Otra educación es posible.

Afirma Aristóteles que la vida filosófica sólo imperfectamente puede cumplirse en el hombre, ligados como estamos a diversas necesidades, sociales y corporales. Sólo un dios libre de éstas podría darse plena y enteramente a la vida teórica, a la pura contemplación intelectual. Como no todo va a ser filosofar, dada mi humanidad, aparte de cruzar Nuñez de Balboa tengo también que ir al Carrefour. Al supermercado me dirigía y escuchaba la radio durante el trayecto, hablaban de los acontecimientos de Madrid: las declaraciones de Esperanza y la huelga de profesores, de las dichosas veinte horas y demás… en cierto momento del programa comenzó una entrevista paródica al supuesto representante de un grupo de renovación educativa, “Otra educación es posible“, el cual proponía que las clases fuesen de 800 alumnos -lo que me hizo dudar de si estaba ante una parodia o ante una pequeña exageración-. El supuesto renovador apoyó su propuesta con un buen número de argumentos, “lo importante es lo que se dice, con independencia del número al que se dice” “¿hace más díficil o modifica la comprensión de lo que dice un locutor de radio el hecho que tenga mil o doscientos mil oyentes”, “el que quiera aprender lo hará lo mismo si son venticinco que si son ochocientos” , “y quien careza de interés por hacer nada lo mismo le da estar con cuatro que con cuatrocientos” y finalizaba remitiéndose a los hechos: “desde el 36 hasta el 75 no hubo fracaso escolar en España”. No lo dijo el renovador, pero no era difícil de deducir: los grupos reducidos deben ser para los mejores, para los menos, los pocos, los selectos, los aristoi. Y puestos a seleccionar: ¿Quién podrá cuanto el deseo/ Aunque imposible, conciba?/¿Y quién lo de abajo arriba/ Vuelve en el mundo ligero?

¿Déjà vu o visión profética? ¿ambas cosas?.

Aparte de escuchar la radio, aprovecho estas visitas para ir leyendo de gratis Aguirre, el magnífico de Manuel Vicent en un ejemplar del supermercado, aunque es mucho mejor hacerlo en un cómodo sillón de la Casa del Libro. Entretenido documento sociológico -la mala uva hispana sin mácula-. Interesante, más ahora que estamos con Ortega.

Happy ending

Fue una mañana del final del otoño -o quizá en el comienzo del invierno. No importa, era la mañana aún oscura de un martes frío; eso sí lo recuerdo con claridad y también que aquella noche no había conseguido pegar ojo. Subí las escaleras con más ligereza de lo habitual; me había acostado sin cenar y las digestiones livianas son una bendición para la circulación periférica. Al torcer el pasillo me encontré con lo que esperaba: solitario frente al puerta me estaba esperando, apenas consiguió balbucear con tristeza y media sonrisa: “qué decepción”, con no menos tristeza y amarga sonrisa solo acerté a proferir: “bueno, leamos a los clásicos” señalando a mi ejemplar de la República de Platón. Terrible cinco a cero del Nou Camp.

Por descontado que en un curso pasan muchas más cosas, agradables, tristes, dolorosas, pero pocas tan memorables. La mayoría anodinas y algunas, no muchas, no merecen que se las tenga siquiera por sucedidas; y los cuarenta grados del verano que se avecinan se encargarán de que tal cosa ocurra.

Lo inapelable es que un nuevo curso -un nuevo ciclo- se cierra. Aunque la bandera del Real Madrid que tengo delante lo hace más grato. Nos queda la Décima.

Y,  como el poeta, dedico tambien un recuerdo a la afición en general.

El propósito de la educación. Purpos/ed [Es]

El grupo Purpos/eds] plantea la cuestión acerca del propósito de la educación y nos invita a reflexionar sobre la misma con el objeto de iniciar un debate. Hasta el momento he leído respuestas como las que siguen:

