4 rasgos totalitarios en ‘Democracia real ya’

Últimamente parece que se anda poniendo de moda lo de indignarse. Reconozco que, tal y como está el percal, no nos faltan razones. Sin embargo hay algo en esa actitud que me resulta molesto, incluso cuando yo mismo la adopto. Indignarse siempre me ha parecido algo artificioso, como una pose. El indignado, en muchas ocasiones, tampoco parece dispuesto a hacer nada. Indignarse parece un estado cerrado en sí mismo, como a la espera de que alguien haga algo. Por eso la frase típica del indignado es: “¿Pero es que nadie va a hacer nada”? Además, uno puede indignarse por todo tipo de cosas: por hacerle mal las mechas en la ‘pelu’, por la peste a sardina en el patio de luces, por fracasar en Eurovisión, por ver tetas en la playa… A veces nos indignamos por cosas más elevadas, pero no nos dura mucho.

La moda de indignarse ha cogido vuelo estos días y, afortunadamente, se ha dirigido hacia un fin más o menos noble: la política. Eso es bueno porque quiere decir que la gente no se ha vuelto ya completamente imbécil. Estamos viendo en las principales capitales de Provincia -especialmente en Madrid- una serie de movilizaciones al grito de ‘Democracia real ya”.  La combinación de este movimiento y la moda de indignarse es como la combinación de una mecha y una cerilla. El mensaje es muy sencillo: indignaos. Esto lo dicen en tiempos de vacas gordas y nadie hace caso. Pero ahora es otra cosa. Los españoles somos, además, propensos a indignarnos. Si el mensaje fuera ‘trabajad’ , ‘luchad’ o ‘esforzaos’, pues haríamos la vista gorda. Pero como sólo hay que indignarse… Creo que con los tiempos que corren es más fácil adherirse al movimiento que tratar de comprenderlo con distancia. Sin embargo, como aquí nos gusta hacer amigos, tomaré aliento y me dedicaré a lo segundo. Lo haré un poco largo para que no me lean los más perezosos.

El asunto es muy complejo y yo me limitaré a analizar el Manifiesto “Democracia real ya” colgado en la web del movimiento (parece que hay dificultades para leerlo ahí, pero se puede leer también aquí). Hay muchas cosas en ‘Democracia real ya’ que me resultan simpáticas, pero hay malas noticias. Creo que el núcleo del manifiesto revela una actitud totalitaria que debe ser expuesta, pues seguramente los firmantes del mismo no se identifican realmente con dicha actitud. Pero a veces una cosa nos lleva a otra y acabamos como el rosario de la Aurora; por eso es importante examinar con lupa los principios. Creo que podemos observar en “Democracia real ya” al menos cuatro rasgos típicos del totalitarismo: esencialismo, utopismo revolucionario, maniqueísmo y estatalismo.

1) Esencialismo

El título mismo del manifiesto no oculta una concepción esencialista de la democracia. Se pide una democracia ‘real’ que se opondría a una democracia falsa. No se contrapone un sistema justo a uno injusto, o un modelo de democracia a otro, sino que se contrapone lo verdadero a lo falso. La democracia existente no es la verdadera, es una apariencia. Los autores del manifiesto parecen estar en posesión de la ‘idea’ platónica de la democracia, probablemente han sido iluminados por ella y se permiten, incluso, determinar las prioridades ‘de toda sociedad avanzada’. El esencialismo nos conduce ahora al holismo: es la sociedad la que tiene prioridades, no los individuos y, por cierto, una de las prioridades de la sociedad es “la felicidad de las personas”. Sólo en la sociedad verdadera seremos verdaderos los hombres. Este enfoque esencialista es muy atractivo porque permite aglutinar a gentes de la más diversa procedencia. En el manifiesto se desmarcan de toda posición ideológica, lo suyo es una cuestión objetiva. La verdad es independiente de las ideologías, por lo tanto la democracia real ha de ser reconocida por todos, con independencia de sus opiniones. Platonismo en vena. Si en vez de reclamar una “democracia real” especificaran exactamente y con detallado rigor el modelo de democracia que piden, la adhesión no sería tan multitudinaria. Pero el problema de las esencias es que el que se viste con ellas, en realidad va desnudo.

