Invitación a la Filosofía


Comienza el curso y muchos de vosotros os acercáis por primera vez a la filosofía.Quizá ya hayáis oído hablar de ella. En fin, no debéis creer todo lo que se dice… Sin duda la Filosofía es una asignatura distinta de las demás y eso lo nota uno el primer día de clase. Según la acepción tradicional, ‘filósofo’ es aquél que ama el saber. Como todo buen amante sabe, el enamorado no se conformará jamás con una parte de la amada; la quiere toda. Ocurre lo mismo que con el famoso juicio de Salomón, en el que se le planteó una disputa entre dos mujeres que afirmaban ser madres del mismo niño. Salomón decidió que lo «justo» era partir a la criatura por la mitad y darle una parte a cada mujer. Esto satisfizo a una de las litigantes, pero no a la otra, que decidió renunciar a su trozo de niño. Salomón decidió entonces que el niño entero debía ser entregado a ésta porque era la verdadera madre. Aquella que amaba verdaderamente al niño lo quería completo, porque sólo así estaba vivo, y sólo así tenía sentido su amor. Así el filósofo no se conformará con una parte del conocimiento, que será semejante a un cuerpo mutilado y carente de sentido. El verdadero filósofo aspirará a la totalidad del saber que, por cierto, incluye las partes, no las excluye. Al filósofo le interesarán y deberá esforzarse en conocer las llamadas «ciencias particulares» , como la física, la química, la biología, las matemáticas, etc., pero no por lo que son en sí mismas, sino como partes de un todo, sin referencia al cual no son más que cadáveres mutilados. Ese todo es la realidad.

La aspiración última de la filosofía es el conocimiento de la realidad, no de partes aisladas, sino de toda la realidad. Las diferentes ciencias nos permitirán comprender fragmentos concretos de la realidad; la física nos hablará de átomos, espacio, tiempo y fuerzas; la biología nos acercará a la comprensión de la vida; la psicología se ocupará de la mente y el comportamiento; etc. Pero los átomos, los riñones y las mentes, junto con el resto de cosas que conforman la realidad, comparten algo que las hace formar parte de un todo. Lo que comparten todas estas cosas es que existen y son algo: comparten el Ser. Para comprender completamente qué es un hígado, un electrón o un recuerdo hay que saber qué significa ser algo. Así pues, la pregunta fundamental de la filosofía será ¿qué es Ser?
La pregunta por el ser es la más difícil y problemática de todas las preguntas. Si pregunto a alguien ¿qué es eso? señalando a un objeto, me responderá que es una cafetera, un destornillador, o lo que sea. Qué es una cosa, es un problema que podemos resolver observando la cosa misma. La rosa no oculta que es una rosa, más bien lo exhibe; ni una mona puede ocultar que es una mona, aunque se vista de seda. Sin embargo, aunque todas las cosas muestran que son esto o aquello, el ser mismo no se nos muestra con tanta claridad; más bien parece que se oculta. Yo puedo coger una rosa y pincharme con sus espinas, pero no puedo pincharme con el Ser.
Preguntarse por el Ser es una empresa difícil porque el Ser no es nada (!) que podamos tocar, ni podemos observarlo con un microscopio ni medirlo. Pero esto no significa que el Ser sea algo lejano e inalcanzable. Al contrario, es lo más cercano: para ocuparse del problema del Ser basta pensar, lo cual hace de la filosofía algo tan fundamental como barato y, por así decir, a nuestro alcance. Para pensar no hay que pedir permiso, ni créditos, ni subvenciones; no hay que hacer la pelota al jefe ni atender reclamaciones… es algo que podemos hacer ya nosotros -si contamos, claro está, con algo de tiempo libre. Pero el hecho de que sólo mediante el pensamiento podamos alcanzar el Ser, no significa que sea ficticio, de hecho es lo más real, puesto que si en vez de Ser, hubiera su contrario (la impronunciable nada), tampoco habría cerezas, electrones ni viajes al Caribe con todo incluido; ni, por supuesto, jefes, subvenciones ni créditos.
Que baste el pensamiento para ocuparse de este problema no significa que todo valga. Nuestros pensamientos deben ser coherentes y respetuosos con la lógica. De hecho la única -y no es poca- restricción a nuestro pensamiento es la lógica, razón por la cual se dice que es una propedéutica o preparación para la filosofía. Pero además hay otra cosa: antes que nosotros empecemos a pensar, ya se ha pensado mucho, y muy bien. Por ello nuestro pensamiento no será un pensamiento solitario, sino que pensaremos en compañía de todos aquellos que lo hicieron antes con provecho.
Durante este curso nos adentraremos en las ideas más suculentas de todos estos pensadores y aprenderemos a saborearlas como auténticos gourmets del pensamiento. Quedáis invitados al banquete.
MÁS que hará que se expanda el post.

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