Acabemos de una vez con la Filosofía

Que la filosofía en sentido material prácticamente ya no existe en la educación secundaria española o está próxima a ver su fin es un hecho que ya poca gente puede negar. Ahora bien, en sentido formal su cadáver todavía coleará, pero vacío de contenido propiamente filosófico. Su existencia se verá reducida a una palabra. Las nuevas asignaturas ‘educación ético-cívica’ y ‘filosofía y ciudadanía’ no son en absoluto filosofía. La aparición de la ‘ética’ y la ‘filosofía’ en el nombre de estas asignaturas no es ni siquiera una concesión, sino más bien una perversión. Por eso merece que acabemos del todo con ella.

En la asignatura de Ética y en la de Filosofía, próximas a extinguirse, la racionalidad puede desarrollarse autónomamente como una búsqueda honesta del conocimiento. En las nuevas asignaturas, sin embargo, la razón pierde su autonomía y se convierte en instrumento del Estado, o lo que es peor, del Gobierno, o lo que es todavía peor si cabe, del Gobierno del PSOE. En ‘Filosofía y ciudadanía’ vemos a la filosofía en conjunción con algo a lo que llaman ‘ciudadanía’. Del currículum de la asignatura se desprende que los profesores de la asignatura deben fundamentar filosóficamente este concepto. Eso supone que en la asignatura de filosofía debemos adoptar, por ley, una filosofía, que además no es una filosofía cualquiera, sino la filosofía que ideológicamente justifica y legitima un sistema político concreto, cuando no ya un sistema económico. No se trata ya de la búsqueda crítica y racional del conocimiento, sino de adoctrinar en una filosofía oficial. El profesor de filosofía no puede ya filosofar, sino limitarse a transmitir la religión del Estado. El único con derecho a filosofar y a decidir qué filosofía se enseña es ahora el legislador, convertido en una especie de Papa-infalible-laico. Ya no podemos pensar ni enseñar a pensar, sino adoctrinar con malas artes.
Pero la filosofía de 1º de Bachillerato todavía es un sustantivo -aunque ya sin sustancia. Lo que le ha pasado a la ética es peor. No sólo se ha desustanciado, sino que además gramaticalmente ha dejado de ser un sustantivo para convertirse en un adjetivo. La ética es ahora Educación ético-cívica. Pero es que ni como adjetivo puede la ética existir con autonomía, sino que se le ha impuesto una ‘cívica’ que la aplasta hasta hacerla desaparecer.
Pero no sólo es el vaciamiento y la desustanciación de la filosofía, es que además, al engendro resultante se le quitan horas. Pensar y despertar la necesidad de pensar en los alumnos requiere tiempo. La disminución de las horas convierte a la asignatura en un producto de consumo rápido. Es como la comida basura, que quita el hambre, pero no alimenta, sino todo lo contrario. Asignaturas basura, como la nueva ‘Ciencias para el mundo contemporáneo’ y todo el amasijo de optativas en el que se han disuelto las disciplinas científicas y humanísticas que han formado hasta hoy a la humanidad y con el que pretenden engañar a una generación de jóvenes.
La educación para la ciudadanía, la educación ético-cívica y la Filosofía y Ciudadanía son a la Filosofía y a la Ética lo que la alquimia, la astrología y la magia son a la Física y la Química. Si la ley obligara a los físicos y a los químicos a fundamentar científicamente las alucinaciones de Nostradamus sería un escándalo. Sin embargo eso mismo es lo que se está haciendo en Filosofía. Consintiéndolo nos convertiremos en cómplices de lo que en realidad es una medida totalitaria y estupidizante. Nuestra función será darle una apariencia objetiva, racional y filosófica a algo que no es ni objetivo ni racional ni filosófico.
La filosofía está ya muerta en el sistema educativo español. Pero hay que acabar con ella del todo, para mayor gloria de la filosofía. No podemos consentir que se llame filosofía a algo que no es sino una especie de religión laica. Que no hagan creer a los jóvenes que eso es filosofía, porque si lo hacen nunca nos desharemos de la podredumbre del cadáver. Hay que enterrarlo y esperar que vuelva a nacer en otro sitio, con una fuerza y vida renovadas. Que la ‘Educación ético-cívica’ sea sólo ‘educación cívica’ y que ‘Filosofía y ciudadanía’ sea sólo ‘Ciudadanía’. No nos engañemos ni engañemos a nadie fingiendo que enseñamos filosofía. Busquemos, los profesores de filosofía un trabajo honrado como jardineros, por ejemplo (Wittgenstein lo hizo). O busquémonos otra asignatura que no haya sido todavía pervertida. Reconvirtámonos en profesores de lengua o de matemáticas. Que sustituyan a los profesores de filosofía por jurisconsultos y corre-ve-y-diles y que no corrompan más el nombre de la Filosofía ni nos utilicen a nosotros como instrumentos de su proyecto político.
También podemos negarnos. Reivindicar con fuerza la Filosofía de verdad, sin apellidos. Manifestarnos, ir a la huelga. Pero mucho me temo que ésto no se dará, a no ser que aparezca, y me parecería raro, alguien con el suficiente carism como para movernos a todos a hacer algo a lo que no estamos acostumbrados: actuar.
Hay otra opción, no tan honrada como las dos anteriores, pero no tan deshonrosa como no hacer nada. Pero la explicaré en otro post que espero escribir mañana.

Imagen de cabecera: Alberto Durero (1513): El caballero, la muerte y el diablo

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