Las preocupaciones de Javier Marías y las mías.

No he sido nunca un gran cinéfilo, pero no hace mucho salí del cine reconfortado, fue tras ver la película Babel, de la cual me habían hablado muy bien; no me decepcionó, al contrario que la mayoría de las últimas películas que he visto. Resulta , por otra parte, que entre mis columnistas favoritos se encuentra Javier Marías con el que suelo estar de acuerdo en muchas de sus polémicas opiniones.
Ayer domingo al echar un vistazo -por encima del café con leche, y apartando los ojos de la victoria del Real sobre el Valencia y el memorable gol de Van Nistelroy – al artículo que Marías escribía ayer en su “ zona fantasma” me llevé una gran sorpresa: una crítica feroz a una película que yo había juzgado como buena. Pregunté a quien en ese momento lo estaba leyendo y me confirmó mis sospechas: una crítica atroz. Vaya, ¿cómo podía ser eso?


Tengo que confesar que me revolví contra Marías, “te estás volviendo un asocial Marías, además de caprichoso y no demasiado objetivo”, -no hace mucho me pareció que elogiaba la versión cinematográfica de Alatriste, que a mí me pareció insustancial, dejo los motivos de mi juicio, pues no viene al caso y me alejan del tema que me ocupa-. La verdad, no tuve fuerzas para leer el artículo; también yo me sentí preocupado por mis discrepancias. No obstante, a pesar de mis resistencias, la cuestión estuvo rondando por mi cabeza, no sé cómo, en cierto momento me pregunté ¿sería capaz de ver de nuevo Babel? ¿ qué me aportaría de nuevo? En ese momento creí comprender a Javier Marías; me di cuenta de que yo no tenía ningún deseo de verla de nuevo, que difícilmente me diría nada nuevo, que la consideraba agotada. Pero, lo que precisamente caracteriza a una obra maestra es que tiene muchas lecturas, que no nos aburre ir a ella de nuevo, al contrario, que cada vez que vamos nos reconforta… comprendí entonces la ligereza con que en el cine se habla de obras maestras y de genios… cada año un par o una docena, más las dos docenas de genios de la interpretación, dirección y producción etc, pisando alfombras o levantando estatuillas anglos o castizas.

Esta mañana me encontré con fuerzas para leer el artículo.

¡Gracias Javier!

..y no te preocupes hombre. Necesitamos de ese tábano que nos despierte de tanta sospechosa opinión coincidente y de la nueva censura, lo políticamente correcto, y de la memez imperante, no sólo la que discurre entre tanta alfombra roja y papel couché.

Leer el artículo de Javier Marias Debo preocuparme

Contra la lectura

Hoy es el día del libro. Genial. Se perpetrarán un montón de actividades de esas que últimamente vienen llamándose por los entendidos “dinámicas”. Buscarán fomentar la lectura, acercar los libros a los niños para que vayan adquiriendo el hábito. Pero el hábito puede ser vicio o virtud; depende. Como muchas otras cosas, estas “dinámicas” para el fomento de la lectura tienen algo de encomiable, pero también algo censurable. No faltarán por ahí los encomios, de modo que me paso al bando malo, libre-mal-pensante, y acuso.

Quien asista a una de esas sesiones de lectura pública del Quijote, o a una de esas representaciones teatrales en las que se ambientan escenas literarias, quien soporte a un grupo de energúmenos disfrazados de Sherlock Holmes, quien sostenga un ‘claśico adaptado’ para los niños y tenga un poco -un poco sólo- de sensibilidad, no podrá dejar de sentir cierto asco. Es el asco que siente cualquier persona pudorosa ante un exhibicionista.

Leer no es algo normal, casi nadie, en la historia de la humanidad lo ha hecho. Es algo que nos aparta de la vida, que nos absorbe durante horas, quizá dias, quizá años. Nos prometen aventuras, mundos, personajes… Pero son mentiras que nos costarán nuestras propias aventuras, nuestros propios mundos, nuestros propios personajes. Leer es un fastidio porque exige renunciar a la vida auténtica.

El precio de la lectura es grande. Quizá mientras leemos una novela de amor estemos perdiendo nuestra última oportunidad… Más vale que lo que leamos sea bueno, porque el tiempo que nos quitan, nos lo quitan de la vida. ¿Pero por qué se empeñan en que leamos a toda costa? ¿Nos hace mejores leer? ¿Nos hace más listos? ¿Más cultos? ¿Creen ustedes que por leer y leer a Ana Rosa Quintana, a Lucía Etxebarria y a Iker Jiménez son más cultos? Probablemente ocurrirá lo contrario. ¿Creen que por engañar a los niños con obras adaptadas y con muchos dibujos y desplegables les hacen un favor? No; les harán perder el interés por los verdaderos clásicos.

El “fomento de la lectura” es un espejismo. Hace creer que toda lectura es apropiada. Y no es verdad. La lectura, como acto de renuncia, sólo puede surgir de una necesidad interior, de una inclinación personalísima, no es algo que se pueda “fomentar”. Quien realmente experimente esa inclinación sabrá que hay lecturas insoportables y huirá del día del libro como las flores huirían de las floristerías (si pudieran).

