‘Educación para’ y ‘Ciencias para’

¿Por qué la educación tiene que ser ‘para la ciudadanía’ y no educación sin más? ¿Por qué las ciencias tienen que ser ‘para el mundo contemporáneo’ y no ciencias sin más? ¿Qué aporta ese ‘para’? ¿Por qué sólo está presente en estas dos asignaturas? Desde el principio ese ‘para’ me resultó sospechoso porque selecciona, limita y sobre todo, dirige y orienta la educación y la ciencia hacia -y desde- otra cosa que no es ni educación ni ciencia. ¿Y qué es? Es la ideología de un partido político que trascendiendo los mítines, pasa a formar parte del sistema educativo. He aquí las razones que me han llevado a esta conclusión.

1)Resulta que la educación es ‘para la ciudadanía’. Pero la ciudadanía no existe, sólo existen ciudadanos concretos y mortales. Y dado que los ciudadanos lo son por el mero hecho de haber nacido en un Estado, no es necesaria educación alguna para serlo. La ciudadanía es un concepto, no algo que uno se encuentra por la calle. Por lo tanto cuando hablamos de ciudadanía estamos utilizando un concepto de ciudadanía. Y no hay un único concepto de ciudadanía. ‘Ciudadanía’ se deriva de ‘ciudad’, en griego ‘polis’, por lo tanto la ciudadanía es un concepto político. Por ello el concepto de ciudadanía que manejemos depende de una teoría política concreta. Y de éstas hay muchas y todas, TODAS, en cuanto teorías, son legítimas. Si la asignatura fuera, por ejemplo, Filosofía política, se expondrían en clase todos estos conceptos de ciudadanía, cosa que sería muy útil y conveniente pare que los adolescentes se formaran ELLOS políticamente. Sin embargo la asignatura del PSOE educa para la ciudadanía, que es educar para el concepto de ciudadanía del PSOE, que será ahora quien forme políticamente a los adolescentes. De este modo, la educación se relativiza y manipula para que encaje en las coordenadas políticas del partido en el gobierno. Una vez que esta asignatura existe cualquier partido en el poder podrá utilizarla para educar en su concepto de ciudadanía. Sin embargo, si el curriculum de la asignatura se cumple a rajatabla y con éxito -cosa por otro lado dudosa- entonces será difícil que veamos otros partidos en el gobierno.

2)Las ciencias, por su parte, son ‘para el mundo contemporáneo’. A pesar de su nombre mentiroso, no es una asignatura de ciencias. La prueba más evidente es que los profesores -científicos- encargados de impartirla necesitarán de unos cursos de formación adicionales. Esos cursos no los necesitan para dar biología ni física, pero sí para dar esa asignatura. ¿Por qué? ¿Qué se introduce en esta asignatura que supera a la ciencia? Lo que se introduce es ‘el mundo contemporáneo’. Cuando salgo de mi casa veo el supermercado, subo al coche, voy a trabajar y me encuentro con gente, etc. Veo muchas cosas a lo largo del día, pero de momento el ‘mundo contemporáneo’ todavía no se me ha manifestado. Ese ‘mundo’ es otra construcción intelectual tan discutible y discutida como la de ciudadanía, y no menos sensible a las posiciones políticas de partida. Cuando hablamos de ‘mundo contemporáneo’ estamos haciendo referencia a algo muy complejo que incluye lo que el curriculum de la nueva asignatura llama ‘retos de la humanidad’ (¡De la HUMANIDAD!), nuevas necesidades, contextos sociales, valores, etc. Pero ¿Es el mismo mundo contemporáneo el del Huntington del choque de civilizaciones y el del Zapatero de la Alianza de civilizaciones? ¿Viven en el mismo mundo contemporáneo un neocon estadounidense y un ecologista antoglobalización? ¿Entienden los dos lo mismo por mundo contemporáneo? ¿Para qué ‘mundo contemporáneo’ son esas ciencias? Evidentemente son para el mundo contemporáneo del partido socialista que, erigiéndose en intérprete privilegiado de las necesidades y problemas de la ‘humanidad’, pretende transmitirlas a los jóvenes. Si la asignatura fuera Física o Biología, el profesor se limitaría a enseñar las leyes de la naturaleza desde una lógica estrictamente científica. Esto sería muy útil para que los alumnos tuvieran una formación científica rigurosa que les permitiera interpretar A ELLOS las contribuciones de la ciencia al mundo contemporáneo. Sin embargo la nueva asignatura les priva de un conocimiento científico riguroso para darles hecha la tarea de averiguar en qué ‘mundo contemporáneo viven’ y cómo vivir en él (hay un apartado de la asignatura que trata de estilos de vida saludables, lo que merecería un post por sí mismo, si no un libro entero). Personalmente no soy favorable a la objeción, pero creo que los alumnos tienen tantas razones para objetar a la educación para la ciudadanía como para objetar a esta Ciencias para el mundo contemporáneo. No entendería que un objetor de la primera aceptara cursar la otra.