2) Utopismo revolucionario

El advenimiento de la verdadera democracia, cual reino de los cielos en la tierra, ha de realizarse, además, “ya”. Esto no puede ser más coherente con el esencialismo. El color de una mesa puede pasar de ser verde a ser rojo de un modo gradual, y sin destruir la mesa. Sin embargo la mesa no puede convertirse gradualmente en otra cosa… unas tijeras de podar, por ejemplo. El cambio a una democracia verdadera tiene que ser ya, no puede ser gradual. La verdad no admite grados. La única forma de que se operen cambios políticos de tanto alcance como este es de modo revolucionario. Pero esta forma de entender la revolución es utópica: las cosas, simplemente, no funcionan así. ¿Y si nos empeñamos? Pues si nos empeñamos en destruir un sistema ‘falso’ para crear ex nihilo otro verdadero, el resultado será… que no lo conseguiremos y, además, haremos mucho daño. Hacer las cosas ‘ya’ cuesta muchos disgustos. La ventaja de los procesos graduales no revolucionarios es que siempre se puede volver hacia atrás si uno ve que estaba equivocado. Pero claro, como ellos están en posesión de la ‘verdad’, pues pueden permitirse cambiarlo todo ‘ya’. El ‘ya’ es simplemente una falta de humildad epistemológica. Es como decir “sabemos que no estamos equivocados”.

 3) Maniqueísmo

Dicen en el manifiesto estar indignados “por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie”. Dos bloques: los políticos, empresarios y banqueros por un lado y los ciudadanos por otro. El bloque de los políticos, empresarios y banqueros es el bloque de los corruptos. El bloque de los ciudadanos es el de los indefensos. O sea, los buenos contra los malos. Los políticos, empresarios y banqueros no son ciudadanos; los ciudadanos son la “gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean”. La democracia verdadera será aquella que devuelva el poder a los ciudadanos (clase de la que se ha excluido a los políticos, empresarios y banqueros). Un nuevo fantasma recorre Europa… Los políticos, empresarios y banqueros no son verdaderos ciudadanos porque constituyen un obstáculo para la verdadera democracia. Su único fin es la “acumulación de dinero”, por encima de la “eficacia y el bienestar de la sociedad”, son egoístas, no comprenden que la totalidad es más que la suma de las partes.  Se han apoderado de las instituciones y han convertido la democracia en una “máquina destinada a enriquecer a una minoría”. Pero qué malos son los políticos, empresarios y banqueros. Y qué buenos los ciudadanos trabajadores. Tener un enemigo tan odioso como los políticos, los empresarios y los banqueros sirve… para sacar a la gente a la calle. Hitler tenía a los judíos. Stalin a la burguesía.

4) Estatalismo

Me llama poderosamente la atención que los ciudadanos estén ‘indefensos’. En otros movimientos revolucionarios lo que se perseguía era deshacerse del yugo que el poder ejercía sobre una clase explotada. Sin embargo aquí no piden libertad, piden ser defendidos (“¿Pero es que nadie va a hacer nada?”) de los malvados. Lo que quieren es que el Estado se ocupe de ellos, de su “bienestar”, de la “felicidad de las personas”. Lo malo de esto es que lo que están pidiendo es que el Estado se identifique con el pueblo, y asuma respecto a este la responsabilidad de un padre. Malas cosas… Cuando dicen que el derecho a la vivienda o al trabajo “deberían estar cubiertos” están suponiendo que actualmente no lo están. En realidad actualmente esos derechos están cubiertos de un modo formal, el Estado garantiza que a nadie se le impida trabajar o poseer una vivienda. Sin embargo el derecho negativo a que nadie me impida algo no implica la obligación positiva de que eso me sea proporcionado. Si ‘Democracia real ya’ entiende que el derecho a la vivienda y al trabajo no está satisfecho es porque lo entienden en el sentido positivo. Al final sí tenían una ideología. La verdadera, claro. Pero cuando el Estado empieza a preocuparse por nuestra felicidad, se acaba preocupando demasiado por nuestra ‘felicidad’.

