Rosebud

Por: Aristoteliano

Estos días he tenido el placer de deleitarme con una de las mayores obras del séptimo arte: Citizen Kane («Ciudadano Kane» en su traducción al castellano). Si no habéis visto esta película, os animo a verla antes de leer esta entrada, ya que podría desvelaros elementos clave del argumento y no es esa mi intención bajo ningún concepto.

Citizen Kane narra la historia desde de diversos puntos de vista del magnate de la prensa Charles Foster Kane, inspirado en la figura de William Radolph Hearst, conocido personaje que, al igual que Kane, construyó un influyente imperio periodístico.

A lo largo de la película, en un juego narrativo en el que se entrelazan diversos puntos de vista, nos acercamos a la figura de Kane, interpretado por Orson Welles (el cual estuvo también al cargo de la dirección del filme). El eje argumental, alrededor del cual se desarrolla la acción es la búsqueda del significado de la última palabra que Kane pronunció antes de morir: Rosebud.

Rosebud es todavía uno de los mayores enigmas del mundo del cine, pero lo único cierto que sabemos sobre dicha palabra se nos desvela al final de la película, cuando vemos Rosebud grabado en el trineo que Kane tenía de pequeño, antes de que su madre aceptara dejar la custodia del joven Kane a cargo de un tutor nombrado por el banco que administraría la fortuna que acababan de recibir, la cual tenía su fuente en una mina que la familia de Kane -la cual regentaba un hostal- había recibido como pago por parte de un cliente.

La ausencia de sus padres es para Kane un punto de inflexión en su vida, un momento decisivo que desencadenará la transformación de nuestro protagonista, en el más kafkiano de los sentidos. Kane, frente a la ausencia del amor incondicional que sus padres le ofrecían, se convierte en un ser que sólo alberga ambición, un ser que intenta comprar ese amor y llenar el vacío sentimental con fortuna.

De hecho, desde que comienza la transofrmación de nuestro protagonista, sólo estará rodeado de gente atraída por el Kane que regenta un majestuoso imperio periodístico, no por el Kane que jugaba con espontánea candidez en el jardín situado detrás del hostal de sus padres. Incluso Jedediah Leland -amigo de la infancia de nuestro protagonista y único nexo viviente entre el antiguo y el actual Kane-, la única fuente de amistad incondicional libre de toda corrupción de la que Kane dispone una vez se ha convertido en un magnate multimillonario, repudia ese nuevo Kane que sólo alberga ambición.

Nuestro protagonista, por tanto, pierde paulatinamente todo resto de desinteresada bondad que residía en él al mismo tiempo que la gente comienza a repudiarle como el Kane inocente y a adorarle como el Kane ambicioso. Su popularidad alcanca cotas insospechadas mientras su alma se corrompe hasta límites también insospechados.

Sin embargo, la opinión pública es harto voluble, y Kane pagará las consecuencias de haber depositado toda su confianza en las masas, las cuales nada saben del Kane verdadero, el hombre corrupto y trastornado, sino que sólo conocen una impoluta y atractiva imagen de un Kane que mira por sus intereses y se erige en protector del pueblo.

¿Qué o quién es Rosebud? Esa es la pregunta que llevará a un periodista, Jerry Thompson, a indagar en la vida de Kane con la intención de encontrar el significado de la enigmática palabra. Su investigación le llevará a entrevistar a diversos personajes relevantes en la vida nuestro protagonista, con lo cual, como he dicho anteriormente, conoceremos desde distintos puntos de vista la vida de Kane. Sin embargo, tras un estrepitoso fracaso de dicha búsqueda, Thompson afirma que «una palabra no puede definir a un hombre», y seguramente tenga razón, pero Rosebud tiene unas connotaciones que, sin duda, nos acercan de manera definitiva a la faceta más desconocida de Kane.

Justo antes de morir, entre los labios de Kane se desliza una única palabra: Rosebud. Esa misma palabra está inscirta en el trineo de la infancia de Kane, dato que sólo el expectador conoce. Pero, ¿qué es exactamente Rosebud? Ahí reside el enigma, y resta todavía irresoluto. Sinceramente, la solución no creo que tenga especial relevancia. Lo relevante es que Rosebud simboliza la infancia de Kane, esa etapa en la que Kane todavía disponía del amor incondicional de sus padres. El hecho de que Kane pronunciara Rosebud justo antes de morir, supone toda una liberación, una redención si queremos llamarlo así, la expresión del anhelo de una época en la que su alma no se había corrompido todavía.

«Si no hubiera sido tan rico, habría llegado a ser un buen hombre»
Charles Foster Kane


Kant en Power Point (2)

En el post anterior colgué una presentación en Power Point del Prólogo a la Crítica de la Razón Pura, de Kant. Pongo ahora a su disposición otra presentación, esta vez de la Introducción de la Crítica de la Razón Pura, que además es el texto que hay que estudiar para selectividad. La presentación la he hecho utilizando la última versión del Power Point, por lo que ciertos efectos puede que no funcionen si se visualiza en una versión anterior, pero esto no creo que afecte demasiado. De todos modos recomiendo que se visualice en la última versión o que se descarguen ustedes el conversor gratuito de Microsoft.

