La felicidad en una gota de lluvia


– Vaya, parece que está lloviendo.
– Sí, es un fastidio.
– Pues a mí me gusta la lluvia…
– Por cierto.
– ¿Sí?
– ¿Te acuerdas de cómo eran las cosas antes?
– ¿Antes?
– Sí, ya sabes, cuando éramos felices.
– Ah, ya. Cuando éramos felices…
– Sí. ¿Por qué han cambiado tanto las cosas? ¿Por qué no podemos volver a ser felices?
– Pues no se, alomejor la felicidad es algo tan sublime que su existencia se vuelve efímera al entrar en contacto con las personas.
– Pero, si es algo efímero como tú dices, ¿significa eso que no la volveremos a encontrar?
– Sinceramente, no lo sé. Pero piensa que si no la pudiésemos encontrar de nuevo no tendríamos nada que hacer aquí.
– Eso es precisamente lo que temo.
– A todo esto, ¿cuándo has sido tú feliz?
– No podría decirte cuándo exactamente, sólo sé que lo he sentido. Si no, no podría estar hablando de ello, ¿no?
– No puedo responder a eso.
– No hace falta, simplemente espero encontrar la felicidad en algún rincón, sé que me espera en alguna parte.
– Que tú necesites la felicidad no significa que ella te necesite.
– Claro que me necesita, cualquier persona que ha sido feliz lo sabe, ¿es que tú no lo has sido?
– La verdad es que no.
– Vaya…
– No, da igual. Tampoco espero encontrarla.
– No digas eso, hombre, seguro que la encuentras.
– No lo creo.
– ¿Y eso?
– No me hagas caso, sigue observando la lluvia.
– De acuerdo, pero no puedo distraerme, debo encontrar la felicidad.
– ¿Has pensado en buscar entre las gotas?

Aristoteliano


Aquí dejo un diálogo que puede dar pie a una reflexión sobre la felicidad. Creo que podemos encontrar varios puntos de vista, tales como decir que la felicidad no existe, que la felicidad es algo efímero o que la felicidad se encuentra en los pequeños detalles. Cada uno puede interpretarlo como quiera, por eso mismo creo que podria dar lugar a un buen debate. ¿Qué opináis sobre la felicidad?

El precio de la libertad.

Si os preocupa la cuestión de la libertad y sus enemigos -el autoritarismo, los fundamentalismos, el fanatismo, el terrorismo, la discriminación, xenofobia, el miedo… que la amenazan- una forma sencilla, sugerente, y a la vez rigurosa de introduciros en el tema es la lectura del cómic Persépolis de la autora iraní Marjane Satrapi. En él se narra la historia personal de Satrapi; comienza, siendo Marjane una niña, con la revolución que derrocó el régimen del Sha y que posteriormente transformó Irán en república islámica, describe los acontecimientos de la guerra con Iraq y las persecuciones políticas internas, continúa con las vicisitudes de la protagonista en Europa…. baste este breve apunte; no soy amigo de restarle la emoción del descubrimiento a los posibles lectores.

En el comienzo de la obra recordaba Rebelión en la granja de Orwell y ,cómo no, su magistral 1984, la mejor y más completa representación de los mecanismos del autoritarismo que he podido leer.

Aún siendo Persépolis un cómic consigue un tratamiento nada superficial del tema; partiendo de la concreción del dibujo y la concisión lingüística es una obra con una extraordinaria capacidad de sugerir, crea un todo complejo que no sólo retrata la sociedad autoritaria externamente, sino que es capaz de penetrar en el desgarro interior de los individuos que la componen.

Pero no sólo es retratada la sociedad iraní, también nos proporciona un estupendo fresco de la sociedad europea, del sinsentido.. y del desarraigo.

Una verdadera obra de arte.

No dejéis de disfrutarla. Y gracias Felipe, por habérmela recomendado.
Para saber más sobre el cómic y la autora:
Guía del cómic
El cómic ha sido también recreado en animación, la película se estrenó el 27 de Junio 2007 en el festival de Cannes.

El hombre de los zapatos blancos.

“ despierte el alma dormida….