Nota: supongo que es inútil la observación de que el hecho de criticar el movimiento ‘Democracia real ya’ no me sitúa ipso facto a favor de lo que ellos critican. Digo que esta observación, aun siendo verdadera, es inútil, porque la tentación de convertirme en defensor de la corrupción del sistema será demasiado fuerte.

Actualización

Casualmente Nacho Camino ha tratado también el tema en el post ¿Democracia real? Ya… de su magnífico Blog Yo soy el individuo

Otro interesante post sobre el tema en El tercer liberalismo, a cargo de Alfonso Galindo: ¿El Mayo español?

También merece la pena leer el artículo de Quim Monzó en La Vanguardia: He aquí la Spanish Revolution

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23 Responses to 4 rasgos totalitarios en ‘Democracia real ya’

  1. Voyeurdapié says:

    ¿Por ver tetas en la playa? …anda ya!

  2. Toro says:

    Me parece un análisis muy acertado.
    Lástima, empezaban a caerme bien.
    Me parece que no les falta razón en lo de indignarse, pero realmente necesitan realizar propuestas concretas de cambio.

    Gracias.

  3. Xafi says:

    Bueno Felipe, como siempre un poco de filosofía aplicada no me viene nada mal, pues yo tampoco entendía muy bien lo de “democracia real, ya” sobre todo por lo de real. ¿Qué es real?. Me recuerda un poco a Matrix. Cada uno construye su propia realidad en función de su circunstancia (ya lo decía Ortega). Efectivamente lo que menos nos interesa en estos momentos es un papá-Estado. Agudizar el ingenio y exigir que se cumplan los compromisos políticos sí me parece algo por lo que pelear y, en ese sentido, les doy la razón. Estoy completamente de acuerdo en que las revoluciones ya no son nada positivas. De hecho en Cuba todavía creen que están en un Estado revolucionario (ja) y a todo aquél que critique al Comandante es un antirevolucionario (jaja). Sin embargo aceptan dólares (jajaja). Bien, sólo decirte que me encantan tus apreciaciones, bueno en general y aunque también te equivoques (lo de Libia queda pendiente, tú sabes), estoy bastante de acuerdo en tus apreciaciones. Ahora bien, la gente se indigna al sentirse impotente ante la situación que se les ha venido encima a muchas personas de este país. Entonces casi da igual la plataforma reivindicativa y lo que se reivindique, estamos un poco hasta los huevos de pagar los errores cometidos por la banca y la política, aunque en cierta medida una gran mayoría de idiotas apoyamos esa política neoliberal pensando que todos nos haríamos ricos, comprando grandes casas, buenos coches, hipotecándonos hasta el cuello, en fin. Que todos en el fondo tenemos parte de culpa pero, claro, los que han sacado mayor tajada de nuestras miserias también deberían pagar por sus errores, no solo el pueblo que es, al final, quien paga las facturas de los políticos, empresarios y banqueros. Es normal que se esté INDIGNADO.

  4. Manolo Ballester says:

    Magnífico análisis.
    Y no tan largo

  5. Antonio Ruiz del Codo says:

    Felipe, me parecen cojonudos todos los planteamientos filosóficos que haces en busca de la verdad y de lo perfecto, pero no es menos cierto que además de pensar hay que actuar y este movimiento ya ha empezado a actuar. Probablemente sus componentes no tengan la capacidad analítica de la que tú gozas pero se han puesto a andar y a lo mejor consiguen más cosas que tú pensando. También quiero recordarte (aunque tú también lo haces) que te he leído bastantes textos en los que has mostrado tu indignación.Quizá hay situaciones en la vida que piden un poco de pragmatismo y menos filosofía aun no estando de acuerdo con la materialización pragmática de los hechos.

