Nueva invitación a la lógica -y van 27.

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Nur ein Wort (solo una palabra) del grupo Wir sind Helden.
Música para comenzar el curso; una bonita melodía y una letra interesante.

Aquí un fragmento:

Ich sehe, dass du denkst / Yo veo que tú piensas
ich denke, dass du fühlst/ pienso que tú sientes
ich fühle, dass du willst / siento que tú quieres
aber ich hör dich nicht / pero no te oigo
Ich hör nur mich / solo me oigo a mí
Ich hör nicht auf dich auf / no oigo nada de ti
bitte gib nur ein Wort / por favor, dame solo una palabra
bitte gib nur ein Wort/ por favor, dame apenas una palabra

Bueno, arriba a la izquierda ( en la pestaña MATERIALES) encontraréis una considerable cantidad de explicaciones y de ejercicios de lógica. Deberíamos comenzar con las tablas de verdad; las podéis descargar en vuestro ordenador e imprimirlas, y sin más preámbulos comenzar a resolverlas; son muy facilitas, basta con ser ordenados al descomponer y volver a construir la fórmula, e ir aplicando la tabla de verdad de cada conector. Al tiempo que ejercitáis la lógica podéis tararear el estribillo de la canción:

Oh bitte gib mir nur ein Oh
Bitte gib mir nur ein Oh
Bitte gib mir nur ein
Bitte bitte gib mir nur ein Oh
Bitte gib mir nur ein Oh
Bitte gib mir nur ein Oh
Bitte gib mir nur ein
Bitte bitte gib mir nur ein Wort
Por favor dame solo un Oh, Por favor dame solo un Oh, Por favor dame solo un Oh, Por favor dame solo un Oh, Por favor dame solo un Oh…
Por favor, por favor, dame solo una palabra.

Tan fácil como comer pipas.
Claro que también podemos pensar: (… y para pensar)

Gota fría con premonición

 lluvia-en-picada

.
mientras que afuera llueve.
[……..] llueve
con verdadera crueldad, con humo y nubes bajas,
ennegreciendo muros,
goteando fábricas, filtrándose
en los talleres mal iluminados.
Y el agua arrastra hacia la mar semillas
incipientes, mezcladas en el barro,
árboles, zapatos cojos, utensilios
abandonados y revuelto todo
con las primeras Letras protestadas.
 .

Noche triste de octubre. 1959. Jaime Gil de Biedma

 

Los versos finales de uno mis poemas preferidos. Llevaba semanas en las que este poema rondaba en mi cabeza. De vez en cuando sacaba Las personas del verbo del estante para releerlo; varias veces hasta que acabé por dejarlo sobre la mesa. A mediodía de hoy empezó a llover con virulencia, la temperatura refrescó; tecleé en Google y de nuevo me encontré con el poema y decidí pasarlo a la pantalla. El poema completo sirve ahora como testimonio del carácter recurrente de las crisis, pero lo que en él me fascina es la presencia del agua, como lluvia, como goteras, como corriente, como océano. El agua que fluye, que aísla, que filtra, que arrastra, que acoge todas las cosas humanas “hasta enterrarnos en el mar” . La nulidad e impotencia del gobierno, el cansancio y la angustia del hombre común, la penalidad, el desaliento… todo es arrastrado hacia el mar.

que es el morir.

Cualquier día comenzaré –sin advertirlo- a escribir como esos adictos –me cuentan- que pasan el día frente a la pantalla y anotan: “vengo del supermercado y me han devuelto mal el cambio” y son contestados con otros tantos mensajes similares de experiencias con el cambio equivocado. Y anotaré “la sopa estaba sosa”, “se ha fundido una bombilla” “el cartero no ha venido”, “he perdido las llaves”, “la camisa rayada está tendida”, “ ha refrescado esta noche”, “llueve”.

Afuera llueve.

Definitivamente
parece confirmarse que este invierno
que viene, será duro.

del Espíritu

... en el borde del desierto y cerca de la región verde, los viajeros vislumbraron una cordillera de lo más peculiar: figuras geométricas formadas por caras triangulares, cuyas aristas puras se elevaban oblicuamente hasta converger en vértice afilado. No obstante, aquello no era obra de los dioses, sino del hombre: se trataba de las colosales construcciones de las que se hablaba en todo el mundo y que el anciano ya había descrito a José; la tumbas de Jufu, Jefrén y otros reyes de tiempos remotos, erigidas por cientos de miles de esclavos que habían trabajado sin aliento, a golpe de látigo, durante decenas de años, dejándose la piel en aquella tarea ardua y monótona; habían extraído de las canteras de Arabia millones de bloques de granito que pesaban toneladas, los habían arrastrado hasta el río para llevarlos al otro lado en embarcaciones, y luego, entre gemidos de esfuerzo los habían subido por rampas hasta la orilla del desierto libio, donde, desafiando las leyes naturales, los habían izado valiéndose de poleas y apilado hasta alcanzar la altura de una montaña; esclavos que caían y morían bajo el sol abrasador del desierto, con la lengua fuera a causa de la extenuación, con el fin de que el dios-rey Jufu pudiese reposar debajo, en el interior de una cámara protegida por el peso de siete millones de toneladas de piedra, con un ramo de mimosas sobre el corazón.

José y sus hermanos. Vol III. José en Egipto. Thomas Mann.

