«Bioética, derecho, argumentación» e «irresponsabilidad educativa».

Viernes 27 de Febrero de 2007

Manuel Atienza, experto en Filosofía del Derecho, inició la cuarta jornada sobre Filosofía Política en el Centro de Congresos de Elche con una ponencia titulada “Bioética, derecho y argumentación”.

Su discurso se centró básicamente en tratar de acotar la problemática en torno al concepto de dignidad humana recorriendo las definiciones que sobre el principio de dignidad postulan Benedicto XVI (la Iglesia Católica), Jesús Mosterín, Steven Pinker y, Ernesto Garzón Valdés y, por último, Javier Muguerza.

Para Atienza, el crear leyes que no atenten contra la dignidad humana es fácil y defendible, el problema lo encontramos en las conciencias, de ahí la dificultad en consensuar el significado de dignidad cuando la expresión es emotiva y está cargada de ideología.

Este especialista en argumentación jurídica no quiso marchar sin opinar sobre el proceso de Bolonia, sentenciando que éste amenaza la capacidad crítica del alumnado, y sobre la situación del sistema educativo español. Concluyendo que la pretensión de que la filosofía no desaparezca ni sea reducida en la enseñanza secundaria no es una reivindicación gremial, muy al contrario vaticinó incluso que en ello “se nos podría ir la democracia”, todo porque “educativamente estamos gobernados por unos irresponsables”.

Como colofón, el profesor Juan Antonio Rocamora, doctor en Filosofía y Letras y en calidad de historiador, expuso su conferencia titulada “El Nacionalismo, ideología política contemporánea”.

Laura

Mesa redonda de las Jornadas de filosofía política de la SFPA

Aunque con un poco de retraso, al fin posteamos la reseña de la mesa redonda que organizó la sfpa el jueves pasado en torno a cuestiones relacionadas con la filosofía en el actual sistema educativo. En todo caso, debemos agradecer a María Soro que dispongamos de esta reseña. Quedo yo como único responsable del retraso. La reseña de María:

Pedagogía y antipedagogía o pedagogía y filosofía

El pasado jueves, y dentro de las jornadas filosóficas celebradas en Elx, asistí a la mesa redonda que trataba la polémica relación entre pedagogía y filosofía. En la mesa se situaron Ángel como moderador, Felipe y Adolfo. El primero en intervenir fue Felipe, que a mi juicio esgrimió una crítica a la pedagogía hegemónica, crítica parangonable a la crítica husserliana del cientificismo. Esto es, el artífice de tal construcción se manifestó no contrario al saber pedagógico, sino más bien como alguien que, en la crítica a la pedagogía reduccionista que opera actualmente en los IES, pretende reclamar ese saber pedagógico. Ése que entiende la pedagogía como la formación del hombre, o como que el hombre devenga hombre, ésta es pues una definición formal de actividad pedagógica. Pues bien, aquello que Felipe denunció fue que la pedagogía de los gabinetes de orientación se yerga como la única, la pedagogía, lo absoluto del saber pedagógico. Ésa, reclamaba Felipe, es una más a la que conviene confinar, pues hay tantas pedagogías como filosofías. Y yo añadiría, más bien como antropologías filosóficas, ya que hay tantas pedagogías como intentos de entender la figura de lo humano.
Tal construcción no me parece desafortunada, creo que explica realidad mas no deja de divertirme pensar en una ‘conspiración de los psicopedagogos’. ¿Por qué me divierte? Porque para ser estratega, y por ende, capaz de incardinar conspiraciones, uno debe tener la habilidad del pensamiento, aunque claro esa conspiración (o golpe de estado, como alguien del público tildó) puede venir de otras instancias, tales como las políticas. Dado que actualmente no hay nada menos sustancioso, para cualquier partido político, que una masa informe con escasas voluntadas que se pretendan individualidades pensantes. En fin, abandono ya mis renqueos y me aproximo de nuevo a aquella mesa que trató el tema Pedagogía y antipedagogía. Ángel manifestó que tal vez las huestes cínicas habían sido demasiado crueles y la pedagogía reinante aun nos podía servir y aclarar incógnitas y misterios del aula, dado que hay alguna dimensión, en nosotros, filosófica pero también otra más constitutiva de nuestro trabajo, la dimensión docente.

Adolfo concordó con lo dicho, sobre todo, con la primera intervención y además quiso traer a colación epc, ese fantasma que, sin quererlo, construye muchos de nuestros horizontes de reflexión o comprensión. Bien, afirmó que no dejaba de llamar la atención que el tribunal supremo antes de decidir si era ‘legal’ objetar o no a la conocida materia estudió si tal materia era constitucional. Además, y en consonancia con lo a penas dicho, le sorprendió que la objeción a la materia tenga que venir ‘codificada’, puesto que retomando el ejemplo militar, se sigue que la objeción es aquello que porque no es legal puede poner en cuestión las normas legales y así con el tiempo, conseguir que éstas cambien. El ejemplo no era baladí, puesto que tal interlocutor esgrimió como su idea de la educación, la formación de individuos autónomos. Es decir, receptores de ciencia (por supuesto, también de filosofía) y no de ‘paquetes de valores’.