Como mujer, madre y maestra, para mí, el propósito de la buena educación sería enseñar el arte de vivir siendo uno mismo, una misma, en cualquier circunstancia, lugar, tiempo o dimensión. […] también es encontrar y regalar las herramientas que posibiliten que las personas podamos romper las cadenas que están provocando que nuestra sociedad esté cada vez más enferma (http://navegarsinnaufragar.blogspot.com/)
[que los alumnos] aprendan a ser personas críticas, libres, independientes, capaces de definir sus sueños. (http://victorcuevas.es/educadores21/)
El propósito de la Educación es construir un buen futuro para tu hija y para tu hijo, sin mirar el color de su piel, su pasaporte, su sexo o su religión (http://deestranjis.blogspot.com/2011/04/cual-es-el-proposito-de-la-educacion.html)
El propósito de la escuela es aprender a vivir (tweet)
No empezar de cero. No estar solo. Saber ponernos en la piel del de enfrente. Poder vivir en sociedad. (http://blog.catedratelefonica.deusto.es/el-proposito-de-la-educacion/)
Creo, con todos mis respetos a sus autores, que estas reflexiones no son más que una declaración de buenas intenciones, pero que carecen de contenido, por lo que difícilmente pueden ser discutidas. Si nos ceñimos a la pregunta, tenemos que concluir que no hay respuesta porque la educación no tiene ‘propósito’ alguno. Un ‘propósito’ es una intención de hacer o conseguir algo e implica necesariamente la deliberación consciente y planificada. La educación entonces no tiene propósitos, como no los tiene una silla. Propósitos tienen los individuos y, en un sentido derivado, los grupos de individuos. La educación es un medio que sirve a los propósitos de diferentes individuos o grupos. Por eso sí tendría sentido preguntarse por el propósito de cuantos pretenden reformar la educación.
Ortega sostenía, con razón, que el ser humano es el único ser que consiste en no ser, sino en hacerse. Sabemos (en plural, como hace Punset) que el cerebro es un órgano plástico y que nuestra dotación genética es insuficiente para generar en nosotros conductas que nos permitan sobrevivir. El aprendizaje, en consecuencia, no es un factor accidental en nuestras vidas, sino esencial. No hay ser humano sin aprendizaje. Sin embargo también los animales, o al menos los animales más complejos, necesitan aprender. Pero, siguiendo a Ortega, la indeterminación que exige a los animales aprender ciertas cosas, es menor que la indeterminación humana. Un perro tendrá que aprender a evitar ciertos alimentos o a abrir puertas con la pata; un gatito tendrá que aprender a evitar a las niñas con trenzas y a hurgar en la basura, pero ni el gato ni el perro tendrán que aprender a ser gatos o perros. El ser humano, sin embargo, tiene que aprender a ser humano. Esta diferencia la expresamos diciendo que el ser humano no sólo necesita aprender, sino que necesita educarse o, lo que es lo mismo, formarse. El problema, ahora inevitable, es en qué consiste o en qué debería consistir el ser humano. Y la respuesta, insatisfactoria siempre, es que no lo sé.
Es esta una cuestión peliaguda, pues la pedagogía, que es el nombre que recibe la reflexión (que no ciencia) sobre la educación, entronca aquí con la antropología y con la filosofía y adquiere, además, un carácter normativo. Aunque no sepamos lo que es o deba ser un ser humano, la cuestión es que hay que vivir y que para ello asumimos un proyecto vital que implica de un modo u otro una respuesta a esa pregunta, que puede, o no, ser consciente. El proyecto vital que asumimos no es, por cierto, cualquier proyecto vital. Por decirlo de forma breve: a un ateniense del siglo V a. de C. no se le ocurriría asumir el proyecto vital de una Drag Queen del s. XXI. Esto significa que la propia educación es en gran parte, si no totalmente, la expresión de una voluntad ajena. El propósito de la educación, entonces, es el propósito de los educadores. Y este ya es un terreno en el que el conflicto es tan inevitable como deseable. El intento de eliminar totalmente el conflicto entre los educadores puede ser calificado sin temor a errar como la quintaesencia del totalitarismo. Así pues, en la educación chocarán necesariamente las voluntades de diferentes educadores con diferentes propósitos. En las sociedades cuyo nivel de complejidad ha exigido la aparición de un Estado, éste se convierte en uno de los agentes educadores con propósitos propios, que puede entrar en conflicto con otros agentes educadores, como las familias, las empresas, partidos políticos (que no hemos de identificar con el Estado), confesiones religiosas, o el propio educando. Cada uno tratará de modificar o reformar la educación para que ésta sirva a sus propios propósitos y muchos de ellos tratarán de hacer trampas convenciendo a los demás de que sus propósitos son en realidad los propósitos de la educación. Las democracias liberales occidentales, si quieren seguir siéndolo, deben poner los medios para evitar que ningún agente educador, incluido el mismo Estado, monopolice la educación, y desde la filosofía debemos denunciar, como pura mitología, cualquiera de esos intentos de atribuir a la educación propósito alguno haciendo visible el conflicto entre los agentes educadores.
La democracia sólo sobrevivirá mientras exista ese conflicto; la guerra, como dijo Heráclito, es el padre de todas las cosas.

Competencias básicas (1): comer conejo crudo

De un tiempo a esta parte el llamado ‘enfoque competencial’ monopoliza el discurso pedagógico. No dejo de escuchar constantemente cosas del tipo ‘ahora lo importante son las competencias’, aunque casi siempre esta preocupación sólo se da a la hora de escribir inútiles programaciones, especialmente entre opositores, que suelen aclarar que ‘es lo que el tribunal quiere oír’. Nadie sabe a ciencia cierta qué es eso de las ‘competencias básicas’, y si se interroga a los expertos sobre ello suelen citar a Chomsky (al que probablemente no han leído), y encadenar palabras atropelladamente. Las explicaciones suelen ser abundantes pero estarán de acuerdo conmigo en que les falta ‘claridad y distinción’. Dicen que el llamado ‘enfoque competencial’ pretende un aprendizaje integral (?), entendiendo por esto que el alumno no ha de contentarse con saber ALGO, sino que ha de saber HACER algo. Bueno, más o menos.

Con la voluntad de aclararme y aclararles a todos ustedes este concepto comenzaré una serie de posts dedicados al tema. En este primer envite quisiera presentarles el caso de unos profesores de historia alemanes que decidieron aplicar a sus clases este ‘enfoque competencial’. Como era de esperar, cuando esto de las competencias básicas sale de las programaciones para entrar en el aula, acaba uno saliendo en la prensa, concretamente en El Mundo de hoy, 2 de abril de 2011:

Personalmente no veo tan grave la ‘masacre de animales’, y es verdad que nos estamos volviendo todos un poco tiquismiquis, pero espero que cuando lleguen estos profesores a estudiar la Revolución Francesa renuncien a las competencias básicas…

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