Lecturas de verano

«Sin la técnica el hombre no existiría ni habría existico nunca»

Con esta rotunda afirmación comienza la Meditación de la técnica de Ortega y Gasset. Reparemos en la tesis fuerte aquí enunciada y diferenciémosla  de una posible interpretación débil : la técnica no es un añadido que en algún momento ha sobrevenido al hombre,  no es simplemente un resultado de la historia humana sino que es la condición misma de la existencia del hombre. No se trata tan solo de que el hombre necesite de la técnica para vivir, para sobrevivir, para mantenerse en la existencia, sino que es el hombre mismo -la vida humana- lo que aparece como resultado de la técnica. La técnica como una previa y necesaria condición de posibilidad de la humanidad o, como preferiría Ortega, un ingrediente -requisito- de la existencia humana .

Podemos imaginar algunas explicaciones posibles de esta tesis, concretamente desde la evolución biológica y antropológica, pero dejaremos toda teoría previa en suspenso y nos ceñiremos a la evidencia racional: porque la razón, la necesidad, el porqué, la verdad, de tal afirmación es lo que Ortega se compromete a mostrar en las lecciones que componen esta meditación acerca de la técnica. Y es lo que nosotros esperamos de ellas; lo que nosotros esperamos obtener de esta peripecia que iniciamos:
Meditación de la técnica y Lecciones de metafísica de Ortega, Acerca de Ortega y España inteligible de Julián Marías.

peripecia.
(Del gr. περιπέτεια).
1. f. En el drama o en cualquier otra composición análoga, mudanza repentina de situación debida a un accidente imprevisto que cambia el estado de las cosas.
2. f. Accidente de esta misma clase en la vida real.

Del espíritu

Siguen las cartas de los amigos:

…en el borde del desierto y cerca de la región verde, los viajeros vislumbraron una cordillera de lo más peculiar: figuras geométricas formadas por caras triangulares, cuyas aristas puras se elevaban oblicuamente hasta converger en vértice afilado. No obstante, aquello no era obra de los dioses, sino del hombre: se trataba de las colosales construcciones de las que se hablaba en todo el mundo y que el anciano ya había descrito a José; la tumbas de Jufu, Jefrén y otros reyes de tiempos remotos, erigidas por cientos de miles de esclavos que habían trabajado sin aliento, a golpe de látigo, durante decenas de años, dejándose la piel en aquella tarea ardua y monótona; habían extraído de las canteras de Arabia millones de bloques de granito que pesaban toneladas, los habían arrastrado hasta el río para llevarlos al otro lado en embarcaciones, y luego, entre gemidos de esfuerzo los habían subido por rampas hasta la orilla del desierto libio, donde, desafiando las leyes naturales, los habían izado valiéndose de poleas y apilado hasta alcanzar la altura de una montaña; esclavos que caían y morían bajo el sol abrasador del desierto, con la lengua fuera a causa de la extenuación, con el fin de que el dios-rey Jufu pudiese reposar debajo, en el interior de una cámara protegida por el peso de siete millones de toneladas de piedra, con un ramo de mimosas sobre el corazón.

José y sus hermanos. Vol III. José en Egipto. Thomas Mann.

Hace ya más de un cuarto de siglo que recostado en el asiento trasero de un Seat 1430 leía Del yo al nosotros de Valls Plana, un comentario a la Fenomenología del Espíritu de Hegel cuyo sistema idealista se me resistía (o quizá era yo quien se resistía). Cruzábamos la meseta castellana desde el sur en dirección a Vitoria. Agosto ofrecía un paisaje de secos rastrojos entre escasas sombras de encinas -o de álamos en el cauce seco de los arroyos. La llanura interminable era apenas interrumpida por frondosas sierras para retornar sofocante y desértica «...tierras para el águila». Y de repente, en el horizonte y sobre la ciudad, emergía una mole gris de contornos puntiagudos: la catedral.

Imaginar el desvarío y el esfuerzo necesario para acarrear la piedra y levantar aquella desmesura de entre los rastrojos -y pensarlo en el modo del entusiasmo y de las tragedias humanas- fue un destello que dejó traslucir la verdadera esencia -y la potencia- de ese Espíritu Absoluto que en vano trataba de descifrar. Esa tarde de agosto en Burgos empezaron a cobrar sentido para mí las palabras de todos aquellos con los que había tratado de acceder al pensamiento de aquel suabo de ojos grises, cuyo retrato en la Alte Nationalgalerie de Berlin me defraudó en su ingenuidad pastel. No ocurrió lo mismo en el museo egipcio ante el inquietante ojo tuerto de Nefertiti.