Otra cuestión en la que cabe incidir es que el ambiente era tan familiar, que casi todo el público intervino, y se volvió a la contingencia histórica que vivimos, la de las cápsulas de dos horas semanales de filosofía en primero de bachillerato. Era de esperar, las actitudes holistas, en mi opinión, nunca fueron poco prestigiosas, todo, al principio o al final, está vinculado. ¿Cómo volver a denunciar esto en el foro público?, se preguntaron algunos. Yo quiero rescatar una propuesta, que no sé si viable pero que me pareció enormemente suculenta: preguntar a todos los partidos políticos, con representación en la Comunidad Valenciana, que ¿qué hay de dañino en mantener una presencia digna de la filosofía en bachillerato?

La basura que viene de Bolonia

Hace poco desde el blog Phiblógsopho nos lanzaban el meme, al parecer iniciado por David Carril, sobre las implicaciones del llamado proceso de Bolonia para la filosofía. Personalmente no tengo ninguna simpatía por dicho proceso en general, puesto que me temo que no es sino la prolongación, en la educación superior, del sistema que ha fracasado en la secundaria. Más de lo mismo y lo mismo empeorado porque sus consecuencias son mucho más graves. Agradezco a Phiblógsopho que lance el meme pues eso nos obligará a pensar sobre el susodicho proceso en relación con la filosofía, reflexión que es hoy harto necesaria y no sólo por las lamentables consecuencias que tendrá para la filosofía como disciplina, sino también para lo filosófico del resto de disciplinas. Trataré las dos cuestiones por separado.

1.- El proceso de Bolonia y la Filosofía como disciplina.


Que el proceso de Bolonia afectará a la Filosofía como disciplina es claro en la medida en que afectará a todas las disciplinas en cuanto tales. La razón es conocida y tiene que ver con la charlatanería pseudocientífica de la pedagogía oficial, antiacadémica y enemiga del conocimiento por el conocimiento y por lo tanto de la libertad intelectual. La búsqueda del conocimiento se ve sometida, bajo el influjo de esta cháchara, a la tiranía de la opinión pública, las necesidades empresariales y los expertos en recursos humanos.
Además de ésto, la disciplina filosófica se ve específicamente afectada. Es conocido que el dogma fundacional del proceso de Bolonia es la reforma de la universidad según el criterio de la empleabilidad. Aquellas carreras que directamente no desaparezcan, deberán adaptarse a ese criterio. En el caso de la filosofía corremos varios riesgos:

  1. Un posible escenario es que la Filosofía se adapte renunciando a su contenido especulativo y sustituyéndolo por una serie de capacidades más o menos valoradas por el mundo empresarial. En este sentido van todos aquellos que tratan de dignificar a la filosofía pretendiendo que los filósofos seamos asesores ético-empresariales, ejecutivos sagaces más valorados por nuestra capacidad crítica (ay, si ustedes supieran…) que por nuestros conocimientos específicos, asesores espirituales a lo Más Platón y Menos Prozac, etc. Estas tendencias no sólo suponen un empobrecimiento de la filosofía, sino que además la falsean, si no son directamente cuentos chinos, engaños y malentendidos.
  2. Otro escenario -más probable, en mi opinión- es que la filosofía no renuncie, en principio, a ser filosofía y acepte que su salida profesional natural es la docencia, especialmente la docencia en la educación secundaria. En ese caso ya hay algunos que dicen que para ese viaje no hacen falta muchas alforjas, y por lo tanto no hay que saber tanta filosofía, y la que haya que saber no tiene por qué ser tan técnica y especulativa. Se priorizarán aquellas habilidades -no conocimientos- que el lobby psicopedagógico estime conveniente en su delirio reformista, para convertirnos en e-docentes sumisos y hábiles con el Power Point. Puesto que el proceso de Bolonia exige que el grado se complete con un máster y para ser docente será necesario cursar el máster de psicopedagogía, parece claro que todos los graduados en filosofía cursarán el máster pedagógico de marras. Esto significa que no habrá opciones propiamente filosóficas tras el grado, lo que impedirá gravemente la investigación en filosofía (que además no parece despertar mucho interés empresarial), deteriorándose, a su vez, la docencia universitaria.

Es posible que al final lo que ocurra sea una mezcla del escenario 1) y 2), en cualquier caso la filosofía sólo se mantendrá en el proceso de Bolonia transformándose en otra cosa que no es filosofía. Nos moveremos entre la psicociudadanía de la autoayuda y el dogmatismo psicopedagógico.