Hace ya más de un cuarto de siglo que recostado en el asiento trasero de un Seat 1430 leía Del yo al nosotros de Valls Plana, un comentario a la Fenomenología del Espíritu de Hegel, cuyo sistema idealista se me resistía (o quizá era yo quien se resistía). Cruzábamos la meseta castellana desde el sur en dirección a Vitoria. Agosto ofrecía un paisaje de secos rastrojos entre escasas sombras de encinas -o de álamos en el cauce seco de los arroyos. La llanura interminable era apenas interrumpida por frondosas sierras para retornar sofocante y desértica «…tierras para el águila». Y de repente, en el horizonte y sobre la ciudad, emergía una mole gris de contornos puntiagudos: la catedral.

Imaginar el desvarío y el esfuerzo necesario para acarrear la piedra y levantar aquella desmesura de entre los rastrojos -y pensarlo en el modo del entusiasmo y de las tragedias humanas- fue un destello que dejó traslucir la verdadera esencia -y la potencia- de ese Espíritu Absoluto que en vano trataba de descifrar. Esa tarde de agosto en Burgos empezaron a cobrar sentido para mí las palabras de todos aquellos con los que había tratado de acceder al pensamiento de aquel suabo de ojos grises, cuyo retrato en la Alte Nationalgalerie de Berlin me defraudó en su ingenuidad pastel. No ocurrió lo mismo en el museo egipcio ante el inquietante ojo tuerto de Nefertiti.

Acerca de una lectura posible. Ser y tiempo de Martin Heidegger.

Por lo cual incluso el amante  del mito es en un sentido filósofo; porque el mito se compone de cosas extrañas.

Aristóteles.

El curso ha comenzado y  tampoco este verano he leído Ulysses de James Joyce.  Pero no por ello he pasado los calores zanganeando en la rutina. No, nada de eso; entre cañitas y altramuces he dado cuenta de todo un clásico del siglo XX: Ser y tiempo de Martin Heidegger.  Esta hazaña -pues lo es, créanme- no la he realizado a solas, no podría haberlo hecho, hubiese sido de todas, todas,  incapaz, no creo que hubiese llegado a leer más de 50 páginas.  Para llevar a cabo esta lectura he contado con la ayuda de Jesús Adrián Escudero, quien, cada vez que yo flaqueaba me ha ido empujando hacia adelante, poniendo orden y sentido .  Ser y Tiempo se ha convertido, gracias a  la Guía de lectura de Ser y Tiempo  J. Adrián Escudero , en una obra asequible a los lectores de lengua española – lo que es merecedor de agradecimientos.  Ser y tiempo está dividido en 83 parágrafos, relativamente cortos , aunque como dice Deaño que dice Kafka «ese lapso, corto quizá si se le mide por el calendario, es interminablemente largo cuando, como yo, se ha galopado a través de él » Así la lectura efectiva de muchos parágrafos de poco más de tres o cuatro páginas equivalía a cruzar un desierto, alguno puro fuego (o humo) inhabitable. En la lectura he seguido el siguiente procedimiento:  primero he leído cada párrafo en el texto de Heidegger y  después leía el parágrafo correspondiente en el texto de Adrián Escudero  comparando, revisando,  mi propia interpretación. Sólo en contadas ocasiones he vuelto otra vez sobre el texto comentado o sobre el mismo comentario.  Creo que en total han sido más de mil páginas de «heideggerianismos» , que no está nada mal para ese verano de vacaciones que la administración «procustianamente» nos va reduciendo…

No voy a decir que he desentrañado los secretos de Ser y tiempo, una obra como esta necesita más de una lectura y ni siquiera así quedaría  totalmente desvelada, pero sí puedo decir que en lo esencial esta lectura permite orientarse con criterio en la multiplicidad de interpretaciones que esta obra ha tenido desde su aparición en 1927. El Heidegger posterior, el del giro o la famosa Kehre,  si acaso el próximo verano… quién sabe.  Confieso tener un sentimiento muy ambivalente hacia este autor, el personaje me resulta antipático, aunque en su filosofía percibo algunas ideas muy sugerentes, su estilo literario me resulta insufrible, no tanto por la terminología, sino por la exposición y la argumentación misma… a veces, sin embargo entre farragosas páginas y auténticos galimatías aparecen diminutas joyas de extraña belleza:

La conciencia sólo llama callando, es decir, la llamada viene de la silenciosidad de la desazón, y llama al Dasein a retornar, también callando, al silencio de su ser  (…) El silencio hace callar la habladuría del uno (…)

En esta tendencia a abrir que tiene la llamada hay un momento de choque, de repentina sacudida. Se llama desde la lejanía hacia la lejanía. La llamada alcanzará al que quiera ser traído de vuelta (…)

Ser y tiempo

atardecer

Me he permitido también algunas bromas en forma de imágenes, a veces fotografías propias, otras veces tomadas de internet, que me han valido el sobrenombre -que llevo con orgullo- de «el fotógrafo del ser«.  Quiero destacar una de ellas -tomada de internet, porque, a mi entender resume, gran parte de lo que yo he venido a comprender de esta obra señera del siglo XX.

  1. Dasein  irresoluto que en la impropiedad de la cotidianidad, perdido en el uno, huido de sí, absorto en lo que se dice, se piensa, se hace…  desorientado e irresoluto pierde su tiempo.

dasein-cotidiano

  2. Dasein  resuelto en la forma de la propiedad,  recuperado su sí mismo propio desde la anticipación de la muerte, la angustia y el reconocimiento de su ser-culpable…   en el instante de la resolución precursora .

dasein-cotidiano

Ahora  comienza el curso y nos llaman otros menesteres. Uno de ellos llamado Aristóteles.

 

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