Adivina, adivinanza.

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Por una parte es siempre pobre, y lejos de ser bello y delicado, como se cree generalmente, es flaco, desaseado, sin calzado, sin domicilio, sin más lecho que la tierra, sin tener con qué cubrirse, durmiendo a la luna, junto a las puertas o en las calles; en fin, lo mismo que su madre  está siempre peleando con la miseria. Pero, por otra parte, según el natural de su padre, siempre está a la pista de lo que es bello y bueno, es varonil, atrevido, perseverante, cazador hábil; ansioso de saber, siempre maquinando algún artificio, aprendiendo con facilidad, filosofando sin cesar; encantador, mágico, sofista. Por naturaleza no es ni mortal ni inmortal, pero en un mismo día aparece floreciente y lleno de vida, mientras está en la abundancia, y después se extingue para volver a revivir, a causa de la naturaleza paterna. Todo lo que adquiere lo disipa sin cesar, de suerte que nunca es rico ni pobre. Ocupa un término medio entre la sabiduría y la ignorancia, porque ningún dios filosofa, ni desea hacerse sabio, puesto que la sabiduría es aneja a la naturaleza divina, y en general el que es sabio no filosofa. Lo mismo sucede con los ignorantes; ninguno de ellos filosofa, ni desea hacerse sabio, porque la ignorancia produce precisamente el pésimo efecto de persuadir a los que no son bellos, ni buenos, ni sabios, de que poseen estas cualidades porque ninguno desea las cosas de que se cree provisto

Platón.

¿Quién es?

Premio seguro, tanto si aciertas como si no -en este caso con más razón- serás premiado con una invitación gratis a leer el Banquete de Platón.

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Durante todos los años de mi triste juventud, Huysmans fue para mí un compañero, un amigo fiel.

Michel Houellebecq

 

Con ocasión del último post publicado en este blog, Buen escritor de cartas, conversaba con un buen amigo sobre hasta qué punto es adecuado identificar los escritos publicados en internet con el género epistolar, pues afirmaba mi interlocutor que lo que caracteriza a una carta es precisamente el estar dirigida a un destinatario concreto y conocido, y que por tanto el fenómeno internet le parecía más afín a la publicidad que al género epistolar. Creo, sin embargo, que no es algo inusual en la literatura encontrar casos de cartas dirigidas a desconocidos -a amigos, incluso a enemigos,  desconocidos.  Es patente que los escritos de memorias y confesiones, sean de Agustín, Rousseau, Nietzsche… guardan también una afinidad evidente con las cartas.  Tengo la impresión de que el modelo más sencillo y originario de escritura está expresado en la epístola y que quizá la forma más eficiente de acercarse a un texto, la que ofrece más potencia interpretativa, es tratarlo como una carta, y no es necesario imaginarse a uno mismo como el destinatario de ese mensaje, pues bien podría tratarse de un mensaje intervenido y uno mismo podría estar inmiscuyéndose, voluntaria o involuntariamente, de manera indiscreta, en asuntos de otros.

La conversación se encaminó a otro asunto: la fidelidad o veracidad de la escritura. Nos parecía a ambos, como sugiere Platón en el Fedro, que la escritura sólo es un pálido reflejo de la conversación real de dos amigos presentes y que la escritura no deja traslucir fielmente a la persona; así, una persona que en el trato directo puede resultar atractiva, resuelta, segura, puede sin embargo, tener una escritura simplona,  pobre, torpe, y por el contrario una persona aparentemente dubitativa, insegura, puede ser extremadamente precisa y rigurosa en la expresión escrita… En fin, rondaban estas cosas por mi mente, cuando hoy me encontré con lo siguiente:

sólo la literatura puede proporcionar esa sensación de contacto con otra mente humana, con la integralidad de esa mente, con sus debilidades y sus grandezas, sus limitaciones, sus miserias, sus obsesiones, sus creencias: con todo cuanto la emociona, interesa, excita o repugna. Sólo la literatura permite entrar en contacto con el espíritu de un muerto, de manera más directa, más completa y más profunda que lo haría la conversación con un amigo, pues por profunda, por duradera que sea una amistad, uno nunca se entrega en una conversación tan completamente como lo hace frente a una hoja en blanco, dirigiéndose a un destinatario desconocido. Por supuesto, tratándose de literatura, la belleza del estilo y la musicalidad de las frases tienen su importancia; no cabe desdeñar la profundidad de la reflexión del autor ni la originalidad de sus pensamientos; pero ante todo un autor es un ser humano, presente en sus libros, y en definitiva poco importa que escriba muy bien o muy mal, lo esencial es que escriba y que esté, efectivamente, presente en sus libros…

…Igualmente, un libro que nos gusta es ante todo un libro del que nos gusta el autor, al que deseamos conocer y con el que apetece pasar los días. Y durante los siete años que duró la redacción de mi tesis viví en compañía de Huysmans, en su presencia casi permanente.

