La importancia de ser un macarra

En su columna de hoy, Juan José Millás se pregunta si no será éste un país loco y sin problemas, dada la cobertura mediática que últimamente se viene dando a cualquier nadería. ¿Tiene razón? Lo último es el vídeo de un cafre atizándole una patada en la cara a una chica. Se trata de un episodio de violencia aislado, vacío de todo significado, sin siquiera una motivación ideológica clara. Es pura violencia, en su sentido más simple, brutal y -me perdonen- anecdótico, porque no tiene ninguna trascendencia. Y sin embargo acapara los titulares de todos los telediarios e incluso se trata el tema en periódicos serios de tirada nacional. Creo que no es descabellado afirmar que la única razón por la que los medios se interesan tanto es porque esperan con ello halagar a su audiencia y si pueden, aumentarla. Sin embargo, me parece que una vez que el vídeo se ha emitido más de una veintena de veces, si no un centenar, la noticia deja de ser la agresión. Ahora la noticia somos nosotros. Todos rechazamos frente al televisor la violencia gratuita que observamos. Nos llevamos las manos a la cabeza y nos escandalizamos de la pasividad con la que el único testigo asistió a la paliza (¡No hizo nada! ¡No hizo nada!). En realidad el testigo sí hizo algo: girar la cabeza para no verlo; exactamente lo contrario de lo que hacemos todos los que nos escandalizamos ante la repetida visión del vídeo de marras. Nadie lo reconoce -ni siquiera yo- pero lo cierto es que el telespectador, entre la repugnancia y el desprecio, siente cierto placer que le impide apartar la mirada de la pantalla. Bajo la apariencia de denuncia que otorga el telediario y el periódico nos sentimos libres de participar de la escena sin ser por ello cómplices. Alcanzamos así una especie de catarsis. Al abominar públicamente de la brutalidad del macarra de la pantalla, estamos abominando de nuestra propia brutalidad. Presenciar una y otra vez esa escena nos sirve para expiar nuestra culpa y de algún modo constituye un alivio moral. Podemos respirar tranquilos y decirnos a nosotros mismos: «Menos mal que no soy yo».

Historia de las religiones

Vía Microsiervos, he sabido de una interesante página web de mapas históricos multimedia. Para los que nos interesa la historia es una gozada. Lo bueno de estos mapas es que permiten hacernos una idea general de los procesos históricos que nos permite profundizar en su comprensión. En el mapa de abajo podemos ver la evolución de las principales religiones del mundo a lo largo de 5.000 años, que no es poco. El mapa está en inglés, pero es tan sencillo que no creo que sea un problema.

Como vemos, el cristianismo y el islam son las religiones con más ‘éxito’ (sobre todo el cristianismo). ¿Por qué?

Tácticas de partidos.

Cuando un partido se da cuenta de que un afiliado se ha convertido de un adepto incondicional en un adepto con reservas, tolera esto tan poco que, mediante toda clase de provocaciones y agravios, trata de llevarlo a la defección irrevocable y de convertirlo en adversario; pues tiene la sospecha de que la intención de ver en su credo algo de valor relativo que permite un pro y un contra, un sopesar y descartar, sea más peligrosa para él que un oposición frontal.

Friedrich Nietzsche.

No sólo en los partidos, allí donde un grupo se cohesiona en torno a unas ideas, irremediablemente aparece no sólo un líder, también la figura del inquisidor y sus delatores, el corifeo y sus ecos. La lucidez irónica es considerada deslealtad, un “no” es traición, un “quizás”, desafección.
Donde se congrega un grupo entusiasmado alguien corre el peligro de ser despedazado y devorado. En los partidos modernos prima el cálculo sobre el entusiasmo, por lo mismo, es más común la expulsión que el descuartizamiento. Desgraciadamente, otras cofradías no han progresado tanto.

Persecución lingüística

Hace unos días citábamos en estas páginas a la poetisa Cristina Peri Rossi. Hoy he confirmado una noticia de la que tuve primer conocimiento a través del blog de Arcadi Espada. Se trataría de un caso de marginación lingüística; Cristina ha sido despedida de un programa de radio del que era colaboradora por la simple razón de hablar en castellano.

