Alfombrar el campo

El filósofo cree que el valor de su filosofía reside en el conjunto, en el edificio, la posteridad lo halla en la piedra con que él lo construyó y con que, a partir de entonces, todavía se construye muchas veces y mejor, es decir, con el hecho de que ese edificio pueda ser destruido y “sin embargo” tenga “todavía” valor como material.

Friedrich Nietzsche. Humano demasiado humano.
Hace algunos días iniciamos una interesante polémica acerca del valor de la filosofía bajo la forma del dilema: aprender filosofía o aprender a filosofar. Personalmente defendí la segunda opción, aunque a mi entender el dilema es tan solo aparente: pues no aprendemos a filosofar en el vacío sino en el diálogo y la confrontación con los grandes maestros del pensamiento -aunque la inmensa mayoría no alcancemos a producir ni un solo pensamiento genuino. Los más grandes genios del pensamiento necesitaron ellos mismos de ese diálogo y confrontación con otros pensadores, ya fuese en forma personal y directa o a través de los textos. No es necesario ser hegeliano para reconocer el influjo y la continuidad del pensamiento de Sócrates, Platón, Aristóteles, Tomas de Aquino, de la deuda de Descartes con -o contra- la tradición escolástica, de la reconocida por Kant con Hume, y el influjo –a pesar de su repudio- de Kant sobre Fichte y el llamado idealismo alemán, Schelling, Hegel, y su adversario Schopenhauer, y de éste sobre Nietzsche.. y así hasta Heidegger y Gadamer, Russell o Wittgenstein… la continuidad y la dependencia entre estos pensadores no puede reducirse a mera retórica de manual para estudiantes.

Pero no debemos olvidar tampoco que los autores antiguos, un Heráclito o el mismo Platón nos llegan hoy –y nos resultan comprensibles- sólo a través de estas mediaciones. Es aquí donde cobra sentido la cita de Nietzsche con la que abrimos este post, ¿Qué nos queda de un Heráclito en el siglo XXI? Nos queda “la piedra”, esa piedra es la dialéctica; la realidad cambiante y contradictoria, y el logos universal, con la que se construyeron los sistemas de Hegel y Marx, y posteriormente pensamientos tan opuestos como el de Heidegger y la Escuela de Frankfurt. Y así cada uno de los grandes genios, Descartes, Spinoza, Lebniz, Kant, Wittgenstein.. fueron no solo grandes constructores, lo que fue aún más difícil y los convierte en verdaderos genios incomparables es su trabajo de cantera, su capacidad para extraer nueva roca con la que levantar venideras construcciones.

Algunos serán capaces de reunir esa piedra para levantar bellas construcciones. Pero sólo los grandes creadores son capaces de aportar roca nueva. Y esto último no puede aprenderse, y –por descontado- aún menos, enseñarse.

Esto vale igualmente para Mozart, Darwin, Picasso, Gödel, Rimbaud o Woody Allen.

Al campo no se le puede poner puertas, ni tampoco alfombras.

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