinta de las demás y eso lo nota uno el primer día de clase. Según la acepción tradicional, ‘filósofo’ es aquél que ama el saber. Como todo buen amante sabe, el enamorado no se conformará jamás con una parte de la amada; la quiere toda. Ocurre lo mismo que con el famoso juicio de Salomón, en el que se le planteó una disputa entre dos mujeres que afirmaban ser madres del mismo niño. Salomón decidió que lo «justo» era partir a la criatura por la mitad y darle una parte a cada mujer. Esto satisfizo a una de las litigantes, pero no a la otra, que decidió renunciar a su trozo de niño. Salomón decidió entonces que el niño entero debía ser entregado a ésta porque era la verdadera madre. Aquella que amaba verdaderamente al niño lo quería completo, porque sólo así estaba vivo, y sólo así tenía sentido su amor. Así el filósofo no se conformará con una parte del conocimiento, que será semejante a un cuerpo mutilado y carente de sentido. El verdadero filósofo aspirará a la totalidad del saber que, por cierto, incluye las partes, no las excluye. Al filósofo le interesarán y deberá esforzarse en conocer las llamadas «ciencias particulares» , como la física, la química, la biología, las matemáticas, etc., pero no por lo que son en sí mismas, sino como partes de un todo, sin referencia al cual no son más que cadáveres mutilados. Ese todo es la realidad.

La aspiración última de la filosofía es el conocimiento de la realidad, no de partes aisladas, sino de toda la realidad. Las diferentes ciencias nos permitirán comprender fragmentos concretos de la realidad; la física nos hablará de átomos, espacio, tiempo y fuerzas; la biología nos acercará a la comprensión de la vida; la psicología se ocupará de la mente y el comportamiento; etc. Pero los átomos, los riñones y las mentes, junto con el resto de cosas que conforman la realidad, comparten algo que las hace formar parte de un todo. Lo que comparten todas estas cosas es que existen y son algo: comparten el Ser. Para comprender completamente qué es un hígado, un electrón o un recuerdo hay que saber qué significa ser algo. Así pues, la pregunta fundamental de la filosofía será ¿qué es Ser?
La pregunta por el ser es la más difícil y problemática de todas las preguntas. Si pregunto a alguien ¿qué es eso? señalando a un objeto, me responderá que es una cafetera, un destornillador, o lo que sea. Qué es una cosa, es un problema que podemos resolver observando la cosa misma. La rosa no oculta que es una rosa, más bien lo exhibe; ni una mona puede ocultar que es una mona, aunque se vista de seda. Sin embargo, aunque todas las cosas muestran que son esto o aquello, el ser mismo no se nos muestra con tanta claridad; más bien parece que se oculta. Yo puedo coger una rosa y pincharme con sus espinas, pero no puedo pincharme con el Ser.
Preguntarse por el Ser es una empresa difícil porque el Ser no es nada (!) que podamos tocar, ni podemos observarlo con un microscopio ni medirlo. Pero esto no significa que el Ser sea algo lejano e inalcanzable. Al contrario, es lo más cercano: para ocuparse del problema del Ser basta pensar, lo cual hace de la filosofía algo tan fundamental como barato y, por así decir, a nuestro alcance. Para pensar no hay que pedir permiso, ni créditos, ni subvenciones; no hay que hacer la pelota al jefe ni atender reclamaciones… es algo que podemos hacer ya nosotros -si contamos, claro está, con algo de tiempo libre. Pero el hecho de que sólo mediante el pensamiento podamos alcanzar el Ser, no significa que sea ficticio, de hecho es lo más real, puesto que si en vez de Ser, hubiera su contrario (la impronunciable nada), tampoco habría cerezas, electrones ni viajes al Caribe con todo incluido; ni, por supuesto, jefes, subvenciones ni créditos.
Que baste el pensamiento para ocuparse de este problema no significa que todo valga. Nuestros pensamientos deben ser coherentes y respetuosos con la lógica. De hecho la única -y no es poca- restricción a nuestro pensamiento es la lógica, razón por la cual se dice que es una propedéutica o preparación para la filosofía. Pero además hay otra cosa: antes que nosotros empecemos a pensar, ya se ha pensado mucho, y muy bien. Por ello nuestro pensamiento no será un pensamiento solitario, sino que pensaremos en compañía de todos aquellos que lo hicieron antes con provecho.
Durante este curso nos adentraremos en las ideas más suculentas de todos estos pensadores y aprenderemos a saborearlas como auténticos gourmets del pensamiento. Quedáis invitados al banquete.
MÁS que hará que se expanda el post.

La ilusión pedagógica.

Via Dianoia acabo de encontrar una breve reflexión de Luc Ferry, concisa y certera, que me ha recordado un aserto nietzscheano: «Tal y como se educaba a los persas: a tirar con el arco y decir la verdad».
«En los colegios se ha impuesto la ilusión pedagógica: primero hay que apasionar a los alumnos y después hacerlos trabajar. Es al revés. Uno solo trabaja por obligación, no hay espontaneidad en el aprendizaje. A todos nos ha marcado algún profesor y solía ser un gran carismático que nos hacía trabajar, no un animador cultural. La ilusión pedagógica nos dice que podemos reemplazar el trabajo por el juego. De ahí el desastre.»
Luc Ferry, filósofo francés, y Ministro de Educación en Francia con Jacques Chirac.

Así de simple.

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