3)La Educación para la ciudadanía y las Ciencias para el mundo contemporáneo son las dos caras de una misma moneda. La educación, si es para la ciudadanía, se convierte en doctrina; y las ciencias, si son para el mundo contemporáneo, se convierten en pseudociencia.

4)Ambas asignaturas son una forma degenerada y dogmática de dos disciplinas filosóficas. La educación para la ciudadanía es la perversión partidista de la Filosofía política, y las ciencias para el mundo contemporáneo es la perversión partidista de algún tipo de híbrido entre la Filosofía de la ciencia y la Ética aplicada. Sin embargo en ambas asignaturas existe, al parecer, cierto interés en que no sean impartidas por filósofos, precisamente para garantizar su naturaleza ideológica. En el caso de las ciencias para el mundo contemporáneo los filósofos han sido excluidos ex lege para impartirla, a pesar de que ya venían impartiendo una asignatura gemela (Ciencia, técnica y sociedad) y a pesar de que el contenido de la asignatura es fundamental y prioritariamente filosófico, no científico (distinción ciencia y opinión, bioética, etc). En el caso de la educación para la ciudadanía, aunque podrán impartirla licenciados en Filosofía, se percibe ésto como algo transitorio, dado que los padres de la criatura (como el ínclito Peces-Barba) ya han manifestado la conveniencia de que fueran juristas quienes se hicieran cargo de la asignatura. La eliminación del carácter filosófico de estas dos asignaturas tiene como efecto reducir la reflexión política al mero legalismo y la reflexión acerca de la ciencia a un triste cientificismo.

Nietzsche. Humano, demasiado humano.

El hielo está cerca, la soledad es inmensa -¡más que tranquilas yacen todas las cosas en su luz¡, ¡con qué libertad se respira!,¡cuantas cosas sentimos por debajo de nosotros! La filosofía, tal como yo la he entendido y vivido hasta ahora, es vida entre el hielo y las altas montañas- búsqueda de todo lo problemático y extraño en el existir.

Friedrich Nietzsche

1.

2.

Estos dos vídeos son fragmentos de una emisión de la BBC, un programa dedicado a Nietzsche bajo el título Humano,demasiado humano. La serie -con el mismo título- se completaba con otros dos programas dedicados a Sartre y Heidegger. Están disponibles en inglés en youtube.
Esperamos que pronto podamos encontrarlos disponibles en español.

