Tristes palabras

Tristes palabras reflejo de tu alma, tristes

Tristes palabras que brotan de tu boca, tristes

Tristes palabras que rompen el silencio de tu cárcel, tristes

Tristes palabras que dibujan lágrimas en tu rostro, tristes


No son tristes las palabras, es gris tu alma

No son tristes las palabras, temblorosa tu boca

No son tristes las palabras, es efímera tu cárcel

No son tristes las palabras, furtivas tus lágrimas

Publicado por: Aristoteliano

Técnicas de estudio

Hacía tiempo que andaba buscando el libro Crónica del alba, de Ramón J. Sender. Por fin hoy he tenido la suerte de topar con él y he empezado a leerlo. Son tres tomos de unas 400 páginas cada uno, pero basta leer las tres primeras páginas para saber que será imposible parar hasta haberlos terminado. Un gran descubrimiento. La verdad es que -me avergüenza decirlo- supe por primera vez de la historia de Crónica del alba por la pélicula, que se emitió por televisión en forma de serie hace bastante tiempo. El protagonista, Pepe, era interpretado por Jorge Sanz, que entonces era todavía un niño (y todavía no había fracasado como actor). Sus aventuras, que eran desventuras, me producían una especie de miedo, mezcla de vértigo y seducción. Recuero cómo para impresionar a Valentina, su primer y gran amor, tapaba una escopeta con el dedo índice y disparaba; con lamentables consecuencias, claro. Es la historia de la formación de un Hombre, con mayúsculas. La historia de una educación. La crónica de un amanecer que es un despertar a la vida.

Me permitiré el lujo de compartir con ustedes un fragmento que es todo un tratado de técnicas de estudio. Ahí va:

«Para preparar mis lecciones de geometría solía despertar al amanecer, salir a los graneros y por ellos al tejado. El lugar no era muy a propósito para estudiar y me obligaba a ejercitar el riesgo porque las tejas estaban cubiertas de escarcha y en un plano muy inclinado. La primera vez resbalaron mis botas, caí y fui bajando. Me hubiera matado en las losas de un patio interior de no interponerse una chimenea que estaba frente a la ventana. Desde entonces aprendía a deslizarme sentado sobre dos retejeras hasta la chimenea. Una vez allí, me instalaba confortablemente al sol y abría los libros. Iba leyendo mis lecciones pero estaba atento a los gatos y a los pájaros. Los gatos me fueron conociendo y acabamos siendo grandes amigos. Los pájaros, en cambio, no se familiarizaban, por lo menos en aquella época. «

Educación para la ciudadanía


Habla Protágoras:

«[…] Confieso que soy sofista y educador de los hombres. […] Joven, he aquí lo que obtendrás si estás junto a mí; Cuando hayas pasado un día a mi lado, volverás a tu casa más perfecto; lo mismo te ocurrirá al día siguiente, y así cada día, sin interrupción, progresarás hacia la perfección. Los demás sofistas corrompen a los jóvenes, pues, cuando dichos jóvenes tratan de evitar las ciencias técnicas, los sofistas les obligan a lanzarse sobre ellas, aunque no lo deseen, enseñándoles cálculo, astronomía, geometría y música […]. Por el contrario, el que venga a mi lado, sólo aprenderá aquello que haya venido a buscar. Y este aprendizaje versará sobre la eubulia [prudencia] en las cuestiones familiares, para que se administre excelentemente la propia casa, y sobre el gobierno del Estado, para que cada uno sea muy eficaz en los asuntos públicos, tanto con la acción como con la palabra.»

PLATÓN, Protágoras, 317 B

En este texto Platón nos expone, de manera sucinta, la pedagogía ‘de mero facilitador’ del sofista Protágoras: El cálculo, la geometría, la astronomía… bah! fruslerías que corrompen a la juventud. Hay que dejar que sean los alumnos los que se pongan sus propios límites: con Protágoras aprenderán lo que ‘han ido a buscar»… ¿Conocimientos? No señor; maña para llevar la casa y eficacia en los asuntos públicos. Protágoras no enseña nada, más bien abomina de la instrucción y de los conocimientos: ¡los niega! Lo único que hay es opinión, pluralismo -que se llama ahora. Ante este panorama Protágoras se llama «educador». La calaña de los alumnos de Protágoras la sospechamos; precursores, quizá, de la fauna marbellí, pero ¿Para quién educa? Hay otro texto donde Platón lo deja clarito:

«[…] Los buenos y sabios oradores hacen que las cosas convenientes al Estado parezcan justas, frente a las que son perniciosas. Pues lo que a cada Estado le parece justo y bello, efectivamente lo es para él, mientras que tenga el poder de legislar. Y el sabio hace que las normas estatales parezcan y sean convenientes a cada ciudadano […]» PLATÓN, Teeteto

Una educación para la ciudadanía, amigos… Convivencia, solidaridad y especulación inmobiliaria: lo que han venido a buscar.

Diversidad cultural. Lenguas, música y costumbres del mundo.


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