Sábado Santo con Wittgenstein

Los amigos nos siguen haciendo llegar reflexiones:

Sábado Santo con Wittgenstein. Sábado 22 de marzo de 2008

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Und außerhalb der Logik ist alles Zufall
Y fuera de la lógica todo es accidental -casualidad.
Wittgenstein

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La única necesidad estricta es, pues, la necesidad lógica. ¿Son las leyes naturales entonces puramente accidentales o contingentes? Sí. En varios sentidos:

1. Efectivamente la ciencia –natural o cualquier otra que trate de hechos, como la historia- da razón de determinados hechos, y la manera en que lo hace es enlazándolos con otros hechos, pero estos enlaces carecen en sí mismos de necesidad lógica y son por tanto accidentales –al menos desde la perspectiva de la estricta necesidad lógica.

2. La ciencia explica unos hechos enlazándolos con otros, pero la serie de enlaces es infinita y por tanto ha de quedar necesariamente inacabada esta tarea. De esta manera la explicación de cualquier fenómeno es siempre parcial y condicionada –contingente – y nunca total, incondicionada u absoluta.

3. Lo más sorprendente estriba en que si la serie de fenómenos y enlaces fuese una serie finita y pudiésemos alcanzar a conocer la serie completa, entonces el conjunto total aparecería como inexplicable, como absolutamente contingente. ¿ Absolutamente enigmático?

4. ¿Por qué el ser y no la nada?

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6.371

Toda la moderna concepción del mundo se funda en la ilusión de que las llamadas leyes de la naturaleza son las explicaciones de los fenómenos naturales.

6.372

Así, la gente se aloja hoy en las leyes de la naturaleza, tratándolas como algo inviolable, justo como Dios y el Destino, fueron tratados en época pasadas.

Y, de hecho, ambos tienen razón y no la tienen: aunque la opinión de los antiguos es más clara en cuanto tiene un límite claro y reconocido, mientras el sistema moderno intenta que parezca como si todo estuviera explicado.

Wittgenstein. Tractatus logico-philosophicus

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¿Salud sostenible?. Democracia y crisis. Los peligros de las coartadas.[Insistiendo].

Lo que no se puede es destruir un sistema que es históricamente el más justo de los que hemos tenido.  Adela Cortina

Comenzaba 2012 y nos hacíamos eco del artículo de Adela Cortina. Lo ocurrido durante estos meses hacen aún más patente su pertinencia. Así que lo reponemos, juzguen, ustedes:

Recomendamos la lectura del artículo de Adela Cortina ¿Salud sostenible?. Efectivamente debemos estar atentos a las decisiones políticas; el desempleo y la crisis económica no pueden ser coartadas que justifiquen cualquier decisión -y desde luego, no aquellas de dudoso aspecto democrático. Pues la historia nos ha mostrado en numerosas y tristes ocasiones como la democracia peligra en los momentos de crisis.

Lo que no es de recibo entonces, […] es aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid, recurrir verbalmente a la necesidad de recortar gastos para cumplir con nuestros socios europeos de una manera rápida, y con esa coartada transformar el Sistema Nacional de Salud, o los 17 sistemas que conviven en España, para que dependan menos de las Administraciones públicas y más del sector privado, sin explicar a los ciudadanos hacia dónde se quiere ir ni someterlo a discusión pública.
Es la vieja política de los hechos consumados, en absoluto democrática, que en este caso juega con la confusión entre la legítima aspiración a no despilfarrar recursos públicos en sanidad y el deseo ilegítimo de cambiar un modelo sanitario por otro sin que las gentes se den cuenta apenas, preocupadas como están sobre todo por el desempleo y la situación económica. […]
Si necesitamos nuevas fórmulas, es hora de presentarlas y deliberar ampliamente sobre ellas. Pero lo que no puede hacerse es destruir sin razones plausibles, sin discusión, un sistema que ha conseguido ser históricamente el más justo de los que hemos tenido.

Adela Cortina. El País.

Y lo que Adela plantea aquí respecto de la sanidad es válido para cualquier otro ámbito del espacio público -político*

Por ejemplo, para el educativo.

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