Es usted imbécil. Gustavo Bueno y los presocráticos.
1 diciembre, 2009 Deja un comentario
Filosofía, ciencia y cultura
1 diciembre, 2009 Deja un comentario
29 noviembre, 2009 7 comentarios
“Es irrelevante saber eso». En cierto sentido no le falta razón a la candidata a «Reina», porque lo mismo opinaron, a buen seguro, cuantos profesores tuvo en su vida y los responsables de Educación -gubernamentales y autonómicos- de las últimas dos o tres décadas, que han hecho todo lo posible por convertir a España en una sociedad de iletrados, de ignorantes ufanos de su ignorancia, de primitivos duchos en tecnología; así como un buen número de progenitores, que se han dedicado a exigir a los docentes que enseñen a sus vástagos «cosas prácticas», que les sirvan para ganarse la vida en el futuro, y no pierdan el tiempo con lo «irrelevante». ¿Sirve de algo el latín, una lengua cadáver? ¿Sirven las matemáticas, cuando tenemos calculadoras que nos dan el resultado de cualquier operación en el acto? ¿Sirven la gramática, la sintaxis y la ortografía, si da lo mismo cómo se hable y se escriba? ¿Sirve conocer la historia, si basta con buscar en Internet para averiguar al instante quién fue tal personaje o qué pasó tal año? ¿Sirve la geografía, si cogemos aviones que nos trasladan a cualquier sitio en unas horas y nos trae sin cuidado el trayecto? ¿Sirve algo de algo? ¿Y qué es, pues, «lo práctico»? Tal vez sólo aprender a manejar el ordenador y la calculadora. En realidad, ¿para qué es necesario ir a la escuela? ¿Para tener una idea del mundo, del pasado de la humanidad, de la historia del arte y de las religiones, de la evolución de las ciencias, de nuestra anatomía, de los textos que se han escrito, de la multiplicación y la división y la suma y la resta, del círculo y el triángulo? Nada de eso es «práctico» ni ayuda a ganarse la vida, no digamos a ser Reina Hispanoamericana. Y sin embargo …”
Leer artículo completo “Esos saberes irrelevantes” Javier Marías.
27 noviembre, 2009 2 comentarios
(Habla Sócrates con Adimanto tras afirmar Adimanto que los que se dedican demasiado a la filosofía se vuelven inútiles y completamente inaptos para la vida práctica):
«[…] Figúrate que en una nave o en varias ocurre algo así como lo que voy a decirte: hay un patrón más corpulento y fuerte que todos los demás de la nave, pero un poco sordo, otro tanto corto de vista y con conocimientos náuticos parejos de su vista y de su oído; los marineros están en reyerta unos con otros por llevar el timón, creyendo cada uno de ellos que debe regirlo, sin haber aprendido jamás el arte del timonel ni poder señalar quién fue su maestro ni el tiempo en que lo estudió, antes bien, aseguran que no es cosa de estudio y, lo que es más, se muestran dispuestos a hacer pedazos al que diga que lo es. Estos tales rodean al patrón instándole y empeñándose por todos los medio en que les entregue el timón; y sucede que si no le persuaden, sino que más bien hace caso de otros, les dan muerte a éstos o les echan por la borda, dejan impedido al honrado patrón con mandrágora, con vino o por cualquier otro medio y se ponen a mandar en la nave apoderándose de lo que en ella hay. Y así, bebiendo y banqueteando, navegan como es natural que lo hagan tales gentes, y sobre ello, llaman hombre de mar y buen piloto y entendido en la náutica a todo aquel que se da arte a ayudarles en tomar el mando por medio de la persuasión o fuerza hecha al patrón, y censuran como inútil al que no lo hace; y no entienden tampoco que el buen piloto tienen necesidad de preocuparse del tiempo, de las estaciones, del cielo, de los astros, de los vientos y de todo aquello que atañe al arte, si ha de ser en realidad jefe de la nave. Y en cuanto al modo de regirla, quieran los otros o no, no piensan que sea posible aprenderlo ni como ciencia ni como práctica, ni por lo tanto el arte del pilotaje. Al suceder semejantes cosas en la nave, ¿no piensas que el verdadero piloto será llamado un miracielos, un charlatán, un inútil por los que navegan en naves dispuestas de ese modo?»
PLATÓN: República, 488a-489a
«Pues bien, quien pertenece a este pequeño grupo y ha gustado la dulzura y felicidad de un bien semejante, y ve, en cambio, con suficiente claridad que la multitud está loca y que nadie o casi nadie hace nada juicioso en política y que no hay ningún aliado con el cual pueda uno acudir en defensa de la justicia sin exponerse por ello a morir antes de haber prestado ningún servicio a la ciudad ni a sus amigos, con muerte inútil para sí mismo y para los demás, como la de un hombre que, caído entre bestias feroces, se negara a participar en sus fechorías sin ser capaz tampoco de defenderse contra los furores de todas ellas… Y como se da cuenta de todo esto, permanece quieto y no se dedica más que a sus cosas, como quien, sorprendido por un temporal se arrima aun paredón para resguardarse de la lluvia y polvareda arrastradas por el viento; y contemplando la iniquidad que a todos contamina, se da por satisfecho si puede él pasar limpio de injusticia e impiedad por esta vida de aquí abajo y salir de ella tranquilo y alegre, lleno de bellas esperanzas.»
PLATÓN: República, 496c-496e
27 noviembre, 2009 2 comentarios
Ayer fue Platón, de la mano de Adrados; hoy su ilustre maestro: Sócrates, el hombre más justo de Atenas a juicio de su discípulo y el más sabio, según el Oráculo, porque sabía que no sabía. Frente a aquéllos que piensan que la filosofía consiste en decir cosas y tener opiniones sobre todo y, como tanto gusta al alumnado LOE, defenderlas no por verdaderas, sino por opiniones, Sócrates es un ejemplo del verdadero espíritu filosófico: Sócrates no cree, Sócrates busca, inquiere, discute, critica y no respeta las opiniones; las ridiculiza y las reduce al absurdo como quien arruga un papel Albal. Por supuesto estas cosas no salen gratis, y Sócrates tuvo que vérselas ante un tribunal, acusado de impiedad y de corromper a la juventud (la enseñanza de la filosofía, siempre clandestina).