Lecturas

En un hilo de comentarios de alguna entrada perdida en el universo Facebook, he leído una de las sentencias más certeras sobre la diferencia entre literatura y filosofía: se trataría de dos placeres tan diferentes como beber cerveza o saborear un buen whiskey envejecido.

Sin duda una cerveza bien fresca puede resultar muy placentera, pero a veces uno necesita algo más contundente. Esa fue la sensación que tuve este verano; tras acabar El 93 de Víctor Hugo -novela que había leído a mis quince o dieciséis años y que, algunos whiskeys y muchas cervezas después, me apetecía releer- decidí acometer la lectura de El hombre sin atributos  -traducción correcta pero con connotaciones equívocas en castellano-  de la que años atrás apenas había alcanzado a leer unas cien páginas; con cierta desidia contenida arrastré el mamotreto entre terrazas y siestas; mas a finales de julio solo había avanzado unas trescientas páginas y la desidia contenida ante la expectativa de un verano perdido se trasformaba en angustia vital, pues cada vez me resulta más difícil leer durante el curso escolar; así que, despuntando agosto me abandoné resueltamente a la llamada: aparté la novela y volví a Ser y tiempo; comencé una relectura ávida y apresurada, marcando con lápiz rojo sobre la lectura anterior y arrepentido del mes que había desaprovechado. A finales de verano no podía soportar la cerveza, un bebedizo aguado con fondo de barril podrido. Llamó el otoño a la puerta, cuando me quedaban treinta páginas por leer… se han demorado casi dos meses, sin tensión, perdido el engarce .

Hoy me he tomado una  Moretti con aceitunas -un sorbo de Amstel de barril me seguía sabiendo a rayos.

Autocríticas

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Han sido los últimos tiempos en la escuela española hostiles con la filosofía. Al menos durante los últimos treinta años cada nueva ley educativa ha pretendido reducir su presencia en el ámbito escolar, mal que bien se han ido resistiendo estos embates, atenuado los males, y a día de hoy, a pesar de los pesares,  seguimos contando con su presencia -cada vez más débil, marginal y lo peor: más cuestionada.   No es de extrañar  que este cuestionamiento permanente , y este amagar con el golpe de gracia,  acabe por tener efectos en los docentes,  los más leves el cansancio, la hartura, la indiferencia,  el más grave: el malestar provocado por la sospecha de la propia nulidad.  Este malestar y esta sospecha se intenta conjurar con la exigencia -desde fuera y desde dentro- de autocrítica. Me parece adecuado, pues no es agradable ni conveniente la recreación victimista.

Un término común de estas autocríticas suele ser la pedagogía -la didáctica. Parece concluirse que los males citados son el  efecto  (cuando no el merecido castigo) consecuente a una recalcitrante mala práctica pedagógica. Y así se nos apremia a ponernos a la altura de los tiempos.

Lo malo, al menos a mí me lo parece, es que esta autocrítica acaba por parecerse a tragar el anzuelo y rendirse al  enemigo.

Preferiría una autocrítica en el sentido de un pequeño comentario (Luis Roca Jusmet) que acabo de leer sobre Foucault:  la tarea del filósofo consiste en desmontar los discursos para ver los juegos de poder y de saber a los que está sujeto.

Per què filosofia? II


 

Tras el enorme éxito de asistencia en la presentación en Valencia, esperamos poder repetirlo el próximo 7 de febrero en Alicante.

Un libro que promete cuanto menos unas horas de amena lectura. Melancólicas, tal vez, para aquellos que nos hemos dedicado de alguna manera a este asunto de la filosofía.  Pero que alimentarán y reforzarán la simpatía de aquellos que ya la poseen previamente.

Milagros, no, de eso, no esperamos. Saulo continuará siendo Saulo, más cargado de razones.

Por qué Filosofía.

Este es un proyecto llevado a cabo por alrededor de ochenta autores: profesores, alumnos y profesionales de otros asuntos.  Todos ellos reunidos en torno a una cuestión pertinaz:  Por qué filosofía.  Una cuestión que – junto a su forma bastarda:  Para qué la filosofía– acompaña a esta disciplina a través de toda su historia desde su surgimiento en la antigua Grecia. Una cuestión que alguno resolvió en la admiración, otros en el aburrimiento, en la angustia… en la desesperación. Y que recientemente se nos presenta en su forma más mostrenca con la aparición de una discutida ley educativa que ha amenazado con relegarla del sistema educativo.

Algunos parece que no se resignan.

Por mi parte estoy deseando tenerlo entre manos. Si de algo estoy seguro es de que no será una lectura aburrida. Ya lo dijo alguien: Los filósofos dan mucha guerra.

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