  6. Antonio Ruiz, no entiendo muy bien sus reproches. ¿Le molesta que piense? (Espero que en la democracia real esa me dejen pensar todo el tiempo, incluso en ‘las situaciones de la vida que piden un poco de pragmatismo’, ya sabe, los filósofos somos un poco vagos). En todo caso, ahí van algunas observaciones sobre su comentario:

    1) Yo no ando ‘en busca de la verdad y lo perfecto’. Lo que yo buscaba en el texto del manifiesto eran sus mentiras y sus defectos. Precisamente el primero de los puntos que denuncio de DRY es que parten de un presunto conocimiento de ‘la verdad y lo perfecto’ (Si no se sintieran en posesión del verdadero concepto de democracia, no pedirían una democracia REAL). Otra de las cosas que denuncio es su carácter revolucionario. Precisamente los que somos conscientes de que no estamos en posesión de ‘la verdad y lo perfecto’ preferimos ir paso a paso.
    2) Andar sirve fundamentalmente para cambiar de sitio. Pero si no se piensa se acaba yendo de Guatemala a Guatepeor.
    3) ‘a lo mejor consiguen más cosas que tú pensando’. Hará usted que me sienta avergonzado de pensar…
    4) Ignoro la capacidad analítica de los miembros de DRY pero, en todo caso, y ya que usted les acusa de carecer de ella, no lo considero ninguna virtud.

  7. Basseta says:

    Comparto algunas de tus observaciones, aunque en estos momentos celebro que haya un movimiento de esas características, que motive a la gente a salir a la calle, que obligue a la gente a pensar (sobre todo, a los que únicamente ven las cosas por la TV), que obligue a los políticos a cambiar un poco el discurso.

    Por cierto ¿la revolución francesa empezaría así más o menos?

    • La Revolución Francesa comenzó tomando la Bastilla, que era algo así como la cárcel en la que metían a los presos políticos. Hubo tiros, sangre y terror. La Revolución Francesa fue cosa seria, no una acampada. Allí cortaron cabezas, aquí se pide que se vote a los partidos minoritarios (¿Falange cuenta como partido minoritario?). No es tiempo de Robespierres.

      Por otra parte, no veo que los políticos hayan cambiado el discurso, ni creo que lo vayan a hacer. Simplemente asimilarán el movimiento que además acabará dividiéndose y debilitándose a medida que concreten las propuestas y acaben reproduciendo lo que denuncian en los partidos. De hecho hay dos actitudes, la de los partidos de izquierda (Pero si lo que dicen ellos lo decimos nosotros, vótennos, que viene la derecha) y la de los partidos de derecha (pero si lo que dicen ellos es lo que dice la izquierda y además la culpa es de Zapatero, vótennos). En cualquier caso, no tienen por qué cambiar el discurso. El movimiento DRY es poco representativo (de momento) y lo que realmente quiere ‘la gente’ se verá en la urnas. Si la participación y la proporción de votos es la misma de siempre, entonces esto era humo. Habrá que esperar a las elecciones para juzgar el verdadero alcance de esto.

      No es que no simpatice con el ‘espíritu’ de DRY, la verdad es que en el fondo me parece bien. Al final se trata de recordarles a los políticos que sólo son unos ‘mandaos’. Sin embargo la actitud que debemos adoptar ante esto es, ya lo he dicho en otro sitio, la de un médico que observa un bultito sospechoso en su paciente. A lo mejor no es nada, pero conviene analizarlo. En el caso de DRY, hay algunas cosillas sospechosas. A lo mejor no es nada grave, pero hay que analizarlo…

  8. Mese says:

    No soy un partidario acérrimo del movimiento en cuestión.
    Ni tampoco un opositor al mismo.
    Pero esto si que es una buena manera de sacar de contexto una cosa para criticarla.
    Por desgracia solo puedo estar de acuerdo con el primer punto.

    En el segundo, el “Ya” creo que expresa la susodicha indignación y no la velocidad de la instauración de la nueva democracia, ademas de que es un Slogan, no una orden, es decir lo sacaste de contexto, y criticaste por ahí. (Ah! una mesa SI puede transformarse en unas tijeras de podar gradualmente, seguro que en bricomania te lo explican bien, mal ejemplo. Puestos a sacar de contexto).

    El tercero es aberrante. Ridiculizas el grupo de los ciudadanos, otorgando el papel de “malo” al grupo de los políticos, banqueros etc etc… Probablemente, bien fundado por el manifiesto de la susodicha organización, pero de nuevo sacando de contexto, generalizando y haciendo irrisoria la frase entrecomillada con la que comienzas el párrafo, sacada del manifiesto. Colofon: comparas a los ciudadanos con figuras del tamaño de Hitler, de manera cómica, debo suponer, dejando cómico todo lo anterior.