Nadie se asombra de que la mayoría de los programas de televisión sean basura. Claro que hay algunos realmente buenos, pero la mayoría son basura. Pensar que en el mundo literario la proporción de basura y de obras de calidad no es semejante a la de la televisión es una ilusión -un engaño, en el peor de los casos. Dados los contenidos de la televisión, a nadie se le ocurre “fomentarla”. ¿Por qué fomentar la lectura? En estos días del libro hay que decir que hay mucha literatura basura; que la mayoría de los libros son basura; y que lo que hay que fomentar no es la lectura, sino el criterio. No pierdan ni un sólo minuto de su vida leyendo un libro malo.
Espero no haberles hecho perder demasiado tiempo…

RESPUESTA (José Hierro)
Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,
Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.
Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde…
Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente…
Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?
Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

Otros alegatos contra la lectura:
El cómico La decadencia del ingenio
El irónico Recuerdos del día de mañana

Inteligencia artificial

Bueno aquí os dejo una dirección web para que entréis y probéis esta inteligencia artificial: es fácil, sólo tenéis que pensar en algo y contestar 20 preguntas, luego la inteligencia artificial adivinará aquello en lo que habéis pensado… incluso es capaz de decir los errores que hemos cometido al contestar… qué curioso

http://www.minijuegos.com/juegos/html/index.php?id=2962

publicado por Gautama

Apología de la nada (1 de 2)

Con motivo de la iniciativa de publicar un post sobre el nihilismo surgida en la blogosfera filosófica, trataré de hacer unas reflexiones sobre el tema. En realidad la discusión es rica y se ha tratado el tema desde muy variadas perspectivas en otros blogs. Quizá yo me desvíe un poco puesto que mi propósito será hablar, más que del nihilismo, de la nada, aunque al final volveré sobre aquél. Mi intervención tendrá dos partes, en ésta presentaré algunos textos que comentaré en la segunda parte que (espero) tendré lista mañana
¿Cuál es la diferencia entre el ser y la nada? Puede parecer una pregunta extraña, de respuesta tonta. Pero intenta responderla… ¿Qué? Siempre que leo a Parménides y me enfrento a ese Ser tan majestuoso, pero inmóvil, inmutable, eterno, etc., tengo la sensación de que el ser es algo bastante anodino, y que es lo más parecido a la nada. ¿En qué se diferencian?
En uno de sus sermones, el Maestro Eckhart explica que para albergar a Dios, primero el alma debe vaciarse de todo. Este vaciarse consiste en abandonar todo interés por las cosas, abandonar todo deseo, toda pasión, todo pensamiento; hacer la nada en el alma. Y esa nada, dice Eckhart, es Dios. Abundando en esta idea, me gustaría recordar el conocido texto de Hegel:

Cuando se habla en general de una diferencia, se tienen dos términos, cada uno de los cuales posee una determinación que no se muestra en el otro. Pero aquí se tiene el ser que es la indeterminación absoluta que es también el no-ser. Por consiguiente, la diferencia de estos dos términos no es sino una opinión, una diferencia puramente abstracta y que no es una. En toda otra diferencia tenemos, al mismo tiempo, un término común que envuelve los términos diferenciados. ¿Hablamos, por ejemplo, de dos especies diferentes? El género es su elemento común. Decimos de igual manera: hay una esencia de la naturaleza y una esencia del espíritu. Aquí la esencia es un elemento que pertenece a ambos. En el ser y el no-ser, por el contrario, la diferencia no tiene fundamento, y precisamente por esta razón no hay aquí diferencia;porque hay en ambas determinaciones la misma ausencia de fundamento. Se dirá quizá que el ser y el no-ser son dos pensamientos y que así el pensamiento les es común. No se observa que el ser no es un pensamiento particular determinado, sino el pensamiento aún absolutamente indeterminado y que, po resto, no se debe distinguir del no-ser.-Se representa también el ser como la existencia más llena, y el no-ser, por el contrario, como la mas vacía. Pero si, considerando el universo, decimos de él que todas las cosas son y nada más, suprimimos toda determinación y , en vez de la plenitud absoluta, tenemos la inanidad absoluta. Esto se aplica también a la definición de Dios considerado como simple ser, a lo cual los budistas oponen con ingual razón la otra definición: Dios es la nada, de donde sacan la consecuencia de que el hombre aniquilándose vuelve a Dios.
HEGEL: Lógica, vol 1, 1ª Parte, LXXXVII, Zusatz

Esta misma idea es expresada, quiźa más claramente, por Manuel García Morente:

[…] definir un concepto consiste en incluir este concepto en otro que sea más extenso, o en otros varios que sean más extensos y que se encuentren, se toquen, precisamente en el punto del concepto que queremos definir. Si nos proponemos definir el concepto de “ser”, tendremeos que tener a mano conceptos que cubran mayor cantidad de ser que el concepto de ser. Pero el concepto de ser en general es el que cubre mayor cantidad de ser; por consiguiente, no hay otro más extenso, por medio del cual pueda ser definido.
Mas, por otra parte, podemos llegar también a la misma conclusión. Definir un
concepto es enumerar una tras otra las múltiples y variadas notas características de ese concepto. Un concepto es tanto más abundante en notas caracterísiticas, cuanto que es menos extenso; pues un concepto reducido necesita más notas definitorias que un concepto muy amplio. Y el concepto más amplio de todos, el concepto de ser, no tiene en realidad notas que lo definan.
Por eso, para definir el ser nos encontraríamos con la dificultad de que no tendríamos que decir de él nada.

Manuel García Morente: Lecciones preliminares de filosofía, p. 59, Ed. Encuentro, 2007


No podemos contestar a la pregunta del principio porque el ser y la nada son ambos conceptos tan vacíos que nada los distingue en cuanto a su contenido. El ser es y el no ser no es, es lo único que acierta a decir Parménides, y dificilmente podamos decir otra cosa nosotros. La nada o el no ser, sin embargo, juega un papel a mi juicio fundamental (casi diría fundacional): sólo al contraste con la nada, se nos hace visible el ser (y esa nada es Dios).

Sigue en Apología de la nada (2 de 2)

Otros blogs que hablan del tema:
El viejo desencantado
Phiblógsopho
Seres vacíos entre mundos habitados
Boulé
Tábano socrático

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