2.- El proceso de Bolonia y lo filosófico del resto de disciplinas.


Si el proceso de Bolonia sólo afectara a la Filosofía como disciplina, sería grave. Muy grave, en realidad. Pero lo espantoso es que Bolonia no se conforma con cargarse a la Filosofía, sino que se cargará a lo filosófico. Todas las disciplinas tienen una aspiración filosófica. Las matemáticas pueden estudiarse para convertirnos en contables o pueden estudiarse para ampliar nuestro conocimiento. Lo mismo ocurre con la física, la química, la historia o la filología. Todas las disciplinas están animadas por un espíritu filosófico, que no se conforma con el uso del conocimiento disponible, sino que busca nuevos horizontes. Eso es lo que llamo lo filosófico del resto de disciplinas y es el motor de la investigación básica. Hasta ahora, al menos en teoría, la universidad era el lugar en el que las mentes más capaces podían dedicarse a investigar sin más interés que el de la verdad. La tiranía de la empleabilidad no favorecerá este espíritu filosófico, sino que convertirá a los graduados en contables más o menos agilipollados. La investigación, si la hay, no irá dirigida sino por el interés puramente crematístico. Esto sólo es malo si no existe otra posibilidad, como creo que ocurrirá al final con el proceso de Bolonia. La paradoja es que al final es la investigación básica, el espíritu filosófico, la que enriquece nuestro conocimiento y acaba beneficiando al final a las empresas. Sustituir lo filosófico de la universidad por la empleabilidad perjudicará, también, al progreso económico.

Aprovecho para invitar a seguir con el meme a los siguientes blogs que leo de vez en cuando:

En Defensa de la Pedagogía (2)

Según Ortega el ser humano es la única cosa cuyo ser consiste en no ser. Somos un proyecto que no está dado, sino que debe realizarse. No somos hombres, sino que llegamos a serlo con ayuda de otros. Este llegar a ser hombres con ayuda de otros es la educación, que se convierte así en algo consustancial al ser humano. Así la educación tiene que ver con la construcción de mi propio ser, por lo tanto es una cuestión ética, pero como mi ser no se construye sino por y junto a otros, la educación es también en una cuestión política. Y no sólo eso: si lo que construyo con la educación es mi propio ser, entonces también es una cuestión ontológica. La reflexión sobre la educación es lo que llamo Pedagogía, y como vemos, la pedagogía está íntimamente ligada con las grandes cuestiones filosóficas: la verdad, la felicidad, la justicia, el ser humano, etc. No es casual la relación entre pedagogía y filosofía que observamos con harta frecuencia en la historia del pensamiento. La ética, la filosofía política, la epistemología, la ontología, la antropología filosófica, la hermenéutica, etc. son las disciplinas de las que se nutre la pedagogía.

Así entendida la pedagogía, no tiene demasiado sentido declararse antipedagógico. ¿Cómo íbamos a declararnos nosotros, filósofos y docentes, antipedagógicos? Sería una negligencia profesional. La reflexión sobre la educación nos pertenece en tanto que filósofos y en tanto que docentes.

Pero el llamado movimiento antipedagógico no es descabellado, puesto que no se opone a la pedagogía en el sentido que aquí le he dado, sino que se opone a otra cosa que se hace llamar LA pedagogía y no es más que UNA pedagogía. En efecto, hay tantas pedagogías como filosofías. El problema es que hay una teoría pedagógica en concreto que se ha convertido en oficial, es decir, que es impuesta a través de las leyes, dominando el sistema educativo en su conjunto. Estoy en contra de que la pedagogía sea políticamente dirigida, precisamente porque la pedagogía tiene una dirección política. El control de la pedagogía constituye el medio para realizar o creer realizar el sueño totalitario del control y el diseño de la propia naturaleza humana a imagen y semejanza del poder.

Creo que la pedagogía oficial consigue pasar inadvertida ocultando su naturaleza filosófica. La pedagogía se convierte en psico-pedagogía pretendiendo derivar sus dogmas de una supuesta naturaleza humana objetiva y neutralmente fijada por la psicología científica.

Así pues, la psicopedagogía sería una versión psicologista de la propia pedagogía, que a través de un discurso pseudocientífico aparentemente fundamentado en una teoría constructivista del aprendizaje, introduciría elementos políticos y éticos filosóficamente discutibles como verdades objetivas legalmente sancionadas. De ese modo se sustrae la reflexión pedagógica a sus más legítimos sujetos: los filósofos y los docentes en general.

Creo, por fin, que el legislador no debe asumir una pedagogía, sino garantizar la libre discusión racional entre teorías pedagógicas alternativas.