Siempre he sido fácil de convencer:   Me encantaría tomarme unas cañas con Descartes.

 

Buen escritor de cartas

Aquel que no escribe libros, piensa mucho y vive en compañía insuficiente, será habitualmente un buen escritor de cartas.

Friedrich Nietzsche.

Nietzsche no conoció el fenómeno Internet, pero lo que dice parece adecuado para el escritor de blogs; ¿acaso son los “post” otra cosa que epístolas, a veces tan sólo una breve nota, con destinatarios desconocidos?.

Recuerdo que Peter Sloterdijk en Reglas para el parque humano, comienza con la siguiente afirmación del poeta Jean Paul: “los libros son cartas voluminosas a los amigos”. Gracias a Internet mi vago recuerdo se ha concretizado, así que extenderemos la cita a las palabras del propio Sloterdijk:

Desde que existe la filosofía como género literario, recluta ella a sus adeptos por este medio, escribiendo de modo contagioso sobre el amor y la amistad. No se trata sólo de un discurso sobre el amor a la sabiduría, sino también de conmover a otros y moverlos a este amor. Que pueda en todo caso la filosofía escrita, tras sus comienzos hace dos mil quinientos años, mantenerse en estado virulento todavía hoy, lo debe sin duda a los resultados de su capacidad para hacer amigos a través del texto”

En el Fedro lamenta Platón ( en boca de Thamus ) que ese fármaco (elixir) de la memoria que es la escritura (así lo presenta Teuht) pervertirá el pensamiento –y el carácter- de los hombres al hacerlos creer que conocen aquello de lo que sólo tienen experiencia externa. Tendrán noticia de muchas cosas, pero será mera cáscara hueca y no conocimiento.

“Apariencia de sabiduría, y no sabiduría verdadera procuras a tus discípulos. Pues habiendo oído hablar de muchas cosas sin instrucción, darán la impresión de conocer muchas cosas, a pesar de ser en su mayoría unos perfectos ignorantes; y serán fastidiosos de tratar, porque se habrán convertido en sabios en su propia opinión, en lugar de sabios”.

¿Se han multiplicado los peligros que Platón presentía?. O quizá al contrario, si aceptamos la idea de Jean Paul y de Peter Sloterdijk del carácter epistolar de toda escritura: ¿el fenómeno Web 2.0 (o la versión por la que vayamos ya) permitiría infundir vida a la escritura para convertirla en ese diálogo que para Sócrates es el único camino hacia la sabiduría?. Un diálogo que fluye con vertiginosa rapidez en la multiplicidad casi infinita de las epístolas electrónicas, y una sabiduría que se remansa obstinada en el “sólo sé que no sé nada” y el “conócete a ti mismo”.

Reglas para el parque humano.Peter Sloterdijk
Mito de Teuth.

Falacias, humanidades y fuego amigo.

medieval

Una breve introducción.  Como regalo de Reyes ha aparecido un artículo titulado “Cómo no defender las humanidades“.  Lamenta el autor que entre los recientes defensores de las humanidades se incurra en flagrantes falacias,  lo cual es especialmente censurable pues proviene de personas de cuya formación deberíamos esperar el ejemplo de un razonamiento riguroso y preciso. El autor Jesús Zamora Bonilla, catedrático y decano de la Facultad de Filosofía ( UNED) pretende denunciar algunas de las falacias más notorias y recurrentes.

En una primera lectura el artículo me pareció tosco y lo achaqué a mala fe, creo que no juzgué correctamente,  supondré que el articulista ha razonado con el mejor propósito por el bien de las humanidades que dice defender.

He detectado cierto gusto del autor por el muñeco de paja. Me ha sorprendido, sin embargo, aquello que califica como falacias. Paso a comentarlas :