No ha sido éste uno de mis veranos más lectores, pero tampoco ha sido del todo desaprovechado. Con mucho retraso, aunque lo conocía ya de las clases de literatura en el instituto, al final del verano ha llegado a mis manos El Jarama de Sánchez Ferlosio. Quise empezar las vacaciones allá por Julio con Reivindicación del Conde Don Julián de Juan Goytisolo, pero me cayó de las manos -aún me quedan días para intentarlo-.

Sin embargo, he tenido la suerte de dar con Sánchez Ferlosio y durante un fin de semana he vuelto a disfrutar de la mejor literatura; de un poema de trescientas páginas. No tiene mucho sentido presentar ni hacer la crítica de una novela que fue Premio Nadal en 1955, me contentaré con apuntar algunas sensaciones suscitadas por un texto escrito cincuenta años antes y que quizá debería haber leído hace al menos veinticinco. El libro comenzó a interesarme por el lenguaje, así como por la situación descrita; no era difícil reconocer experiencias propias, uno no es de la posguerra, pero a finales de los sesenta y principios de los setenta la España rural no había cambiado tanto respecto a la referida en la novela, si a eso sumamos el testimonio de padres y abuelos el marco espacio- temporal me era lo suficientemente familiar y lo bastante ajeno para resultarme fatalmente atractivo, al más puro estilo del ideal platónico: como recordatorio y como descubrimiento. Más allá del testimonio sociológico y de las complejas tipologías humanas, el texto se va impregnando de intemporal poesía: las descripciones naturales y paisajísticas, los buitres en círculo del mediodía, los matices de luz con el paso de las horas, la luna sorpresiva y enigmática, las cercanas y nocturnas “galaxias”, los ánimos diversos y cambiantes…..el destino o el azar.

La medianoche nos sorprende con la gran nostalgia.

Todo nos dijo adiós, todo se aleja..
La memoria no acuña su moneda.
Y sin embargo hay algo que se queda
Y sin embargo hay algo que se queja


Jorge Luis Borges

Kierkegaard. Juan José Millás

En El País de hoy -24/08/2007- encontramos un sugerente artículo de Juan José Millás. La lectura de Millás me trasmite finura psicológica, una cierta hipocondria propia de los buenos observadores (auto-observadores) y un sentido del humor que me parece surgido del nihilismo existencial y del pesimismo anímico, frente a los cuales sirve no como antídoto pero sí como tratamiento paliativo. Me atrae, algunas veces lo he comentado, la concepción de la realidad como totalidad orgánica viviente -hilozoísmo; las mismas cosas artificiales están en los textos de Millás dotadas de vida. En cambio, en sus artículos sobre «las políticas de partidos», a mi entender, se deja llevar algunas veces por la combatividad y el encono y cae en la parcialidad -o al revés,¿es la parcialidad el origen?-. Con todo, la mayoría de las veces sus observaciones resultan certeras y reveladoras. Es una de las firmas que siempre me gusta leer.
Os dejo con Millás.

«Me encontraba en la cocina, pelando filosóficamente (¿hay otro modo?) unas judías verdes para la cena, cuando entró el perro y me preguntó si íbamos a salir. No le contesté porque, sabiendo como sé que los perros no hablan, deduje que aquello sólo podía ser una alucinación auditiva, producto del calor o de una siesta confusa, de la que no me había recuperado. Por eso, se me heló la sangre en las venas (¿en dónde si no?) cuando mi mujer, que estaba en la habitación de al lado, me preguntó con quién hablaba. Con nadie, balbuceé intentando ocultar mi turbación. Pues si no te importa hazlo en voz baja, añadió ella.

Permanecí un rato observando atónito al perro y luego continué pelando las judías como si no hubiera pasado nada (a partir de cierta edad, los sucesos sin explicación se multiplican como hongos). Pero al día siguiente, -estaba limpiando unas sardinas con las escamas plateadas (influencia de Lorca), cuando entró de nuevo el perro con expresión de querer decirme algo. Esta vez me adelanté a él y di un par de ladridos muy convincentes. ¿Por qué ladra el perro?, preguntó mi mujer. Porque quiere salir, dije, es la hora. Pues sácalo, sugirió ella. Le puse la correa, nos fuimos a la calle y estuvimos una hora hablando de Kierkegaard sin levantar sospechas.»

El Artículo en El País
Puede escribir a Juan José Millás en cerbatanamillas@elpais.es

 

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