    El cuarto, empezando como coletilla del anterior, tienes en parte gran razón, no impedir, no significa obligación de dar. Pero, de nuevo, debo suponer, y supongo que en el manifiesto se refieren, no a obligar al gobierno a regalarnos a todos una casa, si no, a fomentar el empleo (cosa debatible si el actual gobierno a realizado ya o no, en ese tema no me meto), ya que con este viene la vivienda y todo lo demás. Es decir, de nuevo sacado de contexto… leído literalmente.

    Repito, para los que hayan llegado hasta aqui: no soy un partidario-ultra de este movimiento, aunque comparto cartilla del paro con muchos de ellos.

    Si haces algo, hazlo bien.

    Pan y circo, señores.

    • Según parece he sacado todo de contexto.

      He de aclarar que yo tampoco soy un opositor-ultra del movimiento.

      En cualquier caso, que esté usted de acuerdo sólo con el primer punto no me parece una desgracia. Ni siquiera en el contexto en el que usted lo dice 🙂

    • Respecto al ejemplo de la mesa, es sólo un ejemplo, aunque efectivamente imperfecto. Precisamente en su imperfección está su virtud: no es posible encontrar ningún ejemplo real de cambio substancial absoluto. Por lo tanto, tampoco lo encontraremos en política. Todos los cambios son graduales.
      Supongo, además, que interpretar ‘ya’ como adverbio de tiempo no es tan descabellado.

  9. Mese says:

    Estar de acuerdo o no solo expresa puntos de vista y opiniones, nada real. Seguramente tengamos un punto de vista muy parecido, pero sin duda maneras muy distintas de decirlo.
    Democracia Real Ya, y en parte, un gran numero de gente de a pie, ciudadanos, “demonizan” al gobierno, a los banqueros (generalizando) y en definitiva a todos que nos como ellos y están en un escalafón económico superior, sin importar si se lo merecen o si lo tomaron prestado. Yo pienso que esta manera de pensar es un tanto errónea: No son demonios, pero tampoco son nuestros salvadores, y en mi opinión podrían hacerlo un poco mejor. Sé trata de hacer entender a los políticos que el pueblo esta en la calle, que queremos algo que teníamos, nada del otro mundo, y no de colgarlos del palo mayor de la plaza del pueblo.
    Como bien dijo otro comentario. Celebro estas manifestaciones para que así el pueblo recapacite sobre a quien votar.
    Un saludo.

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  11. Alejandro says:

    Gracias por el análisis. Me alegra coincidir contigo en tantos puntos.

  12. eulez says:

    Bueno, a mi esto me parece un poco exagerado, aunque desde luego no niego que haya parte de verdad en lo que se dice aquí. Pero animo al autor de la entrada a que intente, con los mismos conocimientos filosóficos e históricos, a que analice las bondades de este movimiento (pacifismo, responsabilidad cívica, organización horizontal, o lo que sea) y que además lo englobe dentro de lo sucedido históricamente en la sociedad española. Verá como le queda un texto complementario muy positivo en muchos aspectos esenciales.

  13. ortaet says:

    Los rasgos que tú indicas pertenecen a un ámbito en el que no se sitúa la revuelta. Es posible que toda esa gente que se siente indignada hoy esté equivocada, y sea muy ingenua, pero está removiendo algo que tú, ni la gente que se sitúa en el pedestal de la demagogia, ni por asomo conseguiréis nunca. Claro, quizá os vaya tan bien que no necesitáis cambiar nada. Sabes lo que es tener trabajo, pagar una hipoteca, tener familia y ser pensionista, o simplemente esperar 3 años a que te operen? No, no lo sabes, sin duda. Y ojalá no lo sepas ni tengas que indignarte nunca. Para jabón, las manos suaves.

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  17. Interesante reflexión. Coincide que ayer colgaba en mi blog un texto de Zizek más que oportuno en relación a este tema (http://atrapadosenlacosidad.blogspot.com)y ahora me encuentro con vuestra crítica. Coincido en que es un movimiento interesante y estoy de acuerdo con muchos de los puntos que reivindican, pero algo de “autocrítica” nunca viene mal. Lo que sucede es que la autocrítica se desvía fácilmente hacia el maniqueismo tal y como nos educan los medios de comunicación a hacer, descontextualizando e identificando con un bando, para hacer mucha más sencilla la “reflexión”.