Parvulario perpetuo

«Si los profesores se saben hoy llamados a la destrucción -la suya y la de su mundo-, es porque no se engañan: ese pacto de sentido, susceptible de generar creencia, es imposible. Ya sean docentes universitarios, ya parte de ese funcionariado del infierno que es hoy el de quien oficia en las enseñanzas primaria y secundaria, idéntica es su experiencia: el mundo se ha trocado en una inmensa guardería, en la cual nadie espera de nadie transmisión de saberes; todo lo más, doctrinas a la medida de la mente párvula de la cual se ha decidido no salir nunca. Y esa infinita y gazmoña guardería se traga glotonamente dos siglos de prolija planificación de la instrucción pública. Para hacer de ella calderilla cantarina: educación de Estado: parvulario perpetuo. Es la majestuosa venganza de los necios, el desquite de los resentidos: contra magisterio, pedagogía. Apología del in-fans: el que no habla, ni hablará nunca, porque de que no lo haga se ocupan puntillosamente las leyes.
El sueldo -tan humillantemente escaso- del profesor paga hoy tan sólo la perpetuación de ritos. Pero el lugar sagrado del saber, en el cual esos ritos midieron sus armas salvíficas, ya no existe. Son ruinas sólo de un templo que fue, sillar a sillar, borrado en los cuatro últimos decenios. Toda veneración por el saber es hoy anacronismo.»

Divagación en torno a la libertad lógico-metafísica.

Al intentar precisar el significado de la palabra libertad, al intentar aclarar qué es ser libre, se evidencia su espectacular invisibilidad. Es decir, que sobre todo, se patentiza su carácter vago, impreciso y negativo. En efecto, en la medida que se tiene libertad no se tiene sujeción, ni apoyo, ni fundamento; se carece de límites, necesidades y fines; no se tienen compromisos, ni obligaciones, ni deudas ni deberes; se está desocupado, ocioso, suelto y absuelto más allá del bien y del mal. Ser libre es primariamente ser ab-solutamente (suelto de) más allá de categorías, cargos, causas, condiciones y determinaciones; es no ser nada necesaria, definitiva, esencialmente, sin embargo estar en disposición de ser todo contingente, provisional, accidentalmente. La libertad es consecuentemente el poder pleno, la omnipotencia. El poder sin límite de crear y destruir, de vivir y de morir, de recordar y de olvidar, de obligarse y resistir, de gozar y de sufrir; el poder desatado de conservar y cambiarlo todo gratuita, vana, erráticamente, sin ser por ello mejor ni peor.

El ser libre, absoluto, está más allá de la esencia, pues para él nada es necesario, nada se justifica; todo es reversible, desechable, prescindible; todo es contingente, nada es esencial. Todo para él tiene el carácter de un juego en el que nada se juega, de una exhibición de fuerza, de un experimento, de una prueba, un ensayo, de una interpretación, de una divagación, de una ocurrencia, o de una gracia, o de un disfraz. Tras lo cual nada se oculta sino él mismo; este ser sin identidad, invisible, trans-esencial, que no es el apeirón de Anaximandro, ni la infinita y azarosa precipitación de átomos combinatorios de Demócrito, ni la super-esencial idea del Bien de Platón, porque todos estos principios causan necesaria y no contingentemente el orden del mundo.

En realidad el ser libre no gozó de reconocimiento ni consideración entre los antiguos griegos y romanos, tan temerosos de la nada que su sistema numérico no disponía del cero; tan amigos de la necesidad y el orden, de la razón y la justicia, que creían que entre una causa y su efecto se da una relación necesaria, esto es, que el efecto se desprende de la esencia de la causa, como de los números y las figuras geométricas se derivan sus propiedades.

El primer filósofo que considera y reconoce con claridad el ser libre es Guillermo de Ockham ( S XIV). A su luz advirtió que las esencias, modelos y fines no tenían más entidad que la mental, que no pertenecen a la realidad sino que son una forma de representarla. Ésta solo consta de individuos contingentes ( que pueden no ser, pues su negación no implica contradicción) y por tanto no se puede demostrar racionalmente, sino que es conocida por la experiencia (sensible e introspectiva). La realidad no es necesaria, todo podría ser de otra manera, incluso podría no ser. Todo parece entonces manifestar el ser libre que el ilustre franciscano identifica con el dios de su fe; el dios que en su día creó el mundo a partir de la nada, pero que ahora descansa apartado, separado de él, trascendente a él: su nada, su libertad, lo separa de todo. En el mundo no hay nada auténticamente libre, todo está sometido a su conservadora voluntad que salvo milagro imperturbable reposa.