Y para el claroscuro, una dulce introducción al caos:

Kant en Power Point (1)

Aunque todavía tengo pesándome en la conciencia un meme pendiente de contestar, me he permitido dedicarme a otras cosas que urgían. Sospecho que con frecuencia las llamadas TIC no son sino un refugio de la ignorancia. Como a estas alturas de mi vida mi ignorancia ya no anda necesitada de refugio, sino más bien de «morada sin pesar», donde hallar descanso, solaz, y si es posible, entretenimiento, me he puesto con eso del Power Point. Al final unas cosas te llevan a otras y he compuesto algunas ‘presentaciones’ para pasar a los alumnos, y que cuelgo aquí para que puedan ser usadas, criticadas y comentadas. De momento estoy con Kant. Lo que trato es de hacer una exposición más o menos esquemática de la Crítica de la Razón Pura. Tengo la presentación del Prólogo y estoy trabajando en la introducción. Posteriormente espero hacer la de la estética y la lógica trascendental, con su analítica y su dialéctica. Veremos.

Este es el primer archivo:
el archivo es un .pptx, que es el de la última versión del Power Point. Lo he convertido a .pps, que es el de siempre, por si alguien no puede ver el nuevo. Ahí la versión en .ppt
Es mejor el primer archivo en .pptx porque al convertirlo se juntan algunas palabras y algunos de los efectos no se reproducen correctamente. Se puede descargar, si alguien no tiene el Office, el visor gratuito de Microsoft, o se le puede pedir la última versión del Office a los Reyes Magos… aunque lo suyo es comprarlo…
Si alguien considera la presentación interesante puede usarla libremente. Unicamente hay que pagar a mi vanidad reconociéndome algún mérito (aunque sea poco) y haciéndome llegar todas aquellas modificaciones o comentarios que puedan mejorarla. Iré colgando otras, a medida que las termine.

Sobre el quehacer poético

Me han fascinado siempre las palabras de los artistas –especialmente de los poetas, a quienes creo comprender mejor- respecto al sentido de su quehacer. Sospecho que lo que en esas palabras se contiene es un tanteo por expresar el sentido de la propia vida, y una forma de entender, en general, la vida humana. Frente al hombre práctico que en su cotidianidad inmediata actúa completamente dormido –hipnotizado-, el poeta no es un soñador sino aquel que experimenta, aunque sean tan solo como chispas, la necesidad de rasgar la apariencia. Poesía y metafísica tienen una raíz común; como creo haber leído a Ortega, el sentimiento de desorientación y la pugna por habitar en ella. Les dejo con dos poetas hablando de su quehacer: el texto de Cernuda es un pequeño fragmento, les aconsejo que lean el texto original completo –apenas unas páginas, pero plenas de sentido. En el texto de Celán junto a la desorientación, y el desamparo, creo advertir la presencia de la nadificante nada. Que tampoco está ausente en Cernuda.

1.

El instinto poético se despertó en mí gracias a la percepción más aguda de la realidad, experimentando, con un eco más hondo, la hermosura y la atracción del mundo circundante. Su efecto era, como en cierto modo ocurre con el deseo que provoca el amor, la exigencia, dolorosa a fuerza de intensidad, de salir de sí mismo, anegándome en aquel vasto cuerpo de la creación. Y lo que hacía aún más agónico aquel deseo era el reconocimiento tácito de su imposible satisfacción.
A partir de entonces comencé a distinguir una corriente simultánea y opuesta dentro de mí, hacia la realidad y contra la realidad, de atracción y de hostilidad hacia lo real. El deseo me llevaba hacia la realidad que se ofrecía ante mis ojos como si sólo con su posesión pudiera alcanzar certeza sobre mi propia vida. Mas como esta posesión jamás la he alcanzado sino de modo precario, de ahí la corriente contraria, de hostilidad ante el irónico atractivo de la realidad . Puesto que, según parece, esta es la experiencia de alguno filósofos y poetas que admiro, con ellos concluyo que la realidad exterior es un espejismo y lo único cierto mi propio deseo de poseerla. Así pues, la esencia del problema poético, a mi entender, la constituye el conflicto entre realidad y deseo, entre apariencia y verdad…

Luis Cernuda. Palabras antes de una lectura. 1935

2.

en esa lengua he intentado yo escribir poemas en aquellos años y en los posteriores: para hablar, para orientarme, para averiguar dónde me encontraba y a dónde ir, para proyectarme una realidad.
Era, como ven, acontecimiento, movimiento, estar de camino, el intento de encontrar una dirección.. Y cuando pregunto por su sentido tengo que reconocer que en esa cuestión también tiene algo que decir la cuestión del sentido de las agujas del reloj.
Pero el poema no es intemporal. Por supuesto encierra una pretensión de infinitud, intenta pasar a través de él, no por encima de él (…) el poema puede ser una botella lanzada con la confianza –ciertamente no siempre muy esperanzadora- de que pueda ser arrojada a tierra en algún lugar y en algún momento, tal vez a la tierra del corazón. De igual forma, los poemas están de camino, rumbo hacia algo.
¿Hacia qué? Hacia algo abierto, ocupable, tal vez hacia un tú asequible, hacia una realidad asequible a la palabra.
Tales realidades son las que tienen relevancia para el poema.
Y creo que reflexiones como ésta no sólo acompañan mis propios esfuerzo, sino también las de otros poetas de las nuevas generaciones. Son los esfuerzos de aquel a quien sobrevuelan estrellas, obra del hombre, y que sin amparo, en un sentido inimaginable hasta ahora, terriblemente al descubierto, va con su existencia al lenguaje, herido de realidad y buscando realidad.

Paul Celan. Fragmento del Discurso con motivo de la concesión del premio de literatura de la ciudad libre hanseática de Bremen. 1958