    Aunque os sigo desde hace tiempo, os añado a mis favoritos.

    Un Saludo.

  18. Debo discrepar con el análisis, aunque lo considero constructivo salvo en pequeños detalles. Yo sí soy una defensora del movimiento (tampoco acérrima, y tampoco de la ideología que seguramente se me achacará, pero eso es lo que menos nos incumbe).

    Aunque quizá tenga razón en sus primeros párrafos, lamentablemente considero que conseguir la “indignación” no es una tarea tan sencilla. Sí, ya, conseguir la acción (el esfuerzo, el trabajo) es mucho más difícil, conforme. Pero la propia indignación, en sí, ya es un absoluto logro. O quizá, la indignación que cala hondo, la que se mantiene, es lo que es difícil. Compruebe usted cómo los que se indignan al ver tetas en la playa lo hacen sólo en su tiempo libre, y cómo su conversación no dura más de cinco minutos. Como el que se indigna de que llueva el fin de semana, y no los días de diario (que es, con perdón, una putada).

    Evidentemente, la indignación sólo viene cuando hay motivos. En épocas de vacas gordas, si supuestamente todo nos es favorable, no nos vamos a indignar, como es lógico (no estoy muy segura de que intentase reprocharnos esto, es un poco un sinsentido). Que tampoco es indignarse “por indignarse”. El problema es que, a ojos de una gran mayoría, cuesta hasta indignarse en épocas de vacas flacas. Cuesta aún más cuando se es afín al partido o los partidos (para dividir responsabilidades entre central y autonómico) responsables. Porque, claro, indignarse es más fácil cuando la culpa era de otros.

    Y aún así, mírenles. Indignados están, e indignados lo muestran. Indignados activos (manifestantes), pocos, pero indignados en sí, un 79% de la población. Aunque sus partidos estén en el gobierno. Visto así, es el mayor ejercicio de autocrítica de esta sociedad del que yo, personalmente, me enorgullezco.

    Vayamos ahora poco a poco con el análisis.

    1. El supuesto esencialismo. Es quizá un error de concepto, sí (no suyo, sino nuestro). Pero es poéticamente lícito. Me explico. Se entiende que, en una democracia (a secas), el requisito más esencial debería ser que ciudadano sintiera que la colectividad o que su sociedad está representada por sus políticos. Quiero decir, objetivamente, en frío, dejando aparte el que “si no sale mi partido, esto no es representativo”. Esto es, que sintiese que “el gobierno es del pueblo”. Independientemente de que sea parlamentaria o directa. No somos locos (algunos), no pretendemos decidir todas y cada una de las cuestiones que nos afecten. Pero cuando el grado de las decisiones tomadas sin consulta popular (como la asignación de cargos) comienza a ser demasiado grande, la impresión que le queda al ciudadano es: ¿para qué voto yo? ¿Realmente lo hacen porque alguien quiera esto? Es algo subjetivo. El amor “verdadero” también lo es. Es poético, es sentimental, es emocional. Es un decir: esto no es real, porque realmente yo no siento que una mayoría quiera lo que estos señores hacen. Pongo por ejemplo, la negativa a estudiar las 659 grandes riquezas en paraísos fiscales. El ciudadano exclama, entonces: ¿pero esto lo hacen por alguno de nosotros, o por ellos? En caso de que lo hagan por ciudadanos, ¿de verdad son una mayoría? Como vemos, bien sea por una minoría ciudadana o por ellos mismos, eso no se corresponde con el concepto de “democracia” en su sentido más puro. ¿Por qué no hablar de una “democracia más chuli” o una “democracia más participativa”? Realmente, porque el grito que le sale al ciudadano que ve esto es: “Me están engañando. A mí me dicen que (les) vote, que mi voto cuenta, pero es mentira. Esto no es una democracia REALMENTE porque, aunque parece que voto, luego esa acción se malversa hasta producir el mismo efecto que si no votase”.
    ¿Existe, pues, una “democracia real”, o ideal, o auténticamente única? Es posible que no. Cada cual, muy seguramente, querrá tener voz y voto sobre una cantidad diferente de decisiones. Sin embargo, se puede llegar a unos límites donde todo el mundo o la mayoría diga: “Mira, no. Es que esto ya no lo entiende ni lo apoya nadie”. Se puede llegar a un punto donde el 80% de la gente sienta que su voto no ha sido tenido en cuenta en las medidas que luego se han llevado a cabo. Desde luego, eso puede ser legalmente democrático (que lo es), pero no “real”. No es real, porque si lo fuese, el motivo del descontento debería ser la culpa y la autofrustración por haber elegido mal (“Yo decidí que gobernase este gobierno, que llevó a cabo las medidas que yo consideraba correctas. Estas medidas no funcionaron, nos hicieron mucho mal. Me equivoqué en mi elección”). Que el sistema de elección sea más o menos democrático no convierte el sistema político en democracia, puesto que si luego los políticos no cumplen con la representación de una mayoría, no seguimos los preceptos de una democracia participativa.