Hubieron de pasar cinco siglos más para que el ser libre fuera reconocido inmanente al mundo, como siendo el mismo mundo, como el dios que no descansa sino que infatigablemente está creando el mundo a partir de sí mismo. Efectivamente, en el siglo XIX el ser libre fue reconocido como la libertad del ser. Así, Nietzsche consideró que la realidad es el ser libre, la omnipotencia, la energía que ni se crea ni se destruye, sino que todo lo crea y lo destruye escindiéndose en átomos, en individuos, que como fragmentos diversos de omnipotencia pugnan por imponerse, por imponer su diferencia.

La realidad es, pues, la auto-escisión y enfrentamiento de la omnipotencia; una imagen, forma, configuración, una actualización de ésta, no determinada por ningún fin, sino por su auto-escisión, es decir, por su propia decisión original e iniciativa. La realidad es el ser libre mismo decidiendo su forma, su acto, su esencia, su fin, su destino, a partir de la nada, puesto que la decisión original es una de las posibles, y lo posible -lo que pudiendo ser no es- junto con lo imposible constituyen el ámbito del no ser, de la nada. Pero para el ser absolutamente libre no hay nada imposible, luego posible para él es todo lo que no es, lo posible es la nada. En consecuencia, la nada es esencial al ser libre; todo y nada son sus dos caras. En efecto, todo -la realidad de la decisión del ser libre- es contingente y por tanto cambiable, lo que implica que su negación, su opuesto -la nada- es posible y también por tanto cambiable. Todo y nada pueden intercambiarse y esto es precisamente la omnipotencia, el ser libre.

La concepción de la nada depende de cómo se conciba la realidad. Si la realidad es concebida como sustancia, como esencia, como lo que es y no puede no ser, entonces la nada es lo imposible. Y no hay lugar para la libertad; lo posible, como lo contingente es imposible: no hay nada que pueda cambiar. Por el contrario, si concebimos la realidad como sujeto, como la decisión del ser libre, ésta –la realidad- y su negación –la nada- son intercambiables; lo posible como lo contingente es necesario, y lo necesario como lo imposible, imposible. Mas reconocer la necesidad –la realidad si se quiere- de lo contingente y lo posible, y la imposibilidad –irrealidad, nada- de lo necesario e imposible es reconocer al ser libre -al poder- como la realidad última y primordial, que se escinde, se decide, entre el ser y el no ser, entre lo contingente y lo posible, entre todo y nada, ejerciendo sobre ellos, sobre sí mismo, su omnipotencia. Y puesto que nada le obliga a ello es reconocer que gusta de su libertad, que gusta de sí mismo, que se complace enfrentándose y liberándose de sí mismo, que goza experimentándose, expresándose. Es reconocer que el ser libre más que omnipotencia, más que el poder de intercambiar todo y nada es este mismo cambio; es la omnipotente decisión a partir de nada -original, iniciativa-; es el exclusivo, peculiar y sorprendente impulso creador. El ocurrente y gracioso genio, el ingenioso espíritu absoluto que constantemente concibe, interpreta, inventa, innova y se renueva. Es reconocer que la realidad es arte sin artificios -expresión natural, original y nueva, sin cánones ni modelos, sin fórmulas ni métodos- y el arte la verdadera religión. El artista es el auténtico profeta del ser libre, del dios de las dos caras: todo y nada. Del ambiguo sujeto que lo hace y lo deja todo, que es todo y lo da todo, del yo invisible que se entrega y sin embargo solo en su nada se queda.

Juan José Bayarri.

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