1ª Falacia. ” La formación humanística es un pilar de la democracia“.  Alega, el catedrático Zamora Bonilla para desvelar la falacia, que la mayoría de los filósofos no han visto en la democracia sino una “pésima idea”. Efectivamente la democracia ha tenido a lo largo de la historia de la filosofía tanto adversarios como defensores, pero me sorprende que al autor del artículo se le haya pasado por alto que las críticas razonadas, pensemos por ejemplo en el análisis que Platón y Aristóteles realizan sobre las distintas formas de gobierno, en tanto que revelan defectos, desviaciones, peligros,  son extremadamente útiles para mejorar y defender una sana democracia. Creo, parece que al contrario que el señor Bonilla, que ciudadanos educados en las humanidades, conocedores de las polémicas habidas en torno a las diversas formas de gobierno, de sus virtudes y sus defectos, conocedores también de la historia concreta  que abunda en ejemplos, algunos muy recientes, de cómo sistemas de gobierno aparentemente democráticos pueden pervertirse para dar lugar a las peores tiranías, y  aunque no compartamos a pie juntillas el intelectualismo ético que asimila conocimiento y bondad, creo que podemos conceder que estos ciudadanos formados en el conocimiento de las  humanidades no son desdeñables en una democracia. Tampoco escapa al autor del artículo que la “educación” humanística ha estado en manos de élites que a través de ella han mantenido y justificado sus privilegios…   parece que estamos aquí ante un entimema, del tipo en el que lo suprimido no es una premisa sino la conclusión, más no me atrevo a sacar yo la conclusión sin permiso de su autor.

2ª Falacia. “El conocimiento de las humanidades contribuye a nuestra realización como persona”. Para denunciar el carácter falaz de esta afirmación recurre el decano al contraejemplo, y  no duda en servirse entre otros de su propia persona -actitud que le honra- para mostrar como el conocimiento de las humanidades no redunda en una mayor felicidad ni de uno mismo ni de aquellos otros que nos son más o menos cercanos, ni tampoco nos vacuna contra la idiotez. Efectivamente la cuestión de la felicidad, de la vida buena, de la realización personal, no es un asunto fácil, ni tan al alcance de la mano, como proclaman muchos de esos gurús y libros de autoayuda que proliferan en esta “sociedad del bienestar” que, sin embargo tan falta y necesitada parece estar de él. Los grandes filósofos, también literatos y artistas, han reflexionado todos ellos sobre la existencia humana lejos de la superficialidad y de la trivialidad, muchas veces con desesperación y hasta con crueldad, creo que vale la pena acompañarlos en ese ejercicio de descubrimiento de uno mismo, no nos asegurará la felicidad, ni nos curará la estupidez, como dice Deleuze en su conocido texto, quizá tan solo le impida llegar tan lejos como quisiera, esto ya sería un beneficio. En cualquier caso no creo que contribuya a una mayor alienación que la de quien vive al margen de todos estos pensamientos.

3ª Falacia “La enseñanza de las humanidades hace que tengamos una ciudadanía más crítica, y por eso la quieren eliminar, sustituyéndola por saberes economicistas”. De nuevo recurre Bonilla al contraejemplo, en este caso es España enterita el ejemplo que pincha la burbuja falaz; dada la cantidad de titulados en filosofía, “que cree recordar”, que hay en España y por la cantidad de horas que de estas materias se imparten en España este debería ser el país más crítico y democrático del planeta, razona el catedrático. No se anda con chiquitas el catedrático Zamora Bonilla, en pocas palabras -no sé si atreverme con el dichoso entimema esta vez- viene a decirnos que los titulados españoles no pasan de ser, en su inmensa mayoría, unos zoquetes y sus clases, pues… una mierda, no lo dice por afán de molestar sino en vista de los resultados claro está,  para que vamos a andarnos con eufemismos, “por sus obras los conoceréis”.   Me maravilla, sin embargo, que no mencione el catedrático la singular historia española, distinguida durante siglos por la persecución del librepensamiento y la ilustración en cualquiera de su formas, algo, pienso yo, tendrá que ver esta actitud de siglos con la pobre situación actual, el poco valor concedido a la cultura, los pobres resultados académicos, la corrupción y esas cosas…  difícil tarea la de esos titulados el revertir actitudes de siglos, pero no creo que ellos hayan empeorado la situación, incluso creo que muchos de ellos han ayudado a ponerle algún freno, insuficiente, sin duda.

4ª Falacia La educación no debe tener como objetivo la empleabilidad, y por eso el Estado debe crear muchísimos más empleos para los titulados en humanidades. En fin, pienso que esta falacia se comenta ella sola.” No, no hace falta que nos la comente, señor decano, el muñeco de paja le ha quedado muy mono, le podríamos ajustar un mecanismo sonoro, darle cuerda y que repitiese machaconamente la cita de Aristóteles con las que comenzó su artículo.

