Ilusiones ópticas (otra)

¿Cómo sabemos si algo está en movimiento? A partir de ahora deberíamos convencernos de que la vista per se no es una guía totalmente fiable. Fijáos en la imagen. Os aseguro que en realidad no se mueve. Podéis imprimirla (siempre que tengáis una buena impresora) y continuará la ilusión de movimiento.

Ilusiones ópticas

Esta es mi ilusión óptica preferida. Observad la imagen con atención:

Como vemos, se trata de un cilindro verde sobre una especie de tablero de ajedrez, que alterna casillas oscuras con casillas más claras.

Probablemente todos os sentiréis perfectamente capaces de responder correctamente si os pregunto si una casilla determinada es oscura o clara. ¿Pero realmente tenéis razones para estar tan seguros de que vuestra respuesta es correcta? ¿Es posible equivocarse respecto a algo tan sencillo como distinguir una casilla oscura de una clara?

Comparad la casilla marcada con una A con la casilla marcada con una B. ¿Cuál es oscura y cuál es clara?

Parece evidente que la A es oscura y la B clara. Pero no es así. De hecho las dos son del mismo color. Seguramente persistiréis en el error durante un rato y creeréis que esto es una broma, pero fijáos más en la imagen, tapad con los dedos el resto del dibujo y dejad a la vista sólo la casilla A y la B. O mejor, imprimid la imagen en color (con una buena impresora, de lo contrario no lo apreciaréis) y luego recortad la casilla A y la B. Veréis.

Lo grande y lo pequeño

Un bello (aunque ya un poco viejo) video. Imaginad que nos vamos alejando de la tierra hasta alcanzar una altura de 10^24 (10 elevado a 24). No parece una distancia muy grande, ¿verdad? Pues os equivocáis. Pero una vez que hemos llegado a esta altitud, empezamos a bajar, llegamos a la tierra de nuevo, pero empezamos a ampliar, vemos las células, las moléculas… hasta una ‘altura’ de 10 elevado a -16. Pero estos límites no son los límites de la realidad, que no se acaba, ni hacia lo grande ni hacia lo pequeño. Son los límites de nuestro conocimiento. Y, en fin, después de todo, no parece un distancia muy grande…

A veces ola y otra vez silencio

Ciudad
ya tan lejana!

Lejana junto al mar: tardes de puerto
y desamparo errante de los muelles.
Se obstinarán crecientes las mareas
por las horas de allá.

Y serán un rumor,
un pálpito que puja endormeciéndose:
cuando asoman las luces de la noche
sobre el mar.

Más, cada vez más honda
conmigo vas, ciudad,
como un amor hundido,
irreparable.

A veces ola y otra vez silencio.

Jaime Gil de Biedma, poesías.

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