    2. El supuesto utopismo revolucionario. ¿Ha analizado usted únicamente el título de la página (“Democracia Real Ya”)? Porque eso, realmente, es una consigna. Una consigna como “No les votes” (¿a quién? ¿cuándo? ¿dónde?), de cuyo contexto podemos extraer el significado. Nunca se ha pretendido el rupturismo de forma colectiva (evidentemente, esto engloba a tantos grupos que los hay que sí lo quieren -entre ellos, Falange y la ultraizquierda-). Pero sí que exigimos que ese cambio gradual se produzca YA. Fíjese: el inicio de un proceso de cambio gradual del sistema ya sería una democracia real, y sería YA. Eso querría decir que han escuchado las súplicas y las quejas de lo que, según los sondeos, son la mayoría de los ciudadanos, y han iniciado el proceso de reforma. No quiere decir que la reforma deba TERMINARSE ya, que es diferente. Es posible que el proceso de transformación (por ejemplo, encontrar una ley electoral que parezca justa a la mayoría de los votantes) dure varios años. Pero lo que no queremos es que se INICIE dentro de varios años. Que se inicie ya, que vaya despacio y con raciocinio, para poder retroceder si la liamos. Ese es el contexto.

    3. El movimiento es aglutinador, sí, y por ello no enarbola ideologías o creencias específicas… más que las evidentes. No podemos ser una sociedad indignada, en general, porque… ¿con qué nos indignaríamos? ¿contra qué? Algo o alguien tiene que ser la causa de la indignación. En eso estamos de acuerdo, ¿verdad?
    Pues bien, nuestro movimiento es ciudadano, pero dentro de ello, de un sector de la ciudadanía. Nunca hemos dicho que políticos y banqueros no fueran ciudadanos, porque no nos indignamos con ellos en calidad de ciudadanos. Quizá son buenos vecinos y una delicia como contertulios. Nos indignamos como ciudadanos contra su figura pública de políticos y banqueros. Aquí, considero que comete usted un error. Podríamos definirnos como: “somos hombres y mujeres indignados”, y eso no haría que los políticos y banqueros fueran menos hombres y mujeres que nosotros. La realidad es que el mínimo común múltiplo que tenemos todos los indignados es que somos ciudadanos y hombres y mujeres. realmente, poco más nos une, salvo eso y estar indignados. Por eso, y para no introducir la palabra definida en la definición (“Los indignados somos indignados que…”), decimos que somos ciudadanos y personas.
    Y nuestra indignación se dirige contra quienes consideramos los culpables de nuestra indignación. Eso sí que nos une: son los políticos y los banqueros. En este punto, si no se está de acuerdo, no se está de acuerdo con el movimiento. Pero es que es algo obvio. Uno no se “indigna” ni se manifiesta contra un huracán o contra un terremoto. Se indigna cuando considera que alguien que debería haber obrado de otro modo no lo hace, con lo que, con su indignación y sus acciones derivadas, pretende hacer saber a ese colectivo lo mucho que le ha molestado dicha acción. Claro que sirve para sacar a la gente a la calle: ¿saldría usted a la calle a quejarse para que no sirviese de nada, por la imposibilidad física de que eso cambiase?¿saldría usted a quejarse por un tsunami? Cuando uno tiene un problema y se queja (se entiende que entonces él no se considera responsable del problema), el motivo de la queja es, a saber: a.) el desahogo, b.) la búsqueda de la resolución del problema.
    Entonces, si tenemos un problema con un culpable, el convencimiento de que no es nuestra culpa (que usted podrá compartir o no, ojo), y queremos resolverlo… ¿Qué debemos hacer? Pues identificar a los culpables, y luego hacerles saber que tenemos dicho problema con ellos (el supuesto tercer paso sería “tomar medidas” si no se dan por aludidos). Bien, nuestra creencia es que los culpables son los políticos y banqueros. Usted puede compartirlo, o puede no hacerlo. Si lo comparte, puede adherirse al movimiento si lo desea, si no lo comparte, difícilmente hallará cabida en él. Un movimiento debe ser concreto y presentar una queja y a quién se le reclama. Si no, ¿qué sentido tiene? ¿Salir y decir: “Oye, que esto es muy malo”?