Por mi parte, estoy agradecido a todos aquellos que han levantado la voz, con mayor o menor acierto en sus argumentos, para defender las humanidades ante este último ataque iniciado por el señor Wert. Es cierto que eché en falta algunas voces que por aquello de salir en la foto no se movieron en su momento, otros en cambio, incluso del propio partido del gobierno, se atrevieron a defender en público -y en diario de gran tirada- sus convicciones. No voy a dar nombres pues han sido muchos quienes en estos años se han manifestado en defensa de las humanidades y de la filosofía en particular, que ha sido la gran damnificada; unos desde las tribunas de los grandes diarios, otros en humildes blogs y redes sociales, campañas de recogida de firmas, videos y entrevistas en youtube… la ley Wert ha perdido y es ya cadáver, el daño a la filosofía, sin embargo permanece, en algunas comunidades se ha conseguido atenuar el daño, en otras no, al  menos de momento. Es de esperar que ahora que se puede alzar la voz sin caer en el ostracismo, se sumen nuevas voces… serán bienvenidas, porque son necesarias.

El propio Jesús Zamora Bonilla promete una segunda parte, la parte positiva en la que dará a conocer las verdaderas razones que se pueden aducir en defensa de las humanidades. Yo  estoy convencido de que razones no han de faltar, y a Jesús le deseo, sinceramente y en mi propio provecho,  que esa vez esté más afortunado.

 

San Agustín, lectura de Navidad.

Hace un par de años salió al público, en kioskos, una colección de libritos divulgativos que trataban sobre los autores más representativos de la historia de la filosofía occidental, desde la antigua Grecia a la postmodernidad.

Estas navidades he aprovechado para leer uno de estos volúmenes: San Agustín. El doctor de la Gracia contra el Mal. De E.A. Dal Machio.  Efectivamente comparto con el autor la opinión de que es controvertido dar la consideración de filósofo al Obispo de Hipona, personalmente creo que la conocida sentencia “nisi credideritis, non intelligetis” – “si no creéis, no comprenderéis”- se halla en las antípodas de la auténtica filosofía, para la cual la verdad es un objeto de búsqueda, una meta, un sentido, un ideal, pero nunca una posesión, un punto de partida. Tampoco su concepción de la relación entre Mal, Salvación y Gracia me parece aceptable desde un perspectiva filosófica  -personalmente me produce cierto rechazo (repugnancia) intelectual y moral, aquí me pongo de parte de los Pelagianos frente a “Pablo de los maniqueos“.  Pero si es discutible dar el título de filósofo a San Agustín, no lo es, sin embargo, reconocer que autor y obra contribuyen de manera decisiva a la historia de las ideas en occidente, de forma harto evidente en tanto que Agustín contribuyó a moldear uno de los acontecimientos más relevantes en la historia de occidente: el cristianismo y la institución de la Iglesia.

Desde la perspectiva filosófica, pueden señalarse varios temas agustinianos que suponen una ruptura con la filosofía griega: 1º El abismo entre entendimiento y voluntad que inicia una concepción ética radicalmente opuesta al intelectualismo griego. 2º El germen para la posibilidad de una filosofía de la historia, en tanto que se interpretan los hechos históricos concretos como momentos en el desarrollo y cumplimiento de un plan, de un sentido, aunque este sea, todavía, un designio, trascendente al mundo, el plan divino. Más adelante – aunque en formas muy diversas y antagónicas: ¡reino de Dios en la tierra!- se comprenderá este sentido como inmanente a la propia realidad humana. 3º  Y este es el punto que me gustaría destacar: una nueva concepción del tiempo.

“En el ámbito de la cultura occidental nos resulta espontáneo y natural representárnoslo [el tiempo] como una sucesión dotada de un comienzo y que avanza en una dirección: el tiempo es una flecha que señala una evolución. Pero es importante notar es una concepción que está lejos de ser universal y automática: constituye una herencia que, sin darnos cuenta, hemos adquirido desde San Agustín. Para toda la antigüedad, y más en general para la mayoría de sociedades premodernas, no existe ni comienzo, ni avance, ni dirección, y en la representación mental del tiempo la imagen de la rueda sustituye a la de la flecha. Los hombres nacen y mueren, los imperios se suceden, las estaciones y los días se reproducen uno tras otro en una serie cíclica que no apunta a ninguna parte (…) Es el cristianismo, en su aplicación a la historia, quien introduce un cambio radical en el paradigma temporal (…) nos encontramos ya ante una progresión  jalonada por eventos únicos e irrepetibles que marcan un antes y un después: el pecado original, la encarnación, la pasión de Cristo… La historia avanza hacia desde un comienzo (la Creación) hacia un punto de llegada (el Juicio Final). Y, en este sentido más que en ningún otro debemos reconocer que todos somos, querámoslo o no, herederos de San Agustín.” E. A. Dal Maschio.