Cristina Peri Rossi ha confirmado este hecho en una carta pública que reproducimos aquí.

Persecución lingüística


Hace dos años Gaspar Hernández, periodista inteligente y culto, inauguró un programa en Catalunya Ràdio, Una nit a la Terra, que se emitía de una a tres de la madrugada. Cada noche había una tertulia sobre temas intimistas o sociales en la que participaban dos invitados: editores, escritores, filósofos o poetas. Era un espacio ameno, de buen nivel y aceptación, con diferentes puntos de vista. Gaspar me invitó desde el primer momento y yo acepté muy complacida, como tertuliana fija, una vez por semana. Todos hablaban en catalán, salvo yo, que lo hacía en castellano; nunca fue obstáculo para que nos comprendiéramos y parecía un modelo ideal de convivencia lingüística, sin rigideces, sin exclusiones. Entiendo, leo y traduzco del catalán desde hace muchos años, pero me expreso mejor en castellano (me ocurre igual con el francés o el italiano) y vivo en una nación que tiene la suerte de ser bilingüe. Así lo es en la calle, en el Metro y en la comunidad vecinal.


Al inaugurar el segundo año del programa, Gaspar me felicitó, consideraba que mis intervenciones eran muy importantes para el éxito de audiencia. Y así seguimos un año más. He compartido tertulia con Luis Racionero, con Mercedes Abad o con Sebastià Alzamora. Este año, en septiembre, empezaba el tercer año, y Gaspar contaba conmigo. Pero sorpresivamente, coincidiendo con el cambio de hora y de nombre del programa, CCRTV (Corporació Catalana de Ràdio i Televisió) decidió prescindir de mi participación, dado que yo hablo castellano. Me consta que Gaspar Hernández y Joan Barril lucharon contra este despido, haciendo valer motivos de calidad profesional. No lo consiguieron. Se esgrimió como causa La Carta de Principios del 17 de julio de este año, fruto del acuerdo político entre Esquerra Republicana, CIU y el tripartito que recomienda la prioridad de invitados que hablen en catalán. El programa cumplía el requisito, dado que sólo yo hablaba en castellano, pero una exigencia oral reclamaba hablar sólo en catalán.
Habría que recordar que un reglamento no puede ir contra la ley, y que por el momento, y espero que también en el futuro, Cataluña es y será una nación bilingüe, por lo cual no se puede perseguir o expulsar a nadie de su trabajo por motivos lingüísticos. La libertad de expresión es un derecho constitucional que atañe a todos los ciudadanos y no se refiere exclusivamente al pensamiento, sino a las lenguas en que se emite. Una tontería es una tontería, da lo mismo en la lengua en que se diga, y una frase de Shakespeare suele ser una genialidad, en inglés, francés, castellano, catalán o checo. ¿Nos hemos olvidado de una verdad tan elemental o los intereses políticos prescinden del humanismo? Creo haber sufrido un claro caso de persecución lingüística, como otras veces, he sufrido persecución política, bajo la dictadura uruguaya o franquista. Los fascismos tienen algo en común: siempre son excluyentes. Excluyen por motivos ideológicos, de raza, de sexo…o de lengua. Y es paradójico que me ocurra a mi, Premio Ciudad de Barcelona de Poesía en l992 por el libro que se titula precisamente Babel bárbara y donde se exalta la diversidad de lenguas, la Babel mítica. ¿Paradójico o síntoma de los tiempos que corren? Quizás no sea casual. Quien defiende Babel es discriminada. Es posible que quienes perpetraron esta exclusión ni siquiera sepan que soy Premio Ciudad de Barcelona o que luché clandestinamente contra el franquismo y a favor del catalán desde Agermanament, hace muchos años. Los censores no suelen leer y tienen pésima memoria.


Cristina Peri Rossi

Más información sobre el asunto en Blog de Cristina Peri Rossi

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