Contra la lectura

Hoy es el día del libro. Genial. Se perpetrarán un montón de actividades de esas que últimamente vienen llamándose por los entendidos “dinámicas”. Buscarán fomentar la lectura, acercar los libros a los niños para que vayan adquiriendo el hábito. Pero el hábito puede ser vicio o virtud; depende. Como muchas otras cosas, estas “dinámicas” para el fomento de la lectura tienen algo de encomiable, pero también algo censurable. No faltarán por ahí los encomios, de modo que me paso al bando malo, libre-mal-pensante, y acuso.

Quien asista a una de esas sesiones de lectura pública del Quijote, o a una de esas representaciones teatrales en las que se ambientan escenas literarias, quien soporte a un grupo de energúmenos disfrazados de Sherlock Holmes, quien sostenga un ‘claśico adaptado’ para los niños y tenga un poco -un poco sólo- de sensibilidad, no podrá dejar de sentir cierto asco. Es el asco que siente cualquier persona pudorosa ante un exhibicionista.

Leer no es algo normal, casi nadie, en la historia de la humanidad lo ha hecho. Es algo que nos aparta de la vida, que nos absorbe durante horas, quizá dias, quizá años. Nos prometen aventuras, mundos, personajes… Pero son mentiras que nos costarán nuestras propias aventuras, nuestros propios mundos, nuestros propios personajes. Leer es un fastidio porque exige renunciar a la vida auténtica.

El precio de la lectura es grande. Quizá mientras leemos una novela de amor estemos perdiendo nuestra última oportunidad… Más vale que lo que leamos sea bueno, porque el tiempo que nos quitan, nos lo quitan de la vida. ¿Pero por qué se empeñan en que leamos a toda costa? ¿Nos hace mejores leer? ¿Nos hace más listos? ¿Más cultos? ¿Creen ustedes que por leer y leer a Ana Rosa Quintana, a Lucía Etxebarria y a Iker Jiménez son más cultos? Probablemente ocurrirá lo contrario. ¿Creen que por engañar a los niños con obras adaptadas y con muchos dibujos y desplegables les hacen un favor? No; les harán perder el interés por los verdaderos clásicos.

El “fomento de la lectura” es un espejismo. Hace creer que toda lectura es apropiada. Y no es verdad. La lectura, como acto de renuncia, sólo puede surgir de una necesidad interior, de una inclinación personalísima, no es algo que se pueda “fomentar”. Quien realmente experimente esa inclinación sabrá que hay lecturas insoportables y huirá del día del libro como las flores huirían de las floristerías (si pudieran).

Nadie se asombra de que la mayoría de los programas de televisión sean basura. Claro que hay algunos realmente buenos, pero la mayoría son basura. Pensar que en el mundo literario la proporción de basura y de obras de calidad no es semejante a la de la televisión es una ilusión -un engaño, en el peor de los casos. Dados los contenidos de la televisión, a nadie se le ocurre “fomentarla”. ¿Por qué fomentar la lectura? En estos días del libro hay que decir que hay mucha literatura basura; que la mayoría de los libros son basura; y que lo que hay que fomentar no es la lectura, sino el criterio. No pierdan ni un sólo minuto de su vida leyendo un libro malo.
Espero no haberles hecho perder demasiado tiempo…

RESPUESTA (José Hierro)
Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,
Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.
Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde…
Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente…
Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?
Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

Otros alegatos contra la lectura:
El cómico La decadencia del ingenio
El irónico Recuerdos del día de mañana

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