    4. El estatalismo. Con respecto a DRY, es de destacar que sus ocho propuestas (no coincidentes con las del 15M, que son sólo 4) sí tienen un carácter más estatalista. Aun así, como usted considera, existen “grados”. Usted y yo seguramente conoceremos casos en los que, azares de la ley, donde dice “digo” dice finalmente “Diego”. En este caso, sigue habiendo una diferencia entre “teóricamente” y en la realidad. Todo el mundo tiene “teóricamente” la posibilidad de tener una vivienda digna, pero no en la práctica. Si se permiten trabas fuera de la legalidad (ojo, no ilegales, sino que no estén reguladas por ninguna ley porque nadie se haya planteado hacerlo antes), cabe la posibilidad de que una ley finalmente acabe siendo evadida o ignorada. Que, a efectos prácticos, el objetivo que se perseguía conseguir con esa ley (que todo el mundo accediese a una vivienda), finalmente no se cumpla, por circunstancias ajenas a esa ley. Imaginemos que lo simplificamos mucho: un mundo donde las empresas son privadas (ojo, que no quiero criticar ningún modelo, es necesario para la ejemplificación) y se permite que TODO el mundo se pueda presentar a todos los empleos si está cualificado, pero permitiendo a la vez que se asignen los puestos según el criterio del empresario. Finalmente, siempre habrá un colectivo (ahora serán las mujeres, ahora serán los inmigrantes, ahora serán los de ojos verdes, da igual) que, aunque tiene un derecho teórico al trabajo, no logra hacerlo efectivo nunca. Si se permiten dos leyes contraproducentes, una de las dos debe regularse, porque si no, la otra puede perfectamente suprimirse.
    Según esas, “todos tenemos el derecho a ser modelos” y yo no me había enterado. Pues no, oiga. Tenemos el derecho a presentarnos como modelos, pero no a que nos cojan. Y actualmente tenemos el derecho a poder acceder a una vivienda si tenemos los recursos, pero no a tenerla. El derecho recogido es a una vivienda digna, conforme que no diga si se entiende en sentido positivo o negativo. Pero también entendemos “el derecho a la libertad de …” en sentido positivo. No entendemos que se es libre de X sólo tras pagar un precio, o sólo si previamente se realizan servicios a la comunidad, o sólo si se es más alto que Fulano. ¿Por qué entendemos algunos derechos “en positivo” y otros “en negativo”, si ambos están redactados igual?

    Por último, alegrarme de que su crítica intente tirar a que DRY es de ideología predominantemente izquierdista. Estaba ya harta de lidiar con izquierdistas (de los de verdad) que les acusaban de neoliberales al contar entre sus dirigentes el señor Enrique Dans (que ha trabajado para, entre otras cosas, el PP) u Olmo Galváez (del que se dice que está conforme con el MCRC de Trevijano).

    Gracias al cielo, por fin puedo cambiar un poco mi defensa. Me estaba aburriendo ya defendernos de “revolución neoliberal dirigida a asentar a la derecha”.

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