Una herencia, que es siempre un regalo y una losa…

Las grandes esperanzas están todas
puestas sobre vosotros,
. . . . . . …………….. .. . así dicen
los señores solemnes, y también:
. . . . . . . . …………………… . . . . Tomad.
Aquí la escuela y la despensa, sois mayores,
libres de disponer
. ……….. . .. . . . sin imprudentes
romanticismos, por supuesto.
La verdad, que debierais estar agradecidos.
Pero ya veis, nos bastan las grandes esperanzas
y todas están puestas en vosotros.

Cada mañana vengo,
cada mañana vengo para ver
lo que ayer no existía
cómo en el Nombre del Padre se ha dispuesto,
y cómo cada fecha libre fue entregada,
dada en aval, suscrita por
los padres nuestros
. . . . . . ………… . . de cada día.

Cada mañana vengo para ver
que todo está servido (me saludan,
al entrar, levantando un momento los ojos)
Y cada mañana me pregunto,
cada mañana me pregunto cuántos somos
nosotros, y de quién venimos,
y qué precio pagamos por esa confianza.

O quizá
no venimos tampoco para eso.
La cuestión se reduce a estar vivo un instante,
aunque sea un instante no más,
. . . . . . . . . . ………………… . . .a estar vivo
justo en ese minuto
cuando nos escapamos
al mejor de los mundos imposibles.
En donde nada importa,
nada absolutamente –ni siquiera
las grandes esperanzas que están puestas
todas sobre nosotros, todas,
. . . . . . ……………….. . . . . .y así pesan.

Jaime Gil de Biedma. Las Grandes esperanzas.

Allí se habían agotado los porqués.

6.45 La visión del mundo sub specie aeterni es su contemplación como un todo –limitado-. Sentir el mundo como un todo limitado es lo místico.

6.52 Nosotros sentimos que incluso si todas las posibles cuestiones científicas pudieran responderse, el problema de nuestra vida no habría sido más penetrado. Desde luego que no queda ya ninguna pregunta, y precisamente ésta es la respuesta.

Ludwig WittgensteinTractatus logico-philosophicus

Qué angustia mientras fantaseaba con el cosmos aristotélico!
Perfectamente ordenado.  Las formas eternas; especies y géneros en su reproducción permanente e invariable.
Las esferas girando inalterables desde la eternidad y para toda la eternidad. Y el Motor Inmóvil, amado universal perfectamente ensimismado.
Fundamento indiferente. Completo y por eso mismo arbitrario; abrumador y  superfluo.
¡Cuánto más amable, por humano,  un universo cambiante, oscilando entre el cosmos y el caos, íntimamente imperfecto, siempre amenazado y amenazante!
Incompleto.  Nos sugiere un quizás, un tal vez.
Me he repuesto -sin ansiolíticos. Menos mal que sólo soñaba.

Nueva invitación a la lógica -y van 27.

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Nur ein Wort (solo una palabra) del grupo Wir sind Helden.
Música para comenzar el curso; una bonita melodía y una letra interesante.

Aquí un fragmento:

Ich sehe, dass du denkst / Yo veo que tú piensas
ich denke, dass du fühlst/ pienso que tú sientes
ich fühle, dass du willst / siento que tú quieres
aber ich hör dich nicht / pero no te oigo
Ich hör nur mich / solo me oigo a mí
Ich hör nicht auf dich auf / no oigo nada de ti
bitte gib nur ein Wort / por favor, dame solo una palabra
bitte gib nur ein Wort/ por favor, dame apenas una palabra

Bueno, arriba a la izquierda ( en la pestaña MATERIALES) encontraréis una considerable cantidad de explicaciones y de ejercicios de lógica. Deberíamos comenzar con las tablas de verdad; las podéis descargar en vuestro ordenador e imprimirlas, y sin más preámbulos comenzar a resolverlas; son muy facilitas, basta con ser ordenados al descomponer y volver a construir la fórmula, e ir aplicando la tabla de verdad de cada conector. Al tiempo que ejercitáis la lógica podéis tararear el estribillo de la canción:

Oh bitte gib mir nur ein Oh
Bitte gib mir nur ein Oh
Bitte gib mir nur ein
Bitte bitte gib mir nur ein Oh
Bitte gib mir nur ein Oh
Bitte gib mir nur ein Oh
Bitte gib mir nur ein
Bitte bitte gib mir nur ein Wort
Por favor dame solo un Oh, Por favor dame solo un Oh, Por favor dame solo un Oh, Por favor dame solo un Oh, Por favor dame solo un Oh…
Por favor, por favor, dame solo una palabra.

Tan fácil como comer pipas.
Claro que también podemos pensar: (… y para pensar)

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