Dogmas de la pedagogía oficial 8. La motivación

Si yo tuviera una escoba…

Desde hace algún tiempo venimos tratando aquí lo que considerábamos dogmas de la pedagogía oficial: ciertas ideas con estatus de intocables dentro del ámbito docente. Y que por intocables han servido para alimentar un gran fraude. Pero creo que la más perniciosa de todas ellas no la hemos tratado aún directamente, aunque sí de forma “transversal” pues está presente como argamasa en el resto de dogmas, se trata del dogma de la motivación. La motivación es el concepto omnipresente en toda literatura educativa, en toda discusión y en toda ceremonia del sistema educativo español en las dos últimas décadas. En la teoría pedagógica la motivación puede tener consideraciones diversas, tiene sus defensores dogmáticos, pero también sus críticos: aquellos que limitan su valor. Es su uso dogmático – el que no examina sus fuentes, ni sus condiciones, ni sobretodo sus límites- lo que aquí rechazamos. Para nosotros la motivación es un factor secundario, y no puede ser el centro desde el que se articule la educación; un sistema educativo que quiera fundarse sobre la motivación está condenado inexorablemente al fracaso. La falta de motivación se esgrime como causa principal del fracaso escolar, y con cierta ingenuidad –no exenta de su pizca de maldad- se prescribe eliminar aquella para eliminar éste; los niños y adolescentes no están motivados, y por tanto se aburren, no prestan atención, ni trabajan con energía, aparecen los conflictos de disciplina y viene el fracaso escolar… en cambio si los niños estuviesen motivados, estarían divertidos en el colegio, atentos, trabajarían con gusto enérgico y en armonía… El diagnóstico está hecho, y la medicina recetada. Solo queda… ponerle el cascabel al gato. ¿Y quién se lo ha de poner? Pues está clarísimo, aquellos a quienes le corresponde: los profesores. Rigurosa lógica, rigurosa tautología. ¿Y los padres?, bueno, los padres también tienen que arrimar el hombro un poquito [perdón, implicarse], y cooperar junto al resto de la comunidad educativa, desde posiciones comunitarias y democráticas, -cuando no más democráticas- y desde normas al servicio de la prevención. Sí, todos juntos a motivar al infante. Y el infante, que se huele la trama –porque de tonto no tiene un pelo, sobreestimulado como está desde la cuna- se despatarra en su pupitre, echa los hombros hacia atrás, se despereza lentamente, y le dice con un cierto aire entre displicente y fastidiado al profesor: motíveme.

¿Se imaginan el resultado?

Hay otra forma de entender la educación en la que la escuela no se percibe como una actividad más junto a muchas otras posibles [por ejemplo la excursión Terra Mítica del fin de semana], en la que se concibe la educación como una necesidad para que el niño se convierta en hombre capaz. Esta concepción no se funda en la motivación, en el deseo, sino en la conciencia de necesidad. Y se entiende que el deseo nace de la necesidad.

Yo he sido educado en las letras desde mi infancia, y como se me persuadía de que, por medio de ellas, se podía adquirir un conocimiento claro y seguro de lo que es útil para la vida, tenía un extremado deseo de aprenderlas.

René Descartes.

PS. En este momento alguien me susurra a la oreja que el humanismo ha muerto.

Haití


Recogemos aquí la propuesta lanzada desde Profesor en la Secundaria. Invitamos a secundarla.

Médicos sin fronteras.

Cruz Roja

Intermon-Oxfam

Acción contra el hambre.

Año nuevo

Soy memoria de hombre;
Luego, nada. Divinas,
La sombra y la luz siguen
Con la tierra que gira.

Luis Cernuda.
La vida es, sin duda, cíclica, marcados como estamos por nuestros giros cotidianos sobre el propio centro y por los viajes anuales alrededor de nuestra familiar estrella… pero entre los microbios estelares dedicados al mutuo avasallamiento llamados hombres, existe una variedad especialmente aquejada de circularidad: los profesores. Y entre éstos, son quizá los profesores de historia de la filosofía quienes la padecen en grado superlativo. Es mi caso. El invierno se ha convertido para mí en un época oscura, barroca, enmascarada, de campos embarrados y donde bajo la nieve y el hielo pueden encontrarse los cuerpos descompuestos de cadáveres ajusticiados en trifulcas religiosas o en guerras de fronteras y sucesiones, y en cuyas calles nocturnas uno teme encontrarse con algún puñal embozado… los meses de marzo y abril traen la luz y el viento fresco y revitalizador de los mares del norte, y mayo la furia, la aniquilación y el ímpetu creador de la vida…y llegará septiembre ¿Brilla Jonia?.

Nuestra vida es cíclica pero no es mera repetición, sino espiral creadora, pues nada ocurre dos veces. Como dice nuestra querida Wislawa Szymborska : En esta escuela del mundo/ni siendo malos alumnos/repetiremos un año,/un invierno, un verano.

PS. Ha comenzado 2010 y manda la tradición manifestar los mejores deseos para el año entrante. Yo quería recordarles un acontecimiento pasado: el nacimiento hace unos meses de un nuevo blog, Deseducativos, un blog de profesores preocupados por el estado actual del sistema de enseñanza español y que pretende ser un lugar de encuentro y de acción para ayudar a renovarlo.

Regalo de navidad

Uno de los poetas preferidos de los autores de este blog es, sin duda, José Hierro. Sin embargo no hemos traido apenas poemas suyos por aquí. A lo más jóvenes quizá no les suene mucho, pero las vacaciones de invierno pueden ser un buen momento para empezar a conocerlo, y desde aquí os animamos a ello.

Nos han abandonado en medio del camino.
Entre la luz íbamos ciegos.
Somos aves de paso, nubes altas de estío,
vagabundos eternos.
Mala gente que pasa cantando por los campos.
Aunque el camino es áspero y son duros los tiempos,
cantamos con el alma. Y no hay un hombre solo
que comprenda la viva razón del canto nuestro.

Vivimos y morimos muertes y vidas de otros.
Sobre nuestras espaldas pesan mucho los muertos.
Su hondo grito nos pide que muramos un poco,
como murieron todos ellos,
que vivamos deprisa, quemando locamente
la vida que ellos no vivieron.

Ríos furiosos, ríos turbios, ríos veloces,
(Pero nadie nos mide lo hondo, sino lo estrecho.)
Mordemos las orillas, derribamos los puentes.
Dicen que vamos ciegos.

Pero vivimos. Llevan nuestras aguas la esencia
de las muertes y vidas de vivos y de muertos.
Ya veis si es bien alegre saber a ciencia cierta
que hemos nacido para esto.

Destino alegre. José Hierro.

.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar